El dulce susurro de la conciliación…. Por Carlos Luque Zayas Bazán


“El discurso de los llamados intelectuales de este sistema debe mantener el túnel en la oscuridad, profundizar la oscuridad y conservar el espíritu del sin salida y la degradación de cualquier gesto colectivo, de cualquier palabra que nombre la sociedad humana capaz de construirse por sí misma. Hay que degradar a todos aquellos que dieron su vida para cambiar el mundo, hay que confundirlos y equipararlos con los boys del dinero fácil y el cinismo amplio, hay que atornillar bien la imposibilidad de cualquier cambio porque el sistema capitalista se cae a pedazos y esa fragilidad necesita discursos apocalípticos –a-históricos- de alta gama. Y si hay que mentir se miente sin ninguna vergüenza, para eso usaremos el relativismo y el sentimentalismo, metástasis del canceroso YO.”
Sara Rosenberg.

Lo anecdótico no suele servir mucho para la argumentación, pero puede ilustrar una idea. Cuando paseaba por las calles centrales, que suelen ser las comerciales, de mi bucólico Camagüey, mi hija menor, entonces una niña que creció en pleno Período especial, miraba las bicicletas que se mostraban en las vidrieras, y preguntaba cuándo le compraría una. Era un episodio que se repetía en los frecuentes paseos, casi con el mismo guion, como esas narraciones que exigen siempre iguales los niños. Entonces intentaba ahogar esa especie de tristeza que asalta a todo padre en situación semejante con una sonrisa y una afirmación: papá no ganaba el tipo de moneda que era necesario para adquirir esa bicicleta, pero alguna vez se la compraría. Mi posterior argumentación, cariñosa, y que trataba de adecuarse sin muchas esperanzas a las posibilidades de su entendimiento, lograba sacarle una sonrisa de comprensión, y el alivio del adulto adornaba nuevamente de felicidad la tarde compartida. Sigue leyendo