Pizca de la memoria


Gloria León
Wayne Smith

Wayne Smith

Hace apenas unos días me visitó Josh Clapper,   estudiante de Yale a quien había conocido en un curso organizado por la Cátedra del Caribe de la Universidad de La Habana, mi tema fue Haití y la colaboración médica cubana, basado en el librito testimonial que escribí tras el terremoto: Haití en la memoria.

Para mi sorpresa Josh quería hablar del intercambio académico con EU y el rol de Wayne Smith y el profesor Franklin Knight.

Ante mi negativa por desactualización, desempolvó unos apuntes que en 1997 en mi  último viaje a EU, el profesor Knight me había insistido escribiera al cumplirse 20 años del inicio del intercambio del que era protagonista y batallador contra viento y marea desde Baltimore, en la Universidad Johns Hopkins.  Wayne Smith había creado el Programa de Intercambio Académico con Cuba y en SAIS (Universidad Johns Hopkins ) en Washington había creado una publicación llamada CUBAINFO, con el propósito de hacer circular noticias alternativas sobre Cuba. En ese esfuerzo quijotesco contó con la entrega entusiasta de la entonces alumna de doctorado del profesor Piero Gleijeses, Julia Sweig. Y publicaron mis apuradas notas.

Los profesores Franklin Knight, Meg Crahan, Piero Gleijeses y Wayne Smith tuvieron la paciencia de levantar una y otra vez piedra sobre piedra el puente para el conocimiento objetivo de nuestro país.

La obra monumental de Piero Gleijeses sobre la política cubana en África, Misiones en Conflicto y Visiones de la libertad, premiados ambos por la Asociación de Historiadores de los EU, han contribuido al esclarecimiento de las motivaciones altruistas de Cuba en África, patentizadas hoy una vez más en la batalla contra el Ébola.

Wayne Smith, comprendido y amigo de quienes desde aquí apoyaron hasta donde pudieron el intercambio académico, Dr. Oscar García, Rector del ISRI, el Dr. Oscar Pino Santos y unos pocos más, contó siempre con el hombro para llorar sus cuitas del poeta Pablo Armando Fernández y también del poeta Miguel Barnet. Por eso cuando me enteré del homenaje que le otorgó el ICAP a Wayne, el 16 de diciembre y el 17 Día de San Lázaro, el “milagroso” para nuestro pueblo, liberaban a nuestros compatriotas: Gerardo, Ramón  y Tony y se anunciaba el restablecimiento de relaciones diplomáticas pensé esta es la respuesta para Wayne, a “¿qué he logrado?” y que cabizbajo tantas veces entre amigos se hacía cuando no lograba avanzar en el entendimiento. Tu granito de arena y el de los amigos académicos está presente.

Contempla el lago y a tus nietos, pero sigue remando y repartiendo rosas blancas que aún queda un buen trecho y te necesitamos.

Aquí reproduzco  el trabajito que CubaInfo publicó entonces, sobre todo porque es una instantánea de los tiempos, no es más que una PIZCA DE LA MEMORIA.

21 de diciembre  2014.

RESEÑA DE UN INTERCAMBIO

Dra. Gloria León Rojas[i]

La década del 70 denominada por los cientistas sociales como la década gris, paradójicamente, fue el período en el que por un conjunto de circunstancias  se dan los primeros intentos de contactos  académicos entre Cuba y los Estados Unidos. Momento en el que vienen a la isla académicos, congresistas, senadores y hasta candidatos a la presidencia de los Estados Unidos como George McGovern cuyos primeros encuentros en la isla fueron con un grupo  de académicos que recién se iniciaban en el estudio de los Estados Unidos. La fructificación de estos esfuerzos en tal coyuntura solo se explican por la existencia de una relación cultural de más de dos siglos entre ambos pueblos.

En 1972 había sido creada la Cátedra de Historia de los  Estados Unidos en la Escuela de Historia, por el Dr. Pelegrín Torras  y se organizó un año después el  Grupo de Estudios de Estados Unidos (GEEU) en la Facultad de Humanidades, tras un frustrado intento  de  creación en el Instituto de Historia de la Academia de Ciencias de Cuba en 1971.

Los estudios de los Estados Unidos se tornaban una necesidad tanto de orden intelectual de la academia como de la política que reclamaban un conocimiento más especializado de la sociedad norteamericana. La feliz coincidencia de ambos intereses en la coyuntura de los años 70 favoreció el desenvolvimiento del intercambio académico entre los dos países y hasta generó la ilusión de que los académicos jugarían algún papel en hacer recomendaciones para la formulación de la política exterior.

