Cuba y Estados Unidos ante Haití


Iroel Sánchez
Cubierta de la edición cubana "Los Jacobinos negros" Fondo editorial Casa de las Américas

Cubierta de la edición cubana de "Los Jacobinos negros" Fondo editorial Casa de las Américas

El libro Los jacobinos negros, de Ciril James, es considerado por muchos el estudio más completo sobre los orígenes y desarrollo de la Revolución Haitiana. En la introducción a la edición cubana de este título, el académico John Bracey, de la Universidad de Massachusets, afirma:

“La respuesta al terremoto que golpeó a Haití el 12 de enero de 2010 y las presentaciones muchas veces condescendientes, denigrantes y burdamente inexactas del país, su historia y su pueblo, hacen por completo oportuna y pertinente la aparición de una edición cubana de Los jacobinos negros. Incluso los más generosos donantes de asistencia a Haití, los estadounidenses y europeos, con demasiada frecuencia lo expresan en términos de ayudar a un país desprovisto de todo tipo de recursos –políticos, sociales, económicos, culturales- y con toda una historia de pobreza, superstición, violencia, y corrupción desde el momento mismo en que fueron sentadas sus bases. Muchos liberales también ven la necesidad de afirmar una presencia militar fuerte pero benévola, que contribuya a que Haití se aproxime a alguna versión de democracia. Los derechistas que todavía se aferran a los mitos de la supremacía blanca, hablan de un país poblado por practicantes de vudú y otras creencias y prácticas primitivas –o sea, ni cristianas ni europeas-. Un prominente evangelista cristiano, Pat Robertson, afirmó que el terremoto fue justamente uno de los muchos desastres que han asolado a los haitianos desde que hicieron un pacto con el diablo para garantizar el apoyo satánico a su lucha contra los franceses. El ignorante reverendo no se percató de la implicación de que Satanás sería abolicionista y la iglesia cristiana en Haití estaría a favor de la esclavitud.

“Pocos comentaristas han mencionado la singular lucha de los africanos esclavizados en Haití en el establecimiento y fundación del primer y único país independiente como resultado de un levantamiento esclavo. Un número incluso menor menciona que los Estados Unidos, al igual que hizo con Cuba después de 1959, se negaron a extender el reconocimiento diplomático a la isla en sus primeros sesenta años de existencia. Tampoco se menciona que un factor importante en los problemas económicos haitianos radica en el acuerdo de los países europeos y de los Estados Unidos de que Haití debía a los franceses el valor de los esclavos liberados. Que los Estados Unidos han invadido y ocupado Haití se menciona la mayor cantidad de veces como si se tratara de gestos humanitarios malogrados y no como ejemplos típicos del tratamiento que los intereses económicos y políticos de los estadounidenses han dado a países latinoamericanos y caribeños. Pocos han mencionado el papel de la Revolución haitiana como inspiración de las luchas bolivarianas que resultaron en la independencia política de muchos países latinoamericanos en la primera mitad del siglo XIX, o que la efusión de asistencia a Haití de países como Cuba y Venezuela es un reconocimiento de una tradición de solidaridad que se remonta doscientos años atrás. Para comprender hoy la realidad de Haití, necesitamos entender en alguna medida como ese país nació de una insurrección armada contra los amos esclavistas y sus aliados y las consecuencias que ha tenido para el pueblo haitiano lo alcanzado con sus esfuerzos.”

Esta obra fue publicada originalmente en 1938 pero en 1963 tuvo una segunda edición revisada, en la que el autor añadió un epílogo con el nombre de “De Toussaint L´Overture a Fidel Castro”. James comienza su epílogo explicando la razón de semejante título:

“Toussaint L´Overture no está vinculado aquí a Fidel Castro porque ambos dirigieran revoluciones en el Caribe. Ni tampoco dicho vínculo es una demarcación conveniente o periodística del tiempo histórico. Lo que ocurrió en Saint Domingue entre 1792 y 1804 reapareció en Cuba en 1958.”

Es algo que el propio Fidel se ocupó de confirmar cuando, al recibir en Cuba a Nelson Mandela, exclamara “¡Qué lejos hemos llegado los esclavos!”, durante un discurso en la provincia de Matanzas. Precisamente fue Matanzas -donde hubo en Cuba mayor cantidad de esclavos- el escenario de la sublevación encabezada por Carlota, la esclava rebelde cuyo nombre denominara la operación con que las tropas cubanas contribuyeran decisivamente a la independencia de Angola y Namibia, y a la derrota del apartheid en Sudáfrica.

La indignación expresada por el líder de la Revolución Cubana con respecto a la indiferencia hacia la epidemia de cólera en Haití, que ha venido a agravar las terribles condiciones en que vive su población, y la noticia de que ante el dramático escenario que se conforma allí, Cuba –el país con más médicos en el lugar- ha reforzado la presencia de su personal de salud, son coherentes con los análisis de James y Bracey. El hecho de que “La primera parte del Fondo Estadounidense de Reconstrucción para Haití está en camino, más de siete meses después de haber sido prometido para ayudar a la reconstrucción del país luego del devastador terremoto de enero”, según una agencia de prensa norteamericana citada por Fidel, también lo es.

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