Obama va a la guerra (I)


Ángel Guerra Cabrera

obama-premio-nobel-paz-2009La solemne declaración de guerra del presidente de Estados Unidos Barak Obama contra el llamado Estado Islámico(EI), además de patética, es una evidencia cristalina del cinismo cada vez mayor de la elite política de “Occidente”. El comandante en jefe de la primera potencia militar del planeta y premio Nobel de la Paz declara la guerra a otra pandilla de asesinos gestados por ella misma, como en su momento hizo Bush contra Al Qaeda y Osama Bin Laden. Sus palabras, por cierto, recordaban mucho las de su antecesor.

No he podido encontrar mayor diferencia entre el planteamiento ideológico y político del EI y de Al Queda pues ambos propugnan el establecimiento de un califato islámico y la aplicación de una versión aberrante de la sharia, o ley islámica,  en el mundo entero.

Lo que sí une muy claramente a estas dos organizaciones es el hecho de haber surgido a consecuencia de las políticas de guerra, saqueo, pillaje y masacre de civiles llevadas a cabo por Estados Unidos y sus aliados contra los pueblos musulmanes, en particular contra los sectores que adhieren a la vertiente sumnita del islam. Sabido es de sobra que Washington también agrede a pueblos, Estados y organizaciones de integración mayoritariamente chiíta –la otra gran rama del islam- como es el caso de Irán y de Hezbolá en Líbano, con más odio si cabe que a los sumnitas, toda vez que el estado persa y la resistencia patriótica libanesa están entre las fuerzas que rechazan más eficazmente las políticas imperialistas y sionistas.

Un resumen de las guerras de Estados Unidos en las últimas décadas nos lleva a Afganistán, donde la CIA, en alianza con el ultrarreaccionario reino saudita y los servicios especiales de Pakistán armó una legión de extremistas fanáticos(los futuros talibanes) para combatir a las tropas de ocupación soviéticas, destruir al estado laico y suprimir las corrientes progresistas existentes dentro del país. De esa alianza surgió Al Quaeda bajo la dirección de Osama Bin Laden, príncipe saudita y destacado operador de la CIA contra los soviéticos. Aunque no es materia de este artículo cabe señalar que la invasión de Afganistán fue uno de los más graves errores de la política exterior de la Unión Soviética.

Entre las consecuencias fundamentales de las guerras recientes de Estados Unidos está la destrucción del Estado iraquí y la muerte de cientos de miles de sus habitantes, incluyendo decenas de miles de niños. Irak era un estado laico que, con todos los peros que se quieran, mantenía una actitud de resistencia a la expansión imperialista y sionista en el Medio Oriente. País floreciente por su pujante desarrollo económico, político, social y cultural, donde no existían apenas rencores entre sunitas y chiítas, ni entre estos y las minorías cristianas y turcomanas, Estados Unidos destruyó sistemáticamente su extraordinaria infraestructura industrial, de servicios y comunicaciones con la suma de sus odiosas sanciones y la llamada guerra del Golfo (1990).

Su última agresión en 2003, basada en la repugnante mentira de que Irak poseía armas de destrucción masiva, pulverizó lo que podía quedar en pie y  mediante una política deliberada de contrainsurgencia empujó al odio entre sus comunidades confesionales y étnicas, que ha llevado a una cadena de masacres sectarias y a la muerte o emigración de miles de profesionistas, científicos e intelectuales de ambos sexos, así como de clérigos.

Una vez ocupado Irak, Washington escogió gobernarlo apoyándose en los más deleznables personajes de su mayoritaria comunidad chiita, que siguieron un política de exclusión y represión de los musulmanes sumnitas, cuando menos apoyada tácitamente por los ocupantes.

Renglón aparte merecen los kurdos de Irak, realmente oprimidos desde siempre, como en general, en todos los estados donde reside esa minoría, pero cuya dirección política actual en Irak es aliada de Estados Unidos e Israel.