La apertura de  las Oficinas de intereses en Washington y La Habana en 1977 tuvieron gran importancia como  vehículos oficiales de comunicación facilitando el intercambio académico en cuanto a la obtención de visas, adquisición de libros e información. Muy importante ha sido la actividad de los diplomáticos cubanos en los medios académicos e intelectuales estadounidense estimulando el interés por Cuba. En esta primera etapa se destaca el papel de Ramón Sánchez Parodi, Jefe de la Oficina de Intereses en Washington y también Profesor Adjunto de la Universidad de La Habana y en la  Misión de Nueva York y Cancillería cubana, Ricardo Alarcón cuyo origen es el de profesor universitario. Posteriormente no menos importante fue  el apoyo de José A. Arbezú, Jefe de la Oficina de Intereses en Washington y también Profesor Adjunto de la Universidad de La Habana y más recientemente del   Dr. Fernando Remirez, actual Jefe de la Oficina en Washington. En general el Intercambio ha tenido a su favor el apoyo de la alta dirección del Ministerio de Relaciones Exteriores.

Wayne Smith durante su cargo como Jefe de la Oficina de Intereses estadounidense en la Habana favoreció los estudios sobre los Estados Unidos. La inserción de Smith, tras su renuncia por estar en desacuerdo con la política hacia Cuba, en la vida académica de la Universidad Johns Hopkins, constituyó una revitalización del intercambio académico al crearse el Programa de Intercambio con Cuba.

Es en 1977 el momento en que podemos hablar de que se inicia un intercambio propiamente, teniendo en cuenta que los académicos cubanos también viajan a los Estados Unidos con tal propósito. El primer grupo lo organizaron Franklin W Knight y Alfred Stepan de las universidades Johns Hopkins y Yale.  Pioneros de esta empresa. Personalidades de la academia y cultura cubana como Mirta Aguirre, Oscar Pino Santos y Manuel Moreno Fraginals encabezaron la “primera delegación académica” a Estados Unidos.

En la década de los 80 y en la primera mitad de los 90, hay un auge del intercambio académico. Se diversifican las instituciones cubanas con las que se desarrollaban proyectos, entre ellos el Centro de Estudios Sobre Estados Unidos (CESEU), la Facultad de Filosofía e Historia y las diferentes Facultades de la Universidad de la Habana, el Centro de Estudios de América (CEA), el Instituto de Relaciones Internacionales (ISRI), el Instituto de Historia, el Archivo Nacional entre otros .

En este período se logra que las Fundaciones  eliminen las restricciones que discriminaban a los académicos cubanos para que como el resto de los latinoamericanos pudieran  aspirar a las becas anuales por concurso. Varios académicos cubanos calificaron y realizaron proyectos de investigación en los Estados Unidos. Desde  1980 la Ford ha asegurado el presupuesto del Intercambio entre  la John Hopkins University  y Cuba.

Franklin Knight desde su posición en la Johns Hopkins y en las instituciones académicas estadounidenses y del Caribe y sus relaciones con las fundaciones y editoriales, basado en su prestigio como académico ha promovido y logrado la inserción de Cuba en la Asociación de  Historiadores del  Caribe; la participación de los académicos cubanos en diversos foros, ha organizado en La Habana otros eventos de diversa índole con académicos de diferentes países como fue el taller sobre Procesos de transición en el Caribe celebrado en La Habana  en 1994 donde  participaron representantes de todos los centros de investigación cubanos, ha promovido proyectos de investigación y publicado obras de autores cubanos, ha apoyado proyectos de académicos norteamericanos y del Caribe para  investigar sobre Cuba. Su reciente elección para presidir LASA el próximo año es una buena noticia para los académicos cubanos quienes siempre han contado con su sensibilidad y apoyo a sus proyectos. Es decir que el intercambio académico con los Estados Unidos ha repercutido en abrir espacios, contactos, puentes hacia  otras áreas como el Caribe, América Latina  y Europa.

Knight ha promovido no solo el intercambio de profesores sino de estudiantes pre graduados y post graduados que ha conducido al recién curso impartido en Noviembre de 1996 en La Habana  con estudiantes de pre grado organizados por Eduardo González actual director del Programa Latinoamericano auspiciado por la Fundación Fernando Ortiz dirigida por Miguel Barnet.

El proyecto de Wayne Smith, materializado en la creación de CubaInfo, única publicación de tal naturaleza dedicada a noticias sobre Cuba con fuentes cubanas cuyo propósito es ser una fuente alternativa de información objetiva sobre Cuba, se enmarcan entre los éxitos alcanzados.

El nacimiento y crecimiento del intercambio académico entre los dos países  durante estos 20 años no ha sido un proceso fácil, en honor a la verdad, también ha estado preñado de recelos, prejuicios y escollos por ambas partes.

