“En Venezuela la violencia se ha convertido en negocio.”


Mis respuestas al cuestionario que Iván Valiuk, de la agencia rusa Itar TASS, me envió sobre Venezuela.

¿Cómo podría Usted valorar la situación el Venezuela en general en los últimos meses?

En los últimos tres meses Venezuela ha vivido una escalada violenta. La oposición interpretó declaradamente su victoria en las elecciones a la Asamblea Nacional en diciembre como la oportunidad de derrocar al gobierno y a partir de ese momento comenzó un enfrentamiento que salió del recinto legislativo a las calles. Esto ha sido acompañado en el plano internacional por los medios de comunicación occidentales, el gobierno de Estados Unidos y el Secretario General de la Organización de Estados Americanos con el apoyo abierto a la oposición y presiones de todo tipo contra el ejecutivo venezolano. Es la misma oposición que en 2002 logró ejecutar un golpe de estado contra el Presidente Chávez con los mismos apoyos. Los reiterados llamados al diálogo han sido rechazados por una oposición -lo que ha reconocido hasta el mismo Papa- que se sabe respaldada por poderosos intereses cuando busca una “salida” violenta que legitime la intervención extranjera.

¿A qué factores se debe el empeoramiento del abastecimiento de los productos básicos y medicamentos?

La caída de los precios del petróleo demostró la inviabilidad de un modelo rentista basado en la importación más que en estimular la producción nacional. También, mientras el gobierno chavista estuvo aportando miles de millones de dólares a tasa preferencial a empresarios privados para la importación bienes básicos o materias primas para producirlos, estos se distribuían en una red corrupta que convirtió en rentable provocar desabastecimiento. La creación de los CLAP (Comités Locales de Abastecimiento Popular) junto a los recortes en la producción de petróleo impulsados por Venezuela en la OPEP ha modificado en algo esos factores pero el sabotaje económico no ha cesado.

¿Cómo la oposición venezolana puede realizar las manifestaciones multitudinarias casi a diario? ¿De dónde recibe el financiamiento para estos fines?

Tanto Wikileaks como otras fuentes han publicado pruebas del financiamiento del gobierno norteamericano a la oposición venezolana, además de una trama de ONGs y empresarios privados que se benefician de fondos procedentes del exterior con el objetivo de pagar las actividades de la oposición. Manifestarse contra el gobierno y sobre todo hacer acciones violentas contra instituciones gubernamentales se ha convertido en un negocio.

¿Podrá la Asamblea Nacional Constituyente trazar el camino para la reconciliación?

La Asamblea Constituyente, que la misma oposición había reclamado hace tres años, junto a la convocatoria las elecciones de Gobernadores que también han estado pidiendo los opositores, es una respuesta que intenta dar una salida no violenta a la situación. Su éxito dependerá de, si a la vez que abre ese escenario, el gobierno logra controlar la violencia en las calles.

¿Qué pasará con el país en corto plazo si la oposición logra ganar elecciones presidenciales?

En el corto plazo, lo que está en el horizonte son las elecciones a la Constituyente y de Gobernadores, sus resultados definirán todo lo demás. Hasta ahora, los chavistas han aceptado todos los resultados electorales desde su llegada al poder en 1999, y nada indica dejarán de hacerlo, lo que no significa que renunciarán a defender lo que han conquistado como derechos para el pueblo venezolano y que la Constituyente está llamada a anclar hacia el futuro. Lo que estaría por ver es cómo actuaría desde el gobierno una oposición que ha revelado rasgos fascistas y racistas, vocación violenta y revanchismo, como evidenció en las pocas horas que estuvo en el poder en abril de 2002, además de su desprecio por los programas sociales que han beneficiado con educación, salud y vivienda a los venezolanos más humildes.

¿Cómo se desarrollan las relaciones entre Cuba y Venezuela ante estas dificultades internas de la República Bolivariana?

