En los 90 años del primer Partido Comunista de Cuba


Jorge Risquet Valdés
Mella y Baliño, fundadores del primer Partido Comunista de Cuba

Mella y Baliño, fundadores del primer Partido Comunista de Cuba

PALABRAS DE CLAUSURA DEL ACTO CONMEMORATIVO DEL 90 ANIVERSARIO DEL PARTIDO COMUNISTA DE CUBA. 

Queridas compañeras y  queridos compañeros:

En el acto solemne por el cincuenta aniversario de la fundación del primer Partido Comunista de Cuba, el más profundo pensador revolucionario del mundo de hoy y la voz más alta de nuestra patria, el Comandante en Jefe Fidel Castro, expresó:

“Otras veces hemos dicho que nuestra Revolución constituye parte de un mismo proceso desde 1868 hasta el presente. A lo largo de esta histórica lucha se debatieron dos cuestiones fundamentales: la lucha por la independencia y la lucha por la revolución social.

“En el siglo pasado las aspiraciones a la independencia chocaron contra los poderosos intereses coloniales y contra la ideología de las clases reaccionarias. Los poseedores del poder y de las riquezas en nuestro país se oponían a la independencia, en aquella sociedad esclavista donde las clases privilegiadas tenían el temor de perder a sus esclavos. Por eso los hombres que luchaban por la supervivencia de la nación y que aspiraban a la independencia, tuvieron que luchar contra las ideas anexionistas de aquellos que, por sus intereses esclavistas, querían convertir a Cuba en un Estado más de Norteamérica.

“Más adelante, Martí hubo de luchar muy duramente, defendiendo las ideas de la independencia frente al poder colonial español y frente a los autonomistas, que consideraban a nuestro país incapaz de adquirir la independencia o rechazaban la idea de la independencia

“Del mismo modo, las hermosas ideas y aspiraciones de la revolución social, que vinieron más tarde, habrían de chocar contra intereses sumamente poderosos, habrían de chocar contra el naciente imperialismo norteamericano y los intereses de la sociedad capitalista.

“Ambos hechos se enlazan a lo largo de la historia. Los luchadores por la revolución social estaban indisolublemente unidos a los luchadores por la independencia de la patria. No se alcanzó a finales del siglo la independencia real de Cuba, y al fin se unieron las dos aspiraciones: las aspiraciones a la plena independencia nacional y a la revolución social.

“Cada una de estas aspiraciones tuvo un momento culminante. Si la aspiración a la independencia tuvo sus momentos culminantes en 1868 y en 1895, de igual relieve histórico es el 16 de agosto de 1925, cuando tras la aspiración de la revolución social surge el primer Partido Comunista de Cuba.”

¿Cuándo y quiénes habían convocado aquel Congreso de las Agrupaciones Comunistas de Cuba?

El 9 de agosto, en la última reunión de la Agrupación Comunista de La Habana, creada en 1923 y que constaba de 27 militantes, bajo la presidencia de Carlos Baliño, se firmó la convocatoria para el Congreso. En éste participaron 4 agrupaciones, la ya mencionada y las de Guanabacoa, San Antonio de los Baños y Manzanillo, que contarían con poco más de un centenar de miembros.

Y ¿quién era Carlos Baliñó?

Un venerable anciano de 77 años de edad.

Desde la adolescencia escribía versos y artículos  –en la prensa local de Guanajay–, contra la esclavitud del negro y la codicia del oro.

En 1869, a los 21 años, se había visto obligado a emigrar clandestinamente del país, hacia Estados Unidos, para no correr la suerte de su padre, apresado por las autoridades coloniales y enviado a la cárcel en la isla africana de Fernando Poo por haber conspirado en Guanajay y todo Vuelta Abajo para secundar la lucha independentista iniciada por Céspedes en Oriente.

En el duro exilio, el joven estudiante se convierte en un proletario. Aprende el oficio de cajonero, luego el de torcedor y por último el de escogedor de tabaco. New Orleans sería su primer domicilio, luego Tampa, Cayo Hueso, en fin siempre en el sur de Estados Unidos.

