Las lágrimas de Obama. Por David Brooks


La imagen de la semana (bueno, hasta que fue superada el fin de semana por la de Sean Penn y El Chapo) fue la de las lágrimas del presidente Barack Obama.
 
El presidente, famoso por mantener bajo control sus emociones, presentó una serie de medidas ejecutivas mínimas para abordar lo que algunos consideran una epidemia de violencia con armas de fuego –en este rubro, este es el país avanzado más sangriento del mundo con más de 30 mil muertes cada año. Ante la absoluta imposibilidad de promover reformas a las leyes cada vez más permisivas sobre la compra y uso personal de armas de fuego –algo que muchos consideran derecho sagrado y protegido por la Constitución–, por la férrea oposición en el Congreso, Obama buscó hacer algo en torno a imponer un poco más control.
 
Al abordar el tema de los incesantes incidentes de violencia, sobre todo los multihomicidios con armas de fuego en muchos casos adquiridas legalmente, se refirió entre otros sucesos sangrientos al ocurrido en una primaria de Connecticut en 2012, donde un joven armado mató a 20 niños y seis adultos. De repente interrumpió su discurso, le tembló la voz y soltó unas lágrimas. En la escena televisada se escucha en esos momentos el ruido de decenas de cámaras haciendo miles de tomas de esa imagen. La nota fue: Obama lloró.
 
De inmediato hubo reacciones de todo tipo. Comentaristas conservadores en el medio más poderoso de la derecha, Fox News, se burlaron, preguntaron por qué no había llorado por las víctimas del terrorismo en California y una hasta sugirió que era puro teatro y que seguro tenía una cebolla bajo el podio para provocar las lágrimas. Liberales, enfurecidos por tales sugerencias, defendieron el llanto presidencial y aseguraron que era real. Otros que a estas alturas no le creen nada a ningún político lo vieron como un acto más en la obra de teatro en la que los actores lloran de verdad, pero saben hacerlo profesionalmente.
 
Pero ¿por qué es difícil sentir solidaridad con sus lágrimas, sean reales o no?
 
La misma semana que lloró, estaba implementando políticas para poner la vida de cientos de niños en riesgo. El periódico más importante del país, el New York Times, publicó un editorial en repudio a las redadas de madres e hijos centroamericanos impulsadas y justificadas por Obama, y comentó: un presidente que habló de manera tan conmovedora sobre las muertes violentas de niños causadas aquí por las armas ha asumido la tarea de enviar a madres e hijos en viajes sin retorno a los países más mortíferos de nuestro hemisferio.
 
Como han denunciado líderes religiosos, líderes inmigrantes, organizaciones de derechos humanos y libertades civiles y hasta la principal asociación nacional de abogados, la American Bar Asociación, de 400 mil miembros, estas medidas no sólo se realizan de manera brutal (en las madrugadas llegan oficiales a hogares cazando a madres y sus hijos, ya de por sí traumatizados por las condiciones de las cuales huyen), sino violan principios legales nacionales e internacionales, sobre todo para quienes son refugiados. Ni una sola lágrima.
 
A lo largo de los últimos años, Obama ha ordenado cada vez más misiones de asesinato a control remoto –con aeronaves conocidas como drones– contra objetivos terroristas. Aunque hay un debate intenso sobre si estas operaciones son más precisas y limitan los daños colaterales más que otras misiones con tropas y bombardeos, el hecho es que agrupaciones de derechos humanos y otras han logrado documentar un número creciente de civiles, incluidos niños, que han perecido en estas misiones. Algunos cálculos varían desde 400 a casi mil civiles sólo en Pakistán (otros países donde se realizan estas misiones son Afganistán, Somalia y Yemen), incluidos algo así como 200 niños, o sea, 10 veces más de los que fueron abatidos en Connecticut.
 
Ex operadores de drones comentaron a The Intercept que hay grandes cantidades de víctimas civiles y que a veces se refieren a niños que matan comoterroristas tamaño diversión (fun-size terrorists).
 
Es imposible imaginar a una madre que día y noche escucha el ruido de undron, esperando, rezando para que no maten a sus hijos sin intención en una de estas zonas de operación en varios países, y los mares de lágrimas que estos pueblos han llorado en las guerras más largas de la historia estadunidense. Nadie sabe cuántos niños han muerto, nadie sabe quiénes son, nadie sabe qué soñaban. Ni una lágrima para estos daños colaterales.
 
Tampoco para las familias destruidas y los 2.7 millones de niños, uno de cada 28 en este país, que tienen al padre o a la madre en prisión por un sistema de justicia que ha logrado tener la población encarcelada más grande del mundo (per cápita), gran parte de los cuales son detenidos por delitos no violentos relacionados con la droga, o sea, cientos de miles de víctimas de la guerra contra las drogas, casi siempre pobres y en su mayoría afroestadunidenses y latinos. Según cálculos, uno de cada 110 niños blancos tienen un padre encarcelado, pero para los afroestadunidenses, es uno de cada 15, y para los latinos uno de cada 41. Pero no, ni una sola lágrima.
 
Ni hablar de la mayor desigualdad económica desde antes de la gran depresión y sus efectos nocivos, a veces devastadores, para millones de familias que, a consecuencia de la avaricia protegida del 1 por ciento más rico –no es un punto ideológico, es empírico– tienen que aceptar el fin de sus sueños no sólo para ellos, sino para sus hijos. O peor, ver a sus hijos padeciendo de hambre (uno de cada seis), o si uno es minoría, vivir con miedo a los que supuestamente están ahí para protegerlos, ver cómo políticos nacionales proponen perseguirlos, y ver cómo los logros de las luchas por los derechos básicos de las mujeres y de minorías son minados, hasta desmantelados. Ante todo esto, los ojos del presidente se quedan secos.
 
