En el cerebro, las huellas del crimen


Iroel Sánchez
Imágenes de resonancia funcional del cerebro de personas analfabetas y alfabetizadas en edad adulta y en edad infantil, de arriba abajo, durante los experimentos- SCIENCE / AAAS

Imágenes de resonancia funcional del cerebro de personas analfabetas y alfabetizadas en edad adulta y en edad infantil, de arriba abajo, durante los experimentos- SCIENCE / AAAS

Se ha dado a conocer en la revista Science un estudio que muestra diferencias en el funcionamiento del cerebro entre personas alfabetizadas y otras que no lo son.

Según la investigación, leer y escribir “relanza la organización de la corteza visual, pero también permite que, en respuesta a frases escritas, se active toda la red del lenguaje hablado en el hemisferio izquierdo”. “La capacidad de leer, una invención cultural tardía, se aproxima a la eficiencia de la vía de comunicación más evolucionada de la especie humana, que es el habla”, dice  Science.

En el mundo existen más de 800 millones de analfabetos, según la UNESCO. La propia organización ha premiado a Cuba por su programa Yo sí puedo que ha enseñado ha leer y escribir a más de  3 millones de personas tras ser aplicado en 28 países, incluyendo zonas del llamado Primer Mundo como España, donde existen dos millones de personas iletradas.

Recientemente, varios medios españoles mostraron preocupación por el tema y se acercaron a los activistas que en la ciudad de Sevilla implementan el programa cubano pero censuraron el origen isleño del proyecto.

Es de esperar que la divulgación de este estudio, que demuestra diferencias somáticas entre los seres humanos, provocadas por el desigual acceso a la educación, deje una huella para que los programas de alfabetización reciban mayor impulso en España y en todo el mundo. Ojalá contribuya a este objetivo el hecho de que sea el diario El País, líder de las campañas contra Cuba, el que publique la noticia del resultado de tal  investigación bajo el título “Aprender a leer y escribir deja huella en el cerebro”. Aunque, lamentablemente, algo que el artículo no refleja es en qué parte del cerebro se aloja la verguenza.

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