Lo que no nos perdonan…el “funeral” del 7 de agosto de 1960


“¡Se llamaba, se llamaba!”

Raquel Marrero Yanes

Antes de 1959 los revolucionarios cubanos se habían trazado entre sus principales objetivos la independencia económica del país. Con la Revolución en el poder, Fidel afirmaba que el enfrentamiento con el capital extranjero “era el único camino correcto de un pueblo que quisiera liberarse (¼ ). Que el amo de sus riquezas sea el país, porque no se concibe un país libre, cuya economía es economía de extranjeros”.

El 6 de agosto de 1960, en horas de la noche, durante la clausura del Primer Congreso Latinoamericano de Juventudes, en el Estadio del Cerro (hoy Latinoamericano), Fidel anunció las nacionalizaciones de 26 empresas estadounidenses que operaban en Cuba, que poseían tres refinerías de petróleo, los monopolios de la electricidad y del teléfono, así como 36 de los mejores centrales azucareros del país.

En medio de su alocución, al Comandante en Jefe le falló la voz y Raúl tomó el micrófono para continuar la exposición. Minutos después, Fidel continuó su discurso. Al mencionar cada empresa estadounidense expropiada, Raúl añadía: “Se llamaba” y el pueblo comenzó a corear, “Se llamaba”, “Se llamaba”¼

Instante en que es intervenida la refinería de petróleo norteamericana Texaco

Desde horas tempranas del 7 de agosto de 1960, los cubanos dignos se reunieron para reiterar su unidad con las medidas del Gobierno Revolucionario. En el edificio de la Cuban Telephone Company, en la capitalina calle Dragones, retiraron todo letrero y afiches alusivo a la transnacional. En el edificio principal de la Cuban Electric Company, ubicado en la calle Carlos III, funcionarios del Gobierno Revolucionario hacían efectiva la nacionalización, y en el Palacio de los Trabajadores, sede de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC), se congregó un mar de pueblo.

Varios ataúdes, que representaban a diversos monopolios expropiados, fueron cargados en hombros por las calles hasta el embarcadero del Castillo de la Punta, donde los arrojaron al agua, a la vez que mencionaban las compañías yankis expropiadas y un coro replicaba: “Se llamaba”, “Se llamaba” .

Posteriormente se intervino la planta de la Texaco, en Santiago de Cuba y en la capital las instalaciones de la Esso y la angloholandesa Shell.

Tomado de Granma

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