La “estrategia guerrillera” de la derecha en Venezuela


Atilio A. Boron
Nicolás Maduro

Nicolás Maduro

Envalentonada por los resultados de las recientes elecciones, la derecha en Venezuela –tanto sus representantes autóctonos como los agentes del imperialismo que operan en ese país- ha profundizado una estrategia de lucha política que, en los hechos, colocó al gobierno chavista a la defensiva o, cuando menos, en un estado de alerta ante las amenazas que se ciernen sobre el futuro de la Revolución Bolivariana. Duele decirlo, pero más dolería contemplar el inesperado y dramático final de un proceso revolucionario tan significativo como el lanzado por el Comandante Hugo Chávez por no haberse adoptado a tiempo las medidas correctivas imprescindibles para preservarlo. La irreversibilidad es un atributo que poseen muy pocos procesos revolucionarios, y eso después de haber sobrepasado las muy duras pruebas de la historia. No es el caso, todavía, de la Revolución Bolivariana, aunque la existencia de un amplio entramado de organizaciones populares nacidas durante el gobierno del Presidente Chávez bien podrían ser los bastiones fundamentales que aseguren la continuidad del proceso revolucionario.

Todos los clásicos del marxismo -comenzando en este tema puntual por Engels y siguiendo después por Marx, Lenin, Trotsky, Gramsci, Mao y Ho Chi Minh y, más recientemente, Fidel y el Che– comprendieron muy bien el notable paralelismo existente entre el arte de la guerra y la lucha política. No se les escapaban las diferencias, pero tampoco pasaban desapercibidas sus semejanzas; por eso, tomaban nota de las enseñanzas que aportaba la historia militar. Observaron, por ejemplo, que cuando una fuerza social y numéricamente inferior quiere atacar a un ejército poderoso y bien organizado debe apelar a formas no convencionales de lucha. Las tácticas de la guerrilla son precisamente eso: ataques inesperados, sorpresivos, puntuales, seguidos de una rápida retirada, dejando en el campo de batalla a un enemigo lastimado y, sobre todo, desmoralizado. Eso es precisamente lo que con mucha astucia (y absoluta inescrupulosidad) ha venido haciendo la derecha en Venezuela al lanzar un torrente de ataques –desde denuncias y agresiones verbales hasta sabotajes económicos, asaltos a recintos asociados al PSUV o a los centros de salud de la “Misión Barrio Adentro” y “asesinatos ejemplarizadores”- que  lograron debilitar el entusiasmo y la moral revolucionaria de las fuerzas chavistas, lo cual se vio reflejado en el voto del 14 de Abril. La efectividad de esas tácticas se comprueba al constatar que ellas hicieron posible que la derecha lograra lo que hasta hacía poco tiempo sonaba como imposible: fijar la agenda política nacional y obligar al gobierno bolivariano a tener que responder a los ataques de sus adversarios y sin poder impulsar iniciativas propias y concretas. Hace ya unos años que los intelectuales orgánicos del imperio y los estrategas del Pentágono vienen diciendo que, en la actualidad, “la lucha antisubversiva se libra en los medios.” La estrategia de la derecha en Venezuela es tributaria de esta nueva concepción adoptada por Washington y da testimonio de su eficacia.

