Cómo la CIA ganó el Nobel de Literatura. Por Carlos Prieto


Esta historia empieza a torta limpia: André Breton, padre del surrealismo, repartiendo mandobles al escritor soviético Ilyá Elhrenburg. Estamos en las calles de París, en 1935, poco antes del arranque del Congreso Antifascista de Escritores en Defensa de la Cultura. A Breton, que estaba borracho, no le había gustado que Elhenburg  llamara “burgueses” a los vanguardistas en un artículo, así que le atizó tras cruzárselo a la salida de un café. Por absurdo que suene, el puñetazo de Breton fue el origen remoto de El doctor Zhivago, novela de Borís Pasternak publicada en 1957.  

Tras ser apaleado, Elhenburg, intelectual de confianza del estalinismo, decidió no asistir al Congreso, obligando a Moscú a buscar un sustituto por la vía rápida: el poeta Boris Pasternak, hasta entonces un bolchevique responsable, viajaría a París en representación de la cultura soviética.

El viaje de Borís Pasternak a París fue un “punto de inflexión en su occidentalismo”, según se cuenta en La novela blanqueada (Galaxia Gutenberg, 2014), ensayo de Iván Tolstói sobre la batalla entre el KGB y la CIA a cuenta de El doctor Zhivago. O uno de los episodios claves de la guerra fría cultural contado hasta el más mínimo detalle.  

No es tanto que Pasternak descubriera entonces lo bien que vivían los intelectuales franceses y lo buena y abundante que era la comida en Francia, sino que el escritor se percató de que en Occidente se admiraban mucho sus libros y se esperaba mucho de él.  Como si se hubiera dado cuenta por primera vez de su importancia como intelectual. Fue entonces cuando empezó a germinar en su cabeza la idea de aparcar la poesía y tratar de escribir la gran novela rusa de su generación. Una fuerza interior que le llevaría dos décadas después a publicar El doctor Zhivago pese a la amenazante oposición de Moscú.

El escritor Borís Pasternak, a la izquierda

El escritor Borís Pasternak, a la izquierda

Aquel viaje a París transformó radicalmente a Pasternak y cambió su destino creativo hasta lo irreconocible… Experimentó un vuelco absoluto: la increíble, absolutamente inesperada y cálida acogida con la que fue recibido le permitió comprender por primera vez el lugar que le asignaban en la literatura moderna. Lo aclamaban casi como a un profeta y ansiaban escuchar sus opiniones sobre el futuro de la cultura y el destino de la humanidad. Sus palabras fueron recibidas con ovaciones, como si ya hubiera escrito sus obras más importantes, y aquel anticipo emocional y moral de los europeos ilustrados lo percibió como un fuertísimo reproche. Sentía que aún no había hecho nada para la posteridad, que no hacía más que aplazar todo y cerrar acuerdos tácticos con el régimen bolchevique y que la vida no iba hacia ninguna parte”, cuenta el libro.

Resumiendo: Pasternak regresó a la Unión Soviética con una idea en la cabeza: “alcanzar la gloria” literaria.

Pasternak, escritor cercano entonces al oficialismo, se libró de ser purgado por StalinMeses después de ese viaje, en 1936, ocurrió algo que cambiaría para siempre la relación entre el estalinismo y los intelectuales soviéticos: el inicio de la madre de todas las purgas, los juicios de Moscú, cuando Stalin perdió definitivamente la chaveta y se dedicó a ejecutar o deportar a cientos de miles de ciudadanos acusados de traición a la Revolución. Algunos compañeros de generación literaria de Pasternak pasaron entonces a mejor vida. Nuestro protagonista se libró entonces de la purga, lo que algunos han interpretado como la demostración de su ambivalencia política, aunque en defensa de Pasternak hay que decir que los motivos de Stalin para purgar a unos u a otros iban más allá de la arbitrariedad.

El caso es que, llegados los años cuarenta, Pasternak se puso a trabajar silenciosamente en El doctor Zhivago, en el que emplearía unos diez años. Los remates de libro coincidirían con otro acontecimiento histórico trascendental: la muerte de Stalin en 1953. Se abrió entonces un breve periodo de deshielo interior en el que las autoridades soviéticas reconocieron parte los excesos del amado líder y relajaron la presión vigilante sobre sus intelectuales.

