Cuba y América Latina


Jesús Arboleya Cervera

Calle 13 en Concierto de clausura de cumbre fundacional de la CELAC, al fondo Orquesta Sinfónica Simón Bolívar

Ya sea por ignorancia, arrogancia o debido a la intencionalidad política de restarle importancia, la prensa estadounidense ha prestado escasa atención a la reciente constitución en Caracas de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC).

Sin embargo, no es poca cosa que, por primera vez, los treinta y tres estados de la región se organicen sin la presencia de Estados Unidos o Europa. El gran ausente fue Puerto Rico, pero no por ello fue olvidado, el hecho de que el grupo Calle 13 tuviese a su cargo el concierto final del evento, no se debió, seguramente, a los premios Grammys que obtuvo este año, sino a su firme mensaje independentista.

Desde Bolívar hasta Martí, tal tipo de unidad regional fue un sueño por realizar y su concepción enfrenta inevitablemente el concepto panamericanista auspiciado por la OEA, aunque la constitución de la CELAC no implique el fin inmediato de esta organización y la oposición a Estados Unidos no constituya el factor de cohesión de todos sus miembros.

Aún así, se trata de una concertación impensable hace apenas unos años y es incuestionable que refleja el deterioro de la hegemonía estadounidense, lo que implica, en correspondencia, el aumento de la capacidad de independencia de los países del área, determinando un momento único en la historia de la región.

América Latina es el área que mejor ha podido enfrentar la crisis económica internacional y la que muestra mejores indicadores de crecimiento en el mundo, pero ello no se debe a las virtudes de su tecnocracia y muchos menos a las recomendaciones del FMI u otros organismos financieros internacionales, sino a las presiones populares contra el modelo neoliberal, de la que fue una de sus primeras víctimas.

Condicionados por esta realidad, con más o menos entusiasmo, en la CELAC está representado todo el espectro político del subcontinente y, desde mi punto de vista, un elemento distinto de esta organización es que ninguno de sus componentes está en condiciones de imponer su predominio sobre los otros, lo que implica una alianza inusitada en el actual orden internacional.

La CELAC no va a resolver los problemas internos de cada país, que todavía son muchos, y para su funcionamiento tendrá que superar la fragilidad de las estructuras nacionales asediadas por las oligarquías tradicionales y la incidencia de factores externos, como la propia política norteamericana, pero tampoco ese es su objetivo, sino la creación de un bloque regional que potencie su peso internacional y la interacción entre sus países.

Está claro que la integración no significa lo mismo para todos los países y sectores de las sociedades latinoamericanas y caribeñas, pero el simple hecho de que América Latina y el Caribe ya no sea una región caracterizada por conflictos intestinos, siempre alentados por potencias extranjeras para evitar su unidad, constituye en sí mismo un momento nuevo en la historia de Nuestra América, como la definía José Martí, y ello constituye un sedimento ideológico de incalculables repercusiones, cualquiera sea el futuro de la CELAC como organización.

Sin embargo, no solo se trata de inspiraciones históricas, sino de factores objetivos que favorecen esta integración. Con una población combinada de 600 millones de personas, constituye un mercado enorme, aunque limitado por niveles de pobreza y desigualdad que constituyen los mayores del mundo y son fuente constante de desestabilización social. Es por ello que hasta a la burguesía latinoamericana, al menos a una parte de ella, conviene una integración que favorezca el desarrollo.

Para ello se dispone de recursos naturales inmensos, que hasta ahora han sido explotados de forma inmisericorde por las empresas transnacionales, y ello está en el centro de los reclamos populares de reformas. Pero incluso sectores de la burguesía latinoamericana podrían beneficiarse con el acceso a un mercado regional menos controlado por las transnacionales extranjeras, dígase Estados Unidos y Europa, un proceso que ya se aprecia por el desplazamiento hacia China y otras economías emergentes, entre ellas algunos países latinoamericanos, como Brasil.

Salvo para los retrógrados sectores de la oligarquía tradicional, es interés de todos transitar de la comercialización de materias primas a la producción con valor agregado y, de esta manera, sumarse a la revolución tecnológica, para lo cual resulta indispensable un mayor desarrollo humano. No se requiere, por tanto, ser socialista, para entender que América Latina requiere de menores niveles de pobreza, mejores niveles de salud y educación, así como de políticas de protección social, que se contradicen, por sí mismas, con el modelo neoliberal.

Para Cuba, tal situación representa oportunidades de inserción en la región que no tuvo nunca antes. Con el triunfo de la Revolución, la política de Estados Unidos fue aislar a Cuba del concierto latinoamericano y en buena medida lo logró, al menos desde el punto de vista institucional, hasta el punto, que en determinado momento solo tuvo relaciones con México. Pero incluso antes, aunque formalmente integrada, el país tenía escasas relaciones económicas con América Latina y el Caribe, debido a la dependencia absoluta de Estados Unidos.

En la actualidad, Cuba mantiene relaciones diplomáticas con todos los países del área, participa en los organismos regionales que le corresponden, salvo la OEA, de la que fue expulsada y no ha querido reintegrarse, y participa de la integración no solo por la vía del comercio y las inversiones, sino mediante el aporte de un capital humano que está en déficit en la región y es altamente apreciado por la mayoría del resto.

Su prestigio regional fue reconocido por los miembros de la CELAC al decidir celebrar la conferencia de jefes de Estado en 2013 en La Habana, lo que implica que presidirá la organización ese año y desde ahora forma parte de la troika de países encargados de velar por su funcionamiento en los próximos tres años.

Parece que están equivocados los que dicen que no existe lo que no sea publicado por los grandes monopolios de la información internacional, la CELAC está ahí y constituye un dolor de cabeza más para los políticos norteamericanos y europeos, con toda la prepotencia que quieran mirarla, porque refleja su propia decadencia. (Tomado de Progreso semanal)

Artículos relacionados:

Un pensamiento en “Cuba y América Latina

  1. Es lo que sucede con la Prensa en estos países, la Prensa en Miami no reconoce en primer lugar a los gobiernos constituidos en Cuba, Venezuela, Argentina, Bolivia, Ecuador, etc. ¿Como va a gastar una gota de tinta en hablar de la CELAC? Ahora, que no se caiga de su propio pie, algun disidente para que veas las páginas de El Nuevo Herald y los micrófonos de las Emisoras “cloacas” plagadas de furibundas mentiras y calumnias. Todavía para esta gente, a pesar de estar demostrado quien era Tamayo, sigue siendo un patriota, un mártir, etc. ¿Qué bien le ha salido el fallecimiento de Pollán! ¡En qué buen momento falleció la pobre mujer! Ya es bandera de lucha dentro de la Isla. Y la Yoanis sigue con su trago de “vitriolo” mañanero. ERdelValle.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .