De lo “posible” se sabe demasiado. Por Carlos Luque Zayas Bazán


Paralelamente al examen popular de los documentos rectores recientemente emanados del Congreso del Partido Comunista, se han ido publicando en los medios digitales diversas propuestas que desean influir, posicionar y marcar la agenda de los cambios en curso. Son diversos los actores, como sin duda también de muy distinta índole las intenciones implícitas, o las admitidas y expresadas con claridad. Se diferencian claramente los participantes en ese debate ciberespacial: los que se alinean sin dudas con la Revolución, sin hagiografías triunfalistas pero sí con posturas críticas constructivas, de los que declaran admitir la legitimidad de la Revolución y su actual gobierno pero la valoran algo menos que ya inoperante y fracasado.

Se destacan entre todas las propuestas las de los intelectuales o investigadores que tienen la posibilidad, y seria responsabilidad, de legitimar o prestigiar ideas, e influir con estas a más personas. A no dudarlo, muchos de esos intelectuales, pensadores o estudiosos, investigadores dentro de Cuba y vinculados a instituciones o centros de estudios del país, dan a conocer sus críticas y posiciones con la mejor de las intenciones y desde la honradez y convicción de sus ideas. Otros, ciertamente muy pocos, giran en la órbita de vínculos financieros externos al país, lo cual ha impedido que ganen y merezcan credibilidad política, o al menos todavía es una cuestión en examen, dadas las claras trayectorias contrarias al estado y al gobierno cubanos, y en general a procesos antiimperialistas y alternativos al capitalismo, de algunos de sus vínculos. Incluso, algunos de esos personeros ahora se muestran reconvertidos después de un pasado de apoyo a eventos y conspiraciones contra el país, como es el notorio caso de Carlos Saladrigas.

En cuanto a algunos aspectos de las propuestas de este segundo grupo, el interés de esta reflexión no es ahora el análisis de las personalidades, ni incluso el origen y carácter de sus vínculos y finanzas, sino la consideración de ciertas propuestas.

Una de esas corrientes, cuyo núcleo parece estar en la denominada Cuba Posible, se desmarca en sus declaraciones de la disidencia más desacreditada, que tiene su origen y continúa en el “anticastrismo” más troglodita. No obstante, una lectura detenida de sus propuestas permite detectar a cada paso y con respecto a lo supuestamente admitido, una crítica negadora que pone en tela de juicio, a veces subrepticiamente, aquello que dice admitir, o estar dispuesto a validar como positivo en el régimen económico, político y social cubano y se detecta con claridad que tiene más peso lo que se le niega al proceso cubano, que lo que se dice aceptar, para después posicionar sus ideas en nombre de un regreso a la república “con todos y para el bien de todos” de Martí.

Si se supone la necesidad de un “regreso”, se está afirmando que hubo un “abandono” del ideal martiano por parte del liderazgo revolucionario. Sería muy útil, y cuestión de justicia y responsabilidad por el criterio, que así como se afirma implícitamente, aunque sin lugar a dudas, ese “abandono” del ideal martiano por parte de la revolución y su gobierno o su sociedad, también se enumerara y argumentara cuál ha sido ese abandono que ameritaría tal “regreso”. En muchos de los textos se nota este procedimiento: se acepta algo como positivo, para después deslizar el reparo, el reproche o la crítica, pero esta última sin un análisis pormenorizado de lo que se afirma.

Lo primero que ocurre con esta sutil pero grave descalificación del carácter de la obra revolucionaria, (el supuesto abandono del ideal de Martí) es que el apotegma martiano se trasplanta de época y contexto, como si desde 1895 a la fecha nada sustancial hubiera ocurrido, ni en la isla, ni en la geopolítica mundial. Y como si nada se hubiera aprendido desde entonces de esa realidad innegable que es la lucha de clases y de los intereses antagónicos en disputa, pero sobre todo, por un devenir y sus consecuencias que no ocurrió en los límites cerrados de la nación cubana, sino con la gravitación decisiva de sus oponentes y enemigos globales.

Pero sobre todo se quiere deslizar por encima de épocas y contextos totalmente diferentes, una táctica política que debería tener una supuesta validez universal en cualesquiera de las circunstancias. Parece olvidar que la Revolución comenzó a erigir el sueño de una nueva forma de vivir socialista precisamente con todo el que comprendió y quiso incorporarse a ese asalto al cielo caribeño, y si hubo quienes no quisieron ni pudieron formar parte de ese todo, no fue porque la Revolución los expulsó o estaba en su espíritu excluirlos.