Es para llorar.
 

18 pensamientos en “Las lágrimas de Obama. Por David Brooks

  1. Lágrimas de cocodrilo….
    Reservará alguna de esas lágrimas pensando en los niños cubanos que no pueden acceder a medicamentos y reactivos de producción norteamericana a causa del criminal bloqueo?

    • Obama lloró por niños asesinados. Si usted piensa que lloró hipócritamente ni siquiera vio la escena y si descarta esas lágrimas porque usted quiere que llore por otros niños, politiza todo el asunto, despersonaliza al ser humano enganchándole el sistema. Su planteo se reduce al absurdo: usted tampoco llora aquí y ahora por los niños cubanos que ahora trae por los pelos con la intención estrafalaria de rebajar puntos a una reacción emotiva auténtica.

      • Por ser Obama un político el asunto se politiza muy a pesar de suyo. Quien llora por niños muertos debe tener tambien la sensibilidad para pensar que ciertas acciones del gobierno que dirige mata o está por matar a niños y personas de otras latitudes.
        Yo, como muchos no lloramos por los niños cubanos, ellos no son dignos de lástima o conmiseración. A ellos, tal como lo hace el Estado Cubano hay que defenderlos con denuedo. Vale decir, garantizándoles su bienestar en lo relativo a la salud, el estudio, la recreación, etc.
        La apología que hace usted sobre lo que llama “reacción emotiva auténtica” lo hace verse, a ud. sí, estrafalario si no es que servil.

      • No, mi hermano. Por ser Obama un ser humano que llora una desgracia eres tú quien politiza el asunto enganchándolo sin ton ni son con la otra condición que tiene Obama de político, como si toda la humanidad del mundo estuviera en tu bando. Y si consideras servil ajustarse al momento y al motivo, en vez de hacer malabares grotescos para creerse que adelantas una tesis, sí eres digno de lástima, aunque nadie llore por tí como tú no lloras por nadie.

      • Por lo visto no te has dado cuenta que con tus prédicas y moralina trasnochadas te exhibes ante gente pensate que participa en este foro como una persona obtusa haciendo el mayor de los ridículos.
        No vale la pena debatir con gente obtusa como tú.

  2. Parece que es fácil asociar esas lágrimas de cocodrilo con la conducta de un asesino serial, como es Obama. Pero, no creo que sea fácil para la mayoría. Sólo se quedarán con la imagen de un presidente que derrama lágrimas cuando le toca hablar de niños muertos violentamente. Si esa mayoría comenzara a ver las cosas tal como son, ya no sólo se acabarían los actores mediocres, sino todo el sistema de dominación del capitalismo. Pero .., de momento, seguimos viviendo en La Matrix, algunos siguiendo a Morfeo, luchando, aun sabiendo que quienes llegaron a cierto punto de esclavitud, ya no podrán despertar.
    Y, que algunos de los que despertaron, y vieron lo difícil que es la lucha por la libertad, buscan a sus carceleros, y les piden que los vuelvan a dormir, pero soñando lindos sueños.

  3. La gran hipocresía aquí no es de Barack Hussein, sino del articulista.
    – dondequiera se encarcela a los que andan con drogas.
    – cualquier estado provoca daños colaterales al combatir a sus enemigos. (el plan Sandino fue uno)
    – reto a todo el que condene las redadas de inmigración a que ponga su dirección para que los ilegales que pululan en La Vana puedan saltar por el patio y establecerse allí con sus hijos menores.

  4. Y pensar que existen cubanos que piensan que en ese país van a vivir un sueño, es una pena, pero como nadie escarmienta por cabeza ajena, qué lo disfruten

  5. La politización y la toma de partido ha llegado al extremo insensible del señor Brooks, que se agarra de un momento emotivo para soltar una andanada por otros motivos. No importa cuán opuestos uno esté a Obama ni cuán cínicas puedan ser las políticas de Washington, lo menos que puede hacerse es reconocer y respetar la autenticidad de esa emoción allí y entonces, por la muerte de unos niños. Ante el abordaje de las lágrimas de Obama por el señor Brooks solo tenemos que avergonzarnos de compartir con el señor Brooks la condición humana.

      • Yo también, pero ese no es el cuento del que partió el articulista. Todo el mundo sabe toda la maldad que se concentra en el imperio y su presidente, pero tomar las lágrimas por niños inocentes baleados para soltar que es difícil solidarizarse con ellas es grotesco. Aquí el quid no es quién llora, sino por quién se llora, y quien no se solidariza con esas lágrimas, sino que las usa para promover una agenda polítca, no tiene humanidad. Frente al episodio de las lágrimas de Obama, por simple decencia, sus rivales, enemigos o detractores debieron hacer silencio. Al retorcerlo de la manera que lo hizo Brooks, se equiparan a la bandería republicana, mucho más reaccionaria que Obama. Es una indecendia y desvergüenza enfocar las cosas así.

    • Según la RAE, lágrimas de cocodrilo son las que vierte una persona aparentando un dolor que no siente.
      Aunque hay defensores de él que hablan de la autenticidad de su emoción y lo defienden con vehemencia

  6. Hay algo que se llama “renuncia”. Si tuviese un miligramo de sinceridad, ya la hubiese presentado, y le hubiese explicado al mundo el porqué.

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