Baliño, que había nacido en el mismo mes y año en que apareció por vez primera el Manifiesto Comunista, bien pronto encuentra éste y otros textos marxistas, estudia y abraza la causa que Marx y Engels exponen en este histórico documento, del cual, hacia 1871, en el año de la Comuna de París, se habían publicado en Estados Unidos tres ediciones.

Incansable propagandista, funda algunos modestos periódicos pero sobre todo, aprovecha las publicaciones existentes para insertar sus vibrantes y esclarecedores artículos.

Organiza o anima clubes de emigrados cubanos, es orador ardiente y enjundioso en los actos en que los hijos de Cuba conmemoran las fechas patrias en tierra ajena y hostil.

Cuando José Martí comienza a frecuentar los clubes siente en muchos de ellos la huella de Carlos Baliño.

En el año en que se funda el Partido Revolucionario Cubano (PRC), 1892 –en sustitución temporal de otro gran cubano de la emigración, José Dolores Poyo—Baliño ocupa en dos ocasiones el cargo de presidentes del Cuerpo del Consejo de ¨Clubes de Cayo Hueso, “la  yema de nuestra República” como califica el Delegado del Partido a la comunidad cubana asentada allí.

Es justamente el Cayo el lugar escogido por el Apóstol para discutir y elaborar los borradores de las Bases del Partido Revolucionario Cubano y sus Estatutos secretos.

El 10 de octubre de ese mismo año, se efectúan jubilosos actos en todas las comunidades de emigrados cubanos. “Patria” el semanario fundado por el Delegado del PRC seis meses atrás, entre las numerosas intervenciones que se pronuncian en recordación de La Demajagua, escoge dos para publicar: la del general Carlos Roloff y la de Carlos Baliño.

Son varias las informaciones publicadas en Patria” que aluden a la actividad de Baliño. En ellas, se reconoce la pluma inconfundible del Maestro: “… ese cubano de oro, ese levantado Baliño, redondo de mente y corazón…”

“Fortuna verdadera para Thomasville y para Cuba –escribe Martí– es que vayan allí hombres como Carlos Baliñó, que sabe conciliar la libertad ardiente con la elevación que le acredite y asegura, que padece, angustiado, de toda pena de hombre”.

He aquí una alusión inequívoca a la ideología marxista de Baliño. No solo padece por los sufrimientos del pueblo cubano oprimido por el coloniaje, sino “por toda pena de hombre”, es decir por los explotados y oprimidos de toda la tierra.

Desdichadamente, la premonición martiana del peligro de los apetitos de Estados Unidos se cumplió. El imperio del norte revuelto y brutal intervino en nuestra heroica y victoriosa guerra contra España con el fin de frustrar nuestra independencia y adueñarse de Cuba.

La república neocolonial, nació castrada en 1902, después de más de tres años de una ominosa ocupación de las tropas norteamericanas.

En estas condiciones de protectorado yanqui, funda Carlos Baliño en La Habana, en 1903, el Club de Propaganda Socialista, lleva a cabo una labor persistente de divulgación y colabora en diversos órganos obreros que editan los sindicatos.

No sólo desarrolla tareas de divulgación y trabajo teórico, sino que se vincula a cuanto movimiento huelguístico surge,  a cuanta protesta patriótica y de solidaridad se escenifica. Viaja por el país y apoya los brotes de rebeldía y organización proletaria. Se vincula particularmente con el extendido movimiento sindical y socialista de la región de Manzanillo.

Para muchos sindicatos y publicaciones obreras es un consejero lúcido y modesto, de reconocido prestigio intelectual.

Así actúa Baliño en los tres primeros lustros de la república. En medio de un panorama tan desolador, de un ambiente político tan asfixiante, Baliño no ceja  en predicar un socialismo que solo existe en teoría, pues no se ha producido en parte alguna de la Tierra el anhelado cambio social que preconizan Marx y Engels.

La Revolución Socialista de Octubre en Rusia, en noviembre de 1917, no por lejana, deja de tener una honda repercusión en Cuba.