El editor italiano Giangiacomo Feltrinelli, millonario por herencia y comunista por convicción, fue la figura clave de la primera edición del libroPor esas rendijas se coló hacia Europa el primer manuscrito de El doctor Zhivago, que acabó en las manos del mítico editor italiano Giangiacomo Feltrinelli, millonario por herencia, comunista por convicción y una de las figuras culturales más importantes de la Europa del siglo XX. Y aquí es donde empieza el quilombo geopolítico.

Pasternak quería publicar el libro en occidente a toda costa, algo complicado dado que las autoridades soviéticas no estaban dispuestas a editar el libro en ruso por cuestiones políticas; entre otras cosas, el texto de Pasternak se interpretó como una defensa del cristianismo y la espiritualidad, algo que no casaba precisamente con el pensamiento oficial de la época. Pero Pasternak hizo llegar el manuscrito a Feltrinelli clandestinamente, y el joven editor italiano lo vio claro: había que traducirlo y publicarlo.

Feltrinelli entendió rápido que aquello iba a ser un bombazo editorial mundial, aunque también tenía motivos políticos para querer publicar el libro: “Su conclusión como editor es más que comprensible: en la Unión Soviética se escribía una literatura vida, de mucho talento, a pesar de todos los ataques que las fuerzas de la derecha lanzaban contra Moscú. Y él, Feltrinelli, lo demostraría a todo el mundo. ¡El doctor Zhivago sería un éxito, quizá el mayor de su vida! Y si alguien, al reflexionar sobre las ideas de Pasternak en la novela, hubiera advertido a Feltrinelli que el contenido del libro estaba dirigido justamente contra todo en lo él fundaba sus esperanzas, probablemente no hubiera hecho caso de tal consejo. El solo hecho de que en Moscú apareciera una obra sin censurar hablaba en favor del socialismo. Y, como editor comunista, quería mostrar que el régimen soviético era capaz de originar grandísimas obras de arte”, explica el libro.

Feltrinelli en la época de la publicación del libro

Feltrinelli en la época de la publicación del libro

Pero, ay, la publicación italiana de la novela acabó resultando un colosal desastre de relaciones públicas para la URSS. La CIA vio en la novela una oportunidad de oro para ganar una batalla decisiva de la guerra fría cultural. La agencia estadounidense no solo se empleó a fondo en difundir el texto de un autor acosado por las autoridades soviéticas, sino que presionó para que Pasternak recibiera el Premio Nobel de Literatura en 1958, como así acabó ocurriendo.

Aunque las normas de la Academia sueca no dejaban claro dicho asunto, todo el mundo interpretó entonces que El doctor Zhivago no podía aspirar al Nobel porque no había sido publicado nunca en su lengua original. No problem. Si la URSS había vetado la edición rusa, la CIA realizaría su propia edición pirata del libro en su lengua madre. Como acredita La novela blanqueada, la agencia estadounidense, empleó una enorme cantidad de recursos humanos y económicos en hacerse con el manuscrito original e imprimir el libro mediante una serie de tapaderas, chanchullos y trampas en las que acabó cayendo Feltrinelli, que dio el visto bueno a la edición pirata sin saber quién estaba detrás.

Una vez publicada la novela en ruso, nadie pudo frenar la concesión del Nobel a Pasternak, convertido en una figura de la literatura mundial gracias, en parte, al ajedrez estratégico de la guerra fría.

Omar Sharif y Julie Christie en el filme de David Lean, rodado en 1965

Omar Sharif y Julie Christie en el filme de David Lean, rodado en 1965

La conclusión del ensayo sobre la larga mano de la CIA es tajante y va más allá de la novela de Pasternak, que abrió el camino a toda una industria underground de publicaciones prohibidas en la URSS. Libros piratas que bien corrían por las manos de los emigrantes rusos bien circulaban clandestinamente por la URRS y los países del Telón de Acero:

