Ser revolucionario en Cuba, hoy. Por Enrique Ubieta Gómez


¿Qué significa ser revolucionario? Los estudiosos del marxismo saben que en sus orígenes, el partido socialdemócrata se fracturó: los reformistas, cada vez más alejados de las concepciones de Marx, se quedaron con el nombre y los revolucionarios crearon el partido comunista. La polémica “reforma vs. revolución” tiene una larga historia. Ahí están los textos de Lenin, de Rosa Luxemburgo, entre otros.

Pero la definición o la opción revolucionaria, y su existencia práctica, no son exclusivas de un partido o de una clase social, aunque sí de una época. Porque los burgueses fueron revolucionarios en su momento. Y el movimiento anticolonial en la era del imperialismo tuvo por lo general un carácter revolucionario. José Martí creó el Partido Revolucionario para lograr la independencia de Cuba, y dicen que hablaba de la revolución necesaria que habría de iniciar una vez alcanzado el poder. Por eso, me gusta hacer referencia a la tradición cubana del término. Cintio Vitier, por ejemplo, asumiendo los riesgos reductores de cualquier agrupamiento, establece dos tendencias “espirituales” en el último tercio del siglo XIX: la revolucionaria (independentismo, modernismo literario, antievolucionismo) y la reformista (autonomismo, preceptismo literario, evolucionismo positivista).

Lo cierto es que Revolución es Creación, salto sobre el abismo, o sobre el muro de la aparente imposibilidad –“seamos realistas, hagamos lo imposible”, decían los estudiantes parisinos del 68–, mirada de cóndor, pero es sobre todo una toma de partido “con los pobres de la Tierra”. Si tomamos a José Martí como modelo de revolucionario, observaremos en él tres características que se repiten en Fidel Castro:

1. Opción ética antes que teórica: se adopta una teoría para luchar contra la explotación, y no a la inversa. Es vocación de justicia social. “En la mejilla ha de sentir todo hombre verdadero el golpe que reciba cualquier mejilla de hombre”, escribía Martí. “El revolucionario verdadero está guiado por grandes sentimientos de amor”, acotaba Ernesto Che Guevara. “Es precisamente el hombre, el semejante, la redención de sus semejantes, lo que constituye el objetivo de los revolucionarios”–ha dicho Fidel. El poeta revolucionario salvadoreño Roque Dalton se burlaba de las posiciones esnobistas de la pequeña burguesía en estos versos:

Los que
en el mejor de los casos
quieren hacer la revolución
para la Historia para la lógica
para la ciencia y la naturaleza
para los libros del próximo año o el futuro
para ganar la discusión e incluso
para salir por fin en los diarios
y no simplemente
para eliminar el hambre
para eliminar la explotación de los explotados.

Hay revolucionarios que desconocen la teoría marxista. Y hay académicos marxistas muy conocedores de cada texto, de cada frase de Marx, que jamás han salido a la calle, que son incapaces de sentir, de vibrar, con el dolor o el júbilo ajenos, que no militan; esos académicos “marxistas” no son revolucionarios. Tampoco son continuadores de Marx. Uno de los resortes formadores y auspiciadores de una Revolución, es la solidaridad.

2. Radicalidad en la comprensión y en los actos; el revolucionario busca la raíz del problema, aún cuando no pueda extirparla de inmediato, aún cuando se equivoque al señalarla, y pasa rápidamente a la acción. A diferencia del reformista, no pretende mitigar el dolor o enmascararlo, sino eliminar la enfermedad.

3. El revolucionario es una persona de fe. No en el sentido religioso. Ninguna declaración mejor que la que hace Martí (otra vez Martí) a su hijo, en la dedicatoria del Ismaelillo: tengo, le dice, “fe en el mejoramiento humano, en la vida futura, en la utilidad de la virtud, y en ti”. Fe en el pueblo, en sus capacidades. El revolucionario entiende los límites aparentes de lo posible, y los trasgrede, porque cree en el pueblo. En esto también se diferencia el reformista, que por razones de clase desconfía o subestima al pueblo. Creer, no es extirpar la duda; los revolucionarios vivimos la angustia de la duda, que es la del conocimiento. Sin embargo, el cínico es contrarrevolucionario, aunque no lo sepa.

Algunos ideólogos de la contrarrevolución reducen la actitud revolucionaria al acto violento, al uso de las armas. Como si las revoluciones armadas no ocurrieran en respuesta a la violencia del poder burgués. Ser un radical –ir a las raíces–, no es optar por la violencia. En su afán por desideologizar hasta el mismísimo concepto de revolución, pretenden hacer pasar como acciones revolucionarias las revueltas violentas de los politiqueros de la seudo república, que querían hacer valer el poder personal. Ni siquiera los antimachadistas o antibatistianos eran necesariamente revolucionarios. Y contraponen el socialismo revolucionario al que llaman “democrático” (socialdemócrata), porque aquel no respeta el orden burgués. El socialismo no solo puede, sino que debe ser democrático, aunque no en el sentido que el sistema capitalista otorga al término. Debe y puede ser más participativo, más inclusivo, más solidario, más representativo. Debe y puede defender la individualidad, no el individualismo, porque el socialismo es el único camino capaz de transformar a las masas en colectivos de individuos.