La década del 20 va a significar un despertar de la conciencia nacional, hasta entonces aletargada, y la entrada en escena de una nueva generación, nacida entre las dos ocupaciones yanquis (1898-1909).

Por orden cronológico, esa sangre nueva y rebelde la traen Juan Marinello, Rubén Martínez Villena, Pablo de la Torriente, Julio Antonio Mella, Antonio Guiteras, Blas Roca, por citar media docena de los más destacados de la numerosa pléyade de revolucionarios que viene al mundo en el período de diez años y medio que transcurre entre la entrada de los generales ocupantes William R. Shafter en Santiago y John R. Brook en La Habana y la salida del gobernador Charles Magoon, el corrupto procónsul enviado por Teodoro Roosevelt.

No se trata de un problema generacional, sino del momento histórico en que se inician en la vida pública estos hombres nacidos bajo la ocupación de su patria por tropas extranjeras que escamotean la victoria mambisa y hollan la tierra cubana, aún humedecida por la sangre derramada en la manigua redentora.

Es la culminación de 50 años de lucha obrera en Cuba, en la colonia, bajo la ocupación norteamericana y en la república; y resultado, a la vez, del impacto ideológico esclarecedor que la Revolución de Octubre victoriosa significa para los dirigentes sindicales que actúan en el seno de los trabajadores, se crea en 1920 la Federación Obrera de La Habana, bajo el liderazgo de Alfredo López, hábil, firme y honesto luchador, que empieza a inclinarse hacia el socialismo.

Mella ingresa en la Universidad de La Habana y su acción huracanada comienza a convertir la colina en un centro de rebeldía patriótica y antiimperialista. Funda la Federación Estudiantil Universitaria. Organiza el Primer Congreso Nacional Revolucionario de Estudiantes. Incorpora al estudiantado a la lucha nacional e internacional, desde la reivindicación de la soberanía cubana sobre la Isla de Pinos, hasta el repudio de la visita de un barco italiano fascista y el saludo alborozado a la primera nave mercante soviética que llega al litoral cubano.

Por su parte, Villena y Marinello, a la cabeza de un grupo de intelectuales pronuncian la Protesta de los Trece, denuncia enérgica contra la corrupción del gobierno de turno, Alfredo Zayas.

El movimiento estudiantil va en busca del movimiento obrero. Abre sus puertas la  Universidad Popular “José Martí” donde los universitarios brindan sus conocimientos a los trabajadores. También se vinculan ambos movimientos a los jóvenes intelectuales contestatarios. Surge la Liga Antiimperialista de Cuba con Villena, Mella, Baliño, Marinello, como principales figuras a lo largo de una década.

Sin pecado de impaciencia, el 16 de agosto de 1925, en una casa situada en el lugar que hoy ocupa el teatro Hubert de Blanck, Carlos Baliño, el fundador junto a José Martí del Partido Revolucionario Cubano, el predicador incansable, el luchador persistente por la causa del socialismo, da inicio a las sesiones del Congreso Nacional de Agrupación Comunistas. Con toda razón ha señalado Fidel que “Carlos Baliño simboliza el enlace directo entre el Partido Revolucionario de José Martí y el primer Partido Comunista de Cuba, Él fue cofundador de ambos partidos…”

Baliño recibe las credenciales de los participantes. Una de ellas es la de un joven de 22 años, acreditado como delegado de la Agrupación Comunista de La Habana, en la cual había ingresado en 1924 y también por la Agrupación de Manzanillo que, carente de recursos para costear el viaje de un enviado a la capital, se hace representar por el congresista de menor edad, cuyo nombre ya era conocido y admirado en todo el país, Julio Antonio Mella.

Los que allí se reúnen (trece delegados, cuatro invitados, entre estos últimos, el más joven, Fabio Grobart) intuyen muy bien lo espinoso del camino por donde habrían de abrirse paso. En mayo de ese año había accedido a la presidencia Gerardo Machado.

El gobierno de Machado inicia un proceso judicial contra los comunistas y otros líderes obreros, acusándolos de “conspiración para la sedición”. El listado de los implicados es de 28 nombres.

