Obama y el factor Putin


Ángel Guerra Cabrera

hi-obama-putinAlgo demasiado ominoso para ser mencionado empuja al vacilante Obama ciegamente hacia el abismo. El uso del gas sarín por el presidente Bashar Assad “contra su propio pueblo” es un argumento tan desfachatado como el de las armas de destrucción masiva de Irak si uno se guía por el documento “probatorio” colgado por Washington en Internet.

Aunque la potencia imperial presume ser el guardián de la democracia de nada han valido hasta ahora la mayoritaria negativa de su electorado a aprobar el descabellado ataque a Siria, ni la reticencia de muchísimos legisladores que deberán concurrir a elecciones en 14 meses. Ni que su faldero Cameron deserte precipitadamente rompiendo la histórica alianza anglosajona bajo la presión de un pueblo harto de guerras coloniales, que es lo que obligó al parlamento a negarle la luz verde. Tampoco ha servido que el hasta aquí obediente secretario general de la ONU Ban Ki Moon alerte que el ataque estadunidense aumentará el baño de sangre y que es contrario a la Carta de Naciones Unidas porque ni se realiza en defensa propia ni tiene la aprobación del Consejo de Seguridad. La OTAN no participará en la operación y se afirma por la televisión rusa RT que 12 de sus miembros se oponen.

Hace por lo menos dos años el ocupante de la Casa Blanca dijo que Assad debía irse. Desde entonces comenzó la primera parte de esta guerra imperialista. Se inició una carrera silenciosa de los servicios especiales estadunidenses, ingleses y franceses para infiltrar en Siria a una jauría furiosa de fanáticos ligados a Al Queda y mercenarios de distinto pelaje financiados y armados por las monarquías saudita y quatarí con el apoyo logístico de Turquía. En el país árabe, no hay duda, hubo importantes protestas populares, pero fueron secuestradas y derivadas a una espantosa guerra sectaria.

El Ejército sirio, pese a no parecer especialmente entrenado para enfrentar fuerzas irregulares ha logrado asestar duros golpes a los grupos armados y colocarse en una situación militarmente ventajosa. Es evidente que cuenta con apoyo de sectores de la inteligente y patriótica población siria que no quieren ser gobernados por un califato de Al Quaeda ni ver su país convertido de nuevo en colonia.

La ventaja militar lograda por Assad y otros hechos mencionados en mi artículo anterior, al que debe añadirse las influyentes exigencias de los fabricantes de armas (La Jornada, 29 de agosto) obran indudablemente a favor de la premura de Obama por intervenir militarmente para debilitar al ejército sirio.  Pero luego de consultar confiables expertos en finanzas internacionales no descarto la urgencia de usar la guerra como cortina de humo para ocultar el incontrolable agujero negro en el sistema financiero de Estados Unidos que amenazaría de modo inminente con triturar al dólar. Obama según esto no querría pasar a la historia como el presidente que hundió al símbolo mágico de la hegemonía estadunidense.

Y no parece descabellada la hipótesis puesto que si algo no quiere aceptar Washington es el evidente declive de su hegemonía. Hasta el punto de empujarlo, con tantos factores en contra,  a una aventura de consecuencias imprevisibles, seguramente trágicas y muy probablemente causantes de una catástrofe apocalíptica. Nunca desde la crisis de los misiles en Cuba se ha sentido tan cerca el peligro de guerra nuclear, cualquiera que sea el plan de ataque de Estados Unidos contra Siria.

En la guerra los planes casi nunca salen exactamente como se conciben. Por eso los grandes estrategas se han caracterizado siempre por imaginar los posibles escenarios de antemano y poseer la agilidad mental y la audacia para realizar sobre la marcha cuantos cambios requiera el plan originalmente concebido. Pero en este caso ni el más brillante jefe militar de Estados Unidos contará con  opciones plausibles a menos que Siria, Hezbollá, Irán y, por supuesto Rusia y China, se dejen llevar mansamente al matadero.

Comencemos por asentar que no hay certeza de que un ataque con misiles, combinado o no con incursiones de la aviación, no termine por convertirse en una guerra general.

Mientras tanto la armada rusa hizo “ajustes” para reforzar su presencia en el Mediterráneo enviando dos buques de asalto anfibio y uno de reconocimiento. Putin podría mostrar al aturdido Obama una puerta de salida airosa que no ponga en riesgo la paz mundial en el marco de la reunión del G20 si aquel aceptara hablar en igualdad de condiciones con el lúcido líder ruso.

