La Habana, Washington y el caso Alan Gross


Salim Lamrani (Opera Mundi)
Alan Gross

Alan Gross

Desde hace cuatro años, Alan Gross está encarcelado en Cuba donde cumple una condena de 15 años de prisión por “subversión”.

Desde el 3 de diciembre de 2009, Alan Gross está encarcelado en La Habana. Era empleado de la Development Alternative, Inc (DAI), subcontratista de la Agencia Estadounidense para el Desarrollo Internacional (USAID), la cual a su vez depende del Departamento de Estado. Gross fue juzgado y condenado a 15 años de prisión por distribuir equipos satelitales, en el marco de un programa del Departamento de Estado de «promoción de la democracia en Cuba», cuyo objetivo es un “cambio de régimen” en la isla.[1]

 Según Washington, Gross se encontraba en La Habana para ayudar a los miembros de la comunidad judía cubana a “a conectarse con otras comunidades judías del mundo”.[2] No obstante, la misma comunidad judía de La Habana contradice la versión oficial de Estados Unidos y de la familia Gross. Por su parte la Agencia estadounidense Associated Press señala que los “líderes de la comunidad judía de Cuba negaron que el contratista estadounidense Alan Gross […] hubiera colaborado con ellos”.[3] Del mismo modo, la Agencia Telegráfica Judía precisa que “los principales grupos judíos de Cuba han desmentido cualquier contacto con Alan Gross y cualquier conocimiento de su programa”.[4]

El reverendo Odén Marichal, secretario del Consejo de Iglesias de Cuba (CIC), que agrupa las instituciones religiosas cristianas así como a la comunidad judía de Cuba, también ha ratificado esta posición: “La comunidad hebrea de Cuba, que es miembro del Consejo de Iglesias de Cuba, nos dijo: ‘Nosotros jamás tuvimos relación con ese señor, jamás nos trajo equipo de ninguna clase. Negaron cualquier relación con Alan Gross’”.[5]

Wayne S. Smith, embajador estadounidense en Cuba entre 1979 y 1982 y director del Programa «Cuba» del Centro de Política Internacional de Washington, señala en cambio que “Gross estaba implicado en un programa cuyas intenciones son claramente hostiles a Cuba ya que el objetivo es nada menos que el cambio de régimen”.[6]

En efecto, Alan Gross violó la legislación cubana, particularmente el Artículo 11 de la Ley 88 cubana que estipula que “El que, para la realización de los hechos previstos en esta Ley, directamente o mediante tercero, reciba, distribuya o participe en la distribución de medios financieros, materiales o de otra índole, procedentes del Gobierno de Estados Unidos de América, sus agencias, dependencias, representantes, funcionarios o de entidades privadas, incurre en sanción de privación de libertad de tres a ocho años”.[7]

Este rigor no es específico de la legislación cubana. En efecto, la ley estadounidense prevé sanciones similares para este tipo de delitos. La Ley de Registro de Agentes Extranjeros (Foreign Agents Registration Act) sanciona a todo agente no registrado por las autoridades que “en Estados Unidos solicita, recolecta, proporciona o gasta contribuciones, préstamos, dinero u otro objeto de valor en su propio interés”, con una pena de cinco años de prisión y una multa de 10.000 dólares.[8]

La legislación francesa también sanciona este tipo de actuación. Según el Artículo 411-8 del Código Penal, “el hecho de ejercer, por cuenta de una potencia extranjera, de una empresa u organización extranjera o bajo control extranjero o de sus agentes, una actividad con el objetivo de conseguir o proporcionar dispositivos, informaciones, procedimientos, objetos, documentos, datos informatizados o ficheros cuya explotación, divulgación o reunión tengan la naturaleza de atentar contra los intereses fundamentales de la nación se castiga con diez años de cárcel y 150.000 euros de multa”.[9]

El New York Times recuerda que Gross “fue arrestado en diciembre pasado durante un viaje a Cuba en el marco de un programa semiclandestino de la USAID, servicio de ayuda extranjera del Departamento de Estado destinado a socavar al Gobierno de Cuba”. El diario neoyorquino subraya también que “las autoridades estadounidenses han reconocido que el señor Gross entró en Cuba sin visa en regla, y han declarado que distribuía teléfonos satelitales a disidentes religiosos”.[10]

Desde un punto de vista jurídico, esta realidad ubica de hecho a los disidentes que aceptan los emolumentos ofrecidos por Washington en una situación de agentes al servicio de una potencia extranjera. La Agencia USAID es consciente de que su política constituye una grave violación del Código Penal cubano. Recuerda entonces que “nadie está obligado a aceptar o formar parte de los programas del Gobierno de Estados Unidos”.[11]

El caso Alan Gross constituye un obstáculo mayor a una eventual normalización de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos. Parece vinculado a la suerte de los cinco agentes cubanos condenados a severas penas de prisión en Estados Unidos y encarcelados desde 1998. Después de una serie de atentados con bombas contra los centros turísticos de La Habana, el Gobierno cubano envió a los cinco agentes para que se infiltraran en los grupos terroristas anticastristas de Florida y recogieran información sobre sus planes. El FBI, tras recibir pruebas por parte de La Habana de la implicación de esos grupos en actos violentos contra Cuba, en vez de neutralizarlos procedió al arresto de los agentes cubano. Luego, la justicia de Estados Unidos los condenó a penas que van de 15 años de prisión hasta dos cadenas perpetuas, durante un juicio denunciado por numerosos organismos internacionales.[12]

Cuba ha hizo partícipe de su “inmediata disposición” a encontrar una solución humanitaria a estos dos asuntos[13]. Un intercambio de presos es perfectamente posible y permitiría dar un gran paso hacia la flexibilización de las relaciones bilaterales entre La Habana y Washington y resolver un conflicto de otro tiempo.