Por otra parte, acusados de “violación de la Ley de Explosivos”, y vinculados al estallido de bombas, ocurrido dos meses atrás, se ordena la detención de 45 personas.

Los luchadores más connotados, aparecen en ambas causas: Mella, Alfredo López, Alejandro Barreiro, José Peña Vilaboa, José Rego, Margarito Iglesias.

Mella, la figura descollante y más temida por el régimen, es detenido el 27 de noviembre de ese mismo año (1925). Los presos de la cárcel de La Habana, por una o ambas causas, suman unos 40.

Días después, Mella expone a sus compañeros de prisión: “Vamos a convertir esta cárcel en una trinchera de combate contra el imperialismo”. Previamente, se comunica con el exterior para que en el país se organice el movimiento por la liberación de todos los presos políticos.

El 5 de diciembre, se declara en huelga de hambre.

Su heroica actitud se prolonga indefinidamente. Según transcurren los días, la isla se conmueve de un extremo a otro. Surgen por doquier las protestas de organizaciones obreras, estudiantiles, de personalidades.

El hecho empieza a tener repercusión en el extranjero, exigiéndose la libertad del joven líder, cuyo ayuno prolongado lo conduce al borde de la muerte.

El “Asno con Garras” – como lo califica Villena– tiene que ceder y decretar la libertad provisional bajo fianza de Julio Antonio.

¡Se ha ganado la primera batalla política contra Machado!

Desde luego, el sanguinario tirano tiene ahora más razones que nunca antes para querer eliminarlo. Mella está sentenciado a muerte.

Las circunstancias obligan a un transitorio exilio. Mella sale clandestinamente del país, en un pequeño mercante de una línea de la United Fruit que del puerto de Cienfuegos lo lleva a Honduras.

En cuanto a Baliño, es detenido por la causa de la “conspiración” y en libertad bajo fianza, postrado en su lecho de enfermo, un juez de instrucción llega  hasta allí para dar curso al proceso. Con crueldad inaudita lo instruye de cargos y ordena su  reclusión en la prisión para una fecha inmediata. Baliño no irá a la cárcel. El día anterior al señalado para el encierro, diríase que en un postrer gesto rebelde deja de existir aquel noble gladiador, en pie de lucha por la libertad desde el tañido de la campana de La Demajagua.

Es conocida la ola de terror desatada por el tirano Machado en su intento de perpetuarse en el poder frente a la creciente repulsa popular: ocho años de crímenes políticos y prisioneros de conciencia por millares, viles asesinatos selectivos y bárbaras masacres, crisis económica espantosa, hambre y miseria extrema para las masas.

Los más destacados dirigentes sindicales de ese momento Alfredo López y Enrique Varona, figuran entre los primeros mártires de la clase obrera.

Mella, ha devenido un reconocido líder continental antiimperialista, en tres años de tormentosa actividad en el exilio. Explora las posibilidades de regreso a Cuba al frente de una expedición armada de la Asociación de Nuevos Emigrados Revolucionarios Cubanos (ANERC) que ha organizado en México. Cae asesinado allí, el 10 de enero de 1929, crimen que coauspician la embajada norteamericana en aquel país y el gobierno de Machado.

En 1930, año en que la crisis económica mundial empieza a golpear a Cuba, va a marchar un nuevo auge de la lucha antimachadista. El Partido y la CNOC, bajo la dirección de Rubén, organizan y realizan, el 20 de marzo, la primera huelga general nacional contra la tiranía, preludio de la que en agosto de 1933 derrocaría a Machado.

En 1930 vuelven a la carga, se reúnen, eligen un nuevo directorio. El 30 de septiembre es el día escogido para una multitudinaria manifestación. Los esbirros son desplegados para evitarla. Uno de los dirigentes del estudiantado, Rafael Trejo, es herido de muerte. También Pablo de la Torriente es herido. Marinello –uno de los profesores universitarios que se unen a los jóvenes, el otro es Alfonso Bernal del Riesgo– trata de arrancarle al connotado asesino Ainciart, inspector de la policía, el  cuerpo de Pablo. El profesor va a parar a la cárcel. Pablo al hospital, donde, junto a Raúl Roa, ve expirar a Trejo.