Los primeros que se autoexpulsaron lo hicieron por sus inevitables intereses de clase, por sus vínculos con la tiranía, por su cosmovisión opuesta a los cambios en beneficio de la inmensa mayoría, por los temores al fantasma del comunismo, y por todas las complejas razones humanas y psicológicas del caso que se puedan imaginar, todo lo cual es parte de lo trágico que tienen las revoluciones, pero en ningún caso fue parte de la filosofía revolucionaria cubana. Muchos de esos abandonos del nuevo escenario revolucionario se motivaron por criminales mentiras de la propaganda contrarrevolucionaria. Engañados, miles de padres desgajaron a sus pequeños hijos de la familia y la Patria, por solo recordar un caso, en medio de la operación conocida como Peter Pan

No otra cosa ocurre en cualquier verdadera revolución radical. Se pueden hablar de errores humanos en la conducción de la Revolución, o de excesos o prevalencias circunstanciales de ciertas mediocridades. Lo que nunca se podrá negar es que, desde y antes de Las palabras a los intelectuales, estuvo clara la propuesta de incorporar a todos los que quisieran seguir el decurso revolucionario, a no renunciar a sumar a las filas y sólo prescindir de los “incorregiblemente contrarrevolucionarios”, como señalara Fidel desde aquellas palabras dirigidas a escritores y artistas. Que la Revolución se hizo por todos los que quisieron y pudieron participar, ya fuera en la lucha guerrillera, o en la clandestina, o en la resistencia popular, fue tan innegable, como que se hizo para el bien de todos, desde las primeras leyes agrarias que beneficiaron a los antiguos aparceros explotados, el acceso a la propiedad de las viviendas y la rebaja de los alquileres, las múltiples nacionalizaciones, la campaña de alfabetización que sacó del ostracismo cultural a una inmensa población, y la recuperación de la dignidad nacional.

¿Qué logro social, qué principio de la esencia del proyecto, qué política – no de sus circunstanciales errores humanos, que además siempre han sido atajados y nunca metidos bajo la alfombra – se puede afirmar sin rubor que no ha pretendido beneficiar a “todos”, aun cuando no se ha podido contar con “todos”? No ser un proceso que se propuso siempre con todos (y más aun) para el beneficio de todos, es uno de los reproches más injustos que se le puede hacer a la Revolución cubana.

Ahora, ¿qué se puede encontrar detrás de ese reproche? Eso toma luz si se relaciona con otra de las propuestas que emanan de esos círculos y entonces nos topamos con los términos mágicos de la pluralidad política. Constantemente se lee en las propuestas que salen de aallí que es necesario dar legitimidad a la pluralidad política, a la vez que quieren limitar el poder del Partido Comunista, lo que equivale a dar oportunidad al acceso al poder de esa “pluralidad”, lo cual no se dice claramente sino por alguno de sus miembros cuando declara que estaría dispuesto a formar un partido, pero está en la base y la posibilidad de esa reivindicación.

¿Qué pluralidad política nos encontramos hoy en Cuba? Por una parte, precisamente, si de política hablamos, las intenciones de esos grupos deslegitimados de los que Cuba Posible pretende desmarcarse. Los grupos que siguen, todavía hoy, recibiendo las partidas anuales para la subversión a favor de una potencia extranjera. También se debe tener en cuenta que la organización llamada Cuba Posible ha recibido el beneplácito de algún que otro periodista alineado a la hipercrítica de la Revolución, al calificársele como nueva “fuerza política”, con eco en cierta publicidad externa.

Entre esa “pluralidad” hoy existente en Cuba, se supone que no son esos grupos, – (Estado de Sats, Damas de Blanco, Unión Patriótica de Cuba (UNPACU), Socialdemocracia, Movimiento Cristiano Liberación, periodistas independientes, Socialismo Participativo y Democrático (SPD), Observatorio Crítico, Izquierda Unida, Movimiento de Derechos Humanos, etc), – ni esas propuestas, ni esa “diversidad” la que debe beneficiarse con las “reformas” propuestas para incorporarlos a la oportunidad de disputar el poder político y formar hegemonía. Los intereses globales de clase antagónicos a los pueblos tienen siempre, y tendrán sus judas, sus mercenarios, y, como lo demuestra la historia reciente de Argentina o Venezuela, o la misma España, sus confundidos, sus engañados, las víctimas intelectuales pasivas del cuarto poder, la guerra mediática, y la psicológica y cultural, si también las tienen entre los iluminados y entendidos, conscientes o no.

