Muere Sidney Lumet, la conciencia del cine


Francesc Peirón
Sidney Lumet

Sidney Lumet

A sus 86 años, Sidney Lumet ha llegado a ver como Hollywood se aferraba al 3-D en su naufragio económico. Lo ha hecho a costa de perder la dimensión social que tanto defendió Lumet en su larga carrera como director y de la que se convirtió en un abanderado. El último de los grandes.

Un verdadero avatar, sin más efecto especial que la palabra. Falleció ayer en su casa de Manhattan, acompañado de Mary, su cuarta esposa, a causa de una larga enfermedad, un linfoma. Deja un testamento inspirado en Frank Capra y cimentado en la defensa del ser humano frente a los abusos del poder y la corrupción del dinero.

The New York Times avanzó, a primera hora de la tarde, la muerte de este hombre que hizo del compromiso el principal argumento de su extensa filmografía. En 1957, cuando todavía no se habían inventado las pruebas de ADN, Lumet pergeñó uno de sus obras maestras, Doce hombres sin piedad. Donde no llegaba la ciencia, él aplicaba la conciencia.

En esa película tomó el cuerpo y la voz de Henry Fonda –el único miembro del jurado que se negaba a condenar a un hombre por la mera versión oficial– para salir en defensa del espíritu crítico y de la capacidad de disentir. La perseverancia de ese disidente, que convence a los otros once de la inocencia del acusado, convirtió a ese relato en uno de los hitos en contra de la pena de muerte.

Esa fue su primera película y aquellos no eran tiempos fáciles.

Así vivió Lumet, al que, curiosamente –¿o no?–, nunca le concedieron un Oscar. “Si tú rezabas por hacer un personaje, Sidney ejercía de sacerdote que escuchaba tus plegarias, que te ayudaba a que se hicieran realidad”.

Esto lo dijo Al Pacino cuando en el 2005 la Academia quiso reparar su error y le otorgó una de las estatuillas honoríficas “por sus brillantes servicios con los guionistas, los actores y el arte en general de la cinematografía”. Al Pacino, que protagonizó Tarde de perros (1975), logró uno de sus mejores trabajos en otra de las cimas lumetianas, en Serpico (1973), donde interpreta al policía que da título a la narración. El agente, insobornable, se enfrenta a sus compañeros, hundidos en la podedumbre. Una versión más de otros de sus grandes temas como es el del coraje individual.

El Times arrancó su crónica de obituario en su página digital con la afirmación de que Lumet “prefirió las calles de Nueva York a los lujos de Hollywood”. El propio director escribió en una ocasión: “Mientras que el objetivo de todas las películas es el entretenimiento, el tipo de films en los que yo creo van un paso más allá, obligan al espectador a examinar una faceta y otra de su propia conciencia. Esto estimula el pensamiento y permite que los juicios mentales florezcan”.

Dirigió una media de un largometraje al año durante cuatro décadas. Ahí se incluyen adaptaciones de Arthur Miller, Tennessee Williams o Eugene O’Neill. Bajo su batuta, además de los citados Fonda y Al Pacino, estuvieron las estrellas más luminosas: Marlon Brando, Paul Newman, Katharine Hepburn, Ingrid Bergman, Sean Connery, Robert Duvall, Faye Dunaway o Anna Magnani. Sidney Lumet creció en la pobreza en la Gran Manzanz durante los años de la depresión. Esa situación alimentó su pasión por las cuestiones sociales y las imperfecciones del sistema judicial.

Nació en Filadelfia, el 25 de junio de 1924. Baruch, su padre, originario de Polonia, se mudó con su familia a Nueva York, cuando Sidney era bebé, y se unió al Yiddish Theater. El futuro director de cine pisó la escena con sólo cuatro años, preludio a su debut en Broadway, en 1935. Hacía de niño de la calle. Participó en la Segunda Guerra Mundial, a cuyo regreso prosiguió en la farándula. En 1947 sustituyó a Brando en un espectáculo de Ben Hecht y música de Kurt Weill.

Dirigió teatro y se fogueó en la tele. No ha de extrañar que uno de sus títulos más aclamados sea Network (1976). En esta película, un conductor de informativos sale del declive denunciando la hipocresía de la sociedad estadounidense. Así murió Lumet. (Tomado de La Vanguardia)

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