Mentiras y medios, la mirada de Pascual Serrano


Sandra Russo/Página 12
Pascual Serrano

Pascual Serrano

La periodista argentina Sandra Russo analiza el trabajo de este intelectual español que contribuyera recientemente al dossier “Cinco intelectuales analizan significado y perspectivas del 15-M” que publicamos en  La pupila insomne. Al final de este post, su más reciente texto, titulado “La ¨democracia real ya¨ también tiene que llegar a los medios de comunicación”.

Ya llevo varias notas recomendando a Pascual Serrano, el autor de Desinformación y uno de los fundadores del periódico digital Rebelión. Pero a medida que va pasando el tiempo y se agudiza eso que se ha dado en llamar “inseguridad informativa”, más urgente y necesario se hace llamar a que se lo lea. Serrano es uno de los intelectuales y periodistas latinoamericanos y europeos que desde hace años estudian el fenómeno de los medios concentrados y sus efectos. Esos autores en la Argentina no circulan mucho –no se habla de ellos, naturalmente, en los medios concentrados–. El periodista español se especializa en la detección al vuelo, mes a mes, de lo que el nombre de su sección define concretamente: mentiras y medios.

Los territorios sobre los que sobrevuelan esas noticias con trampa son diferentes, son todos. Cada una de esas mentiras que son puestas a circular en los medios de todo el mundo tiene una razón de ser, y es política. A veces se trata de intereses puntuales que defienden una u otra corporación, pero otras veces esas mentiras devienen de una inercia ideológica que baja desde las respectivas líneas editoriales. Las mentiras adoptan muchas formas y tienen matices. Van desde la adjudicación de una falsa frase textual a algún dirigente o líder al que les interesa desprestigiar, a la cobertura de un suceso ilustrándolo con la fotografía de otro. La propia concentración de medios hace que no sea necesaria una sola gran mentira: el efecto dominó, la réplica de noticias falaces en enormes aparatos de multiplicación opera como un aparato de manipulación. Estamos muy lejos de cuando se discutía si los medios influían o no en la opinión pública. Ya hay muy pocos medios independientes de la concentración, y es la concentración el objeto de estudio. Lo cierto es que hay un área de periodismo y de ciencias sociales que estudia estos desvíos, hay pensamiento y trabajo focalizado en estas prácticas que están naturalizadas no sólo por las audiencias y los públicos, sino también entre periodistas. Más allá de la inclinación política de cualquiera, hay contratos que deberían mantenerse firmes para que la información no sea una mentira.

Mes a mes, Serrano publica sus “perlas informativas”. Textos muy breves y específicos en los que detalla lo que encontró. En mayo, por ejemplo, encontró una perla en la Argentina. Fue el 8 de mayo, en el portal Infobae.com. La noticia se titulaba “Cuba: la oposición denunció la muerte de un disidente a manos de policías”. Serrano explica que no sólo los familiares de la víctima y los médicos afirmaron que se trató de una muerte por causas naturales, sino que esa nota estaba ilustrada con una foto en la que aparecían decenas de policías, dando a entender que habían sido ésos o al menos como ésos los que habían asesinado al disidente cubano. Pero la foto era de policías de Honduras durante el Paro Cívico del 12 de abril de este año. Serrano reproduce la foto publicada y adjunta otras dos que no dejan dudas de que se trata de la misma policía, y es hondureña.

Otra perla, que es inevitable asociar al título de La Nación del jueves, cuando dictaminó “Alivio mundial: Grecia aprobó el ajuste”. El comentario de Serrano se refiere a una noticia radial, y aquí vale reproducir la pluma de Serrano:

“La locutora de RNE Radio 5 afirmaba lo siguiente el 14 de mayo referente a la deuda pública griega, a modo de interpretación imparcial y neutra: ‘Dejar de pagar a los acreedores sería una catástrofe. Los bancos no lo podrían soportar’. Será una catástrofe para los bancos, pero no para los demás. Mucha gente tampoco puede soportar pagar una hipoteca y es una catástrofe perder la casa y no parece que eso les importe mucho a los bancos, no sé por qué nos tenían que importar a nosotros ahora las catástrofes de los bancos y lo que no puedan soportar.”