Ciertas cualidades o virtudes éticas constituyen el fundamento o la base sobre la que se erige un revolucionario. Pero es una ética esencialmente política, social, no privada, que no puede vaciarse o desligarse de las contradicciones fundamentales de la época. No se es revolucionario con respecto a los intereses personales, sino de cara a la sociedad. Hay personas conservadoras –por razones biográficas, y quién sabe si hasta por razones genéticas–, que repelen los cambios bruscos, la incertidumbre de lo nuevo, que disfrutan el orden y la rutina. No son contrarrevolucionarias. En sus Palabras a los intelectuales (1961), Fidel Castro decía: “Nadie ha supuesto nunca que (…) todo hombre honesto, por el hecho de ser honesto, tenga que ser revolucionario. Ser revolucionario es también una actitud ante la vida, ser revolucionario es también una actitud ante la realidad existente (…)”. Y agregaba más adelante: “Es posible que los hombres y las mujeres que tengan una actitud realmente revolucionaria ante la realidad no constituyan el sector mayoritario de la población; los revolucionarios son la vanguardia del pueblo, pero los revolucionarios deben aspirar a que marche junto a ellos todo el pueblo (…) la Revolución nunca debe renunciar a contar con la mayoría del pueblo; a contar, no sólo con los revolucionarios, sino con todos los ciudadanos honestos que aunque no sean revolucionarios, es decir, que aunque no tengan una actitud revolucionaria ante la vida, estén con ella. La Revolución sólo debe renunciar a aquellos que sean incorregiblemente reaccionarios, que sean incorregiblemente contrarrevolucionarios”.

Allí donde una Revolución ha triunfado, el adjetivo –que en el globalizado mundo del oficialismo burgués suele endilgarse como insulto–, se convierte en elogio. Una persona es trabajadora, “buena gente” y revolucionaria. La cotidianidad puede descontextualizar el sustrato rebelde y el significado político del término y reducir la condición del revolucionario a la honradez o a la decencia. A veces, puesto que la Revolución ha tomado el poder, se identifica con el buen comportamiento o la corrección. Decimos: “en el fondo él (ella) es revolucionario(a)”, como si dijéramos que, más allá de sus apariencias, “es una persona noble”. Y creemos que el niño o el joven “más revolucionario”, es el que “se porta bien”. De cierta forma, el calificativo se aburguesa. Esto parece casi inevitable, pero no lo es: una Revolución en el poder necesita establecer su “normalidad”, su gobernabilidad. Defenderse como poder político es la premisa de cualquier poder político, mucho más cuando se trata de un contrapoder acorralado por el Poder Global –que no solo acecha en el plano físico (material, militar), sino también en el espiritual, en el ámbito de la reproducción de valores–, y su normalidad es una “anormalidad” fuera de sus fronteras geográficas. Ser revolucionario es participar en la consolidación del gobierno revolucionario, establecer un frente común con ese gobierno, para defender cada conquista y establecer las nuevas metas, aún cuando los grados de participación en la determinación de esas metas son aún insuficientes o se ejercen de manera formal. La democracia socialista, esencialmente superior, tiene todavía un largo camino por recorrer. Ser revolucionario también es participar desde la crítica comprometida. Criticar no es enunciar un hecho cierto, es actuar sobre él, empujarlo hacia su solución. Lo que otorga veracidad y justeza a una crítica no es el hecho enunciado, es su sentido. Si se desideologiza la crítica, se deshuesa, y se falsean sus enunciados.

