“La peor de las censuras”


Desde hace algunas semanas una polémica alrededor de una película ha estado moviendo zonas de Facebook y la web relacionadas con Cuba. De los textos que he leído, este muestra esencias que no he encontrado en otros acercamientos al tema y me hace recordar un post que escribí hace algún tiempo, también una célebre reflexión de  Unamuno en otra polémica: “no se trata de arte sino de economía”.

Morbo y censuras en el cine cubano. Por Javier Gómez Sánchez

En estos días los medios digitales dedicados a la política cubana han tomado súbitamente interés en el cine nacional. El motivo de atención es la película Santa y Andrés del director Carlos Lechuga. Uno puede preguntarse la razón por la que medios políticos se interesan en una obra de arte.

La palabra mágica: Censura.

Nunca se fijarán en su valor artístico, nunca en la estructura del guión, en el ritmo dramático, en las interpretaciones, en la iluminación, en la dirección de arte. Jamás criticarán si hubo anacronismos, un salto de eje o un error de continuidad.

Pero la película les resulta en extremo interesante. Todos han hablado de ella, casi ninguno la ha visto.

Debo admitir que yo tampoco. Pero como la mayoría de los que la defiende o condena tampoco lo ha hecho, ese detalle parece no tener importancia.

En definitiva, esto no se trata de una película.

Pero por respeto al arte como profesión, no puedo hablar de una obra que no conozco. Además a estas alturas si la película tiene o no calidad, si es cinematográficamente trascendente o memorable, ya no es importante.

En todo caso lo siento por ella. Tal vez ir acompañada el resto de la vida por eso, sea lo más lamentable para una obra de arte y sus creadores. Lo mejor que le puede pasar a un cineasta es que todos hablen de su película porque todos la han visto. No hay valor artístico en variar la fórmula.

Entonces valdría más hablar del cine cubano que se hace hoy.

Con el Período Especial el cine nacional comenzó a transitar por caminos cada vez más tortuosos y que no siempre lo beneficiaron. La profunda crisis económica hizo imposible que el Estado financiara las películas. Se buscaron coproducciones, principalmente con España que en ese tiempo vivía en una burbujeante bonanza económica.

Pero eso imponía temáticas y el cine cubano se llenó de comedias bufonescas con mulatas a la caza de un gallego o gallegos a la caza de mulatas, que era lo que le interesaba al mercado español. Otro tipo de obras pudieron hacerse pero fueron excepcionales. Para muchos cineastas cubanos, no quedaba más remedio que aceptar, pues como recuerdan varios, se trataba de hacer una comedia o no hacer nada.

Al principio el público cubano disfrutaba las comedias, los españoles llegaron incluso a contagiarnos con una enfermedad de su cine de los 90: ¨Ver una película cubana, era ir a ver una comedia¨.

Hasta que el público cubano se cansó y comenzó a exigir otra cosa. Para nuestra desgracia económica pero fortuna artística, España cayó en crisis y se acabaron las coproducciones.

Comenzó una nueva etapa para el cine cubano, que se interesaba cada vez más por mostrar problemáticas de la realidad nacional explorando sus espacios más escabrosos: pobreza, marginalidad, homosexualidad, migración. Temas proscritos por los tabúes y sin dudas necesarios.

Se buscaron nuevas vías de financiamiento, con fondos europeos para fomento del cine en el Tercer Mundo, festivales internacionales, premios de guiones inéditos, apoyo para películas inconclusas.

Apareció entre los cineastas locales una palabreja nueva e incómodamente anglosajona: ¨The pitch¨.

El pitch es el acto en el cual el cineasta ¨vende¨ la idea de su guión a los productores extranjeros, explicándoles la historia de la manera más atractiva posible en pocos minutos. Depende en gran medida de sus dotes oratorias e incluso histriónicas. Si logra despertar intereses y abrir bolsillos, su pitching ha sido exitoso.

Así los cineastas cubanos logran promover sus proyectos en eventos internacionales. Con enorme dificultad desde un país con mínimo acceso a internet, casi nulas posibilidades de manejo de cuentas bancarias y transferencias desde el extranjero, posibilidades relativas de registro autoral con valor internacional, escasa visibilidad o control de lo que ocurra con su filme fuera de Cuba, muy poco o ningún acceso a representación legal o comercial y un pasaporte cubano que requiere un exigente y engorroso visado por casi todos los países.