¿Qué pretende la derecha con estas tácticas? Estas, como es sabido, no existen en el vacío sino que siempre se articulan en una estrategia de más largo alcance. En este caso, encaminada a socavar el respaldo de los sectores populares al gobierno aislándolo de su base tradicional de apoyo y facilitando sus planes desestabilizadores, en cualquiera de sus dos variantes: (a) “calentamiento de la calle”, tumultos, saqueos y golpe de estado para “restaurar el orden” que supuestamente el gobierno bolivariano ya no puede garantizar; o, (b) desgaste prolongado y destitución del gobierno vía referendo revocatorio. Estrategia global que será tanto más exitosa cuanto más el gobierno persista en el error de recoger el guante astutamente arrojado por los sectores contrarrevolucionarios y acuda a librar combate en el terreno mediático que le proponen sus enemigos. En estos días hemos visto al propio presidente Nicolás Maduro involucrarse en esas batallas verbales –en la campaña y después- en respuesta a las insolentes provocaciones de Henrique Capriles y sus compinches de adentro y de afuera. No debería ser así, porque la delicada correlación de fuerzas que hoy existe en Venezuela no se modificará en una dirección favorable al chavismo en virtud de la eficacia discursiva del presidente, sus ministros o los líderes del PSUV sino por la capacidad que demuestre el gobierno  para reorganizar y reanimar a un pesado e ineficiente aparato estatal, hiperburocratizado y con inocultables focos de corrupción. Sin ello, mal se podrán atacar los principales problemas que abruman a la población venezolana y que provocaron la deserción de una parte del electorado chavista: la carestía y demás aspectos concernientes a la economía, como el desabastecimiento de productos esenciales, por ejemplo; los cortes de energía eléctrica y la inseguridad ciudadana, entre otros. Consciente de ello, la derecha descarga un fárrago de ataques que, como en la guerra de guerrillas, distraen sin pausa al ejército regular –en este caso el gobierno- y le dificulta concentrarse en las tareas cruciales exigidas por la actual coyuntura. Lo que la derecha desea es que éste se empantane en el estéril terreno de la polémica y la discusión, impidiéndole de este modo destinar personal y tiempo a diseñar e implementar eficaces políticas para resolver los problemas que aquejan a la ciudadanía.

De lo anterior se desprende que el gobierno del presidente Nicolás Maduro tiene que lanzar una contra-ofensiva política, con centro en el terreno de las políticas públicas, ignorando las provocaciones y los insultos que profieren los personeros de la derecha y neutralizando de ese modo sus tácticas agresivas que, conviene aclararlo, buscan ocultar el carácter reaccionario de su agenda con demagógicas y engañosas declaraciones en las cuales manifiestan su voluntad de  apropiarse de los “aspectos positivos” del legado de Chávez.  Debe por eso mismo concentrar todos sus recursos humanos e institucionales en la batalla contra los problemas arriba mencionados, sin perder un minuto en yermos enfrentamientos verbales que en ningún caso servirán para consolidar -y mucho menos ampliar- su base de sustentación en la sociedad y en el electorado. Y tiene también que ser consciente el gobierno bolivariano que, en esta coyuntura post-electoral, el tiempo juega en su contra. Que la derecha intenta construir un clima de opinión que le abra un espacio para ensayar su carta golpista, hipótesis de máxima, o que la faculte para exigir un referendo revocatorio que podría tener lugar en unos tres años. Sabedor también que si la gestión gubernamental no logra resolver, al menos parcialmente, los problemas arriba mencionados la Revolución Bolivariana podría re-editar el infortunio que le cupo al Sandinismo, que diez años después de su épica victoria contra la tiranía de Anastasio Somoza (h) fue derrotado inapelablemente en las urnas por una coalición restauradora promovida, organizada y financiada –como hoy lo hace en la patria de Bolívar y Chávez- por el imperialismo norteamericano.

Todavía se está a tiempo para impedir en Venezuela tan infeliz desenlace, pero hay que poner manos a la obra ya mismo y diseñar una nueva estrategia de reconstrucción política que le permita al chavismo recuperar la iniciativa y pasar a la ofensiva. Esto quiere decir, librar el combate contra la derecha en el terreno que elija el gobierno y no en el preferido por la oposición: el malicioso pantano de los medios. En relación a esto no podemos sino celebrar la reciente creación de la “Misión Eficiencia o Nada”, concebida para velar por la correcta administración de la cosa pública y luchar contra los focos de corrupción y burocratización que carcomen desde dentro la vitalidad de la revolución. Además, será necesario que el presidente continúe con su acertada política de recuperar nuevamente la calle, hoy disputada por la movilización de la derecha. Esto es, acercarse más al pueblo, mejorar la comunicación con él, escuchar sus reclamos y atender a sus demandas, actitudes indispensables para desbaratar la estrategia de la “guerrilla mediática” seguida por la derecha. Siendo consciente, además, de que lo que Chávez podía resolver gracias a su carismático liderazgo hoy debe ser resuelto mediante una  gestión estatal eficiente y socialmente incluyente, alejada de toda  desviación tecnocrática y capaz de producir resultados inmediatos. Una gestión, además, que estreche los vínculos con los gobiernos locales y que cuente con un elenco de idóneos servidores públicos capacitados para dar  respuesta inmediata a los reclamos de la sociedad. En Ecuador, por ejemplo, el Sistema Quipux es un servicio vía Internet que el Presidente Rafael Correa instaló en todas las agencias gubernamentales para facilitar un enlace directo con su oficina  y la del vicepresidente, y que permite a su vez que estos puedan monitorear en tiempo real la marcha de los diversos proyectos del gobierno, conociendo su grado de avance y sus obstáculos de suerte tal de poder tomar sin demora las medidas correctivas que sean pertinentes. Esto no es una panacea pero, sin duda, va a facilitar el necesario, impostergable, salto de calidad que tiene que producirse en la administración pública de la Revolución Bolivariana para hacer frente a los inéditos desafíos del momento actual.