Por su parte, Antonio Guiteras escoge el territorio siempre rebelde de Oriente para organizar acciones armadas. Sus seguidores logran incluso tomar por varias horas el cuartel de San Luis. Sus propósitos no se limitan a derribar la sangrienta dictadura. Posee la convicción –que se irá afianzando y desarrollando hasta su muerte– de que es el imperialismo norteamericano el enemigo principal, apoyado por las clases oligárquicas del patio y que el socialismo es el sistema social verdaderamente justo y garante de la plena independencia nacional que conquistarán los trabajadores, campesinos y estudiantes.

La lucha popular contra la tiranía va creciendo hasta derrocarla, el 12 de agosto de 1933.

El embajador de Estados Unidos, Míster Summer Welles, ejerce desde meses atrás una “mediación” injerencista para salvar el régimen imperante, aunque sacrificando a su odiado títere Machado.

El 4 de septiembre estalla en el seno del Ejército una conspiración triunfante de soldados y sargentos, dirigida tanto contra la alta oficialidad machadista como la oficialidad media, dócil a sus órdenes.

La alianza entre este movimiento que encabeza el sargento taquígrafo Fulgencio Batista y el Directorio Estudiantil Universitario, asume el poder, que tras una semana de gobierno de Pentarquía, designa al profesor Ramón Grau San Martín como el presidente del Gobierno Provisional Revolucionario.

En este gobierno –el primero de la historia de Cuba que no es hechura de Washington–  todos tienen credenciales antimachadistas pero es heterogéneo. Rápidamente surgen en su seno tres tendencias. La derechista, encabezada por Fulgencio Batista, que deviene coronel y jefe del ejército, la del propio presidente Grau, que se sitúa al centro con algunos adeptos y la de izquierda, cuyo líder es Antonio Guiteras, que ocupa en el gabinete el cargo de secretario (ministro) de Gobernación, Guerra y Marina.

En Palacio, Guiteras y algunos ministros que lo siguen imponen al vacilante Presidente, medidas y leyes revolucionarias, desde la jornada laboral de 8 horas, la ley de accidentes de trabajo, la autonomía universitaria, la regulación de la zafra de 1934 en beneficio de los centrales menores y del colonato, la rebaja de las tarifas del fluido eléctrico, hasta la suspensión del pago de la deuda externa al Chase Bank y la intervención de la mal llamada Compañía Cubana de Electricidad, subsidiaria de la poderosa Electric Bond and Share.

En Columbia, Batista conspira con la complicidad del Embajador norteamericano para derrocar al gobierno y sustituirlo por otro integrado por los politiqueros representantes de las clases oligárquicas vinculadas y postradas ante el imperialismo.

Welles se identifica más con el nuevo jefe del ejército, cuando el 29 de septiembre, sus tropas disuelven a tiros, con el saldo de numerosos muertos y heridos, la concentración popular convocada para enterrar las cenizas de Mella, traídas desde México por Marinello, duelo que despide Villena en su último discurso, pronunciado desde el balcón de la sede de la Liga Antiimperialista, donde se rinde postrer tributo al héroe.

El 15 de enero, el nuevo representante del gobierno norteamericano, Mr. Caffery completa la obra iniciada por Welles:   el gobierno presidido por Grau cae por decisión de Columbia y la embajada. Un nuevo equipo gubernamental, presidido por Mendieta y en realidad manejado por Batista, asume el poder. Solo entonces, la Casa Blanca reconoce al gobierno de Cuba y Caffery presenta credenciales ante este como Embajador de Estados Unidos en La Habana.

Villena muere en su lecho de enfermo el 16 de enero de 1934, en el hospital antituberculoso La Esperanza, no sin horas antes, dar a Juan Marinello orientaciones acerca del Cuarto Congreso Nacional Obrero de la Unidad Sindical, que sesiona en la capital del 12 al 16 de ese mes. Blas Roca interviene por vez primera en un evento de carácter nacional y ante un auditorio tan importante: 3 mil delegados procedentes de todo el país.