De manera imperceptible, ocurre un lento proceso de separación o destilación del contenido “rebelde” que toda actitud revolucionaria presupone. Esto no es bueno. Vienen entonces los que enarbolan la rebeldía y la contraponen al ser revolucionario –vieja aspiración de la subversión imperialista: promover la rebeldía antirrevolucionaria, lo que significa decir, que los rebeldes sean antirebeldes, que aspiren a ser “normales”, inconformes frente a la rebeldía y conformes frente a la enajenación global–, o en sus antípodas, aquellos que consideran que el ser rebelde es el verdadero ser revolucionario. Estos últimos pueden perder el sentido de orientación, porque la rebeldía a secas, habitualmente manipulada por el mercado capitalista, tiene una larga historia de convivencia y a veces de connivencia con el capitalismo. La rebeldía juvenil no es ni puede ser enemiga del espíritu revolucionario; ser revolucionario es la forma superior de ser rebelde. Sin la inconformidad que propicia la rebeldía y sin su disposición para romper moldes, normas, esquemas, es difícil ser revolucionario. Las universidades cubanas no pueden ser “de o para los revolucionarios”, son centros formadores; deben ser, eso sí, formadoras de revolucionarios. De sus aulas salieron Mella y Fidel. El capitalismo (la cultura del tener) intenta domar la rebeldía incentivando sus formas primarias: el desacato, la irreverencia; intenta aislar al rebelde, concentrarlo en sí mismo, explotar al máximo su expresión individualista, transformarlo en un cínico. El socialismo (la cultura del ser), pretende encauzar esa rebeldía hacia la acción transformadora, ponerle mayúsculas, hacerla partícipe de las causas más justas de su época.

Vivo en el barrio centrohabanero de Colón, y muchas personas en mi entorno deben enfrentar enemigos más concretos e inmediatos que el imperialismo norteamericano, al menos eso parece, cuando la corrupción, la burocracia, la doble moral, la insensibilidad, el “sálvese quien pueda” se imponen. Creo, como ellos, que ese es el enemigo principal. Pero no podemos confundir su nombre: se trata del capitalismo, de su capacidad para regenerarse dentro del socialismo, que no es más que un camino (no un lugar de llegada) hacia otro lugar, hacia otra esperanza o certeza de vida mejor. Si desvinculamos ese nombre de aquellas manifestaciones, o las enlazamos erróneamente al camino socialista que hemos emprendido, perdemos el rumbo. No podemos ser revolucionarios hoy, en este mundo globalizado, si no somos anticapitalistas, si no somos antiimperialistas. Si no sentimos como propios las conquistas, los peligros, las humillaciones, de otros pueblos. Si no defendemos la unidad de los revolucionarios cubanos y la de los pueblos latinoamericanos frente al imperialismo. No podemos ser revolucionarios si creemos que el mundo tiene el largo y el ancho de una calle, o de un barrio, o de un país. Si aceptamos los consensos que otros construyen, y no construimos los nuestros. Si vaciamos cada palabra de los contenidos de combate, porque de inmediato serán llenadas de otros contenidos, por aquellos que nos combaten.

Martí, Mella, Guiteras, el Che, Fidel, se parecen demasiado, para que nos inventemos ese asunto de las generaciones. No han dejado de ser jóvenes. Cambian las tareas, las coordenadas, pero no las actitudes, los principios, el horizonte al que siempre nos acercamos sin llegar. Por otra parte, nadie se hace revolucionario de una vez y para siempre. Hay que nacer como revolucionario cada mañana, cada día. Los papeles no están predestinados ni son inmutables: el héroe de 1868 pudo convertirse en traidor veinte años después; el indeciso de entonces, quizás empuñó las armas con dignidad en 1895; el guerrero valiente de la manigua pudo dejarse seducir por la corruptora política neocolonial; el enérgico antimachadista, desilusionarse de sus ideales de juventud o convertirse en un profesional de la violencia; el revolucionario de la Sierra o del Llano, acomodarse o enredarse en las redes del burocratismo; el escéptico de aquellos días, transformarse en un miliciano fervoroso, en un héroe cotidiano e invisible; el dirigente juvenil, acodado en el balcón de la buena conducta y los aplausos, convertirse en un repetidor de consignas vacías y el profesional rebelde, crecer como tal hasta hacerse revolucionario. Entre unos y otros, disfrazados, están los oportunistas, los “pragmáticos”, los cínicos de siempre. A todos los cerca la historia y, de sus actos múltiples, solo perdura el instante de eticidad fundadora que sostiene a la Patria: “ese sol del mundo moral” que ilumina y define a los seres humanos, según la frase que Cintio rescatara de José de la Luz y Caballero. Una Patria que es Humanidad, que no está en la “hierba que pisan nuestras plantas”, o en unas costumbres siempre en evolución, sino en un proyecto colectivo de justicia. Una Patria que aspira a fundirse con la Humanidad, y que mientras, defiende su espacio para fundar, para crear, para proteger la dignidad plena de sus hombres y mujeres.