Solo ese panorama, da la idea de lo difícil que resulta hacer cine en Cuba. Para facilitarlo desde hace años se viene proponiendo una Ley de Cine que otorgue personalidad jurídica a los cineastas, pero esta no ha visto avance efectivo en el ámbito gubernamental ni legislativo.

Por su parte el ICAIC ha promovido la producción de películas que ya vengan con una parte de su presupuesto conseguido fuera de Cuba. Es económicamente entendible.

Pero lamentablemente esos eventos internacionales, de financiamiento principalmente europeo ya que el bloqueo dificulta la posibilidad de capital estadounidense, están dominados por una visión neo colonial del resto del mundo.

Pasan por ahí cineastas africanos, latinoamericanos, árabes, frente a los productores y evaluadores franceses, alemanes, suizos, ingleses o canadienses. Si usted es árabe, para conseguir atención idealmente debe ir con una película sobre el extremismo religioso, si es colombiano con una de droga, si es mexicano con una de emigrantes, si es haitiano con una de miseria y así. Si se aparece usted con una historia que se desarrolle en su país pero trata de problemas existenciales universales, sin ambientarlas con algo del ¨folclor tercermundista¨ que le toque, tiene muy pocas posibilidades.

Solo los cineastas muy prestigiosos, con largas trayectorias de éxito, logran a veces encontrar financiamiento para otro tipo de historias. Y a veces ni siquiera. Porque en la mente de los europeo-occidentales, las películas existenciales las hacen ellos.

Incluso si usted es serbio, bosnio, croata y su película no es sobre el trauma de la guerra o algo por el estilo, ya va en desventaja. Así es la discriminación temática incluso entre los europeos.

¿Qué esperan entonces de los cineastas cubanos? Pues películas escabrosas, mientras más lo sean mejor. Que se desarrollen en solares, barrios marginales, con personajes delincuentes, transexuales, prostitutas, buscavidas, enfermos terminales. Todos deseosos de huir de la isla. Escenarios ruinosos, decadentes, oscuros, lo más deprimentes posible.

Ya ni siquiera es el cliché lúdico de los españoles, ahora es la visión morbosa y decadentista hacia la ¨isla comunista¨.

Esa visión porno-turística tiene escenarios propios. Si décadas atrás se le reprochaba al cine cubano que por motivos económicos no salía de la Capital, ahora se ha encerrado más aun y por motivos temáticos no sale de Centro Habana.

Habría que preguntarse si de esa forma un personaje como el Sergio de Memorias del Subdesarrollo podría existir en el cine cubano actual, siendo heterosexual y viviendo en el Vedado. Aun teniendo un conflicto tremendo y fascinante con lo que ocurre a su alrededor. O la Teresa de Retrato de Teresa, o los personajes de Papeles Secundarios, o la protagonista de Hello Hemingway viviendo su época, incluso el Mauricio de Páginas del Diario…

Porque también ocurre que cuando usted va a buscar esos fondos extranjeros presentando una obra reflexiva, analítica, verdaderamente crítica sobre una realidad muy compleja, no se le garantiza la suerte. Si su visión sobre su propio país es estereotipada y simple, le irá mejor.

Por ese camino una buena parte de las películas cubanas más recientes, a través de una ilusión de estar ¨explorando¨ la realidad, han caído en un empobrecimiento temático.

Y el público nuevamente se está cansando.

Cansado de películas donde todas las paredes están despintadas, donde todas las realidades son deprimentes, en que todos los personajes son víctimas de las instituciones sin jamás recibir nada bueno de ellas, donde todas las historias son reales, sí, pero no por eso dejan de sentirse rebuscadas. Y luego trilladas.

Los cineastas cubanos están de nuevo en una encrucijada. Para muchos se trata de hacer películas así o no poder hacer películas.

Pero eso nos puede llevar a que haya cineastas que ya no vean las cosas de otra manera.

Y así se corre el riesgo de mostrar solo lo malo de nuestro país, proyectando al mundo y a nosotros mismos la peor de sus imágenes. Y de paso no estar haciendo crítica alguna, porque lo que se puede es caer en el simple regodeo de una parte de la realidad y en nada más que eso.

Solamente en una parte. Pero Cuba toda queda año tras año representada solo por esa parte.

Entonces uno recuerda esa frase que le ha escuchado decir a Alicia Alonso: ¨El arte no tiene patria, el artista sí¨

El público también.

Deben reflexionar sobre esto, el ICAIC, el Ministerio de Cultura, los cineastas, todos, para que en la medida de lo posible se apoye más a un cine hecho desde la patria, que no tenga que ir a hacer pitch a ninguna parte.

