El Sol no hace preguntas


José Luis Fariñas
Fariñas,  Dürer variation-Moses. Técnica mixta, 1997

Fariñas, Dürer variation-Moses. Técnica mixta, 1997

Engranajes

Lo que está roto está roto.
El Sol no hace preguntas.
Respira hondo.

3 pensamientos en “El Sol no hace preguntas

  1. “TODO ES PORQUE EL SER HUMANO BUSCA LA SUPERVIVENCIA”   El amor que Domitila a los pollitos regala después la transforma en mala porque una ley la encandila. Es ella la que aniquila a sus críos la existencia. No es por falta de conciencia ni comportamiento vano, “todo es porque el ser humano busca la supervivencia”.   Ramón Espino Valdés El Leoncito de Las Tunas Cuba/México.    

    ________________________________

  2. “Los justos”

    Un hombre que cultiva un jardín, como quería Voltaire.

    El que agradece que en la tierra haya música.

    El que descubre con placer una etimología.

    Dos empleados que en un café del Sur juegan un silencioso ajedrez.

    El ceramista que premedita un color y una forma.

    Un tipógrafo que compone bien esta página, que tal vez no le agrada.

    Una mujer y un hombre que leen los tercetos finales de cierto canto.

    El que acaricia a un animal dormido.

    El que justifica o quiere justificar un mal que le han hecho.

    El que agradece que en la tierra haya Stevenson.

    El que prefiere que los otros tengan razón.

    Esas personas, que se ignoran, están salvando el mundo.

    Jorge Luis Borges

  3. Tomado del blog Segunda Cita…

    Víctor Casaus dijo…

    ELOGIO DE LA DUDA

    ¡Alabada sea la duda! ¡Les aconsejo que saluden
    calurosamente y con más respeto al que
    ve en las palabras de ustedes un centavo falso!
    Yo quisiera que fueran ustedes perspicaces y que no dieran demasiado fácilmente su palabra.

    Lean la historia y vean
    en loca huida a los invencibles ejércitos.
    Por dondequiera
    son atacadas las fortalezas inexpugnables y
    los barcos de la Armada, innumerables al zarpar, pueden ser contados fácilmente
    después de la retirada.

    Así un día un hombre alcanzó la cima de la montaña
    inaccesible
    y un barco llegó al final
    del infinito mar.

    ¡Oh bella negación con la cabeza
    frente a la verdad indiscutible!
    ¡Oh cura heroica del médico
    al enfermo dado por perdido!

    ¡La más bella de las dudas, sin embargo,
    es cuando los débiles indecisos levantan la cabeza y
    no creen ya más
    en la fuerza de sus opresores!

    ¡Oh cuánto se luchó por establecer este principio!
    ¡Cuántas víctimas costó!
    ¡Qué difícil fue ver
    de qué forma eran realmente las cosas!
    Suspirando aliviado lo escribió un hombre un día en el
    libro del saber.
    Quizá lleva allí dentro largo tiempo y muchas
    generaciones
    aún vivan con él y lo vean como una eterna verdad
    y los sabios detesten a quien no lo conozca.
    Y entonces puede suceder que surja una sospecha, pues
    nuevos conocimientos
    ponen siempre un principio en discusión. La duda surge.
    Y otro día un hombre tacha en el libro de la ciencia
    desconfiando de lo establecido.

    Atropellado por los comandos, examinada
    su aptitud por médicos barbudos, inspeccionado
    por seres resplandecientes con condecoraciones doradas,
    prevenido
    por curas solemnes que le golpean los oídos con el libro
    escrito por Dios mismo,
    enseñado
    por maestros impacientes, está el pobre y oye
    que su mundo es el mejor de los mundos y que el hueco
    en el techo de su habitación fue planificado por el
    propio Dios.
    Verdaderamente, le resulta difícil
    dudar de este mundo.
    Sudoroso se agacha el hombre que construye la casa en
    la que no va a vivir.

    Pero también sudoroso se mata trabajando el hombre
    que construye su propia casa.

    Esos son los que no tienen reparos, los que jamás dudan.
    Su digestión es espléndida, su juicio infalible.
    No creen en los hechos, solo creen en sí mismos. En
    caso de necesidad,
    los hechos deben creer en ellos. Su paciencia con ellos
    mismos
    es limitada. Escuchan los argumentos
    con oídos de espía.

    Frente a los que no tienen reparos, los que jamás
    dudan,
    están los que siempre tienen reparos, los que jamás
    actúan.
    Ellos no dudan para llegar a una decisión, sino
    para alejarse de una decisión. Utilizan
    sus cabezas solo para negar. Con semblante preocupado
    advierten contra el agua a los pasajeros de barcos que
    se hunden.
    Bajo el hacha del verdugo
    se preguntan si no es él también un hombre.
    Comentando en voz baja
    que el asunto no ha sido investigado, se van a la cama.
    Su actividad consiste, en oscilar.
    Su frase favorita es: aún no está concluso para sentencia.
    ¡Por supuesto, si ustedes alaban la duda,
    no alaben
    esa duda que es desesperación!

    ¡De qué le sirve poder dudar
    a quien no puede decidirse!

    Se podrá equivocar
    el que se contente con muy pocas razones.
    Pero quien necesita demasiadas
    permanece en el peligro sin actuar.
    ¡Tú que eres un dirigente, no olvides
    que lo eres porque has dudado de los dirigentes!
    ¡Permite, por tanto, a los dirigidos
    dudar!

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