No es un secreto que la economía cubana ha sufrido afectaciones por lo que ocurre en Venezuela y ese es uno de los objetivos de la política norteamericana desde los tiempos de Bush y Obama, que Trump mantiene. Pero Cuba nunca ha abandonado a un amigo y ha reiterado su apoyo al gobierno venezolano en todas las circunstancias.

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12 pensamientos en ““En Venezuela la violencia se ha convertido en negocio.”

  1. Pingback: “En Venezuela la violencia se ha convertido en negocio” | Foro Contra la Guerra Imperialista y la OTAN

  2. ¡Bravo, Iroel: buenas respuestas!
    “¿Cómo la oposición venezolana puede realizar las manifestaciones multitudinarias casi a diario?”, preguntó Iván Valiuk. Pienso que las manifestaciones ni son tan multitudinarias ni aparecen en todo el territorio nacional. Por lo que he podido investigar esa solo es la matriz de información que ha sembrado el enemigo. Más que multitudinarias sí son violentas y fascistas. Me interesa esta matriz por la connotación que puede tener en lo inmediato. Ahorita todo el mundo piensa que Venezuela está cogiendo candela por los cuatro costados y hay una situación de ingobernabilidad letal, lo que sería grave, que el mundo piense así. Según lo que he podido leer, ver y escuchar por distintas vías las manifestaciones alcanzan solo el 2% del territorio nacional. ¿Estaré en lo cierto?

  3. La oposición venezolana ha perdido la credibilidad y la legitimidad como alternativa de poder, hasta el punto de que sólo representa los intereses de la oligarquía nacional y transnacional y que, como hacía antes de Chávez, utiliza el voto de los humildes como palanca para ganar procesos electorales, sin la menor intención de cumplir sus compromisos. El hecho de que se hayan desentendido absolutamente de las necesidades y demandas de la población, convertidas en promesas electorales, con el único propósito de utilizar el poder institucional para combatir al chavismo, les pasaría factura ante muchos votantes humildes que, ingenuamente, creyeron que ellos podían estar en mejor disposición a la hora de solucionar problemas, como la escasez de recursos, la corrupción, la delincuencia y la conflictividad social. Ahora que han dejado claro que su único objetivo es acelerar el cambio de régimen y acabar con los programas sociales, sólo pueden ser una opción válida para la oligarquía y los golpistas, de ahí que, en un hipotético escenario electoral, es más que probable que perdieran muchos apoyos de gente humilde, por lo que sólo deben contemplar un nuevo escenario electoral como arma arrojadiza para hacer nuevas denuncias de fraude.

    Es sencillamente abominable el discurso de la oposición y sobre todo el papel de los medios de comunicación de la tiranía. Las campañas que vienen realizando en Europa tienen como diana la violencia que ellos mismos generan en la sociedad venezolana, ya sea creando desabastecimiento e hiperinflación, organizando guarimbas contra las infraestructuras más emblemáticas del chavismo y la paz social o difamando contra quienes han tenido el valor de disputar el poder a la oligarquía parasitaria para atender las necesidades de los humildes y hacer de la política un trabajo digno al servicio del interés general.

    Estos últimos días, todos los grandes medios de comunicación españoles se hacían eco de la compra ventajosa de bonos por valor de 2800 millones de dólares a PDVSA por parte de Golman Sachs, a un precio bastante ventajoso, en una clara demostración de lo fácil que les resulta manipular al servicio de sus amos. Si se tratara de Grecia, dirían que el gobierno hace lo correcto para poder atender las necesidades de la población y los pagos a los acreedores. Pero, en el caso de Venezuela, no dicen por ejemplo que es una cantidad con la que el gobierno bolivariano no podría cubrir ni la tercera parte de los daños ocasionados por las guarimbas de hace dos años, valorados en 10.000 millones de dólares, y que habría que evaluar el importe de los daños de las actuales guarimbas, ya que es posible que ni para eso sirvieran. Por el contrario, acusan a Maduro de ser cumplidor con los acreedores que especulan con la deuda venezolana, ante la situación de emergencia que se vive, sin evaluar las consecuencias que tendría el impago como arma destructiva.