La historia más reciente del cine nacional nos demuestra que de esa manera se obtienen obras que valen, que nos mueven. Incluso más duras y verdaderamente críticas. Por lo tanto útiles.

Para hacer películas completamente cubanas, porque sus temas sean de interés de los cubanos y no tener que pasar el filtro de lo que les interesa ver de Cuba a los bolsillos extranjeros.

Porque esa es la peor de las censuras.

Para contactar al autor: javiergosanchez09@gmail.com

(La Joven Cuba)

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12 pensamientos en ““La peor de las censuras”

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  2. Un trabajo en lenguaje de la calle que hacia falta.
    Pero cuando se dice ” Los cineastas cubanos están de nuevo en una encrucijada. Para muchos se trata de hacer películas así o no poder hacer películas.”
    No hay que hablar de censura el arte por fuerza debe ser selectivo o no es arte y nadie se mata el hambre comiendo un plato de mierda.

  3. Del Cine Cubano pasado conozco bastante por mi padre, director de fotografía hoy retirado, creo que con 260 pesos de pensión después de varios premios nacionales y una vida en el ICAIC, así y todo dejo las opiniones más respetadas a los que cada día hoy y en Cuba sueñan con poder crear su audiovisual y sortear los vericuetos de esa industria del cine que anteriormente estaba monopolizada por el ICAIC, desde Santo Domingo las cosas suenan parecidas, más oriental, pero no me cabe duda que son diferentes, por ello opiniones de personal del sector que en Cuba conozcan y luchen su dia a dia creo serían las más validas ante una discusión como esta.
    Así y todo me atrevo a señalar varias cosas. Lo primero que cambio fue el concepto de la industria con la aparición del formato digital, el digital bajo los costos de producción significativamente, pero en Cuba con su aparición también trajo que el ICAIC perdiera su condición de monopolio de la industria, y por al menos dos décadas ya, la existencia de pequeñas empresas de producción alegales, nueva definición del socialismo cubano, pues no son legales pero tampoco ilegales, son toleradas hasta nuevo aviso me comentaba un amigo, aviso que podría ser la ley de cine tanto reclamada y así mismo pospuesta. Pues estas pequeña y no tan pequeñas productoras en su natural desarrollo han ido moldeando una producción cinematográfica que mantiene el cine Cubano vivo. En cuanto a la censura hoy es estúpida, copias pasan rápidamente al paquete semanal o de memoria en memoria para disfruta en la complicidad de ver algo censurado pero son vistas. Estoy viendo en estos días por Netflix “Cuatro estaciones en la Habana” con guion de Padura y producción de una pila de gente, el cine pobre en los países desarrollados vive de las coproducciones, en Cuba con el dilema económico actual, no veo otra forma de hacer cine.

  4. Mira qué suerte, este documental sobre un crimen de lesa humanidad no se puede ver en Netflix ni YouTube.. a pesar de que lo produjo el ICAIC de EEUU, PBS.
    http://cafepacific.blogspot.com/2014/01/nuclear-savage-filmmaker-accuses-media.html
    http://readersupportednews.org/opinion2/287-124/21393-us-human-radiation-experiments-covered-up-by-public-broadcasting

    Javier está en Cuba, no en Santo Domingo y no sé por qué lo juzgas por ello si opinas desde Canadá.

  5. Pingback: “La peor de las censuras” | La Covacha Roja

  6. Me parece muy bueno, pero ojo, tampoco he visto la película, pronto la veremos porque los “medios alternativos” se encargarán de eso y es por ello que siempre he creído que la censura no es válida y solo sirve para hacer apetitosos platos que de otra forma serían desechables. También estoy cansada de ver solo lo feo existiendo la belleza. Saludos

  7. Yo creo que películas como El Acompañante, La obra del siglo y la propia Santa y Andrés , de la que hablo con conocimiento de causa porque sí la vi en San Sebastián se salen absolutamente de eso que apuntas como cliché, aunque hayan obtenido financiamiento exterior, algo que ves casi como pecado y a mi modesto juicio es absolutamente lógico, lícito y cotidiano en cualquier latitud y para nada significa vender el alma al diablo. Ambas se salen de los tópicos. Hablas de Memoria del subdesarrollo y sí, un hombre como Sergio pudiera renacer en el cine cubano, pero dudo que una película como Memorias… hecha hoy, no padezca la censura. Recuerda que aquella, ahora clásico, como Cofee Arábica y otras, en sus días fueron vapuleadas. Tu discurso, aunque razonable y racional, es algo provinciano.

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