En relación con la situación europea, estas perlas abundan en los medios argentinos, con canales de noticias presuntamente “neutrales”, “independientes” o como quieran llamarse, dando por sentadas cosas que no están sentadas en absoluto: sólo responden a una concepción política y económica. La particularidad es que esos sobreentendidos aquí los usan la oposición y los medios concentrados, que comparten con el FMI y la UE sus criterios, pero no lo aclaran ni lo asumen, de modo que lo que dan por sentado es una trampa, porque no es lo que sucede, sino apenas su manera de interpretar lo que sucede de acuerdo con sus intereses, los de los periodistas o los de sus empleadores.

¿Por qué habría de haber “alivio mundial” por el hecho de que Grecia sea empujada hacia su bancarrota? ¿Por qué, esos miles de griegos que no fueron escuchados o fueron reprimidos no forman parte del mundo, ya que ellos no se alivian? ¿De qué y de quién se habla en los medios cuando se habla del “mundo”? ¿De los gobiernos? ¿De las corporaciones? ¿De los bancos privados o centrales? ¿Por qué cada vez más pueblos quedan fuera del mundo? Antes no entraban en el mundo los otros, los extraños. Ahora tampoco entran en él los parecidos. El capitalismo global es una planta carnívora que se alimenta de cuerpos y dinero, pero que escupe símbolos. Rescate, salvataje, ahorro, austeridad, coraje, inevitable: son palabras llenas de un contenido ideológico que nunca se explicita.

Otra perla de Serrano da cuenta de esto mismo. El periódico Marbella Express publicó el 16 de mayo, en referencia al caso de Dominique Strauss-Kahn, que “cuando se produjo la crisis financiera mundial, y posteriormente la de los países del euro, fue el gran momento del FMI de volver a mostrar su importancia”. Y observa Serrano que por “mundial” se refiere a la crisis de Wall Street del 2009: “porque ellos son todo el mundo, y luego están los países del euro”.

La última perla de mayo enlaza esta concepción política evidente que brota de estos deslizamientos, de estos fallidos, de estas dobles varas, con la mirada sobre América latina que proviene de ese mismo nicho de pensamiento. El 29 de mayo, el diario El País informó sobre el regreso del presidente derrocado Manuel Zelaya a Honduras, titulando “Honduras recupera la democracia”. Con su estilo minimalista, de bisturí, Serrano agrega: “Pero para recuperar la democracia después de un golpe, no basta con que el presidente legítimo pueda volver al país. Debería volver a su cargo de presidente. Ese detalle lo olvida el diario”. (Tomado de Página 12)

La “democracia real ya” también tiene que llegar a los medios de comunicación

Pascual Serrano

En los regímenes dictatoriales, los déspotas, con su ejército, sus policías y sus jueces silencian a las colectivos sociales díscolos, relegan al silencio a los intelectuales honestos que les critican y no permiten que tomen la palabra los miles de ciudadanos que se enfrentan al poder. Por su parte, desde el poder dictatorial no dejan de afirmar que quienes le critican son una minoría, que recurren a la violencia y quieren subvertir el orden. Es curioso, pero precisamente todo eso, en nuestros regímenes supuestamente democráticos es la función de los grandes medios de comunicación.

Algún día se pensó que los medios iban a ser el cuarto poder, es decir, ese poder ciudadano que vigilaría a los otros tres, ejecutivo, legislativo y judicial. Hemos comprobado que en este sistema que ellos llaman democracia estos tres poderes ni nos representan ni son legítimos porque sus decisiones no tienen ninguna relación ni con las promesas con las que se auparon ni con los deseos de los ciudadanos. Pero peor todavía es lo del cuarto poder que los iba a vigilar. Si los tres primeros se han puesto al servicio de los mercados, el cuarto directamente es mercado. El vigilante se ha convertido en la fuerza de choque del mercado, en los fundamentalistas del régimen que está estrangulando la democracia. Y se han convertido en eso porque no son ni siquiera empresarios de la comunicación, sus dueños son emporios empresariales con acciones e intereses en todos los sectores, desde multinacionales de las telecomunicaciones que controlan las vías de difusión de la información hasta grupos bancarios imprescindibles para la financiación. Y su viabilidad depende de grandes anunciantes del tipo de empresas de hidrocarburos, automovilísticas, grandes almacenes. Estos medios no son ningún cuarto poder, son el poder del dinero.

A ellos no les interesa la verdad, ni la democracia. Al contrario, defenderán a esos bancos que desahucian a quienes no pagan sus hipotecas, a las grandes empresas que aplican despidos para mejorar sus ganancias, a las corporaciones que destruyen el planeta con tal de que sigan contratando publicidad, a los hospitales y universidades privadas los que seguro insertarán más anuncios que los servicios públicos y además serán de los mismos dueños que los bancos que les financian.