La CIA financió la publicación de miles de títulos tras la II Guerra Mundial“. Tras la II Guerra Mundial ni un solo libro de la emigración rusa habría sido publicado sin la financiación secreta estadounidense. Esta afirmación, como toda máxima, posee la rudeza de la generalización. Naturalmente, había colecciones publicadas por cuenta propia… Sin embargo, los libros más importantes, los socialmente significativos, los histórico-periodísticos, los que desenmascaraban la verdad documentalmente, la reimpresión de ediciones primero soviéticas y después prohibidas en la URSS, casi todos los libros de memorias, el 99% de la revistas y periódicos, todos los libros traducidos sin excepción, el trabajo de distintas editoriales desde su fundación: todos estos miles de títulos publicados durante los cincuenta años posteriores a la guerra fueron financiados por la CIA”, aclara el ensayista. 

La CIA no fue tan ingenua como para financiar toda esta literatura clandestina a cara descubierta. Todo se hacía mediante tapaderas, “indirectamente”, como ejemplificó el caso Pasternak. “Ningún emigrante acudía a la ventanilla del edificio de la CIA en Langley con las palabras: ‘Deme, por favor, quince mil dólares para editar la revista Kontinent’. La CIA actuaba a través de distintos fondos y organizaciones sin ánimo de lucro –ya existentes o creados especialmente con ese fin– y, otras veces, mediante editoriales occidentales a las que entregaban las cantidades necesarias para pagar encargos concretos”.

La URSS presionó a Pasternak por tierra, mar y aíre para que renunciara al premio, y aunque el escritor acabó cediendo, el daño propagandístico ya estaba hecho: la rama cultural de la CIA había ganado el pulso al comunismo soviético. Pasternak murió en 1960 con una extraña mezcla en el cuerpo: angustiado por  la presión de las autoridades de su país, feliz tras alcanzar la gloria literaria y perplejo por la politización de su caso, que no alcanzó a vislumbrar del todo.

Tampoco tuvo tiempo de ver a la adaptación hollywoodiense de su libro –El doctor Zhivago (David Lean, 1965)– que arrasó en los Oscar y en la taquilla mundial: medio siglo después, sigue siendo uno de los filmes más lucrativos de todos los tiempos. Si el KGB pretendía que la historia de Pasternak hiciera el menor ruido posible a base de prohibirla, está claro que no lo logró. 

(El Confidencial)

5 pensamientos en “Cómo la CIA ganó el Nobel de Literatura. Por Carlos Prieto

  1. ¿Colorin colorado este cuento se ha acabado?…para mi sigue hasta nuestros días estas practicas de la CIA, por eso hay que ser inteligentes y separar la paja del trigo, que como dice la canción de Buena Fe, “Sube el telón y hay un artista rezando, que lo censuren para hacerse famoso”.
    Nosotros también en Cuba, tuvimos nuestros momentos y tal vez hoy, sin darnos cuenta o a sabiendas este sucediendo, es una linea muy delgada esa de “hacerle el juego al enemigo”, o ser usado por el Imperio para ganar una batalla cultural. Un camino seria la transparencia, si se tiene información de dobles intencionalidades hay que denunciarlas, igual el verdadero artista perdura en el tiempo.
    Saludos

  2. Lamentablemente los intelectuales deslumbrados por occidente, la fama y las luces no son pocos y es difícil luchar contra este fenómeno porque están patrocinados desde el exterior con ingentes recursos.

    En cuanto a las represiones estalinistas, aquí les dejo una interpretación diferente de la “locura de Stalin” y sus “crímenes” para romper el cerco mediático anticomunista por parte de un historiador alternativo especialista en el tema:

    —Todos estos muertos, ¿fueron consecuencia de la voluntad de Stalin? ¿Fueron víctimas de Stalin?

    —Evidentemente no. En lo ocurrido durante aquellos años se superponen varios conflictos. Por un lado la lucha contra la delincuencia en sus diferentes manifestaciones, en especial la corrupción, los delitos económicos y el crimen organizado. La mayoría de esos delitos, que podríamos considerar comunes, eran considerados en la URSS de aquellos años como delitos contra la revolución y se les aplicaban los mismos artículos del código penal que a los delitos políticos.