¿Aquí es, con respecto a esos grupos y sus lazos externos que tiene su aplicación la divisa con todos y para el bien de todos? ¿Cómo se puede hacer la Revolución socialista, o el más tibio proyecto nacional de mera independencia y soberanía con todos esos que se ponen al servicio de los enemigos de la Revolución a cambio de prebendas? Y sin embargo, mientras permanecen en el territorio nacional reciben los beneficios que reciben todos. Hasta se podría decir que la república no se ha podido erigir con todos, pero ha sido para el beneficio de todos.

En cualquier caso, esos todos gozan por ejemplo, de la salud y la enseñanza gratuitas, por lo que no puede negarse, incluso, que la Revolución sigue siendo para el beneficio, oh sorpresa, de sus réprobos y hasta sus traidores, esos que permanecen en Cuba, al amparo de una “austeridad” y una estrechez que ya quisieran gozar millones de latinoamericanos, y que incluso pueden salir del país a apertrecharse y recibir finanzas, cursos, premios y reconocimientos mientras regresan, salen y continúan la triste tarea de los mercenarios a sueldo extranjero. Por lo tanto, parece lógico que los que exigen un “retorno” a los principios martianos e indican reformas civiles y políticas que den cuenta de esa pluralidad, no se refieran a esos grupos.

Pero, ¿pueden desconocerse  todas las lecciones de la historia posterior hasta nuestros días, y el hecho de que Martí avizoró la expansión económica del Norte? ¿Cuál ha sido el detonante de mayor influencia en la quiebra de esa utópica unidad de absolutamente todos, si no ha sido la política del Norte hacia Cuba? ¿Si se producen temerarias rutas en el mar para abandonar ilegalmente el país, quién puede afirmar que entre sus causas más innegables están las leyes de aquel país que estimulan el éxodo con preferencias migratorias para la ilegalidad, mientras mantienen una política criminal con un otorgamiento limitado de visas?¿Si la otra causa que han impulsado a esas familias hacia el Norte son sus aspiraciones materiales insatisfechas en la mayor parte de los casos, quién podría atreverse con razón a negar que el bienestar de la economía cubana fuera uno muy otro sin la enemistad criminal del bloqueo, sin la necesidad de potenciar su defensa, y sin su esfuerzo por mantener derechos básicos y gratuidades que no gozan millones de seres de este mundo?

La Revolución también puede haber cometido errores – aunque algunos de esos errores son expuestos con un análisis totalmente sesgado y sin contextualizar – pero, ¿quién puede negar con razón que en la conducción de un país se maximizan las dificultades de todo tipo, cuando en cada etapa la Revolución ha tenido que lidiar con ataques en todos los terrenos, el aislamiento crediticio y la pérdida de sus mercados? La divisa martiana “con todos y para el bien de todos” sigue siendo una aspiración irrenunciable de cualquier auténtica revolución, y también lo era de Martí para la República que soñaba después del triunfo mambí, pero sin olvidar que de ese con todos se autoexcluyen los que hagan reivindicaciones lesivas, precisamente, para el mejor interés de todos, incluso de ellos mismos, o los que por las razones complejas que sean deciden formar filas en la otra ribera.

Los falsos conciliadores, los que entonan el amable canto del llamado a la fraternidad de la pluralidad política bajo el prestigio del principio martiano, sabiendo que es incómodo aparecer como crítico de ese tipo de proclamas, – pretenden que otros olviden que no hay hoy –gracias a la resistencia y permanencia de la Revolución martiana y fidelista- una verdadera lucha de clases antagónicas al interior del país, entre otras razones por lo mismo que hoy el gobierno sostiene uno de los principios rectores económicos de la actualización, a saber, que no surja, por enriquecimiento individual, precisamente, la gran propiedad privada, hoy aupada y apoyada desde el exterior. No porque la propiedad individual que surja del esfuerzo personal y sin la explotación injusta, deba ser, en principio demonizada en el actual estado del mundo, al que debe adaptarse por fuerza el intento socialista, sino porque a medida que la riqueza privada crece más allá de ciertos límites, se aúna, o es cooptada, o se alinea a intereses políticos, ideológicos y culturales que no son precisamente los de todos. Eso se puede impedir en Cuba, al menos hasta que no tenga éxito la nueva política imperial y surja y se “empodere” un sector privado privilegiado en la Isla, que es lo que pretende la política de la “normalización” obamista. Si hay tensión entre dos imaginarios culturales en Cuba, se trata fundamentalmente del que proviene y es estimulado por segmentos internos cooptados o comprados, o atraídos por la supuesta prosperidad capitalista, hoy en franco declive en todos los puntos del planeta, y señaladamente en Europa. Determinados círculos de la población, atraídos por ese imaginario están representando esos intereses del capital imperialista, incluso a veces inconscientemente y en gran medida por las tremendas dificultades que le han opuesto a la prosperidad del país. Y es por ello que esos llamados pueden echar, por su prestigio, un manto de humo sobre un enfrentamiento que es básicamente una lucha contra un poder exterior al país, llamados que pueden encontrar apoyo interno, y por ello, desdibujar o invisibilizar esa pugna fundamental. Es un intento errado, cuando no consciente y oportunista.

