Érase una vez una isla insurrecta


Omar Pérez Salomón
La CNN en español abrió su noticiero de las cinco de la tarde del 21 de febrero del 2011 con información, en directo desde La Habana, esperando un supuesto levantamiento popular que jamás se produjo. La presentadora, Claudia Palacios, no pudo disimular la frustració

CNN en español abrió su noticiero de las 5 pm del 21 de febrero en directo desde La Habana, esperando un levantamiento popular que jamás se produjo. La presentadora, Claudia Palacios, no pudo disimular su frustración

Del Caribe surgió la nación que primero conquistó su independencia en Latinoamérica. El espíritu de rebeldía que generó la Revolución Haitiana de finales del siglo XVIII, se difundió por todo el continente e inspiró una corriente independentista que llega a nuestros días. Otro país caribeño, Cuba, sería el primero en liberarse del yugo del imperio norteamericano, el más poderoso que ha existido jamás.

Esta coincidencia histórica y los lazos culturales que se tejieron a partir de la oleada migratoria de haitianos a Cuba, establecieron una pasarela que ha permitido que en la actualidad miles de médicos cubanos presten servicios en este hermano pueblo.

Pero Haití y Cuba armonizan también en un asunto de mucha significación. Al primero le han cobrado por años haber sido el primero en fundar una República de ex esclavos; a la mayor isla de las Antillas la pretenden hacer pagar bien caro, la osadía de construir un Estado socialista en las narices de su poderoso vecino del norte.

A esta situación responde el incremento de los ataques mediáticos contra Cuba,  lanzados  desde Washington y Madrid. Hasta la titular de exteriores del gobierno gringo, Hillary Clinton, dijo recientemente  que “el gobierno comunista trata de crear, con la ayuda de Venezuela, una red nacional (intranet) que no permite a sus ciudadanos acceder fácilmente a la red mundial” y que Estados Unidos “redoblará su esfuerzo para ayudar a los activistas digitales a sortear las restricciones, censuras y bloqueos en la red”, que constituye un reconocimiento tácito, del financiamiento que suministran a los cibermercenarios de la isla.

Para colmo de la hipocresía y el doble rasero, la secretaria de Estado norteamericana agregó que “su país intenta promover la libertad absoluta del flujo de información en Internet y quienquiera que trate de evitarlo es antidemocrático”. Sin embargo, olvidó mencionar que el Acta Patriótica estadounidense permite al gobierno, supervisar las comunicaciones de los ciudadanos, incluyendo su historial de acceso a la red.

Lo cierto es que todas las tretas con la ilusión de que Cuba devenga otro Medio Oriente fracasarán. Ya sucedió con el papelazo de este 21 de febrero. En la isla insurrecta, lejos de un “levantamiento popular”, persiste un ambiente revolucionario y un pueblo empeñado en perfeccionar y mejorar su sistema socialista.

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