(Dialogar, dialogar)

 

31 pensamientos en “Ser revolucionario en Cuba, hoy. Por Enrique Ubieta Gómez

  1. Enhorabuena Iroel por facilitar ahora esta obligada y oportuna lectura a Enrique Ubieta Gómez, después de los debates que ha habido en este blog. Es una lectura que se actualiza cada día porque toma forma en cada uno de nosotros. En el plano personal me influyó y tomó parte diaria de mi esta lectura en su momento, se aplica de manera directa y mágica en cualquier discusión, es tranquilizadora, es clarificadora y cada cubano debiera conocerla; hace poco el comentarista Michel dijo no conocer las palabras de Enrique Ubieta cuando las cita Carlos luque en su introducción de su post “por una herejía fecunda”.
    En esta lectura de Enrique Ubieta necesariamente tienen que salir desde una òptica cubana las citas de Marti, El che y Fidel para comprender el espíritu Martiano y Fidelista de la revolución cubana. Como se puede leer en Ubieta, “los revolucionarios vivimos la angustia de la duda, que es la del conocimiento. Sin embargo, el cínico es contrarrevolucionario, aunque no lo sepa”.
    En Cuba, como señaló García Márquez, el primer crítico de la revolución es el propio Fidel. Hay que leerlo entodo su detalle para comprender los verdaderos errores.

  2. Estoy de acuerdo con el escrito, por eso siempre he dicho que la revolucion cubana fue precisamente revolucionaria hasta mediados de los 70s, cuando, en mi opinion, dejo de serlo. Revolucion es movimiento y Cuba ha quedado parada en aquellos años, tanto, que cuando ponemos ejemplos de revolucionarios, tenemos que hablar de heroes del pasado.

    Un saludo,
    Jose Varela.
    Doble P

      • Los cinco no determinan la politica del pais, ni su desarrollo economico, ni han introducido nada innovador, por tanto, no son revolucionarios en el sentido que se pretende en el articulo y en el significado que le doy al adjetivo.
        He podido debatir con Rene a traves de su blog y me parece una gente maravillosa pero no creo que le permitan algun dia intervenir en el curso politico del pais, curso que considero obsoleto y al que jamas llamaria revolucionario. Revolucionario esel rio, el lago, jamas.

        Un saludo,
        Jose Varela
        Doble P

      • Sr Los Cinco son héroes reconocidos por los cubanos, incluyendo los jóvenes. René ya está interviniendo en el curso político del país desde la Sociedad José Martí.

        Saludos

  3. Buen articulo, para leer con calma, y reflexionar sobre el camino a seguir. Marti, con esa visión de futuro, revolucionario cabal, pensó en lo que dice Ubieta , ser siempre inclusivos y nunca descalificó a sus adversarios.

    Desgraciadamente muchos se esconden detàs de esa palabra, para hacer lo contrario.

  4. Unas meditaciones sobre el texto de este post.

    Las decisiones políticas personales, y las razones y argumentos con que se explican y justifican, tienen una relación relativamente mediada, pero orgánica, con principios ideológicos y filosóficos que le sirven de fundamento. En este sentido, es muy notorio que en ese debate sobre lo revolucionario en Cuba hoy, que ahora La Pupila oportunamente nos actualiza, algunos ponentes expusieran puntos de vista que contenían una limitación muy peculiar acerca de lo revolucionario, y que en el texto de Ubieta tienen una sutil pero clara respuesta que intenta contribuir al esclarecimiento de aquella mirada reductora a que me refiero. Me parece que es un punto muy importante en aquel y el debate de estos días.
    Que recuerde de momento, dos exposiciones definen como el núcleo de la actitud revolucionaria “la condición humana”, que pese a esa anunciación de innegable humanismo abstracto, se precisa en una de las concepciones como la decencia, ser una persona decente. Lo cual es innegable que no sólo es condición personal deseable en la actividad o el pensamiento revolucionario, (según Ubieta: “Ciertas cualidades o virtudes éticas constituyen el fundamento o la base sobre la que se erige un revolucionario”, pero que, de quedarse allí, limita extraordinariamente el concepto y por consiguiente, puede llevar a decisiones y valoraciones equivocadas. Una persona no revolucionaria, pero tampoco contrarrevolucionaria, puede ser una persona decentísima y de conducta altamente ética. En palabras de Fidel: nadie ha dicho nunca que… “todo hombre honesto, por el hecho de ser honesto, tenga que ser revolucionario” Cualquier revolución tiene y debe contar con esas personas, como dijera Fidel. En el ámbito familiar un mafioso puede ser extremadamente decente y justo en su actitud para con su círculo íntimo. Pero cuando el Che dijera que un revolucionario estaba inspirado en grandes sentimientos de amor, por supuesto que no lo reducía sólo a la vida privada y abarcaba la esencia política de la actitud del hombre ante la sociedad, sus problemas, y sus opciones de vida y pensamiento a favor de las causas justas de la humanidad en aquellos que desean superar el estado de explotación en que viven las mayorías. En palabras de Ubieta: “es una ética esencialmente política, social, no privada, que no puede vaciarse o desligarse de las contradicciones fundamentales de la época. No se es revolucionario con respecto a los intereses personales, sino de cara a la sociedad.”
    Una concepción filosófica y políticamente reduccionista, que se desangra de su esencia política y social, y que no tiene en cuenta la precisión que aporta Ubieta al diálogo sobre el tema, explica quizás un deslinde, o un abismo que se puede ir ahondando y que puede llevar a pensar que porque se es una persona decente u honesta, o que se propone ante todo ser “mejor persona”, entonces una decisión política ya es automáticamente acertada por sí misma, puesto que emana de aquella condición supuestamente suprema. Al contrario, una persona decente y honesta, puede ejecutar una determinada acción política contrarrevolucionaria, o sostener un pensamiento de esa índole si no comprende que además de una condición ética individual, la revolucionaria es una ética esencialmente política, social, no privada y sobre todo, que “no puede desligarse de las contradicciones fundamentales de su época” y que tener la virtud de captarlas y actuar en consecuencia es parte de la defición. En el campo de la acción y el pensamiento intelectual, eso equivale a no equivocarse en decisiones que pueden separar, trágicamente, las acciones individuales de una persona decente y hasta honesta, con la actitud y las opciones políticas que son del interés de una comunidad en revolución al equivocar la estrategia de su punto de vista en la lucha, o al no distinguir con claridad lo que en campo de la acción política, es compatible hacer, y es incompatible, con la condición revolucionaria, por muy decente persona que se sea.