Es cada vez más aguda la confrontación insoluble mediante concesiones, – y por ello es criminal oscurecer los antagonismos, – no sólo en los países cuyos gobiernos se han propuesto hasta tibios cambios de gobernabilidad del sistema capitalista en la Latinoamérica reciente, sino el antagonismo de los organismos transnacionales de la globalización del poder económico que buscan y encuentran, y logran, apoyo al interior de los países que acosan.

Subrayar continuamente que se debe “regresar” a la aspiración martiana, como si la Revolución lo hubiera abandonado alguna vez, significa sumarse, aunque no se quiera – y es deber advertirlo y denunciarlo – a la tarea de demonización de Cuba. La hipercrítica carece siempre de un examen profundo y contextualizado y por ello es un crimen de lesa política, que, sin embargo, cometen personas inteligentes y que seguramente se debe a que sus convicciones lo llevan a ello. Pero es un deber – pese a los reproches que se merezcan – no callarlo. No se niega el derecho a sostener esas ideas, se afirma la perentoria necesidad de realizar su crítica, e impedir que tengan la oportunidad de que la desacreditación del gobierno cubano se siembre en el imaginario social amplio de la nación cubana.

Por otra parte, y para mayor claridad de cuál es esa presunta pluralidad política que habría que tener en cuenta en las reformas política y civil que se le exigen al gobierno desde Cuba Posible, recordemos uno de los pilares de la política de “normalización”. Como se ha declarado paladinamente, los acuerdos de la “normalización”, tanto las pocas y no esenciales que se han podido implementar, como las todavía esenciales frenadas, apuntan a beneficiar una emergencia “emprendedora” de negocios privados y, a la vez, excluir y crear más obstáculos al Estado cubano, con el claro afán de culparlo, como está sucediendo, de todas las dificultades pasadas, presentes o futuras, e impedir que se recupere la economía y se continúen las políticas redistributivas socialistas estatales. A la vez, se forman aceleradamente contingentes de jóvenes cooptados para introducirse en Cuba y hacer labor de “empoderamiento” de la sociedad civil. Quizás también esos grupos deban ser de esos todos con los que hay que seguir construyendo República en la abstracta aplicación del noble sueño martiano.

Otros entonan una y otra vez el mantra de la descalificación del socialismo “estadocéntrico” y lo amplían en las redes con lastimosa mímesis, cuando está de moda, y bien pagado en algunos medios, ser cada vez más originales en la narrativa crítica literaturizada, mediante textos “simpáticos” a la moda de la hipercrítica, donde pagan con sus treinta monedas el encargo que hace sinergia con los objetivos del plan obamista.

Algo en lo que no meditan hasta periodistas jóvenes bienintencionados que exigen derechos a publicar en esos medios, y que repiten irreflexivamente las críticas contra el “estatismo cubano”, echando agua al molino ajeno. Es que muchos especialistas demuestran hoy que el poder global económico forma una especie de supraestado de facto de dominio hiper vertical, y que está absorbiendo cada vez más las soberanías nacionales, cuestión que, para el que está informado, no es del caso probar aquí. Mientras que esa es la realidad global, se invita a Cuba a que fragmente su tejido social, a que adopte formas “democráticas” cada vez más inexistentes e inoperantes en el mundo, y debilite su unidad en torno a su forma de gobierno.