Las relaciones institucionales han avanzado en los últimos años. Las visitas en la primera mitad de los 90 de Dr. Armando Pérez Perdomo, Rector Universidad de la Habana, de Dr. Oscar García , Rector del Instituto de Relaciones Internacionales a los Estados Unidos y en particular a la Johns Hopkins University y la visita del Sr Ross Jones Vice Presidente de la Johns Hopkins University a las referidas instituciones se enmarcan en este período de auge del intercambio académico en la primera mitad de los 90, constituyendo un significativo proceso de avance en las relaciones institucionales que han sido construidas  desde abajo.

En 1994 Wayne Smith y Franklin Knight ampliaron el intercambio académico al ámbito de la salud pública. Organizaron una conferencia en Washington sobre salud pública en Cuba, con la participación del Vice Ministro cubano Dr. Abelardo Ramírez y médicos cubanos donde participaron médicos de otros países latinoamericanos. Como parte de este programa la Escuela de Medicina de la Johns Hopkins University recibe cada año a 4 o 5 médicos cubanos para cursos de verano.

El intercambio continua ampliándose a otras esferas. En  1995, promovido por Wayne Smith se celebró un encuentro sobre Medio Ambiente en Baltimore, sede de la Johns Hopkins University, con la participación de representantes de todas las instituciones cubanas dedicadas al tema.

A principios de 1997 impulsado por Franklin Knight, se fortalecen los vínculos con el Archivo Nacional de Cuba y su Directora Dra. Berarda Salabarría. Fueron invitados a la Johns Hopkins University la Directora y su equipo. Resultado de estas relaciones surge el proyecto de colaboración que proveerá asesoramiento técnico, materiales, tecnología para la conservación, restauración y preservación de documentos y la celebración de talleres para el intercambio de información y experiencias.

Resultado de estos intercambios es el proyecto de investigación del Dr. Piero Gleijeses de SAIS sobre la política cubana en África, que culminará en un libro bien documentado cuyos resultados parciales están siendo publicados en revistas especializadas de Inglaterra, Canadá y Estados Unidos. Esta investigación constituirá un aporte no solo a la historiografía cubana sino a la contemporánea, por la riqueza y diversidad de fuentes utilizadas. El profesor desarrolló una fructífera colaboración con profesores de la Universidad de La Habana vínculos que perduran con el Instituto de Relaciones Internacionales caracterizadas por su alto nivel científico y calidad humana.

El contexto en el que ha tenido que desarrollarse el intercambio ha sido el del bloqueo, la ley Torricelli, el establecimiento del requisito de licencias para viajar a Cuba y por último la Helms Burton son obstáculos que han limitado  el intercambio académico al tratar incluso  de utilizársele como un instrumento político subversivo expresado públicamente. Provocando la lógica reacción al nivel más alto de la dirección gubernamental y partidista cubana para  contrarrestar tales propósitos. Pero también ha servido de pretexto e intento de justificación a determinados funcionarios de nivel intermedio, que se oponen a tales “contactos” y sobre todo que quieren suprimir el debate y la diversidad de opiniones entre otras, respecto a sus decisiones y maneras de interpretar y aplicar políticas generando no solo un clima de desconfianza y suspicacia dañino, sino revirtiendo uno de los aspectos claves del Llamamiento del IV Congreso del Partido que identificó la pluralidad de opiniones como un componente del proyecto revolucionario. A pesar de estas dificultades el intercambio académico Cuba-Estados Unidos es una realidad positiva y ha sido promovido y apoyado por académicos norteamericanos que quieren un clima de distensión y no de tensión con Cuba, que no comparten la presunción hegemónica imperial y por ende  no están contaminados con los proclamados objetivos del carril II. Esto no significa sin embargo, que el intercambio haya estado caracterizado por la siempre coincidencia de criterios, sino por el contrario por un constante proceso de discusión, debate y fructífera confrontación de ideas.

Si bien el intercambio académico ha estado a expensas de las diferentes coyunturas políticas en el marco de las relaciones bilaterales, este se ha mantenido y puede afirmarse que tiene vida propia pues se ha desarrollado una red de relaciones académicas formales e informales -que han dado crédito a las respectivas instituciones académicas- que devienen en fructíferas relaciones interpersonales de carácter no solo académico sino humano que comparten el deseo y buena voluntad de que las relaciones entre ambos países se basen en el respeto mutuo y lleguen a ser normales.