    Es por ello que lo revolucionario tiene gradaciones y jerarquías, así como las acciones éticas y políticas del hombre van desde el simple y modesto cumplimiento de un deber diario- muy necesario y altamente importante, por demás, – hasta el sacrificio de todo bienestar personal y el sacrificio de la vida. Por medio hay toda una gama de actitudes que las revoluciones como la cubana incorporan o tratan de incorporar mediante la educación y la influencia del modo de vida distinto al capitalista, y es por ello que las revoluciones sólo pueden prescindir de los “incorregiblemente contrarrevolucionarios”. Y esas palabras de Fidel, tan menospreciadas y mal interpretadas por cierta prensa, tienen un matiz de sutil importancia porque al decir, “los incorregiblemente”, está indicando la voluntad educadora de toda revolución, su esfuerzo por no prescindir de ningún hombre mientras no se demuestre que es incorregible.
    Analizar, por nuestros estudiosos más capaces, estos temas, también es importante no sólo para la necesaria teoría, sino para vislumbrar correctamente el rumbo, o ayudar a vislumbrarlo a los que puedan estar el peligro de perderlo.
    En estos días los debates han tenido, quizás sin saberlo del todo, este fondo, pero quiero subrayar algo dicho por Ubieta que se debe tener cada día en cuenta, porque está allí el quid de un aspecto importante de la valoración de la prensa, y permite deslindar claramente la calidad del servicio a la revolución:
    “Criticar no es enunciar un hecho cierto, es actuar sobre él, empujarlo hacia su solución. Lo que otorga veracidad y justeza a una crítica no es el hecho enunciado, es su sentido. Si se desideologiza la crítica, se deshuesa, y se falsean sus enunciados.”
    Reparemos bien en el término: es su sentido. En algunos textos “rebeldes”, de ese tipo de rebeldía o supuesta herejía que sin quererlo va adquiriendo una función contrarrevolucionaria, hay un sentido que está ausente, o equivocado, o en todo caso está echando agua al molino ajeno y por ello lo promueven y le hacer eco, y le dan oportunidad de publicidad, y pagan con un dinero que le hace falta a la vida individual. Y en ocasiones hay que ir al análisis de los fundamentos filosóficos de las revoluciones, para superar las confusiones a tiempo. La rebeldía es una condición primaria de la actitud revolucionaria, pero no es toda ella. El revolucionario debe ser una persona decente, pero no sólo eso. Un debate sobre estos temas es también necesario.

    • Respetado Luque:
      Su comentario es muy bueno, enriquece el debate.
      Sin embargo tiene 1055 palabras.
      Sinceramente, creo que los comentarios deberían ser breves para que sean leidos y de verdad llegar a mas personas. Ya usted lo ha dicho que le cuesta ser breve.
      Extiendase en sus posts pero aproveche los comentarios para ejercitar la capacidad de síntesis. Creo que serian de mucho mas alcance e impacto sus comentarios si fueran mucho mas cortos.
      Un saludo fraterno.

  5. Hasta ahora las revoluciones socialistas se han caracterizado por tener un lider fuerte q junto a familiares y amistades cercanas se han hecho del poder absoluto, vivir como carmelina y para los demas queda aplaudir, alabar y apoyar, eso es lo q la elite gobernante considera “revolucionario”.

    Saludos, Luis

      • Si solo hubiera sido Rumania, creo q quedara alguna esperanza, pero ese ha sido el tono en las revoluciones socialistas, ha sido esa la realidad.