*Doctor en Estudios Ibéricos y Latinoamericanos de la Universidad Paris Sorbonne-Paris IV, Salim Lamrani es profesor titular de la Universidad de La Reunión y periodista, especialista de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos. Su último libro se titula Cuba. Les médias face au défi de l’impartialité, Paris, Editions Estrella, 2013, con un prólogo de Eduardo Galeano.

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Contacto: lamranisalim@yahoo.fr ; Salim.Lamrani@univ-reunion.fr

Página Facebook: https://www.facebook.com/SalimLamraniOfficiel


[1] Jeff Franks, «Scenarios-U.S. Contractor Jailed in Cuba Still in Limbo», Reuters, 24 de octubre de 2010.

[2] Phillip J. Crowley, «Statement on Anniversary of Alan Gross’ Incarceration in Cuba», U.S. Department of State, 3 de diciembre de 2010; EFE, “EEUU insta a Cuba libertar de ‘inmediato’ al contratista Alan Gross”, 2 de diciembre de 2013.

[3] Andrea Rodríguez, «Judíos niegan haber colaborado con Alan Gross», The Associated Press, 2 de diciembre de 2010.

[4] Jewish Telegraphic Agency, «Cuba to Seek 20- Year Prison Term for Alan Gross», 6 de febrero de 2011.

[5] Andrea Rodríguez, «EEUU pide Iglesias de Cuba interesarse por contratista preso», The Associated Press, 2 de diciembre de 2010.

[6] Wayne S. Smith, « The Gross Case and the Inanity of U.S. Policy », Center for International Policy, marzo 2011. http://ciponline.org/pressroom/articles/030411_Smith_Intelligence_Brief_Gross.htm (sitio consultado el 5 de diciembre de 2013).

[7] Ley de protección de la independencia nacional y la economía de Cuba (LEY N˚. 88), Artículo 11.

[8] U.S. Code, Title 22, Chapter 11, Subchapter II, § 611, iii <<Definitions>>, § 618, a, 1 <<Violations; false statements and willful omissions>>.

[9] Code Pénal, Partie législative, Livre, Titre Ier, Chapitre I, Section 3, Article 411-8.

[10] Ginger Thompson, « Wife of American Held in Cuba Pleads for His Release and Apologizes to Castro », The New York Times, 24 de octubre de 2010.

[11] Along the Malecon, « Exclusive: Q & A with USAID », 25 de octubre de 2010. http://alongthemalecon.blogspot.com/2010/10/exclusive-q-with-usaid.html (sitio consultado el 5 de diciembre de 2013).

[12] Salim Lamrani, « 50 vérités sur le cas des Cinq », Opera Mundi, noviembre de 2013.

[13] Agence France-Presse, « Cuba propone diálogo ‘inmediato’ sobre Gross y agentes cubanos », 3 de diciembre de 2013.

8 pensamientos en “La Habana, Washington y el caso Alan Gross

  1. El S. Alan Gross se prestó para atentar contra los intereses de la República de Cuba, lo pillaron infraganti y lo condenaron justamente. Mientras que sus patrones de la USAID, miran para otro lado, dejándolo en la estacada.
    Esta acción subversiva es una de las decenas de miles que los sucesivos gobiernos de los EEUU, desde Eisenhower hasta Obama, vienen realizando tratando de acabar con la Revolución cubana.
    Así que, el obstáculo principal para la normalización de las relaciones entre ambos países es la actitud de los gobiernos del país del norte y no las acciones defensivas que tome el gobierno cubano.
    Además, decir que el caso de A.Gross:”… Parece vinculado a la suerte de los cinco agentes cubanos condenados a severas penas de prisión en Estados Unidos y encarcelados desde 1998.”, creo que confunde más que aclara. Plantear una vinculación en los dos casos, puede llevar a pensar que son equiparables.
    Los 5 héroes fueron injusta y cruelmente condenados, violando descaradamente las garantías procesales de los acusados, cosa que no ocurrió en el juicio de A.Gross.
    Si el gobierno de los EEUU quisiera una solución, le bastaría con hacer cumplir sus propias leyes y excarcelar a los 4 héroes. Con toda seguridad que el gobierno cubano haría lo propio con Gross, sin necesidad de un acuerdo previo.
    LIBERTAD PARA LOS 4 HEROES
    Saludos,
    Miguel A.