    Por otro lado, tenemos la lucha contra los sabotajes en los centros de trabajo, tanto en la industria como en el campo o en centros de investigación. Luego tenemos un capítulo muy importante: la lucha contra la oposición política que decide pasar del debate político a la “acción directa”, es decir, a la organización de atentados terroristas, conjuras militares, golpes de Estado. Hay varios grupos que preparan este tipo de conjuras, que actúan por separado y que cuentan con sus correspondientes tramas militares y civiles.

    Hay también otro aspecto muy importante: la existencia de grupos de poder que sin pretender un cambio de sistema político, luchan entre ellos por conseguir y mantener cuotas de poder dentro de las estructuras del Estado. En el lenguaje político y periodístico actual se suele hablar de “barones regionales” de tal o cual partido que luchan y se enfrentan entre sí de forma radical a pesar de pertenecer a una misma organización política. Bueno, pues ese tipo de conflictos no son algo nuevo. En la URSS de aquellos años se manifestaron de forma violenta dado el inmenso poder que estos “barones” tenían en sus territorios y regiones.

    Hay que tener en cuenta que, en definitiva, de lo que se trataba era de una guerra interna no declarada. En ella se enfrentaron diferentes grupos que utilizaron al Estado en la lucha contra sus enemigos. Estas gentes, acostumbradas a la guerra y la lucha política durante largos años, no se andaban con muchas ceremonias a la hora de eliminar a sus contrincantes: la muerte se había convertido en algo cotidiano.

    Por otro lado, aquellos conflictos generaron una dinámica muy particular en los círculos del poder, donde durante un determinado periodo de tiempo se impuso un ambiente de sospecha en el que cualquiera podría ser considerado enemigo. Esto dio lugar a que numerosas personas fuesen acusadas sin fundamento por unos u otros. Este fenómeno se vio agudizado por determinadas prácticas. Así, por ejemplo, si en un determinado colectivo se detectaba la presencia de “enemigos”, de delincuentes, saboteadores o cualquier otro tipo de conjurados, a veces se procedía a la detención de todo el grupo sospechoso, procediendo posteriormente a la clarificación de las responsabilidades.

    —¿Y cómo vivía esa situación la población soviética?

    —Aquella guerra interna no afectaba a la sociedad en su conjunto, sino que afectaba a un sector muy reducido de la población, a aquel que por su pertenencia al partido o a las diferentes instituciones del Estado se vio involucrado en el conflicto. La vida en la URSS continuaba cada día de forma habitual sin que aquella guerra fuera advertida por la inmensa mayoría de la población.

    —¿Qué tipo de decisiones tomó Stalin en relación con esa guerra interna?

    —Por paradójico que parezca la política de Stalin trató en todo momento de regularizar y normalizar el funcionamiento del Estado, persiguiendo la corrupción, los delitos económicos y el crimen organizado de forma drástica, aplicando la pena de muerte para los casos raves. En España parece que no terminamos de entender el significado real de la corrupción y los delitos económicos vinculados al dinero público. El dinero que “pierde” el Estado significa, entre otras cosas, menos hospitales, menos médicos, menos educación, menos infraestructuras, etc. La falta de financiación del sistema sanitario, por poner un ejemplo, se traduce inmediatamente en la muerte de ciudadanos. En la URSS de aquellos años este tipo de delitos se castigaban de forma muy severa.

    Pero lo más importante, la regularización del funcionamiento del Estado pasaba, sobre todo, por evitar que los “barones regionales” siguieran siendo “señores de horca y cuchillo”, y, por tanto, por concentrar el monopolio de la aplicación de la violencia en las instituciones del Estado, regulando su aplicación a través de la legislación y las normativas emanadas de los poderes del Estado. Se trataba, en definitiva, de arrebatar a los todopoderosos jefes regionales las prerrogativas de poder que ellos mismos se habían adjudicado partiendo de la base de que el poder les pertenecía por derecho de conquista, en este caso revolucionaria. Ese poder presuponía la capacidad de administrar justicia según el modelo de administración de justicia emanado del periodo revolucionario, es decir una idea de la justicia sumaria, con escasa relevancia o inexistencia de la defensa del acusado, sin derecho alguno de apelación, donde el acusado se convertía prácticamente de inmediato en enemigo de la revolución y había de ser ejecutado.