        Saludos, Luis

      • Cual revolucion “socialista” no ha sido como lo q escribi? Y cual no ha estado llena de muelas como el articulo?

        Saludos, Luis

      • :….las revoluciones socialistas se han caracterizado por tener un lider fuerte q junto a familiares y amistades cercanas se han hecho del poder absoluto, vivir como carmelina y para los demas queda aplaudir, alabar y apoyar…”
        Cuba es vivo ejemplo de esto, Vietnam con su capitalismo de estado ha logrado una “corrupcion estable” segun uno de sus voceros, donde los allegados al poder y los emigrantes q regresaron con fondos se han convertido en millonarios(mas de 1000 actualmente) y el resto de los vietnamitas siguen cominedose el cable.
        Se q nunca va a aceptarlo, aunque lo vea igualmente, pero es la realidad y todos los q por aqui pasamos lo sabemos, quieran unos aceptarlo o no.

        Saludos, Luis

  6. Gracias Ubieta y gracias Iroel por la oportunidad de acceder a un tema de meridiana necesidad, de encontrar en cada idea renovados argumentos para nuestra lucha, lucha de pensamiento. Igualmente importante el comentario de Luque que obliga a reflexionar, a releer las ideas, citas y ubicarlas en el contexto oportuno. Finalmente comentarle que soy, desde varios meses empedernido lector de este espacio, considero necesario y oportuno.
    Saludos
    Campos Perales

  7. Gracias a La pupila insomne y Dialogar, Dialogar por difundir. Muy necesario frente a la nueva ofensiva ideológica, dentro la Isla, contra la cultura socialista cubana. Esa nueva ofensiva contra revolucionaria me parece un poco como el fin de la ideología de Daniel Bell.

  8. Muchas gracias Enrique por el artículo, pienso leerlo cada tarde después de concluida mi jornada diaria y confrontar cuan revolucionaria fueron mis actitudes en el día, soy de los que aspira a serlo hasta el fin de mi vida, hay momentos en que uno siente incertidumbre sobre determinado comportamiento o actitud que asumimos en el bregar de la vida, creo que este artículo es muy ilustrador y muy útil para este empeño. Fidel decía algo así de que el revolucionario tiene que serlo hasta en la intimidad de su pensamiento, y yo le agrego que también es una constante aspiración del que pretende serlo en cuba. Gracias nuevamente

  9. Pepe, te parece poco tener los c——–de ofrendar sus vida por cuidar hasta de la tuya, te parece poco el ejemplo que irradia sus vidas y sus obras. Los cinco son héroes revolucionarios y no van a tener que esperar el final de sus días para que los declaren revolucionarios invictos. Casualmente hoy mi agrupación de música de concierto va a tocar para Rene que nos visita en Ciego de Ávila

  10. Felicitaciones a Enrique Ubieta y a Iroel por la curaduría literaria.
    Ya imprimí el artículo y se lo estoy enviando a varios amigos.

    Sin embargo, el quid está en ponerle el cascabel a la manada de gatos que resultan de un análisis detallado de lo aquí escrito.

    La pregunta es: Si realmente asumimos como enemigos principales a los exponentes reales de capitalismo o atavismo en nuestra sociedad (léase corrupción, burocracia, vanidad personal extrema, oportunismo, adulación, tráfico de influencias, nepotismo, abuso, mentira, demagogia, discriminación, manipulaciòn) y el artículo reconoce que algunas de las personas que manifiestan esas actitudes pueden estar enquistadas o acomodadas en las instancias de poder o mecanismos que deben combatirlas (p. ej. el burócrata de una oficina de trámites de vivienda, que se hacen para ordenar y organizar de forma eficiente el tema, resolver el problema, no para obstaculizarlo y hacerlo más caótico)

    ¿cómo podemos entonces luchar contra ellos, sin luchar contra esas instancias? Cómo curar el cáncer si los tumores son parte del personal médico? Hay que esperar a que el personal médico se auto-purgue?

    A que decida por sí mismo qué es tumor y qué no, cuando el cáncer está invadiendo tu cuerpo? No puede hablarse de un tema hasta que un líder o sector nos orienta hacerlo? Cuando los canales establecidos se tupen?

    Realmente nuestros diputados, el mecanismo de elección de los mismos, nuestra Asamblea Nacional (Fidel y raúl hablaron del Partido como heredero, yo digo la Asamblea Nacional, me parece más representativa, no creo haya que escoger, por ahora, entre uno u otro) están todo lo preparados, motivados, equipados legalmente para esta auto-regulación dinámica, cada vez más necesaria, en la sociedad cubana de hoy, donde el mercado negro y los “regalos” se han expandido bastante?

    “Mal de muchos no será jamás la justificación de un revolucionario cubano”, dijo alguien. En la vida hay que ser coherente, en lo relativo a las luchas personales y colectivas, a qué uno sacrifica su vida.

