España: Mentir y desacreditar, estrategia contra lo público


Javier Couso
Protesta en Málaga,España, a favor de Educación y Salud públicas. Foto: IPS.

Protesta en Málaga, España, a favor de Educación y Salud públicas. Foto: IPS.

Como reflexionaba en un artículo anterior sobre el ataque a la Sanidad Pública, los pivotes de la estrategia neoliberal son mentir y desacreditar. Mentir sobre la relación coste-eficiencia y desacreditar a todo el personal público.

La campaña contra el funcionariado es antigua pero en los últimos años se ha convertido en virulenta. Nada como comprobar que es un asunto recurrente en las páginas del “centrista” diario El Mundo o que es uno de los temas estrella de las plataformas ultras-liberales como Libertad Digital o Intereconomía.

De siempre hemos asistido a la siembra de la duda que contraponía la supuesta ínfima calidad de lo público con la excelencia de lo privado, todo aderezado con la eterna y popularizada crítica al trabajo de los funcionarios, reducidos a poco más que vagos malencarados.

En vez de promover la aspiración a que la estabilidad y los derechos laborales conseguidos por los trabajadores públicos se extendiera a todo el colectivo trabajador se puso en marcha una jugada a largo plazo, basada en la excitación de los bajos instintos y la envidia: “si yo no lo disfruto, que nadie pueda”. Campaña de mentiras que desde los despachos del pensamiento privado se propagó como un virus a los grandes medios de (des)información, a las tertulias, a los editoriales, a los cómicos, a las series de situación y de ahí, a los bares y a las casas.

Los funcionarios son unos vagos, lo público es malo. Queremos ser ricos.

Se consiguió. La mayoría piensa ya como los verdugos. Aspiran a ser, pero no lo serán. Es lo que tiene el capitalismo, la mayoría se debe arrastrar para que unos pocos puedan triunfar.

A pesar de las mentiras, ellos siguen ahí trabajando para todos: nos curan, apagan fuegos, investigan, enseñan, limpian, conducen, … tan variados y tan presentes. Sí, los hay vagos e incluso indolentes, como en todos los colectivos, pero la mayoría siempre está para atendernos, independientemente de si tenemos dinero o no.

Para entenderlo, nada mejor que las palabras prestadas de una amiga (funcionaria) en un correo a alguien cercano contaminado por la propaganda neoliberal.

«…los funcionarios no hemos nacido funcionarios, la mayoría hemos trabajado con anterioridad en la empresa privada, en todo tipo de empresa privada.
En mi caso, tras 14 años en un colegio de monjas donde me enseñaron, sobre todo, a aprender, a estudiar y ser eficaz, al terminar nos engañaron diciéndonos que el mundo era nuestro si cursábamos una carrera universitaria.
Cuando la terminé, historia, encontré trabajo, y sólo con ayuda de alguien, como es tan frecuente en nuestro país y me temo que en casi todos, vendiendo perfumes en el aeropuerto. Allí se trabajaba por picos, había horas eternas y otras en las que no parabas. De ahí a un broker, con jefes muy progresistas en apariencia pero con un régimen de trabajo en el que parecía que nunca hacías las tareas todo lo rápido que la empresa necesitaba. A mi lado, una secretaria vestida de rojo vaporoso, se limaba literalmente las uñas mientras yo trajinaba como una loca.
De ahí pasé a una institución cultural semi pública-semi privada en la que se nos contrataba por medio de una ETT diseñada ad hoc y nos pagaban una mierda en comparación con lo que cobraban los que sí estaban en nómina. El trabajo no era abrumador, la verdad, y aprendí muchísimo hasta que al pedir la reducción de jornada por maternidad hicieron fijos a todos mis compañeros menos a mí. Hoy no queda más que uno en la sección, éramos 10.
Entonces decidí presentarme a una oposición. Nunca antes lo había contemplado porque la sola idea de hacer lo mismo toda mi vida laboral me espantaba pero me gustaba mi profesión y en la administración podía ejercerla sin la amenaza que vi materializarse con la reducción de jornada por maternidad en la privada. Aprobé y desde entonces soy funcionaria de carrera.