No puede omitirse en este intento incompleto del recuento del intercambio académico, aunque este sea referido principalmente a la Johns Hopkins, la significación de LASA y el espacio que esta institución y quienes la han dirigido han brindado a los académicos cubanos. Así como otras Universidades norteamericanas como la American University, Georgetown University, University of Chicago, New York University, Harvard  University, The Wilson Center, El Dialogo Interamericano  y otras instituciones y grupos  académicos estadounidenses entre otros los Filósofos Radicales quienes  realizan sus encuentros anuales en La Habana con filósofos y cientistas sociales cubanos.

El intercambio académico con la Johns Hopkins University ha sido el más estable, sistemático y fructífero, por la diversidad de sus relaciones que durante estos  20 años  ha propiciado que decenas de profesores, investigadores y escritores de los diferentes  centros e instituciones e individualmente hayan realizado sus proyectos de investigación e impartido conferencias. 20 años de fructífera labor son para celebrar y es legítimo que estos éxitos no sean huérfanos por eso el reconocimiento, debe ser explícito, a Franklin Knight, Wayne Smith  y a las autoridades y profesores de la Johns Hopkins, así como las fundaciones y todos aquellos que han favorecido este intercambio del cual no solo nos  hemos beneficiado los académicos cubanos sino que ha propiciado un conocimiento más objetivo de la realidad cubana, es decir, conocer que no somos tan herejes y  Dios aún tiene morada en la Isla.

El intercambio académico ha significado un proceso de aprendizaje. Aprender a discutir,  a argumentar frente a opiniones opuestas, diferentes. Dialogar es más difícil que recurrir a una cita de autoridad, que a una consigna. La receptividad, la credibilidad de la idea mucho tiene que ver con el portador con nombre y apellido, con su prestigio académico, con su lenguaje, con la manera propia de hablar de  cosas pequeñas, con la comunicación humana que logre establecer, porque las potencialidades del intercambio académico radican en el sustrato, en esa corriente subterránea que es esa interconexión cultural histórica que tiene una dimensión psicológica que favorece la comunicación y que ha perdurado entre los dos pueblos y por ende es en este campo donde puede y deben lograr los cientistas sociales y los intelectuales en los dos países hacer la gran contribución política, la de minar los estereotipos que de ambas partes existen y contribuir a un proceso de reflexión que conduzca a que la convivencia sea  posible sin que ninguna de las dos partes tenga que renunciar a sus esencias. Un cambio de la política hacia Cuba no modifica ni afecta la esencia del sistema político norteamericano, ni la seguridad nacional, por el contrario lo beneficia.

Wayne Smith: diplomático, político, académico,  y terco en su empeño de construir relaciones normales entre ambos países, no solo ha promovido el contacto entre los académicos, sino entre los líderes políticos o los que hacen, recomiendan, toman las decisiones  o simplemente pueden ejercer influencia en la política; entre los militares; los religiosos; los diferentes sectores del pueblo y las personas. Siempre optimista, sin embargo, en ciertas ocasiones le he oído preguntarse con un hálito de melancolía o tristeza ante los avatares, las incomprensiones y la suspicacia: “Qué he  logrado?”

La respuesta, querido Wayne es la memoria. Y eso parece que no es mucho, pero sí lo es, cuando la Historia amenazada de llegar a su fin, tan llevada y traída como manipulada, reconoce o ignora, atribuye ideas y proyectos a plagiadores y usurpadores y convierte a villanos en héroes y viceversa. Por todo eso y más mi modesto artículo para que no se olviden estas dos décadas y la labor tuya, de Knight, de Meg y también la de otros nobles norteamericanos más, a quienes habrá que reconocer en su momento tanto  altruismo.

Por eso en 1992  pensaba en ustedes, cuando en una ponencia titulada “Imágenes y percepciones sobre los Estados Unidos en la historiografía cubana”, presenté en un evento en el Instituto Matías Romero en México y concluía que “Amarrados por la cercanía geográfica y cultural, unidos y separados por la historia, vistos mutuamente por el lente que proyecta la imagen del enemigo, esta historia de encuentros y desencuentros continua su desgarrante relación a la espera de que el pragmatismo, el respeto a la soberanía, derrumben los muros, desacrediten etiquetas y abran paso a la visión de una nueva y necesaria convivencia.” A más de dos siglos de relaciones culturales, a 20 años del intercambio académico, a tres años para que el siglo XX termine y pasemos a ser considerados los hombres del siglo pasado sigo evocando la necesidad de una “nueva y necesaria convivencia.”

[i].Gloria León Rojas. (1948) Fundadora de los Estudios sobre los Estados Unidos y Canadá en la Universidad de La Habana. Jefa de Cátedra de Historia  de los Estados Unidos. Hasta julio-agosto de 1996.

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