Si las convicciones del enemigo declarado, que se propone – casi no habría que decir desembozadamente, sino descaradamente y cínicamente -, lo mismo que antes por otros medios, comprende que potenciar esa “pluralidad política” a que nos referimos, es la que opone el mayor peligro a la continuidad de la Revolución del interés de todos, precisamente, ¿cómo es que los que se declaran respetuosos de la legitimidad del gobierno y sus instituciones sostienen a fuerza de artilugios académicos que las reformas civiles y políticas deben dar espacio a esa naciente, o posible, pluralidad económica que puede significar que sus intereses se distancien de los intereses de todos? ¿No es la baza declarada que se juegan los poderes enemigos de Cuba? ¿O por qué permitir la exportación a ese contingente privado en formación, mientras se mantiene el ahogo del bloqueo y ninguna otra medida económica importante se hace efectiva?

Otro componente de esa pluralidad se puede localizar, también, entre la riqueza de ideas críticas de la gente sencilla de pueblo. Pero aquí se debe distinguir entre pluralidad y pluralidad, es decir, entre la pluralidad política que pretende ganar fuerza y posicionar sus ideas en el “debate” para disputar poder, formar partidos, o crear condiciones para que ello sea posible en el momento adecuado, y por otra parte la natural pluralidad de ideas disimiles sobre todos los asuntos que hay en la población masiva cubana, como se mostró desde siempre, también en la discusión de los Lineamientos, y ahora en los documentos del Partido.

Es evidente que a esa pluralidad natural no es a la que se refiere cierta corriente de pensamiento ¿Por qué? Es notorio cuando una de las propuestas de esas corrientes consiste en que como parte de la “democratización”, o esas otras “reformas civiles y políticas”, el Partido Comunista pase a formar parte de un partido “más”, en favor de una pluralidad política, que no sería más ni menos que la legitimación de intereses de clase formados al calor de los cambios económicos e ideológicos, que se pretenden con la formación de una clase o segmento de la población, de intereses privados atados a la política estadounidense. Sorprende, cuanto menos, que ciertas inteligencias no tengan esto en cuenta, o que a la vez que propugnan sus cambios, no lo tomen en consideración y lo discutan. ¿O será porque como ha declarado Raúl, han perdido la fe en la capacidad de la Revolución o que sus convicciones son las de las terceras vías y las propuestas centristas, que unos niegan, y otros acaban de aceptar ante las evidencias?

Estos cambios políticos o “soluciones” democráticas que se proponen para las transformaciones en curso en Cuba, sobre todo aquellas propuestas que podrían llevar a un debilitamiento del carácter rector del Partido Comunista, o la implementación de cambios “democráticos” al uso de las democracias tradicionales (como la división de poderes, o el estado de derecho tal como hoy se entiende en el mundo donde precisamente menos se respetan los derechos humanos, etc), constituyen un enorme error de ceguera política y, aunque algunos no se lo propongan conscientemente, o no sean capaces de verlo, están cometiendo, o propiciando, un acto de traición histórica que sería involuntario en algunos casos, y política consciente en otros. Pero ahora cualquier propuesta se pretende legitimar como derecho a la pluralidad cuando en realidad es un intento de reafirmar la particularidad bajo el manto del diálogo y la búsqueda de consensos.

Ante esas propuestas hay que prevenir, advertir y llamar a las cosas por su nombre, aunque no esté de moda en nuestros días, como dijera el poeta. Es mejor que se equivoque hoy quien se atreva a ir contra la corriente amable, la palabrería disfrazada de seriedad académica, que lamentar mañana el destino de las futuras generaciones. Afortunadamente todo parece indicar que el Partido Comunista entiende la situación y que una mayoría significativa del pueblo cubano intuye el peligro y mantiene la unidad con su gobierno y su modo peculiar de entender la democracia junto a la existencia de un solo partido.

Tal ceguera puede tener su origen en pensar el caso y el destino cubanos sin tener en cuenta su nexo con los problemas globales y en relación con la compleja madeja de la totalidad geopolítica global. En las propuestas de esa corriente que promueven un “cambio” que se parece mucho a las tesis del “cambio de régimen” y el desmantelamiento del proyecto socialista, nunca se aprecian argumentos y análisis del fenómeno geopolítico actual. Se hacen propuestas que tienen en cuenta la inevitable interrelación que hoy todo país tiene que afrontar con la economía mundial y la realidad nefasta de la mundialización del capital, y, en cambio, se desconoce casi en su totalidad el análisis político de ese fenómeno en cuanto realidad global. Se invita a sucumbir ante él como única solución. Cuando se aborda la política, se hace mirando sólo hacia dentro, a la política interna, como si, por ejemplo, una democracia al uso pudiera subsistir en un ámbito de aséptico laboratorio, cuando se puede comprobar que lo que se conoce hoy como democracia es completamente funcional a la hegemonía capitalista y disfuncional para los intereses, precisamente de todos.