Y por supuesto, esos medios apoyaran a todos los políticos que propongan más poder para el mercado y menos para los ciudadanos. Los periódicos, las televisiones y las radios, con sus columnistas, sus editoriales, sus reportajes por encargo y sus informaciones manipuladas se lanzarán como hienas contra cualquiera que ose atentar contra los privilegios del mercado porque ellos están creados para defenderlo.

Y todo eso sucederá desde unos medios de comunicación que nadie los ha elegido. Porque no los elegimos nosotros cuando vamos al quiosco o encendemos el televisor, ellos viven de y para sus bancos y anunciantes. Medios que nadie puede controlar, pueden mentir con impunidad y no existe ningún contrapoder que los equilibre.

El artículo 19 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos establece el derecho “a recibir informaciones y opiniones”. Pero para que los ciudadanos disfruten el derecho de recibir informaciones y opiniones se debe garantizar a otros el derecho de emitir informaciones y opiniones. Y ese derecho, todos los sabemos, lo conceden un oligopolio de unas pocas empresas de comunicación. Porque los medios no ejercen el derecho a la libertad de expresión, ejercen el derecho a la censura puesto que deciden qué es lo que se publica y difunde, y qué es lo que no. Después tenemos la Constitución española, la primera constitución de una país europeo que recoge el derecho ciudadano a recibir información “veraz”. Pero no existe ninguna legislación que lo desarrolle, en la anterior legislatura Izquierda Unida elaboró el Estatuto del Periodista para que se aprobase en este Parlamento. En él se establecían sistemas de control y participación pública que garantizasen la independencia del periodista respecto a su empresa y la veracidad de las informaciones. El Estatuto se aprobó en comisión y los dos grandes partidos se encargaron de no llevarlo nunca al Pleno por lo que quedó en el olvido. El resultado es la perdida de credibilidad de los medios.

El pasado 8 de junio, el programa más visto de todas nuestras televisiones fue el Tiempo 1, de TVE1, que arrasó con un 20’8 % de share. Con treinta canales de televisión, y los ciudadanos llegan a la conclusión de que lo más interesante era el informativo metereológico. Hace años era objeto de burla el parte del tiempo porque decíamos que nunca acertaba, ahora no hemos dado cuenta de que es lo único fiable que emiten por televisión.

También nos hablan de códigos éticos y deontológicos de los periodistas. Pero en las empresas de comunicación sólo vale un código, y es el mismo que el de todas las empresas. Si lo que haces no le gusta a tu jefe te vas. Ese es el único código que funciona cuando no está garantizada la estabilidad en los empleos.

No debemos ser ingenuos, unos medios bajo el imperio del mercado nunca podrá satisfacer las necesidades de información veraz de los ciudadanos. Ellos necesitan ser rentables, para ello deben ganar audiencias a toda costa mediante la frivolidad, el espectáculo o el morbo. No pueden enfrentarse a grandes accionistas que son los protagonistas y beneficiarios de un modelo neoliberal incompatible con la democracia. No pueden tratar mal a quienes les benefician con publicidad, los grandes medios no viven de nosotros, un periódico cuesta el doble de lo que pagamos por él (la otra mitad la paga la publicidad) y en el caso de las televisiones y las radios son gratis porque su dinero viene por otras vías, y ya sabemos que quien paga manda.

Ahora viene la gran pregunta ¿qué hacer? Mis respuesta es: democratizarlos. También aquí es necesaria una Democracia real ya. Igual que debemos arrebatarle al mercado su poder sobre las decisiones de los gobiernos, debemos arrebatarle el control de los medios de comunicación. Sólo un banco público podrá servir a los intereses ciudadanos y no a los de sus accionistas, sólo un colegio público atenderá a un niño inmigrante sin recursos, sólo un hospital público asistirá a un anciano sin recursos cuando enferme. Y solo un medio público, colectivo, podrá representar la pluralidad y le podremos exigir veracidad. Público controlado por la ciudadanía, con consejos editoriales donde estén representados los colectivos sociales, con una financiación que no dependa de los bancos, donde se atienda el derecho ciudadano a informar y estar informado.

Porque los medios o son nuestros o están contra nosotros, contra los ciudadanos. (Tomado del sitio personal de Pascual Serrano)

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