Supongo que me he “convertido” y que ahora valoro mucho más la función de quien trabaja para todos. Los hay, hay gente que atiende a inmigrantes, a pacientes, que apagan incendios, que dan clase a mis hijos y se la darán en los institutos cuando vayan. Hay quien trabaja con personas y quien se limita a tramitar. Todo muy normal, como en la privada.
Sin embargo, nuestros sueldos son los más bajos que yo he cobrado en toda mi vida laboral. Tenía muchos más días libres en la institución cultural, por ejemplo, y mucha más movilidad de horario en el aeropuerto.
Pero sobre todo nadie me difamaba. Nadie me mandó nunca mails ni artículos en los que se decía que todos los que ejercían una profesión como la mía eran unos caraduras, unos sinvergüenzas, unos vagos, unos incoherentes… Nadie cuestionó jamás que se dieran bonus millonarios en las empresas privadas. Nadie cuestionó que se te castigara por pedir una reducción de jornada por maternidad…
Pero fue hacerme funcionaria y ver como todo el mundo escupe críticas, las más de las veces fundadas en rumores, chismorreos o voluntades decididas que lo que pretenden es deslegitimar lo que hacemos.
No me parece justo y quería hacerlo saber.
Hay funcionarios vagos como hay trabajadores vagos en la privada, hay personas ineficaces y mediocres en uno y otro ámbito. Hay dinero público que va directo a empresas y entidades privadas porque sin ese dinero no subsistirían y nadie dice nada y sin embargo el ojo del huracán está siempre, como la espada de Damocles, sobre nuestras cabezas…»

Su enfado debería ser el nuestro, porque defender lo PÚBLICO es defender lo de TODOS. Solo los que quieren robar lo de TODOS pretenden desvalorizar lo PÚBLICO.

 

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Acerca de Iroel Sánchez

(Santa Clara, Cuba, 1964) . Editor del blog "La pupila insomne".
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5 respuestas a España: Mentir y desacreditar, estrategia contra lo público

  1. Vicente Carvajal dijo:

    Excelente artículo y me parece estar leyendo una situación de Chile, mi país. Magnífica exposición.

  2. Miguel A. dijo:

    Ahora se estigmatiza a los funcionarios públicos acusándolos de vagos, corruptos, etc. .“Los profesores trabajan 20 hs a la semana”, mentía descaradamente Esperanza Aguirre cuando aun era presidenta de la comunidad de Madrid. Como antes lo hacían con los emigrantes que “colapsaban las urgencias de los hospitales”.
    La táctica es mentir a lo grande aprovechando que se tiene todo el poder de los medios, para que al final la gente termine aceptando las medidas de recortes de derechos.
    Pero ya son tantas las mentiras, las campañas difamatorias y los recortes de las conquistas y derechos de los españoles, que la gente está comenzando a responder masivamente con lo que por ahora tiene a mano: las manifestaciones, los paros, ocupaciones…
    Por más que el gobierno del PP nos quiera apaciguar con promesas que este año será el último de recortes y penurias y que prentanda amedrentarnos con multas, arrestos, golpizas para que no manifestemos la oposición a su política, la crisis llevará a que más gente se suma a esta marea de protestas.
    Saludos,
    Miguel A.

  3. Ivan dijo:

    Mentir y desacreditar hoy en España es mucho más que una estrategia contra lo público. Pocos sectores de la vida social y económica están hoy a salvo de las políticas neoliberales del PP, que son la continuación y agravamiento de las que hacía el PSOE. ¿Cómo es posible que en democracia se gobierne contra los intereses de una amplia mayoría social y no exista luz al final del túnel? ¿Qué es lo que hace posible que se produzcan estas catástrofes humanitarias y quienes son los responsables?

    Javier Couso pone el dedo en la llaga cuando denuncia el trabajo sucio de algunos medios de comunicación, aunque podía haber sido muchos más explícito y contundente responsabilizando a todos los grandes medios de comunicación que operan en España (públicos y privados) de la macroestafa que sufrimos casi todos los españoles y que tiene como responsables y beneficiarios a ese 1% privilegiado, que son los dueños absolutos del imaginario colectivo por el simple hecho de ser los dueños y/o gestores del oligopolio mediático.