Lo primero que salta a la vista, y es consenso de destacados especialistas en materias geopolíticas, es que el reciente cambio de actitud del gobierno estadounidense hacia Cuba forma parte de una estrategia que tiene una amplitud y un despliegue continental con respecto a nuestra América, y global con respecto a las políticas imperialistas en los otros puntos del planeta como el Medio Oriente y ahora el Asia pacífico con el objetivo supra estratégico de frenar el avance económico chino y el peso militar y diplomático cada vez más exitoso de la Rusia de Putin .

Esa estrategia, de la cual la táctica hacia Cuba forma parte, se denuncia hoy con el nombre de las guerras de cuarta generación. La actitud gubernamental norteña hacia Cuba es parte constituyente de esa guerra de cuarta generación que está en pleno desarrollo en el continente y en el mundo todo. Su punto de arranque más reciente en el pasado inmediato se localiza en los eventos ocurridos en Honduras en 2009, y después de que el reciente electo presidente negro de la nación yanqui quisiera esperanzar y engañar mostrando su rostro más amable en las citas continentales previas, donde anunciara un cambio de política hacia el continente que nunca se produjo, sino para empeorar la tradición interventora, en este caso mediante golpes suaves, diplomáticos o jurídicos, o mientras se desplegaba todo un plan de guerra militar, psicológica y cultural, como ha sido revelado en documentación recientemente.

Los que desde posturas que parecen leales a la Revolución han evaluado y siguen evaluando erróneamente el significado del cambiazo político norteamericano hacia Cuba y los peligros que se ciernen sobre la nación, no están teniendo en cuenta esa complejidad. A los no leales al socialismo, es decir, los que no desean que el país siga el camino que se ha propuesto aunque se crean ellos mismos lo que dicen apoyar, y ven su destino como inevitablemente capitalista, o al menos genuflexo en virtud de las necesidades económicas de la Isla, no les interesa tener en cuenta la realidad de que el carácter de los cambios cubanos tiene que meditarse y realizarse muy delicadamente y siempre en relación con la estrategia global imperial y la evolución de América Latina. Por eso critican la tesis de Raúl de ir sin prisas pero sin pausas, y quisieran las prisas, sí para sus propuestas, con argumentos de catástrofes posibles y agoreros cataclismos.

La relación, y las consecuencias esperadas, entre la política de guerra de baja intensidad que los EEUU mantiene contra Venezuela y la que ahora mantiene con respecto a Cuba de supuesta normalización, va mostrando en los meses transcurridos sus calculados frutos. Han mostrado la zanahoria en Cuba y el palo en Venezuela, con la idea de que un deterioro venezolano debilite a Cuba y complique su política de cambios y frustre el sustento económico que necesitan las transformaciones internas. Pensar que con esa política abrigaban la esperanza de que Cuba debilitara o traicionara su postura de hermandad con respecto a la Venezuela del chavismo, o a los problemas del continente, sería faltar el respeto a una inteligencia que a veces somos nosotros mismos quienes subestimamos.

En efecto, el conocimiento de una trayectoria política de más de medio siglo les ha demostrado que la coherencia de Cuba ha sido la fortaleza de la posición cubana y que cejar en ella es un suicidio, además de una cuestión de principios que el país nunca ha traicionado. Pero lo que sí esperaban era la inevitable repercusión que la situación económica venezolana tendría sobre la economía cubana, como no ha demorado en ocurrir, cuando ahora Cuba se ha visto obligada a tomar medidas de ahorro energético ante la realidad de la problemática venezolana, la crisis económica mundial y sobre todo, el fardo del bloqueo que aún persiste. Y, a la vez, es muy notorio ya que los principales resultados de las negociaciones cubano – norteamericanas que serían significativos para Cuba, sigan demorando, y se ralentizan con el evidente propósito de llegar a escenarios que les sean favorables en la mesa de negociaciones.