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15 pensamientos en “La “estrategia guerrillera” de la derecha en Venezuela

  1. Importante, profundo y serio análisis de Atilio Borón. Coincido con su propuesta, pero no olvidar que paralelamente hay que desenmascarar los tortuosos vericuetos de la desestabilización que sigue la contrarrevolución local aupada por bien conocidos poderes extraterritoriales.

  2. Muy acetada la acotación de Arturo, la denuncia no puede dejarse de lado. Hay cientos de radios locales, barriales que deben sumarse a la difusión de las medidas y logros del gobierno y a la denuncia de los planes de la derecha.
    Saludos,
    Miguel A.

  3. ¡UN VOLUMINOSO FRAUDE

    QUE NI EINSTEIN LO CUADRA EN CHINA!

     

    Capriles confunde a diario

    la esencia de DEMOCRACIA

    con la chueca ARISTOCRACIA

    que engorda con el erario.

    Lo espera un final precario

    porque falló su insulina.

    Si Henrique al error se inclina

    pudiera ser que recaude

    ¡un voluminoso fraude

    que ni Einstein lo cuadra en China!

     

    Ramón Espino Valdés

    El Leoncito de Las Tunas

    Cuba/México.

  4. Atilio Borón es un politólogo y sociólogo argentino, doctorado en Ciencia Política por la Universidad de Harvard.
    Es un revisionista que intenta desanimar la lucha bolivariana, marcando, en su peor momento, sus debilidades y más bien pareciera “asesorando al enemigo”, diciendo ES SU MEJOR MOMENTO !
    Yo no difundo esto porque el SUBJETIVO de las masas tiene diversos orígenes (NO siempre equivale a NIVEL DE CONCIENCIA) y vulnerarlo es trabajo de zapa del enemigo.
    Yo no me presto a ello.
    Tampoco difundo “debilidades” de Cuba, por donde pueda penetrar el enemigo.
    Un abrazo y mis respetos.

  5. Creo que el gobierno de Venezuela debe seguir las recomendaciones de Atilio, pero sin descuidar la ofensiva de la derecha en los medios. Otros deben hacerlo, en la propia sociedad bolivariana para que el gobierno se concentre en lo esencial.

  6. Me parece acertado que Atilio Borón persuada a las autoridades bolivarianas venezolanas sobre la importancia de la batalla de la corrupción, de la violencia, de los privilegios que siguen disfrutando los escualidos y sus peones de la clase media (herencia de la Venezuela anterior a Chávez, en que millones de actuales chavistas ni siquiera tenían la condición de seres humanos) pero su consideración de la actividad mediática de la oposición como una guerra de guerrillas y la invitación que hace a Nicolás Maduro para que abandone el enfrentamiento con los opositores en los medios de comunicación y, sobre todo, contra los medios de persuasión hegemónicos y manipuladores de la burguesía, constituye un grave error.

    Hay que ponerle mucha imaginación para asimilar a las tácticas de guerrilla las acciones de sabotaje y violencia callejera que los escuálidos vienen practicando gracias a su mayor poder fáctico frente a unas instituciones todavía demasiado frágiles y vulnerables. Sin embargo, resulta muy desacertado e inaceptable calificar de tácticas de guerrilla las actividades de los opositores a través de sus medios de persuasión. Política es lo que hacen los medios de persuasión las 24 horas del día, todos los días del año, hasta el punto de que sería correcto afirmar que, fuera de los medios, sólo existe el vacío, la nada. Por tanto, de poco serviría un impecable y fructífero trabajo en las instituciones, en la economía, en los barrios si la información política relevante (la que trasciende del ámbito privado, de la esfera personal) continuara en manos de los medios opositores y organizar un golpe de estado siguiera siendo tan fácil como en 2002.