    —¿Qué tipo de medidas concretas tomó Stalin para conseguir esos objetivos?

    —Las reformas de Stalin durante los años treinta fueron encaminadas a normalizar todos aquellos aspectos de la vida soviética, a introducir la figura del detenido, de la presunción de inocencia, de la presencia del fiscal en los procesos y del establecimiento de los tribunales ordinarios que fueron sustituyendo paulatinamente a las troikas, a las comisiones especiales o a los tribunales revolucionarios que existían desde los años de la revolución y de la guerra civil. En este sentido, la labor de Andrei Vishinskii como jurista y como Fiscal General de la URSS fue muy importante. Esta regularización del Estado no fue bien recibida por una parte importante de la élite dirigente, de la “vieja guardia bolchevique”, que vio en la regularización una pérdida de su poder y de sus prerrogativas “revolucionarias” y que se resistió por todos los medios a su alcance. Fue entonces cuando esta “vieja guardia bolchevique” comenzó a hablar de contrarrevolución, de termidor, etc. Un bonito lenguaje para ocultar cuestiones mucho más prosaicas.

    Dicho esto, hay que decir que Stalin y el llamado estalinismo fueron precisamente la eclosión, la manifestación de la parte más popular del proyecto bolchevique, aquella que estaba íntimamente vinculada con una visión campesina y mesiánica de la igualdad y de la justicia social. Ese pueblo abstracto, que tanto se reivindica en el discurso revolucionario de salón, en lo concreto, en su materialización histórica, es violento y duro en su manifestación cuando se llega precisamente al estallido revolucionario. Pero al mismo tiempo, el estalinismo es también la fase en la que esa violencia revolucionaria con un alto componente nihilista es conducida hacia la reconstrucción de la sociedad. En aquel contexto ni a Stalin ni a las gentes que le rodeaban les tembló el pulso a la hora de “llamar al orden” a unos y a otros. Fuesen enemigos políticos o delincuentes comunes.

    —“Llamar al orden”… Bueno, fue una forma de hacerlo bastante drástica ¿no?

    —Todo parece indicar que para Stalin y los estalinistas la historia no era un asunto filantrópico sino una lucha en la que no había que bajar la guardia. Manuel Azaña y los gobiernos republicanos españoles de turno tal vez no entendieron esta cuestión y no quisieron pasar a la historia clasificados como personajes sangrientos. Y en vez de condenar en juicios sumarísimos a los militares golpistas españoles, se limitaron a “llamarles la atención” y a enviarles a Canarias a bañarse y tomar el sol. A cambio, los militares, organizaron un golpe de Estado y una guerra civil sangrienta con las consecuencias que todos sabemos. Eso sí, Azaña ha pasado a la historia como un hombre bueno y un frustrado autor literario por culpa de la guerra. Por su parte, Stalin y los llamados estalinistas, no se anduvieron con demasiados remilgos. Hicieron limpieza en el Ejercito Rojo, en los ministerios, en el servicio secreto, en las empresas, etc., evitando que se llevaran a cabo varias conjuras militares, consolidando la economía y contribuyendo de forma decisiva a la posterior victoria en la guerra contra el nazismo y sus aliados europeos.

    Pero cuidado, toda esta historia de las represiones es mucho más complicada de que lo hasta ahora llevamos dicho, sobre todo en lo relacionado con los comunistas y la tan admirada “vieja guardia bolchevique”.

    —¿Complicada, en qué sentido?