A la vez el panorama continental se complejiza y agrava cada vez más y no en el sentido favorable a Cuba. El momento escogido para plantear la “normalización” no habría podido ser más oportuno. Los avances de los gobiernos llamados “progresistas” a falta de un mejor término, ha sido detenida y a partir del golpe en la Honduras de Zelaya, la reacción transnacional neoliberal ha cosechado triunfos en Argentina, en Brasil y en Venezuela, a la vez que se fortalece el bloque de países que forman la alianza del Pacífico y se mantiene el acoso sobre la “revolución ciudadana” del Ecuador y sobre Bolivia. Hay que tener en cuenta que en estos países, ni aún en Venezuela, pese a sus más profundas peculiaridades, se verificaron verdaderas revoluciones “sino procesos de recomposición con inclusión social al sistema más o menos reformado” (1)

Estos acontecimientos pueden llevar a Cuba a otra especie de relativas dificultades en las relaciones económicas latinoamericanas aunque no ocurra en el terreno del aislamiento político de otrora. Y Cuba necesita como sustento de la actualización de su proyecto socialista un mejoramiento de su economía. Que ello no ocurra es la baza que mantiene el juego de la “normalización” bajo la manga imperialista esperando la hora de aprovechar su as de triunfo.

Ante esas perspectivas, que no por sólo probables deben desconocerse o minimizarse, esas propuestas para el rumbo de Cuba se pueden considerar erradas e irresponsables. De buena fe otros la repiten, pero con la mirada solo puesta en el camino estrecho y no en el amplio horizonte mundial. Algunas corrientes de opinión están cediendo al prestigio – aunque abstracto – de la tradición democrática histórica, y haciéndose eco de reivindicaciones que, sin embargo, tienen el origen muy interesado en que devengan consecuencias no precisamente para el bien de Cuba.

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(1) Entrevista con Jorge Beinstein: La estrategia de EEUU. En: http://beinstein.lahaine.org/?p=534.

Jorge Beinstein es Doctor de Estado en Ciencias Económicas (Francia), especialista en pronósticos económicos. Fue consultor de organismos internacionales y gobiernos, dirigió numerosos programas de investigación y fue titular de cátedras de economía internacional y prospectiva tanto en Europa como en América Latina. Es profesor titular de las cátedras libres “Globalización y Crisis” en las Universidades de Buenos Aires y Córdoba (Argentina) y de La Habana (Cuba), y Director del Centro de Prospectiva y Gestión de Sistemas (Cepros). Su página web es http://beinstein.lahaine.org/.

12 pensamientos en “De lo “posible” se sabe demasiado. Por Carlos Luque Zayas Bazán

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  2. Entonces, estimados especialistas, a qué atenernos en un futuro próximo, cómo enfrentar este futuro sin Venezuela, con una izquierda latinoamericana, si es que existe, en retroceso, cómo hacer para mantener el apoyo mayoritario del pueblo a nuestro proyecto de nación, cómo hacer cuando no estén, como es natural, los líderes históricos, dónde estaremos dentro de 10 anos.

    • Con tu inteligencia y tu espiritu de patria y algo fundamental el ejemplo incuestionable de los q manden porq ya la obra estara en tus manos

  3. No por haberse dicho ahora por este prestigioso intelectual y tan bien documentado, anticipo que con palabras menos profundas y si sostenidas y popular el desenmascaramiento de estos intelectuales que solo persiguen la destruccion de nuestro sistema y el futuro de nuestro pueblo y de nuestra Revolucion. Hay un dicho popular para cuando se quiere descalificar a esos individuos que nos quieren mal : DURO Y A LA CABEZA!!!!!
    O somos nosotros, ( la gran mayoria) o son ellos; (los que quieren destruirnos)….Ahi esta la cuestion…!!!

