«Lo que siento es que no existe el poder político o que es sólo un agente del económico.»


Raquel Quilez/El Mundo

Alberto San Juan

A propósito del estreno de una obra dedicada a Federico García Lorca, el actor español Alberto San Juan, argumenta en esta entrevista por qué brinda «por un Sáhara libre, por el fin del capitalismo y el triunfo de lo humano»

No es amigo de las medias tintas. Alberto San Juan (Madrid, 1968) entiende que la vida es política y por eso debate y plantea temas sociales en cada conversación, en cada trabajo. Este viernes lo hará de la mano de Lorca con ‘Nueva York en un poeta’, un espectáculo atípico al que presta voz en el Teatro Lara. Durante una única noche habrá sobre las tablas jazz neoyorquino de los años 30, con la banda The Missing Stompers, versos de ‘Poeta en Nueva York’ y fotografías que atestiguan un viaje y una época que marcaron al escritor granadino, la del crack del 29. Economía, política y arte, temas que apasionan al actor.

«Lo que siento es que no existe el poder político o que es sólo un agente del económico. Tanto los partidos de derechas como los que deberían ser una alternativa, en este caso el PSOE, sirven al capitalismo. El Gobierno en España parece más un representante del Banco Santander y las grandes empresas que de los ciudadanos. Y eso nos lleva a la destrucción progresiva de todo lo público, la Sanidad, la Educación, los servicios fundamentales… Y nos hace más infelices, aumenta nuestra soledad y nuestros problemas», cuenta desde el sofá de su casa, relajado en una mañana de martes.

«Lorca ya denunció el capitalismo. Yo creo que el teatro no debe ser un refugio frente a la realidad, si no un lugar de debate. Debe servir para mostrar cómo vivimos y a partir de ahí, reflexionar e intentar cambiar lo que nos hace mal», añade. Expertos en esto son en su compañía, Animalario, un proyecto que surgió de un grupo de amigos y fue ganando peso, teatral y social -su última obra, ‘Urtain’, obtuvo ocho premios Max-, gracias a sus manifestaciones dentro y fuera de las salas, algo por lo que han recibido más de una crítica.

«Si me expreso no es como actor, sino como ciudadano. A mí no me gusta mucho aparecer como Alberto San Juan, pero considero que ha de cuestionarse y discutirse todo. No hay que dejar la política en manos de los profesionales y menos ahora, que parece que a media que ascienden en la estructura de poder, se deshumanizan«, afirma. Y es que el actor se siente defraudado por el que consideraba un gobierno de izquierdas: «La decepción con Zapatero es un sentimiento muy generalizado, porque es cierto que entró con un gesto muy valiente, sacando las tropas de Irak, y con una política social, pero luego ha ido por otro lado».

Hay un tema en el que condena especialmente su actitud, el del Sáhara -él mismo ha estado en los campos de refugiados de Tinduf (Argelia)-. «Me parece que debería ser un tema claro, tanto como el de Palestina. Marruecos está en el Sáhara de forma ilegal, es una colonia que fue abandonada cuando, según la ONU, debía respetarse el derecho a la autodeterminación saharaui. La ley es clara, ¿por qué se discute? Marruecos como ocupante y parte fuerte machaca a los saharauis, que son los ocupados y parte débil. Está poniendo de manifiesto que los Derechos Humanos están por debajo de los intereses económicos y las relaciones de fuerza. Marruecos tiene un valor geoestratégico y una fuerza que le otorgan la UE y EEUU, y el único valor de los saharauis es que son seres humanos. Ése es el verdadero problema».

Alberto San Juan sigue de cerca la actualidad. Le viene de oficio: con 24 años decidió abandonar su carrera de periodista -trabajó dos años en Diario 16- para intentarlo con la interpretación, pero se confiesa adicto a la información. «Me parece un oficio apasionante. Y fundamental, como el de político. Lo malo es que los medios de comunicación no dejan de ser empresas y están sometidos también a muchos intereses. Supongo que es difícil que un medio pueda ejercer el periodismo con libertad».

¿Cómo ha cambiado desde que abandonó la redacción y subió a las tablas? «He visto cómo me salen canas y arrugas… Y el grupo también ha cambiado. Más de 10 años después de empezar, echamos mucho de menos un lugar en Madrid donde poder trabajar, ¡pero esta ciudad es tan cara para eso! Y además las vidas se han complicado. Con veintitantos años teníamos todo el tiempo y toda la energía a favor y ahora no tanto. Hay hijos, divorcios… Pero las razones de seguir juntos son las mismas, razones de amor. Si no, nos disolveríamos».

Lejos de separarse, están ensayando su nueva obra, que estrenarán en enero. «Es una historia de emancipación dentro de una familia. Queríamos hacer una comedia política pero salió un drama familiar», confiesa. Y termina la conversación con una llamada a la esperanza: ‘Brindo por un Sáhara libre, por el fin del capitalismo y el triunfo de lo humano’. Ahí queda su alegato. (Tomado de El Mundo)

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