Como esperando abril


Víctor Angel Fernández

abril-1Hace muchos años que me he declarado fiel seguidor de la llamada Nueva Trova cubana, en especial de las canciones de Silvio y Pablo, donde, creo yo, puede encontrarse todo lo que uno necesita para cualquier tipo de amor, filial o a la Patria, que para el caso son lo mismo, o también para el amor fraternal de amigos o el puramente de amantes.

Precisamente, hace unos días coincidí con Silvio en su expresión sobre lo mucho que le satisfacían las palabras de Cristina Fernández, al referirse a los 60 inclaudicables años de lucha que Cuba ha llevado para estar hoy en ese lugar de respeto, por amigos y no tan amigos, pues no deseo utilizar otra palabra más fuerte.

Hoy, siguiendo esa tónica de victorias abrileñas, leo con deleite extremo, la salida de mi Cuba de una lista en la cual fuimos incluidos por cometer el delito terrorista de no callarnos, de preferir los dolores a las victorias financiadas, de enviar defensores, donde muchas coaliciones internacionales mandaron agresores. También por el terror, imperdonable para el imperio y sus acólitos, de exportar médicos y maestros, alimentos y ayuda de la verdadera, no de la sobrante, que eso denigra, tanto al que la ofrece como al que la recibe, sino de enviar lo que no nos alcanzaba, de compartir lo que poco o nada que hemos tenido y que es allí donde se hace verdaderamente grande la ayuda.

Uso el título de la canción de Silvio, como si el abril cubano no tuviera méritos suficientes de luchas y éxitos, para ser siempre recordado. Ya por las epopeyas decimonónicas en Duaba y Playitas, o en el siglo XX por los niños de las cuatrobocas en el meridiano del mes o unos días después por la victoria de un Girón que hasta en el nombre, nos han querido robar.

Ahora la vigésimo primera centuria cubana, tiene también su victoria, obtenida esta vez con las armas más difíciles: las del honor y el respeto a la HISTORIA así en mayúsculas, en un mundo que quiso darse el lujo de enterrarla y, además, blasonar de ello.

En momentos de alegría para el pueblo, como debe ser el posterior a cada éxito y en momentos de reflexión, como también debe ser el posterior a cada éxito, no puedo concluir sin citar las estrofas de otra gran trovadora, Sara González, quien mucha veces nos recordó el canto y llanto de la guerra, pero cuya emocionante interpretación comenzaba con “…cuando no se olvida que no hay, libertad regalada, sino tallada, sobre el mármol y la piedra…”

Esa que nadie nos ha regalado, que seguimos tallando día a día, es la victoria que hoy, en el medio de abril estamos todos celebrando.

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