    Quien está dispuesto a dar la vida matando a todo marine que invada Cuba, tiene que estar dispuesto a lo mismo hacia todo corrupto que mantenga impunidad. Ambos son enemigos acérrimos de toda la libertad, democracia y humanismo que el socialismo simboliza. Y como en “Rebelión en la granja”, al final ambos se admiran y cenan juntos.

    Como diría malcolm X, ‘no me puedes pedir que esté dispuesto a ser violento en Vietnam, y me resigne ante lo que pasa al doblar la esquina.’
    No se le puede seguir pidiendo al pueblo cubano disposición a defender la patria, fe en la dirección de la Revolución, cohesión, unidad, sacrificio, y al a vez paciencia, resignación, ‘se está trabajando en base a eso…’

    Eliades Acosta Matos en su libro “Guerras de cuarta generación” habla de los llamados “pre-post-castristas”, o sea, los que desde ahora están preparándose para la caída supuesta del castrismo, de la Revolución, buscando otras nacionalidades y negocios para sus hijos, generando posiciones ambiguas según el público presente, tanto dentro de la intelectualidad, mundo artístico como en otras instancias de poder.

    No vamos a desangrarnos entre cubanos, al menos directamente, porque una parte de los accidentes de tránsito, con muertos y heridos, se deben al mal estado de las vías, a veces por indolencia de alguna entidad, o a que inexplicablemente ($$$) un cacharro peligroso pasó el riguroso “somatón” de revisión técnica. Esas vidas, las tomo como asesinadas por los corruptos y burócratas. En el código penal creo existe la figura de “negligencia criminal” u “homicidio por negligencia”, no recuerdo ahora. Sería interesante aplicarlo en diversas esferas.

    Si en una comunidad aumenta la delincuencia y la violencia en las relaciones interpersonales, y ud. no hace trabajo preventivo, no genera opciones de empleo, no propone actividades culturales en esa comunidad, no castiga ejemplarmente a los victimarios o se preocupa más de su reinserción y confort en presidio que de las víctimas, también ud. es responsable de esas muertes y lesiones, de que esos hábitos perduren. La reinserción de las víctimas debiera ser prioritaria antes que la reinserción de los victimarios. Pero no veo acciones al respecto en los medios.

    Si las personas emigran en gran cantidad irregularmente, y se ahogan o mueren, el gran culpable es el cruel bloqueo yanqui, que ha intentado asfixiar a Cuba económicamente, ha incentivado con la Ley de Ajuste Cubano, el Parole y mucha propaganda la noción de bienestar inmediato entre los posibles emigrantes, a la vez que les niega la visa a muchos de quienes legamente la solicitan. USA es el principal responsable.

    Pero una parte de esas muertes también cae sobre quienes en un momento hayan discriminado a alguien por su etnia, por sus preferencias musicales, creencias, opiniones políticas o técnicas, que hayan postergado los proyectos de vida de muchos con decisiones absurdas, que hayan incentivado el amor a las cosas materiales mientras predican los contrario, porque también ellos son causantes de la sensación de malestar, de ansiedad y frustración que lleva a la emigración ilegal.

    Por eso digo, que no vamos a desangrarnos entre nosotros directamente, porque las malas decisiones, indisciplina estatal y social, también cuestan vidas, pero no las vemos como asesinatos, por ahora.

    Y no vamos a desangrarnos, porque sería desvestir un santo para vestir otro, porque costaría al enemigo de adentro para ayudar al de afuera.
    Y una vez que lleguen los yanquis, ni la hierba crece derecha de nuevo.

    Porque aunque parezca menos rebelde o revolucionario, al contrario del ímpetu inicial del artículo, es mejor reformar la sociedad y las instituciones, aprovechando todo lo bueno de la Revolución, lo que quede de los valores creados, que generar un caos terrible que tomaría décadas volver a sanar, perdiéndose las vidas de muchos inocentes.

    Pero el pueblo de Cuba no es tonto. Precisamente la Revolución lo enseñó a pensar, elevó su nivel educacional y cultural.
    ‘El pueblo de Cuba está mirando, todo lo que hacemos lo está mirando’, dijo una vez un dirigente partidista. El pueblo de Cuba, en su mayoría, aun con todas las ilegalidades, miserias humanas y problemas, es noble.

    El pueblo de Cuba admira al que trabaja, rechaza al que vive sin trabajar.
    Entiéndase trabajo como en primer lugar procurar sustento para el hogar sudándolo física o intelectualmente, y hacer algo útil. El pueblo de Cuba tiene buena memoria, es uno de los más envejecidos, por la Revolución también, tanto por la salud, como por la vida dinámica que las condiciones y crisis le han proporcionado, haciendo ejercicio en las labores cotidianas y aprendiendo a comer de todo. Y se acuerda de lo dicho antes y ahora. El pueblo de Cuba admira la coherencia y firmeza de ideas, la rectificación, no le gusta el cambiar de palo para rumba sin reconocerlo, la mentira y el donde dije digo.. .