    —Veamos un apunte relacionado con la “vieja guardia bolchevique”, tan llorada por muchos comunistas. Sólo un ejemplo ilustrativo. Uno de los miembros más emblemáticos de aquella vieja guardia bolchevique fue Robert Indrikovich Eije (letón). Ingresó en el Partido Socialdemócrata del Territorio de Letonia en el año 1905. En 1925 fue Candidato a miembro del Comité Central del VKP(b) y desde 1930 miembro de pleno derecho. En el año 1935 Candidato a Miembro del Politburó del Comité Central. Desde el año 1930 fue Primer Secretario del Comité Territorial de Siberia Occidental del VKP(b). Conforme fue avanzando el tiempo, Eije se convirtió en uno de los jefes regionales más influyentes y con más poder dentro y fuera del partido. En el Pleno del Comité Central de diciembre de 1936, Eije realizó una dura intervención contra los antiguos compañeros de partido, acusados de trotskistas: “Los hechos, descubiertos por la investigación, nos muestran la fiera cara de los trotskistas ante todo el mundo (…) Camarada Stalin, enviamos al exilio varios convoyes de trotskistas… ¿Para qué demonios enviamos a semejante gente al exilio? Hay que fusilarlos. Camarada Stalin, estamos actuando de forma muy blanda…” En el año 1937, en el territorio bajo su control, fueron condenados a diferentes tipos de penas, incluida la pena de muerte, 34.872 personas. Ese mismo año, la envergadura de la catástrofe, Eije fue nombrado Narkom de Agricultura, para de esta forma alejarlo de su territorio en Siberia y de los resortes del poder que allí disponía. El 29 de abril de 1938 fue detenido y acusado de la creación de una organización letona-fascista. El día dos de febrero de 1940 fue declarado culpable y condenado a muerte. Fue fusilado ese mismo día.

    Pues bien, durante la sesión del XX congreso del PCUS en el año 1956, en la que fue presentado el Informe Secreto sobre el culto a las personalidad y los excesos cometidos por Stalin, precisamente Eije fue utilizado por Nikita Jruschev como ejemplo de camarada, comunista ejemplar, condenado de manera injusta por Stalin por oponerse a sus “formas totalitarias” de ejercer el poder. El 14 de marzo de 1956 fue rehabilitado, post mortem, por el Colegio Militar del Tribunal Supremo de la URSS y el 22 de marzo del mismo año fue readmitido en el PCUS. Me parece que este tipo de hechos deben invitar, cuando menos, a una profunda reflexión sobre la naturaleza del denominado estalinismo y de lo ocurrido en la URSS en aquellos años.

    http://tribunaymemoria.blogspot.com.es/2013/07/el-circulo-cercano-de-stalin-entrevista.html

  3. Pingback: Cómo la CIA ganó el Nobel de Literatura. Por Carlos Prieto | La Covacha Roja

  4. Yo no queria meterme en el tema Stalin, porque en primer lugar mi conocimiento sobre lo que realmente hizo me entere después de 1985 en mi estancia en la URSS (cuando asumio Gorbachov) pues antes aunque se me enseño en la asignatura “Historia del PCUS” sobre el congreso de 1956, poco se decia por esa epoca sobre todos los crímenes de Stalin. Leí entonces Carta al Congreso de Lenin, o también conocidas entonces como “последние письма”, creo que la descripción de Lenin sobre Stalin y Trostky y lo que vino después es de un “profeta”…En segundo lugar, disculpen mi ignorancia, pero al menos para mi, eso que construyo Stalin y como lo construyo esta muy alejado de la sociedad que sueño, esa idea que se ha generalizado de que vale todo, y que el fin justifica los medios no es para mi, sera por eso que nunca seré un político y que jamas lograre lo que sueño para todos.
    La nueva sociedad que se construya tiene que tener una base humana por sobre todas las cosas, para las mayorías si, pero respetándolas no imponiendoles cosas, educándolas si, no reprimiéndolas, es ideal esto que planteo, si lo se, pero es en lo que creo honestamente.
    Stalin no es el pueblo soviético y todas su hazañas, catalogarlo de asesino no es menosprecias los logros que el pueblo sovietico con el sudor de sus frentes logro, hablar de comunismo refiriéndose a Stalin, es hacerle el juego a los que piensan que una sociedad humana superadora a la actual no es posible, confundir esto es lo que hace seguir justificando lo injustificable.
    Saludos

  5. La guerra psicológica es tan vieja como la humanidad…para mi de alguna manera lo fue el caballo de troya…la propaganda y la manipulación de la información ha sido desarroladas y depuradas por el imperialismo mundial, y en esto aprender a defenderse no es malo…pero mejor seria llevar la delantera y que ellos se defendieran…Respecto de Stalin…complejísimo tema…https://www.youtube.com/watch?v=ZsSA0a9p9mw

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s