Jorge Fraga


Álvaro Castillo Granada

—Álvaro, ¿Ése no era Jorge Fraga?, me preguntó Gloria, mi primera jefa, cuando salió de la librería aquel hombre alto, de ojos azules o grises, con el que estuve conversando durante mucho rato sobre cine mientras mirábamos, sentados en el piso, esa sección de libros.

   —No sé…, le respondí extrañado. Es la primera vez que viene… Estaba buscando unos libros de Eisenstein…

   —Debe ser él. Es igualito. Lo conocimos en un festival de cine de La Habana.

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