Zapatero, fiel a las tradiciones, da la razón a Santiago Sierra


Iroel Sánchez
Zapatero posa con chaleco antibalas en la base de Qala i Naw Foto: EFE

Zapatero posa con chaleco antibalas en la base de Qala i Naw, Afganistán Foto: EFE

Quizás en lo que pueda ser una polémica salida al aprieto en que lo  ha colocado su conducta ante la visita del Papa a España –con críticas tanto desde Izquierda Unida como del Partido Popular-, el presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero ha aparecido sorpresivamente entre las tropas de su país en Afganistán. Quien comenzara su mandato retirando las tropas españolas de Iraq, ha terminando acercándose mucho más a la derecha en la agenda internacional, cosa que –en opinión de muchos de sus compatriotas- ya ha hecho suficientemente en la nacional.

Desde el país centroasiático, el líder del PSOE, ha dicho una frase algo contradictoria: “No estamos aquí para quedarnos, pero nuestro compromiso debe ser firme, hasta que los afganos puedan garantizar su propia seguridad. Ellos habrán ganado un futuro mejor y todos habremos ganado un mundo mejor”. Para informarse adecuadamente sobre cómo va la lucha por “un mundo mejor”, Zapatero se ha reunido con el jefe de las tropas de la OTAN en Afganistán, el general estadounidense David Petraeus.

Es de imaginar que Petraeus haya felicitado al líder “socialista”. Su aporte a semejante lucha marcha sobre ruedas, al menos numéricamente. Cuando, hace casi cinco años,  Zapatero llegó al gobierno había 500 efectivos españoles en Afganistán, ahora hay 1500.

Las relaciones entre el PSOE y la OTAN no son nuevas. Fue el también “socialista” Felipe González quien, luego de acuñar la frase “A la OTAN de entrada no”, encabezara el ingreso de España en la alianza atlántica. Su cercano colaborador Javier Solana, autor del folleto 50 razones para decir no a la OTAN, acabaría siendo el Secretario General del pacto militar y conduciendo a las órdenes de Estados Unidos la guerra contra Yugoslavia.

De todos modos, en casa existen algunas incomprensiones. Entre los argumentos expuestos por el artista ibérico Santiago Sierra para rechazar el Premio Nacional de Artes Plásticas, que precisamente pretendiera entregarle el gobierno de Zapatero, está el que dicho reconocimiento provenga   de “Un estado que participa en guerras dementes alineado con un imperio criminal.” Transcurridas apenas unas horas del desplante, el jefe del gobierno, en compañía de su nueva canciller Trinidad Jiménez, ha ido hasta Afganistán a darle la razón.

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