  4. Estimado Darío: la respuesta a tus preguntas no la tiene nadie, porque también depende de muchas variables, del curso de la geopolítica actual entre las grandes potencias, de los resultados de la lucha social de muchos sectores mayoritarios en países que están en peores condiciones que Cuba para lograr cambios, incluso, para obtener resultados liberadores. Dependen las posibilidades cubanas de defender y proteger a las mayorías, en grado sumo, de que las calamidades que ya está provocando la ofensiva neoliberal en Latinoamérica (mira lo que está pasando ahora mismo en Argentina, o en Brasil), levante nuevamente a los pueblos, como ya ha sucedido en esos mismos países y ante otras circunstancias, cuando se han sacudido gobiernos neoliberales. Pero sin dudas las probabilidades en Cuba se maximizan, incluso sin el apoyo de Venezuela, si atendemos a la observación de Fidel: lealtad, compromiso y unidad en torno al proyecto y al partido. Lo que puede parecer una solución hoy a algunos que no ven escapatoria al poder del mercado mundial, podría traer en Cuba una aparente aparición de recursos y bienes, (los recursos hoy lo obtaculizan, y mañana aparecerían como por arte de magia), pero sería al alto precio de la formación de un embrión de capitalismo donde está probado que la mayoría es la perdedora y ten la seguridad que el destino de Cuba será más duro, por la irritación acumulada por su larga resistencia y por el ejemplo que sigue siendo para tantos pueblos. El peor error del hombre común hoy en Cuba es perder la confianza en un gobierno que nunca ha traicionado y desmerecido de esa confianza. El peor error es perder su identidad y su sentido y su deber histórico, con los hombres y mujeres que sacrificaron sus vidas para ello. Y el otro error es prestar oído a los que siempre estuvieron sembrando la idea de que después de Fidel todo se desmoronaría. Ahora la idea es que después de la generación histórica. Es cierto que eso influye, porque las personalidades influyen, pero si mantenemos la idea de que lo importante es el partido y no los hombres, es decir, el partido no como entelequia abstracta sino formado por los hombres que el pueblo escoja, y el gobierno colegiado, y el pueblo dispuesto a pedir cuentas a los que se desvíen de sus principios, si es capaz el pueblo cubano, sus militantes con más responsabilidad, pero como gestión de la mayoría de los ciudadanos, de exigir que el partido se fortalezca y perfeccione su principio del gobierno colegiado, si las bases populares pueden controlar que el partido, ni el gobierno, ni el estado, se tornen entelequias separadas de las bases, es decir, ya sin Fidel o la generación histórica, se podrá seguir adelante. Cuba ha diversificado mucho sus relaciones económicas, en la arena mundial se libra ahora una feroz batalla entre EEUU y Europa contra China y Rusia, y algunos países del medio oriente como Irán y Siria, y Cuba tiene ya y puede fortalecer los lazos con todos estos últimos países, Latinoamérica no va a resistir pasivamente por mucho tiempo la reacción neoliberal, que ya no tiene nada que ofrecer. Pero lo esencial depende del mismo pueblo cubano y de no perder el rumbo por los cantos de sirena. No tengo respuestas, pero estas variables pueden ayudar a mantener la convicción, la esperanza y sobre todo la fidelidad. Nos educamos en las palabras duras y claras de Fidel. No podemos prestar oído a la cobardía de los que proponen diálogos y a la vez descreen más de las revoluciones, mientras tienen sus amigos y apoyos financieros allá, afuera, como decíamos de chicos, y con gente que ha atacado al país o que descreen del socialismo. Seamos duramente críticos con nosotros mismos, y con nuestro gobierno, o con el partido mismo, pero nunca amigos de los falsos agoreros, de los hipócritas conciliadores. Quizás en estas ideas hay algún atisbo o pistas a seguir para tus nobles y comprometidas preguntas.

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  6. A veces pienso que los intelectuales conservadores se repiten esas monsergas muelas bizcas como un mantra, una oración religiosa, una letanía, para auto protegerse de los peligros del subconsciente.
    Sería bueno encerrarlos en un teatro donde cada uno leyera sus panfletos y el resto lo discutiera palabra por palabra.
    Ellos dan por descontado al pueblo porque se han acostumbrado a eso. Ni siquiera se cuidan de utilizar un lenguaje llano y sencillo, porque lo que hacen es cortejarse entre ellos mismos; a ver quién escribe más bonito.

  7. Muy buen artículo. Desde el principio se propone desenmascarar el recurso empleado por varios intelectuales cubanos o de origen cubano que, con el uso en special del blog Cuba Posible, intentan influir en los debates actuales de Cuba. Un análisis detallado de varios de los artículos publicados en dicho boletín, denota el esfuerzo por usar frases grandilocuentes de supuesto respaldo académico o la referencia a supuestas verdades establecidas que no son tales. Es común acudir a frases como “algunos estudiosos opinan”, “la tendencia internacional”, “se argumenta”, sin nunca decir claramente de dónde proceden tales criterios. Sin ningún ejemplo concreto de éxito en las fórmulas que proponen para la sociedad cubana, intentan adelantar propuestas cuyo denominador común es alejarse en todo lo posible de lo que ha sido el proyecto político, económico y social cubano, y en particular de lo que los documentos del Congreso del Partido proponen para el futuro del país.

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