    La reflexión más importante que habría que hacer sobre el proceso electoral del 14 de Abril es que la política en Venezuela sigue siendo en su mayor parte un producto de los medios de comunicación de la burguesía, donde el in-maduro y torpe orador Capriles fue absolutamente irrelevante. Lo pudimos apreciar en su angustiosa petición de que pusieran fin a algunas de las entrevistas que le hicieron en los medios para que sus deslucidas intervenciones no perjudicaran el trabajo esencial de estos como plataformas atrapavotos o en el giro copernicano que dio a sus propuestas electorales, algo que sus electores jamás le habrían perdonado de ser una figura política relevante por su autoridad y principios. El verdadero enemigo de Maduro y del PSUV no es otro que los grandes medios de persuasión burgueses, cuyo imaginario colectivo, creado a lo largo de décadas, seguirá siendo hegemónico en beneficio de la clase dominante mientras la batalla política en Venezuela no se plantee como una batalla mediática que acabe con la fuerza y legitimidad institucional que los medios opositores siguen teniendo allí para convertirlos en meros instrumentos al servicio de la minoría privilegiada.

    No debería extrañarle a nadie que los medios burgueses en América Latina hayan creado un frente común contra los gobiernos revolucionarios y en apoyo de la clase mercenaria en Cuba. Su papel esencial en la creación de opinión pública es lo que confiere una destacada ventaja a la clase dominante y partidos compromisarios, hasta el punto que su conversión en portavoces de la ideología e intereses de esta provocaría su más humillante derrota y su cambio de estrategia en relación con la democracia, la libertad y los derechos humanos, sobre los que pasarían a convertirse de farsantes a declarados enemigos.

    El papel hegemónico de los medios de persuasión burgueses es la regla común en las democracias burguesas. Aquí en España todos los grandes medios (incluidos los públicos, al ser gestionados por partidos compromisarios de la burguesía) están bajo el control de la clase dominante y se han ganado un inmerecido y antidemocrático papel institucional, como si fueran grandes servidores públicos, objetivos, independientes, cuando son los indiscutibles culpables de que el pueblo siga votando una y otra vez, sin alternativa, a los verdugos que lo conducen al cadalso para su definitiva ejecución. No sólo han construido el triste imaginario colectivo que nos condena a un futuro cada vez peor sino que las cadenas de televisión (sobre todo las públicas) tienen la costumbre de invitar a los periodista burgueses (La Razón, ABC, El Mundo, El Pais, La Vanguardia, El Periódico) para que analicen el producto de su trabajo en la construcción y mantenimiento del imaginario colectivo como si no fueran parte en aquello que intentan juzgar con un aire de objetividad, imparcialidad e independencia. Una farsa que ha hecho de la política un permanente carnaval y al que hay que poner fin retomando la lucha de clases, desinstitucionalizando los medios de comunicación y creando tanto conciencia de clase como de instrumentos de lucha al servicio exclusivo de cada clase.

  7. Creo que el cro. Atilio tiene razón. Claro que uno tendría que estar en el lugar, pero si se echa una ojeada a los pivotes sobre los que construye su discurso la derecha -muy parecidos a los que usa en Argentina, por ejemplo- caminan sobre “corrupción”, “inseguridad” e “inflación”. Poco más. Ni que decir hay, que los responsables de esos pivotes son el propio enemigo, pero no basta con denunciarlo. Si existen -y probable es que existan aunque los magnifiquen los medios del enemigo-, allí hay que mostrar pasos y logros concretos. No hay que olvidar que los sectores “medios” (que no es una “clase”, lo aclaro), son sumamente sensibles a esos pivotes, y que el único camino para que algunos de esos sectores se mantengan e involucren en el proceso revolucionario hacia el socialismo, es mostrar políticas activas en cada uno de esos terrenos. No me parece que señalar eso -como hace Atilio- sea intentar “desanimar” a la revolución bolivariana ni otras cosas que “se sugieren” en algún comentario, propios a veces de los que siempre tienen “la justa”.
    Desde luego que siempre hay que tener presente “el punto de vista” desde el que se hace una crítica, y aún el momento. El “punto de vista” no es ocultar -ya bastante “realismo” socialista ha habido, aunque amantes del nuevo catecismo perviven, por lo que se ve-, y en cuanto al “momento” -dentro de lo que uno puede ver-, es precisamente ahora. Dar la batalla frontal en un momento débil, es siempre táctica de los que nunca están en las batallas. No se trata de no dar respuestas, sino de privilegiar respuestas. Porque unas son para dificultar avances, las segundas estratégicas. Y me parece que por allí va el artículo de Atilio.
    Como siempre, perdón por la extensión.
    Chau