Antonio Guiteras pasa a la oposición del gobierno proyanqui Batista-Mendieta. Funda la Joven Cuba. Empieza a desarrollar acciones contra el nuevo régimen. El 8 de mayo de 1935, muere asesinado en El Morillo de Matanzas por la soldadesca batistiana, cuando intenta salir del país en exilio transitorio para proseguir la lucha revolucionaria.

Peleando junto a los milicianos republicanos en España, Pablo de la Torriente Brau es derribado para siempre, en diciembre de 1936.

Pablo es el más destacado de un millar de combatientes internacionalistas cubanos que acude junto al pueblo español a defender la república frente a sus enemigos, encabezados por Franco y respaldados por Hitler y Mussolini.

“…Esta es  –dijo Fidel en el Informe al Primer Congreso del  Partido Comunista de Cuba—a nuestro juicio, una de las más nobles y heroicas contribuciones al movimiento revolucionario mundial de nuestro primer Partido Comunista…”

El primer Partido vivió la mayor parte de su existencia en la más estricta clandestinidad. Más de 20 años, ferozmente perseguido y unos pocos años en relativa legalidad, pero siempre calumniado por los medios de prensa burgueses que difunden el anticomunismo más recalcitrante y las ideas del fatalismo geográfico y de defensa del estatus neocolonial.

No obstante, junto a sus organizaciones juveniles, se consagró a divulgar las ideas del socialismo científico, alentó la creación de sindicatos clasistas, que dirigió  en incesante brega, así como a organizar al pueblo en el combate por la liberación nacional y social. Fue madurando a través de la diaria pelea, superando los errores inevitables que todo el que actúa en la lucha puede cometer, ganando en experiencia, profundidad en el análisis político y prestigio en el seno de los trabajadores manuales e intelectuales y entre los estudiantes.

En los turbulentos años de revoluciones, muchos líderes caen, pero otros surgen para reemplazarlos.

En el movimiento obrero, bajo la orientación del Partido, Lázaro Peña, Jesús Menéndez, Aracelio Iglesias, José María Pérez, Ricardo Rodríguez, Ursinio Rojas, Juan Taquechel reemplazan a los viejos robles desaparecidos y logran reorganizar el movimiento sindical y fundar, en 1939, la Confederación de Trabajadores de Cuba. Jesús, Aracelio y José María, serían fríamente asesinados, años más tarde bajo los gobiernos de Grau, Prío y Batista, respectivamente. Es larga la lista de dirigentes sindicales comunistas asesinados en ese período (1947-1958).

En el Partido Comunista, el propio Rubén, a fines de 1933, propone al joven Blas Roca para la secretaría general. El obrero zapatero manzanillero se había destacado en la región sudoeste de Oriente. Entre sus hazañas estaba el Soviet de Mabay, aquel asalto obrero al cielo tan insostenible como sublime y simbólico.

Junto a él se mantendrá durante décadas, prestigiando al partido con su respetada figura, Juan Marinello, el intelectual cubano que más prisiones sufrió, que más larga clandestinidad supo soportar, con firmeza inconmovible, en el siglo pasado. Un intelectual más joven seguiría su ejemplo y entregaría por entero su talento y energías en el seno de la Dirección del Partido por más de medio siglo, Carlos Rafael Rodríguez.

Y no se equivocó Rubén. De Blas dijo Fidel en su discurso del quincuagésimo aniversario que ya hemos citado:

“…es justo que hoy, como legítimo homenaje y reconocimiento a su extraordinaria vida revolucionaria mencionemos al hombre que dirigió durante 26 años a ese partido, el compañero Blas Roca…”

“…que, a nuestro juicio, es uno de los hombres más noble, más humano y más generoso que hemos conocido jamás”.

Y como prueba de esa generosidad, de ese desprendimiento personal, de esa ausencia de ambición, Fidel agregó: 

“¡Recordaremos siempre con emoción el día que, algún tiempo después del triunfo de la revolución y luego de un proceso de unificación de las fuerzas revolucionarias, Blas Roca depositó en nuestras manos las banderas gloriosas del  primer Partido Comunista de Cuba”!

