Lecciones para develar la grandeza de una proeza histórica


Israel Escalona Chadez

revolucion-cubanaNo hago ninguna revelación sensacional cuando afirmo que el período histórico más deficientemente tratado por la historiografía cubana es el relativo al de la “Revolución en el poder”.

Aún es motivo de debate si ese tiempo histórico es ya “historiable” o si los tiempos recientes son materias que le incumben al oficio de los historiadores o al de otros especialistas de las Ciencias Sociales.

Por encima de las razones que puedan argüirse: la relativa cercanía cronológica con los acontecimientos, la convivencia con muchos de los principales  protagonistas  o la insuficiente conservación o clasificación de los documentos, entre otros; es un imperativo reconstruir el período histórico de más de cinco décadas de profundas transformaciones económicas, políticas y sociales.

De lo hasta ahora logrado, uno de los proyectos editoriales más importantes sobre esa etapa ha sido la publicación de  Documentos de la Revolución Cubana,  selección y compilación realizada por José Bell Lara, Delia Luisa López y  Tania Caram.

Desde la salida de esta serie de libros con documentos del período revolucionario aquilatamos su valor  y agradecimos que los compiladores  mantuvieran la práctica de contextualizar adecuadamente la documentación y anexar una cronología de los sucesos más relevantes de cada año.

Catalogar algún año de los trascurridos desde el triunfo revolucionario como “complejo y heroico” sería una redundancia, pues esa ha sido una regularidad,  y mucho más si se trata de los primeros tiempos.  Así lo confirma el volumen que nos ocupa, correspondiente al acontecer de 1965, al agrupar y publicar documentos claves sobre aspectos medulares para la reconstrucción histórica de la trayectoria de la Revolución Cubana, en seis partes: la Constitución del Comité Central del Partido, la Defensa de la Revolución, su Proyección Internacional,  el Estado y la Economía, el Desarrollo Social y el Marxismo y la Revolución.

Comprendo cuan difícil ha de resultar al equipo de compiladores decidir los materiales a incluir y considero que logran salir airosos, al escoger documentos publicados en la prensa y algunos inéditos que dan la medida del palpitar de la nación.

Recorrer el año 1965 a través de la lectura de documentos producidos en ese contexto permite confirmar la grandeza del proceso revolucionario cubano, que en medio del constante asedio de fuerzas externas e internas para aniquilarlo, lograba derrotar a las bandas armadas en diversas zonas montañosas del país, a la vez que se proponía perfeccionar la estructura estatal y partidista, con el enfrentamiento a la burocracia, y concretaba acciones económicas dirigidas a potenciar el desarrollo agrícola y diversificar los vínculos comerciales; y sociales en las áreas de la salud, la educación, la atención priorizada a las mujeres y el incipiente desarrollo científico con la graduación de los primeros médicos y estomatólogos luego del triunfo revolucionario, y la fundación de instituciones como el Centro Nacional de Investigaciones Científicas, el Instituto de Literatura y Lingüística y el Instituto de Meteorología, entre otras.

Quienes hemos trabajado la docencia universitaria calibramos mucho mejor el valor de estas selecciones documentales, como otras que se han aportado sobre etapas históricas precedentes, encabezadas por el ya imprescindible  Documentos para la historia de Cuba  de Hortensia Pichardo.

Pero el valor de este tipo de obras no se reduce absolutamente a los fines pedagógicos. La mayor parte del pueblo cubano no vivió el tiempo histórico narrado a través de los documentos incluidos. Para los de mi generación, nacida con la Revolución, aquellos sucesos no son vivencia sino la historia investigada y aprendida.

La lectura de documentos esenciales del devenir histórico nacional  permite comprender mejor, no sólo el pasado, sino también el presente, el origen y desenvolvimiento de muchos procesos a lo largo de varias décadas. El hecho de haber vivido en medio de la cotidianidad de la vorágine revolucionaria durante tantos años, muchas veces impide el juicio sereno sobre los acontecimientos más cercanos.