El huevo de la serpiente del EI se concibió en Afganistán, más tarde se empolló en Irak y se multiplicó exponencialmente con las guerras imperialistas contra Libia, Siria, las zonas tribales de Paquistán y Yemen así como Somalia. En Libia y Siria Estados Unidos congregó a decenas de miles de extremistas sumnitas financiados y espléndidamente armados por Qatar, Arabia Saudita y otras petromonarquías árabes para lanzarlos al cuello del gobierno legítimo de Bashar al Assad. Jordania y Turquía facilitaron el paso a Siria, inteligencia y el entrenamiento de muchos de ellos.

Twitter: @aguerraguerra

2 pensamientos en “Obama va a la guerra (I)

  1. Es evidente que las “políticas de guerra, saqueo, pillaje y masacre de civiles llevadas a cabo por Estados Unidos y sus aliados contra los pueblos musulmanes” han influido poderosamente en la dramática realidad que hoy se está viviendo en esa región del mundo, pero hay más elementos en juego sobre los que no se incide suficientemente. El primero y fundamental es que existe una poderosísima economía de guerra occidental, que, acabada la II Guerra Mundial y en su momento más floreciente, contribuyó a determinar el nuevo orden mundial, en que la fabricación de cañones (en la famosa disyuntiva “cañones o mantequilla”) iba a tener un elevado protagonismo, se viviera en un mundo multipolar o globalizado. El propio Eisenhower alertó al pueblo norteamericano sobre el modelo económico que surgió con motivo de aquel conflicto bélico y la poderosa influencia de sus intereses sobre la política internacional futura de las grandes potencias.

    Si existía un escenario que la privada economía de guerra occidental temía especialmente era la paz y unas relaciones internacionales basadas en la diplomacia y en el derecho internacional. La disolución del campo socialista le asestó un durísimo golpe. Ya no existía enemigo que justificara aquel poderoso arsenal bélico. Por tanto, había que inventarlo. Como ninguna nación representaba ya una amenaza seria, capaz de declarar la guerra a la superpotencia y justificar la fabricación de sofisticado y costosísimo armamento (como los cazas invisibles), se tuvo que optar por la técnica del terrorismo de grupos organizados, dotados de poderoso armamento, capaces de golpear en el corazón del imperio y vinculados a estados hostiles a los que poder responsabilizar y contra los que desplegar la rentabilísima maquinaria de guerra. Así es como entra en escena el enemigo comodín, dispuesto a actuar donde y cuando interese, aunque sean muchos los extras contratados como carne de cañón en medio de la pobreza y del fanatismo religioso. Un producto de laboratorio al servicio de la economía de guerra y de una oligarquía de jeques árabes que lo último que harían sería redistribuir los petrodólares entre sus súbditos. Para poder agredir a los estados reacios a soportar la bota del imperio, complacer a la anacrónica economía de guerra y lanzar un salvavidas a los jeques árabes sin necesidad de actuar como un matón de barrio la solución indiscutible era construir un enemigo dispuesto a interpretar el papel que se le asignara en cada momento.

    Irak antes de Sadam Husein, Afganistán, Libia y Siria tenían en común una sociedad laica que repartía las riquezas naturales entre sus ciudadanos a través de generosas políticas sociales y una actitud antiimperialista, lo que chocaba frontalmente con las políticas de rapiña de las grandes potencias y los privilegios de los jeques árabes (para quienes la ley islámica y el burka son su tabla de salvación). Es desde esta óptica y desde la óptica de los intereses de la economía de guerra (compatible con la explotación y sobre todo el saqueo de las riquezas naturales de los países invadidos) que se puede entender lo que está ocurriendo en el mundo árabe. A ello debemos añadir altos porcentajes de población viviendo por debajo del umbral de la pobreza y con un horizonte muy pesimista (debido también a la grave explosión demográfica que se vive en la región). Para cualquiera de esos magrebíes, subsaharianos y árabes que tienen que arriesgar la vida para entrar en el opulento y saqueador primer mundo o que simplemente les parece imposible lograrlo, el terrorismo islámico es una opción cada día más tentadora, por lo que resulta muy fácil implicarles como carne de cañón en el guión del enemigo comodín.

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