Twitter: @aguerraguerra

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4 pensamientos en “Obama y el factor Putin

  1. por algún lado escuché declaraciones de funcionarios rusos de que si hay un ataque a siria entonces rusia pondría en plan un plan de ataque que valora contra arabia saudita… yo creo que a rusia no le conviene en lo absoluto la inestablidad cerca de sus fronteras y tiene también un momento en que política y diplomáticamente puede empezar a hacer fuerza hacia un mundo más polarizado… me parece interesante la negativa sobre todo por parte de la OTAN a participar… hasta ahora…

  2. Que USA no es guardián de la democracia desde que los plutócratas se adueñaron del poder tras la independencia de la metrópoli lo sabemos por la historia y lo corroboran los acontecimientos del presente. Esta es una de esas mentiras que, a fuerza de repetirse hasta la saciedad por el sistema mediático goebbelsiano, acabaron convirtiéndose en verdad revelada e incuestionable. ¿Acaso el imperialismo económico y militar es compatible con la democracia? ¿Cómo se podría justificar que las profundas desigualdades, injusticias y abusos que sufren la mayoría de norteamericanos son el resultado de la voluntad mayoritaria? La única relación de USA y otras grandes potencias con la democracia es la que predican los medios burgueses hasta la saciedad para construir una superestructura cognitiva que tiene atrapada a mucha gente en este planeta.
    El imperialismo de las grandes potencias es sin duda la mayor de las tiranías, que hasta ahora ha tenido límites poco precisos en la comunidad de naciones que crearon la ONU y en la soberanía de los pueblos constituidos en nación y reconocidos por esta. De producirse la agresión bajo acusaciones falsas y sin legitimidad alguna, USA va a transgredir las líneas rojas más elementales del derecho internacional, como lo hicieron Alemania, Japón e Italia en los años 30 del siglo XX. Rusia, China y resto de naciones con aspiraciones de ser independientes tienen un papel importante que jugar en la resolución de esta crisis. Lo que de verdad debería preocupar a la opinión pública no es la respuesta del gobierno sirio ante los intentos de desestabilización de la legión de mercenarios al servicio de las grandes potencias y de las monarquías feudales árables sino lo que representaría para la comunidad internacional que una nación se atribuya el derecho a intervenir sin el menor respaldo internacional ni de la opinión pública en defensa de intereses espurios.

  3. Las autoridades estadounidenses afirman tener evidencia suficiente de que el gobierno sirio fue responsable del uso de armas químicas como para plantear la necesidad de una acción punitiva en contra de éste. Si tal es el caso, y como bien lo ha señalado Putin, su obligación es hacerla pública y colocarla ante el escrutinio de la comunidad internacional. En su defecto, la vía más directa para aproximarse a la información de la que disponen viene dada por el informe preparado por el Comité Conjunto de Inteligencia británico el 27 de agosto de los corrientes y entregado al primer ministro Cameron dos días después. Dicho informe, hecho público en el Reino Unido, fue objeto de un análisis por parte de Gordon Corera, corresponsal en materia de seguridad y defensa de la BBC (“UK intelligence assesment on Syria under analysis”, BBC News, 29 agosto, 2013).

    De acuerdo al texto del informe: “existe alguna inteligencia que sugiere la culpabilidad del régimen en el ataque”. En relación a ello Corera señala: “esta frase vital indica que tan solo se dispone de ‘alguna’ inteligencia que apunta a la responsabilidad del régimen en el ataque pero nada lo suficientemente concluyente como para eliminar las dudas”. El texto del informe sigue señalando: “estos factores hacen altamente probable suponer que el régimen sirio fue responsable”. Corera comenta: “este es el juicio de valor clave del documento. La frase ‘altamente probable’ indica que existe un grado significativo de confianza (sobre la responsabilidad) pero no certeza definitiva”. Más adelante el informe indica: “no existe evidencia creíble de que la oposición haya usado las armas químicas aunque una parte de ésta continua buscando armas químicas… “. Según Corera: “este planteamiento es interesante porque nos dice que algunos grupos rebeldes han estado tratando de conseguir estas armas. De hecho ha existido mucha preocupación de que algunos opositores al régimen vinculados a Al-Qaeda puedan acceder a tales armas”.

    Si la información de la que dispone el gobierno estadounidense es tan “sólida” como la del gobierno británico -y nada hace suponer lo contrario- estaríamos ante una reedición de las bases sobre las cuales se decidió invadir a Iraq. Esto es, evidencia insuficiente y confusa. ¿Cómo sobre estos cimientos se pretende actuar al margen de la legalidad internacional representada por un mandato del Consejo de Seguridad de la ONU?

    Quizá la ocasión sea adecuada para recordar aquella célebre frase jurídica de Cicerón, transformada en principio del Derecho romano: Cui Bono. Es decir, ¿Quién se beneficia? Para el Derecho romano, siempre sustentado en el valor del sentido común, la responsabilidad de toda acción debía buscarse en quien más podía beneficiarse de ella. ¿Qué sentido tenía para el régimen sirio un ataque espectacular en el momento en que una comisión investigadora en armas químicas de la ONU visitaba el país y cuando lo único que puede revertir su control militar en ascenso es la intervención estadounidense?

    ¿Puede Obama bombardear con evidencia insuficiente, contraviniendo la legalidad internacional y desafiando al sentido común? Si es así que devuelva el Nobel de la Paz que recibió en 2009.

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