    El pueblo de Cuba es solidario, más en las provincias que en la Habana.
    El pueblo de Cuba es orgulloso, más en la Habana que en las provincias.
    El pueblo de Cuba, en realidad es muy revolucionario, aunque no lo sabe

    Muchas personas que no dirían que son revolucionarias, en realidad con su trabajo cotidiano, sus esperanzas, su paciencia, sus sueños, apoyan a la Revolución. No he hablado de marxismo, pero el pueblo de cuba se sabe al dedillo ‘de cada cual según su aporte…’ ‘el hombre piensa como vive…’ y otras más, y se cuestiona su realidad de forma dialéctico-materialista. Y el marxismo no contempla la fe como razonamiento.
    La fe en un dios ni un rey. Es una filosofía bastante clara y científica.

    Por todo lo anterior, el pueblo de Cuba tiene dentro de sí esa chispa revolucionaria, rebelde, aunque parezca dormida o cubierta de boberías en algunos entornos o casos. De la vanguardia depende que el término “soy revolucionario” siga siendo motivo de orgullo y admiración.

    • Me gusto tu comentario, parece una radiología de nuestra sociedad, nada llamar las cosas por su nombre gústele a quien le guste y a destupir los canales y combatir toda la porquería que nos corroe, estamos a tiempo

    • Me encanto su comentario , muy de acuerdo con el y voy a repetir algo que ya recorde en otra ocasion y fueron las palabras de Jesus Suarez Gayol en la carta de despedida a su hijo al marchar a la guerrilla con el CHE y fueron: “Quiero que rechaces siempre lo facil , lo comodo , todo lo que enaltece y honra , implica sacrificio , cuando un revolucionario se acomoda comienza a descomponerse y deja de serlo” , desgraciadamente son muchos los que se han acomodado , muchos los que han heredado meritos que no les corresponden y viven muy por encima del pueblo que es el que trabaja y lucha a diario , en una palabra , muchos los que han dejado de ser revolucionarios o no lo han sido nunca , y es una verdadera pena .

  11. Toda esta verborrea reproduce la vieja ilusión de renunciar a los intereses personales y embaucar con intereses sociales que son determinados por personas de carne y hueso. Sin interés personal no solo no hay revolución, sino que tampoco hay mundo.

  12. Pienso que quien más ha entendido este artículo es el comentarista Mabuya, que reta, empuja y da sentido a toda su crítica sencillamente desde la más pura realidad. Y nosotros, todos, directa o indirectamente, tenemos alguna responsabilidad en lo que él, con gran sencillez, califica en, quizás, el ejemplo más elemental: ese de los accidentes de tránsito por causa de carreteras mal asfaltadas o guaguas mal revisadas. Todo eso es lo no revolucionario que de no combatirlo con el poder que a cada uno de nosotros toca -incluyéndolo a él, desde luego-, puede convertirse en la mejor noción de la anti-realidad que muchas veces dejamos pasar. A esta responsabilidad de todos en la construcción de la obra de la Revolución, sin escudarnos en la crítica que hagamos a la obra hecha, me refería hace unos días: nosotros, revolucionarios, somos el poder sin ninguna “alternatividad” que nos libre de, aún cuando no ocupemos ningún cargo oficial, de alguna responsabilidad en todo lo que no sea revolucionario. Y si no lo vemos así, así nos verá el pueblo que, como él mismo dice, no es tonto, es noble y lo ve todo.

  13. Hoy tuve el inmenso placer y el extraordinario honor de dedicarle mi música a Rene y a su esposa Olguita, que sencillez, que humildad, que cubania , me he sentido el hombre más importante del mundo al retratarme con Rene y su esposa Olguita, solo me faltan dos héroes Tony y Ramón , Hay algún ejemplo superior de revolucionario que estos super buenos cubanos.

  14. Hoy tuve el inmenso placer y el extraordinario honor de dedicarle mi música a Rene y a su esposa Olguita, que sencillez, que humildad, que cubania , me he sentido el hombre más importante del mundo al retratarme con Rene y su esposa Olguita, solo me faltan dos héroes Tony y Ramón , Hay algún ejemplo superior de revolucionario que estos super buenos cubanos. Y ellos son revolucion

  15. Este es un gran artículo. Se pudiera decir un artículo programático. Yo lo enviaría como material de estudio obligatorio a los núcleos del Partido, de la UJC, a las organizaciones revolucionarias. Conviene repasar y reasumir ese concepto en la Cuba de hoy.

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