Radioaficionados en Cuba: Solidaridad vs emergencia


Omar Pérez Salomón 

frcLos radioaficionados cubanos se encuentran a las puertas de su VIII Congreso, que se celebrará los días 3 y 4 de julio en la ciudad de Santa Clara. 

Una de las facetas más conocidas de nuestra radioafición es, sin duda su participación activa en las múltiples situaciones de emergencia que se presentan. Creo que el crecimiento en sus filas  y las posibilidades de comunicación que ofrecen ha permitido que ellos siempre hayan ocupado un lugar destacado en esas circunstancias.

Dentro de las primeras cosas que le enseñan a una persona que se inicia en la radioafición está el significado de situación de emergencia, que no es más que cualquier suceso natural, fortuito o producido por el hombre, que ponga en peligro la salud o la vida de seres humanos y destruya o dañe recursos y bienes materiales, como es el caso de las guerras, así como cualquier tipo de agresión armada o acción terrorista; además de: los terremotos, maremotos y aludes; las tormentas tropicales, huracanes, inundaciones y las penetraciones del mar; accidentes aéreos, terrestres o marítimos; enfermedad o lesión de personas en lugares aislados y el escape de sustancias tóxicas, entre otros casos de desastres. También participan en otras muchas tareas, donde tienen un papel primordial, muy reconocido.

Existen varios ejemplos donde el papel de los radioaficionados ha sido crucial en la alerta y comunicación, incluso, han contribuido a que no se produzcan pérdidas de vidas humanas. Me referiré a un caso que conocí hace unos meses a través de una crónica del radioaficionado de Gibara, en Holguín, Aníbal Álvarez Pérez, con indicativo CO8JC, que pone de manifiesto una vez más el carácter humanista y solidario de esta práctica:

“Una mañana de marzo de 1983 estaba en contacto con la estación CO8BP de Manzanillo, en la banda de 40 metros, en la frecuencia de los 7045 kHz, cuando escuché a alguien pidiendo auxilio.

“Pensé que se trataba de un radioaficionado. Cuando le pedí identificación me dijo ser capitán de un barco mercante dominicano. Dicha embarcación pertenecía a una compañía de barcos de Puerto Plata.

“El capitán del barco Guille 1ro, se nombraba Máximo Ramón. Me informó que el motor de la embarcación había sufrido una rotura y cuando uno de los 37 tripulantes fue a tirar anclas, la cuerda se rompió y quedaron a la deriva en la zona de los cayos  Two Brothers, a poca distancia de la Isla Inagua.

“Cuando recibí el mensaje de auxilio, inmediatamente me di a la tarea de localizar un radioaficionado de Puerto Plata. El colega, entonces HI3GAG Abner Gómez, respondió a mi llamado y ambos nos dedicamos enteramente a auxiliar a aquellos hombres, trabajadores del mar, cuyas vidas estaban en peligro.

“Abner inmediatamente localizó al señor José Hernández, propietario de la compañía a la que pertenecía el Guille 1ro y a las autoridades dominicanas. Yo hice lo mismo con las autoridades cubanas que me instruían de lo que debía hacer, y era el enlace entre Máximo Ramón y Abner, que mantenía informado incluso a los desesperados familiares de los tripulantes de la embarcación, sobre el estado en que se encontraban los mismos.

“Cuando llevábamos dos días en tan valiosa misión comenzó a escasear el agua y los alimentos. Las baterías con las que se alimentaba el equipo trasmisor del barco mantuvieron su carga. Los hombres del mercante comenzaron a impacientarse, algunos estaban nerviosos. Máximo mantuvo la serenidad que le inculcábamos Abner y yo.

“José Hernández y la embarcación pidieron ayuda al gobierno cubano, la que tramité inmediatamente. Las autoridades portuarias cubanas enviaron al remolcador Voltecnik, de origen soviético, que se encontraba en el puerto de Antilla.

“Después de realizar un bojeo por el lugar cerca del punto donde se encontraban los zozobrados tripulantes, no los encontraron. Al filo del cuarto día, a través de Abner, José Hernández solicitó ayuda al gobierno dominicano y estos enviaron el remolcador Misberena.

“Los alimentos en la embarcación se habían agotado, el agua también. Algunos hombres querían lanzarse al agua y nadar en busca de una orilla salvadora; pero esas aguas son muy peligrosas  y seguro les costaría la vida.

“Nosotros en nuestras constantes comunicaciones, les inculcábamos serenidad y confianza, la situación para estos hombres era extremadamente desesperante. El trabajo, sin descanso durante varios días, fue agotador. Noches sin dormir, días enteros con nuestros equipos hacían posible la comunicación con estos hombres, ya dominados por la desesperación y el miedo.

“Al cabo del quinto día, el remolcador Misberena encontró al Guille 1ro. El encuentro entre los tripulantes salvadores y  salvados fue inolvidable. Alegría, abrazos, agradecimientos y lágrimas amenizaron el encuentro. Abner, Máximo Ramón, José Hernández y yo nos sentimos alegres, felices de aquel encuentro.

“La vida había vencido una vez más a la muerte. Abner actuó con mucha  entrega, dedicación y amor en esta hermosa misión. Estos hombres, sus familiares, las autoridades, tanto cubanas como dominicanas pudieron conocer lo valioso del sentido del deber y la solidaridad humana de los radioaficionados.

“Hoy, un poco más viejos, Abner y yo recordamos aquella hazaña, en la que nuestro modesto esfuerzo jugó un papel decisivo en el rescate y salvamento de aquellos 37 dominicanos, y nos parece que aún estamos en deuda con la humanidad, en un mundo en el que los desastres y las tribulaciones son como fantasmas adheridos a la especie humana en extinción”.

4 pensamientos en “Radioaficionados en Cuba: Solidaridad vs emergencia

  1. Iroel, seria bueno cambiar el titulo, p’a que no suene feo, parece que hubo un error al escribirlo. Por cierto, sigo siendo asiduo lector de La Pupila Insomne, aunque no comento tanto. Como dice Correa “somos más” y cada vez que voy a comentar, alguien se adelanta a lo que yo hubiera querido decir y con mejores palabras.
    Sobre los radioaficionados puedo decir que son héroes desde su surgimiento. Han sido inmensamente útiles en Cuba, en elecciones y en tiempos de ciclones sobre todo y como vemos en el post, han sido útiles para el resto del mundo. Es bueno que se les reconozca.

  2. Muy pocas embarcaciones de recreo cubanas , las lista 5ta, tienen medios de radiocomunicación. El Reglamento de la banda ciudadana, por ejemplo, prohibe la comunicación entre equipos de diferente propietario o cebeista. Demasiadas prohibiciones para los propios radioaficionados y para la importación de equipos…pero casi seguro estoy equivocado, verdad Iroel?

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