  2. Los cubanos no deben de ser ingenuos,”” pendejos”” para dejarse joder de esta manera.
    A los 5 héroes, los tienen hasta incomunicados,
    no se debe de copiar y hacer lo que otros hacen, pero los gringos, joden mucho y lo hacen por dinero asi que una por otra no es trampa,
    Que no dejen libre a esa mierda que es gros,

  3. Por fin que fue lo que hizo el sennor Gross? Concretamente que llevaba en su maleta que lo dejaron pasar por la aduana y despues lo encarcelaron por tan largo tiempo? Armas?. Explosivos?. Comida en mal estado?.

  4. Esto es lo que recoge un reporte de la agencia estadounidense AP sobre la actividad de Gross:

    Introdujo en Cuba un “chip” informático para teléfonos móviles que, según expertos, suele ser usado por la CIA y el Pentágono para evitar la detección electrónica de señales telefónicas.
    A pesar de que el operativo fue financiado por el gobierno estadounidense, Gross, sin embargo, se identificó como miembro de un grupo judío humanitario y no como un representante del gobierno de Washington. Gross recibió medio millón de dólares como subcontratista de la USAID,
    Gross sabía que sus actividades eran ilegales y que temía las consecuencias, incluyendo la posible expulsión del país. Uno de los documentos afirma que uno de los líderes comunitarios judíos con los que contactó “dejó absolutamente claro que estamos ‘jugando con fuego”’. En otra ocasión Gross comentó: “No cabe duda, esto es un asunto muy riesgoso”. Y, finalmente: “La detección de señales de satélite sería algo catastrófico”.
    La empresa de Gross fue contratada para lo que AP denomina “romper el bloqueo informativo impuesto por el gobierno cubano” mediante “innovaciones tecnológicas como conexiones telefónicas, internet por satélite y telefonía celular”. Funcionarios de la USAID -o sea, del gobierno norteamericano- revisaron los reportes oficiales de los viajes de Gross y fueron enterados periódicamente sobre el proceso.
    Gross reclutó la ayuda de otros judíos estadounidenses para poder traer los equipos electrónicos, pieza por pieza y evitar los controles en los aeropuertos cubanos. Dio instrucciones a sus ayudantes para que metieran los equipos, algunos de los cuales están prohibidos en Cuba, en el equipaje de mano en vez del equipaje de carga. Debían llevar artefactos separados en su equipaje de mano. De esa manera, escribió Gross, cualquier pregunta podría ser respondida en el proceso de rayos X en el puesto de seguridad, y no en la casilla de aduanas. El material era luego entregado a Gross en su hotel en La Habana.
    En una oportunidad, viajó en automóvil siete horas para no tener que pasar por la seguridad del aeropuerto. En su último viaje, trajo una “discreta” tarjeta SIM — tarjeta electrónica de identificación de subscriptor — diseñada para evitar que una transmisión por teléfono satelital sea detectada. El tipo de tarjeta SIM que llevaba Gross no se vende en el mercado y se facilita sólo a gobiernos, según un funcionario de una compañía de telefonía satelital y un ex funcionario de inteligencia estadounidense que ha utilizado ese tipo de chip. Los funcionarios, que hablaron a condición de anonimato debido a la sensibilidad de la información, dijeron que los chips usualmente son suministrados al Departamento de Defensa y a la CIA, pero pueden también ser obtenidos por el Departamento de Estado, que supervisa a USAID.
    La actividad de la USAID para “la promoción de la democracia en Cuba” fue estimulada por un fuerte aumento de la financiación bajo la administración Bush, y en una nueva estrategia que busca facilitarle tecnología de comunicaciones a los cubanos. El financiamiento estadounidense para programas relativos a Cuba aumentó de 3,5 millones de dólares en 2000 a 45 millones en el 2008. Actualmente ascienden a 20 millones de dólares.
    Los líderes judíos en Cuba dicen que no estaban al tanto de los vínculos de Gross con el gobierno estadounidense y que ya tenían acceso a la internet. “Por supuesto, esto es una actividad encubierta”, dijo Robert Pastor, asesor de asuntos latinoamericanos durante el gobierno de Jimmy Carter y actualmente director de Centro para la Democracia y Elecciones de la American University en Washington. “Se trata de buscar un cambio de régimen”.
    Desde hace tiempo, la USAID ha pedido a visitantes a Cuba que introduzcan material prohibido en la isla, como libros y radios onda corta, dijeron funcionarios estadounidenses enterados del programa. Y funcionarios de la USAID han admitido en interpelaciones legislativas que han empleado a contratistas para llevar programas computacionales que permitan enviar material codificado por internet, según participantes de las reuniones.
    Gross engañó a los agentes de aduana colocando cinta adhesiva encima de las marcas de los equipos BGANs: “Hughes”, el fabricante e “Inmarsat”, la empresa que provee el servicio de comunicación satelital vía internet. Los BGANs eran cruciales porque no solamente facilitan acceso a la internet por satélite sino además una señal que puede servir a varios usuarios de manera inalámbrica. La ventaja de ello es que la comunicación va directamente al satélite, sin pasar por los servidores controlados por el gobierno. Gross escribió que los BGANs no debían ser usados fuera de La Habana, donde existen suficientes radios y ondas radiales como para ocultar las emisiones.

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