Igualmente la lectura confirma el papel protagónico del pueblo y su máximo líder ante las más diversas coyunturas y en el logro de las más variadas realizaciones. Pero tratándose del año 1965 sobresale, también, la  personalidad de Ernesto Guevara, no sólo por sus luchas en el continente africano y la malintencionada campaña desatada por la reacción ante su repentina desaparición de la palestra pública, sino por que se incluyen documentos que revelan la  dimensión histórica de su personalidad como la valoración emitida sobre los sucesos del Congo, el excelente texto teórico “El hombre y el socialismo en Cuba” y la carta de despedida que leyera el Comandante en Jefe durante el acto de presentación del Comité Central del Partido.

Cuando a principios de este año, en el evento que anualmente la Casa del Caribe le dedica a la memoria de su fundador Joel James, conversé con José Bell Lara, invitado al cónclave, y le ponderé la magna obra que se habían propuesto con la publicación de  documentos  de la Revolución, en especial el del año 1964 que recientemente había leído, y en particular el acápite dedicado a los sucesos del juicio seguido al delator de la mártires de Humboldt 7 Marquitos Rodríguez; el entrañable colega agradeció el comentario y me recomendó que en el siguiente tomo prestara atención a la sección dedicada al “Marxismo y Revolución”   y en particular a un documento que reconstruye el encuentro del entonces presidente Osvaldo Dorticós y el Ministro de Educación Armando Hart, con funcionarios de la Universidad de La Habana y profesores del Departamento de Filosofía. Lógicamente, al tener el ejemplar, hice como el más ansioso de los lectores: leí el documento, no sin antes informarme en la parte preliminar de la sección de   que la reunión de marras se produjo a inicios de 1964, y que se “Había considerado pertinente incluir la transcripción de esa reunión – documento inédito hasta hoy – en este tomo de 1965 por una razón fundamental: en ella Dorticós traza líneas teóricas y metodológicas de trabajo, válidas no sólo para aquel grupo de profesores universitarios sino para cualquier actividad de formación ideológica a realizarse en Cuba”. Además de suscribir el aserto, recomiendo su lectura, en especial a los especialistas de las ciencias sociales, quienes podrán debatir en torno a tan sustancial, recurrente y vigente tema.

Por lo dicho este es un libro que puede  y debe ser atendido y aprovechado por todos los públicos. Los investigadores de las ciencias sociales, y en especial los historiadores, encontrarán suficientes temas requeridos de profundos escudriñamientos.

En el amplio público serán diversas las recepciones.: algunos lectores, protagonistas y testigos de muchos de los episodios reflejados, se reencontrarán con vivencias, avatares y realizaciones; otros, los más jóvenes,  conocerán pasajes desconocidos o profundizarán en lo hasta ahora sabido; pero todos tendrán lecciones para develar la grandeza de una proeza histórica.

Frente al museo Casa Frank País, mañana del 26 de diciembre de 2014

7 pensamientos en “Lecciones para develar la grandeza de una proeza histórica

  1. No se si conoces que a finales de la década de los 80 el instituto de historia de Cuba convoco a un sinnúmero de historiadores para elaborar una historia de Cuba en 5 tomos, de las cuales tengo entendido , sólo se publicaron 2. Yo trabaje en el tomo 4, en el capítulo referido a los gobiernos auténticos,. Nunca se publicó nada. El tomo 5, que trataba la Revolución Cubana en el poder, ni tan siquiera pudo materializarse como una primera versión. A pesar de que estaba supervisada por el consejo de estado (Álvarez Tabio) no pasó y el proyecto quedo trunco. Habían fuerzas superiores que no querían. ¿Cuáles eran los dirigentes e instancias burocráticas que impidieron la materialización de este intento historiografico? Tu debes saber….los mismos que han construído la Historia de Cuba de acuerdo a su visión política e intereses personales. Eso es cualquier cosa menos Historia.

  2. Sin embargo, se han escrito varias biografias historicas-testimoniales de Fidel Castro, al menos las que lo ensalzan se han publicado en Cuba ampliamente. Me puedes explicar esta excepción?

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