  8. Iroel. Creo que Atilio esta dando con su comentario carne fresca para la derecha venezolana. El imperio utiliza sus plumíferos para que en el momento oportuno den la chispa a la derecha. Tenemos muchos ejemplos de estos periodiqueros, seudos izquierdistas amarillistas como: Vargas Llosa, Teodoro, Mata cura, Emilio Palacio, y otros que se amamantan del imperio, y sus únicos propósitos es desmoralizar y desmovilizar las masas. El Che dijo: ” al imperio ni un tantico así” Me parece que la revolución y sus tácticas no coordinan en la mente de este señor Atilio..

  9. Releyendo el artículo de A.Borón, su calificación a las tácticas de la derecha venezolana, no es en tono irónico como se desprende del siguiente `párrafo “..Las tácticas de la guerrilla son precisamente eso: ataques inesperados, sorpresivos, puntuales, seguidos de una rápida retirada, dejando en el campo de batalla a un enemigo lastimado y, sobre todo, desmoralizado. Eso es precisamente lo que con mucha astucia (y absoluta inescrupulosidad) ha venido haciendo la derecha en Venezuela al lanzar un torrente de ataques…”
    Y los ataques de la derecha venezolana tienen de todo menos de inesperado. La ofensiva se venía preparando desde mucho antes de las elecciones, aun no sabiendo si Chávez se presentaría o no. Recuerden las reuniónes de dirigentes de la oposición con Aznar, el apoyo de Uribe a Capriles, vajes a Miami, etc.
    Los planes de desestabilización fueron denunciados en “Aporrea” y otros medios afines al gobierno y en estos estaban involucrados personas pertenecientes a las agencias de inteligencia norteamericanas. Asi que de “ataques inesperados”, nada de nada.
    Parte de las maniobras de la oposición fueron neutralizadas, quedan unas batallas más, la primera es que esperan que el TSJ les diga que sus pruebas son un absurdo y recurriran a tribunales internacionales. Allí tienen sus fichas que lo apoyarán en un largo proceso judicial. Luego participará el Dpto. de Estado de USA, para amenazar y finalmente meteran más mecenarios y hablaran las armas.
    Lo del dicho: “soldado avisado no muere en batalla y si muere es por descuidado”.
    Saludos,
    Miguel A.

  10. No conozco a Atilio de nada, salvo de lo que le leo, ahora bien suscribo su análisis y desde hace muchos meses, desde aquí España, les vengo diciendo a los/as amigos/as de Venezuela, que la quinta columna de cualquier proceso revolucionario es la falta de autocrítica y en consecuencia el creerse que todo cuanto hacemos es correcto. Por último, y para no ser muy pesado, tengo claro, sin vivir en Venezuela, que hay muchos desaprensivos y traidores que al calor del caballo ganador se infiltran como revolucionarios, pero en verdad a lo que se dedican es a obstruir cualquier avance del proceso poniendo trabas y obtáculos, cuando no corronpiendo todo cuanto está en sus manos y eso hay que ser valiente y denunciarlo haciendo mesa limpia de esos personajillos.

  11. El Señor A. Borón es un argentino y ante TODO Latinoamericano , quien está a favor de los desamparados…

  12. Creo que Venezuela debe recordar siempre el ejemplo de Chile, mi país y no bajar nunca la guardia. El comandante Chávez lo tuvo siempre muy claro. La derecha venezolana es tan inmoral o más que la chilena. Hay que dar el ejemplo y mostrarle al pueblo, dónde está el camino correcto, denunciando además estas tácticas y combatiendo cualquier desviación.

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