    Hay que decir que una gran parte de esos empleados públicos que están perdiendo el empleo (porcentaje que será mayor cuando se abra la veda de los funcionarios), como de los ciudadanos que están perdiendo renta y derechos (como la educación y la sanidad gratis) o de los autónomos que están cerrando las puertas de sus negocios por culpa de las políticas de austeridad son votantes tradicionales del PP. Sin embargo, a este partido no le va a importar sacrificar los intereses de la mayoría de militantes y simpatizantes ( carne de cañón de un puñado de grandes corporaciones y bancos que practican el nomadismo económico en el mercado global mundial) mientras tenga el pleno convencimiento de que sus medios de manipulación sabrán conducir al rebaño por el camino adecuado con mantras como “es el resultado de la herencia recibida”, “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”, “son las únicas políticas posibles” o tenga el convencimiento de que, en el peor de los casos, siempre habrá un partido alternante (como el PSOE) que, lejos de dar marcha atrás, sabrá tomar el testigo en esta carrera de relevos teledirigida por la clase dominante que son las democracias burguesas.
    Javier Couso denuncia en su artículo la demoledora agresión que están sufriendo los empleados públicos (parte de ellos herederos del “vuelva usted mañana” de Larra y fieles servidores de la derecha más rancia que hoy gobierna España) por el simple hecho de que ese 1% privilegiado ha decidido que ha llegado la hora de transformar en renta los derechos universales integrantes del pacto social de una etapa en que la minoría privilegiada tenía menos poder y las mayorías populares no habían sido depreciadas por un mercado global de miles de millones de trabajadores en que las mercancías y los capitales pueden circular libremente. Ahora que el sistema económico capitalista del primer mundo está colapsado por la sobreproducción y el endeudamiento y, por otra parte, resulta mucho más rentable la deslocalización industrial y el comercio en un mundo sin fronteras es el momento de liquidar la sociedad del bienestar convirtiendo los derechos humanos en renta privada de esa minoría privilegiada. Salvo que se produzca la rebelión de las mayorías ofendidas (difícil de concebir en este imaginario colectivo), se va a pasar del derecho universal a la salud al derecho a la enfermedad como privilegio de unos pocos, los que puedan pagar un sistema sanitario tan corrupto, caro, despilfarrador y generador de enfermedad como el norteamericano. Ya no vamos a sufrir únicamente la mordida del negocio privado en la sanidad pública (como el gasto farmacéutico, con miles de millones de euros de despilfarro y un sistema sanitario que olvidó la prevención de las enfermedades y la promoción de la salud) sino la duda de si seremos socorridos en caso de enfermedad y si ello no nos llevará a la ruina

  4. pepe dijo:

    Que no se me interprete mal, no tengo nada contra los funcionarios, todo lo contrario, soy defensor acerrimo de lo público y efectivamente “nuestros” gobernantes ahora se están essañando contra los funcionarios y para ello lanzan una campaña brutal de descrédito y mentiras descaradas… pero ¡ojo!, no nos olvidemos de los trabajadores de la empresa privada, incluso esas subcontratas que está utilizando la administración, los recortes salariales, las jornadas sobrepasadas de horas, cotizaciones a media jornada cuando están trabajando mas horas de las que corresponderían a la jornada completa… y la amenaza constante de “si no estás de acuerdo, hay un ejército esperando… lo están pasando mucho peor que el funcionariado… eso nos trajo la reforma laboral…

  5. Luis Hernando dijo:

    Como las élites cleptocráticas del mundo tratan de dominar todos los mecados, las políticas, ellos no paran en hacer hueco en sus propias. Que ingenuo de automaticamente, tomar a los superricos como patriotas. Esos son sus planes `Sueldos Bangladesh para el Occidente y el sistema político para la venta hacia ellos. Los tiranos y opresores están siendo globalizados de nuevo.

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