EE.UU., estado policíaco (I)


Néstor García Iturbe

Cualquier persona que escucha la retórica de los principales dirigentes estadounidenses pudiera pensar que en aquel país se respetan los derechos humanos y que ese asunto es una sería preocupación del sistema, tan seria que se abrogan el derecho de estigmatizar a los que según ellos se han convertido en violadores de tan sagrados derechos.

Todo esto es relativo y si algo pueden decir las autoridades estadounidenses es el antiguo dicho de “Haz lo que yo digo y no lo que yo hago”. Los parámetros que Estados Unidos pretenden aplicar a una serie de países, por lo regular aquellos que se oponen a sus designios, no los aplican a otras naciones, ni tan siquiera los ponen en funcionamiento internamente para garantizar los derechos de sus propios ciudadanos.

El aparato represivo estadounidense ha venido trabajando en la conformación de un sofisticado programa de inteligencia doméstica que le permite acumular y analizar información sobre todos los ciudadanos y personas residentes en Estados Unidos. Las fuentes de información que utilizan, además de las tradicionales del FBI, la CIA, la policía local, el Departamento de Seguridad de la Patria, oficinas de investigación criminal a todos los niveles, incluyen las propias de las agencias que forman parte de la Comunidad de Inteligencia de Estados Unidos.

Adicionalmente a estas fuentes de información sobre cada individuo, se agrega aquella que puede derivarse de la utilización de sus tarjetas de crédito para comprar medicina, ropa, libros, asistir a teatros y otros entretenimientos, echar gasolina, viajar a otros estados o países, la vía que utiliza para esto, la cuenta telefónica y el registro de todas las personas con que establece comunicación.  también hoteles donde se hospeda, si alquila algún vehículo, restaurantes a los que asiste, lugares donde adquiere su comida y tipo de comida que compra, si ayuda económicamente a un familiar, protegido, iglesia, equipo deportivo e inclusive si asiste a un establecimiento de dar masajes o de escoltas profesionales y utiliza su tarjeta de crédito en esos menesteres.

En fin, poco queda de la famosa privacidad de la que tanto se habla en Estados Unidos y que según ellos está garantizada por la Constitución y las Leyes vigentes. Lo interesante de todo esto es que para estar fichado de esa forma, es decir, incluido en el programa, usted no tiene que ser un delincuente ni ser sospechoso de haber cometido alguna violación de las leyes, simplemente tiene que existir en Estados Unidos, ya sea como ciudadano o como residente en el país.

Un aparato de tal magnitud requiere un desmesurado presupuesto, tanto en equipamiento como en personal para poder tener actualizados todos estos controles.  El sistema que ha sido denominado “Top Secret America” cuenta con más de 4,200 organizaciones a nivel federal, estadual y local, cada una con sus responsabilidades específicas dentro del sistema; de estas, cerca de 1,000 fueron instauradas como parte del “fortalecimiento” del sistema.

Dentro de los parámetros utilizados para el análisis de la información se incluyen aquellos que en un momento determinado pudieran conducir a detectar con la debida anticipación alguna actividad de carácter terrorista o en contra de la estabilidad del sistema.  Principalmente se toma en consideración la religión de la persona, su origen, entorno donde vive, su raza, estado psíquico y antecedentes de carácter violento.

Según el presupuesto autorizado para esta operación, el Departamento de Seguridad de la Patria gastó en menos de diez años 31,000 millones de dólares en este programa, sin contar lo que pueden haber gastado a nivel estadual algunas agencias involucradas en el mismo.

El problema es que el gasto de dinero va en un acelarado ritmo ascendente, pues ya se están utilizando en aeropuertos de  Estados Unidos y de países de los cuales llegan viajeros, algunas técnicas sofisticadas de escaneo y detección de bombas, comprobación de identidad y otras que han creado una importante línea de desarrollo a las empresas del Complejo Militar Industrial cuyas utilidades continúan creciendo.

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