Cuando, como en este caso, un jefe de destacamento recibe del jefe anterior la bandera, el nuevo Comandante la confía a su vez al cuidado cotidiano de un abanderado, aquel que sabrá conservarla mejor y mantenerla en alto al precio de su propia vida. Cuando Blas entregó a Fidel la bandera, había, por lo menos, no uno, sino dos magníficos abanderados disponibles: estaba Raúl y estaba el Che. Con abanderados de tal firmeza, podría caer en combate el abanderado, pero jamás caerá la bandera.

Para todos los integrantes de aquel primer Partido Comunista, luego del triunfo revolucionario de enero de 1959, resultaba meridianamente claro, que para dirigir la Revolución Socialista cubana había surgido un nuevo jefe, Fidel Castro Ruz, de cualidades excepcionales, capaz de conducir victoriosamente el combate de nuestro pueblo en la difícil tarea de mantener la independencia de la nación y la soberanía del pueblo para regir sus propios destinos frente a un enemigo tan cercano, poderoso e inescrupuloso como es el imperialismo norteamericano.

Ha pasado más de medio siglo  desde que el Movimiento 26 de Julio, el primer partido y el Directorio Revolucionario 13 de Marzo se integraron en una sola organización política de vanguardia.

¿Qué camino glorioso y heroico recorrido por nuestro pueblo en estas décadas bajo la dirección del Partido Comunista de Cuba, bajo el liderazgo de Fidel y de Raúl.

Como expresó Raúl, el Primero de Enero del año pasado en Santiago de Cuba.

“Ni el más soñador de los que acompañamos a Fidel en un acto como este, el Primero de Enero de 1959, podía imaginar que hoy estaríamos aquí.

Nada fácil ha resultado este largo y azaroso camino. Ello ha sido posible, en primer lugar, gracias a la inmensa capacidad de resistencia y lucha de varias generaciones del noble y heroico pueblo cubano, verdadero protagonista de esta, su Revolución, que es el triunfo del mismo ideal de los mambises que en 1868, con Céspedes a la cabeza, iniciaron la guerra por la independencia del yugo español; de Maceo y Gómez, con quienes José Martí en 1895 retoma la gesta libertaria, truncada por la intervención norteamericana en 1898, que impidió la entrada a Santiago de Cuba del Ejército Libertador.

Es también la causa que enarbolaron contra la república burguesa y neocolonial Baliño, Mella, Rubén Martínez Villena, Guiteras y Jesús Menéndez, por solo mencionar a algunos.

Fue ese el afán que motivó a la Generación del Centenario, bajo el mando de Fidel, a asaltar los cuarteles Moncada, en esta ciudad, y Carlos Manuel de Céspedes, en Bayamo; a sobreponerse al fracaso, resistir el rigor de la prisión, venir en la expedición del yate Granma, soportar el duro revés de Alegría de Pío y encaminarse a la Sierra Maestra para empezar la lucha guerrillera del naciente Ejército Rebelde, cuyo Comandante en Jefe, ejemplo personal de valor en el combate, tenacidad e inclaudicable fe en la victoria, junto a su vocación unitaria e indiscutible liderazgo, supo forjar la unidad de todas las fuerzas revolucionarias y conducirlas al triunfo definitivo.

Exactamente 60 años después de que los interventores norteamericanos escamotearan la victoria a las huestes insurrectas, esta vez los mambises sí pudieron entrar a la ciudad de Santiago de Cuba”.

En el 90 Aniversario de la fundación del Primer Partido Comunista de Cuba, seguiremos adelante construyendo el socialismo, en la patria de José Martí y Antonio Maceo, que echaron su suerte con los pobres de la tierra.

Muchas gracias

PATRIA O MUERTE,

VENCEREMOS

18 de agosto del 2015, Memorial José Martí

Un pensamiento en “En los 90 años del primer Partido Comunista de Cuba

  1. Iroel;
    Hablando de comunistas, ¿conoces a Martinillo del Manzanillo de fines del siglo XIX y principios del XX?
    Parece que Risquet no le da importancia.

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