No es tu vacío de veinte toneladas


José Luis Fariñas
Fariñas, acuarela s/t, 2012

Fariñas, acuarela s/t, 2012

Mente

No eres tú que enciendes el fermento,
no es tu isla procesional que matas,
no es el cuarto celeste ni tu pluma,
no es tu crucifijo de traidores ni el robledal,
no es tu horno glacial paralizándome,
no es el perro del nordeste sin sus orejas,
no es el peso de mi oscuridad
ni el abanico de tus padres
entonando himnos perdidos,
no es el vidrio informe del secreto
o el cuadrante donde las arañas desencarnan.
No es tu vacío de veinte toneladas
ni la pirámide que se nos fue,
es solo el viento, haciendo su trabajo.

Un pensamiento en “No es tu vacío de veinte toneladas

  1. De “Exposición de Mujer con Sombrero” (4 canciones de Silvio Rodriguez, 1970)

    “Dibujo de mujer con sombrero”

    Yo no vine a ti, viniste tú.
    Yo no te esperaba y te besé.
    Se supone que debo callar.
    Se supone que debo seguir.

    Se supone que no debo protestar.
    Se supone que eres un regalo
    que se me rompió enseguida
    y ahora nada: lo de siempre.

    Se supone que eres el sombrero
    de una fiesta, de esos de cartón
    para la ocasión.

    Oh mujer:
    si supieras lo breve que entraba la luz
    en la casa de un niño, en un alto edificio,
    y que era la hora esperada del día,
    no me hubieras tocado en el hombro una vez.

    Oh mujer:
    si supieras lo breve que entraba esa luz
    en una casa que se llamaba la noche,
    en una casa en la que no había más puerta
    que la de la razón de aquel niño sin fe.

    Ahora se supone y nada más.
    Yo también quisiera suponer
    que la cobardía no existió,
    que es un viejo cuento de dormir.

    Pero quedo yo, en medio de mí,
    en medio de las mismas paredes,
    sonriendo a los amigos,
    yendo allá, desayunando.

    Pero quedo yo aquí,
    aplaudiendo una vez más
    a los fantasmas de las tres.

    Oh mujer:
    ojalá que contigo se acabe el amor.
    Ojalá hayas matado mi última hambre,
    que el ridículo acaba implacable conmigo
    y yo, de perro fiel, lo transformo en canción.

    Oh mujer:
    no te culpes, la culpa es un juego de azar.
    Nadie sabe lo malo que puede ser riendo
    ni lo cruel que pudiera salir un regalo.

    No te asustes del día que va a terminar.
    No te asusten los puentes que caigan al mar.
    No te asustes de mi carcajada final.

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