Al Parlamento Europeo: recuerden que las causas pesan


Iroel Sánchez
Aminatou Haidar

Aminatou Haidar Foto: AFP

Aminatou Haidar, es una mujer saharaui, activista por la independencia de su país, ocupado por Marruecos. En el formulario de entrada a la que considera su tierra, ella escribió “saharaui”, y fue suficiente para que no se le permitiera el retorno. Luego de 32 días de huelga de hambre, pudo al fin ingresar en  su país, convertida en un símbolo frente al ocupante extranjero.

Más de cuarenta diputados al Parlamento Europeo propusieron a Haidar para el Premio a la libertad de conciencia que otorga esa institución. Pero se han dado a conocer los finalistas y el nombre de Aminatou Haidar no aparece entre ellos. El Premio, dotado de 50 000 euros, no se merecía un honor como el de reconocer a la luchadora saharaui.

Lamentablemente, las fuerzas dominantes en la Eurocámara –encabezadas por los diputados del Partido Popular español- , han convertido ese galardón en un instrumento para promover los intereses norteamericanos. Si en Haidar han despreciado la oportunidad de reconocer y alentar la lucha por la independencia de un pueblo, no es extraño entonces que premien -como ya hicieron en dos ocasiones anteriores- a quienes, en Cuba, trabajan a sueldo del gobierno estadounidense.

A estos promotores de la “libertad de conciencia” no les interesa el heroísmo de Aminatou Haidar. Ella estuvo presa, durante cuatro años sin cargos ni juicio, en cárceles secretas del régimen marroquí.  Allí permaneció, con los ojos vendados para que no pudiera reconocer a sus carceleros, sin recibir jamás atención médica. El relato que sigue no es de Granma, ni de Telesur, sino del periódico español El País:

“Aminatou, desnuda, era atada con una cuerda desde los tobillos hasta el cuello sobre una mesa estrecha; sus guardianes le ponían en la cara un trapo sucio sobre el que vertían una solución de detergente, heces y orina hasta que ella se asfixiaba. También le amarraban las manos tras las rodillas, le pasaban un palo tras las corvas y la colgaban del techo mientras la golpeaban con porras. Y le colocaban cables en los pezones y la sometían a descargas de electricidad. Pero ella asegura que lo peor no fue eso, sino los nueve meses que la mantuvieron aislada de sus compañeros.”

Frente a una vida así, el jurado del Parlamento Europeo parece inclinado a premiar a una persona que ha propinado golpizas a un anciano y una mujer. Su único mérito es haber convertido la huelga de hambre –en que a diferencia de Haidar tuvo todos los recursos médicos posibles– en un ejercicio de notoriedad, al servicio del gobierno que bloquea a su propio pueblo. Sus mentores son los responsables de los  crímenes en Guantánamo, Afaganistán e Iraq, que la Eurocámara no ha podido condenar.

Pareciera que la decisión ya está tomada. Aunque se habla de tres finalistas, a juzgar por la manera en que se difunde la noticia, es obvio que los medios tienen su candidato. Pero la autodestrucción, al servicio de una mala causa, no hace a alguien digno de admiración. Hitler y Goebbels se suicidaron y sólo sus similares los consideran héroes. Las causas pesan, si no ante el Parlamento Europeo, al menos ante la Historia.

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