    Resulta patético que los mismos responsables del desabastecimiento, de las guarimbas, de la hiperinflación y la evasión de capitales sean los que califiquen como bonos del hambre el último recursos del gobierno bolivariano desde las coordenadas del capitalismo del desastre. Si no fuera por que se convertiría en el pretexto buscado para la invasión imperial, diríamos que la situación actual de Venezuela es la ideal para hacer una revolución desde las instituciones que nacionalizara sectores estratégicos, redistribuyera la riqueza, garantizara el derecho a una información veraz, entregara el poder al pueblo y relegara a la oligarquía al lugar que le corresponde en una democracia en función de lo que representa numéricamente en el censo electoral. A esto es a lo que está jugando la oposición, y el chavismo debería jugar también su baza si no fuera por la amenaza de los escuadrones de la muerte imperiales.

    Por ello, cuando Obama dijo que Venezuela representaba una amenaza para los intereses de Estados Unidos, sin duda se estaba refiriendo a la nación caribeña como parte de su territorio y no como una nación independiente. Ahora el pueblo venezolano debe decidir si quiere regresar al redil con todas las consecuencias anteriores a Chávez y lo que representa el capitalismo de última generación (con Trump a la cabeza) o prefieren ponerse en pie y luchar por la emancipación de los pueblos y la dignidad de los humildes al lado de quienes lo están arriesgando todo y al lado de quien no dudó en entregar su vida a tan noble empresa

  4. Intelectuales, artistas y movimientos sociales de diversos países emiteron una declaración de apoyo al gobierno de Venezuela.
    Suscriben el texto académicos, personalidades y agrupaciones de más de treinta países.
    http://www.jornada.unam.mx/ultimas/2017/06/05/intelectuales-y-artistas-respaldan-al-gobierno-de-venezuela

    Entre los firmantes están Adolfo Pérez Esquivel. Premio Nobel de la Paz; Gisela López, ministra de Comunicación de Bolivia; los brasileños Frei Betto (escritor), Emir Sader (sociólogo y politólogo), Joao Pedro Stedile (dirigente del Movimiento de los Sin Tierra) y Theotonio dos Santos (sociólogo, politólogo, economista y escritor); Michael A. Lebowitz, profesor emérito de economía de Simon Fraser University, de Canadá; los chilenos Marta Harnecker (escritora) y Manuel Cabieses (periodista y editor); la ex senadora colombiana Piedad Córdoba y los cubanos Roberto Fernández Retamar (escritor y presidente de Casa de las Américas), Silvio Rodríguez (trovador) y Aurelio Alonso (sociólogo y escritor, subdirector Revista Casa de las Américas).

    También apoyan el manifiesto los ecuatorianos María Augusta Calle (periodista y diputada a la Asamblea Nacional) y Osvaldo León (director de la Agencia Latinoamericana de Información); la diputada salvadoreña Nidia Díaz; el economista y escritor egipcio Samir Amin; el escritor y profesor de filosofía español Carlos Fernández Liria; el escritor estadunidense James Petras; el periodista y escritor hispano-francés Ignacio Ramonet; los mexicanos Pablo González Casanova (profesor emérito y ex-rector de la Universidad Nacional Autónoma de México); Raúl Vera López (obispo de Saltillo) y Víctor Flores Olea (escritor, ensayista, analista político); el ex canciller nicaragüense Miguel d’Escoto Brockmann y los cantantes de Puerto Rico, Danny Rivera, y de Uruguay, Daniel Viglietti.

    A continuación, el texto íntegro de la declaración:

    RED DE INTELECTUALES, ARTISTAS Y MOVIMIENTOS SOCIALES EN DEFENSA DE LA HUMANIDAD

    ¡CON LA REVOLUCIÓN BOLIVARIANA POR SIEMPRE!

    ¿Quién acusará a los acusadores?

    Respuesta al comunicado de intelectuales contra el proceso bolivariano de Venezuela

    Bajo la implícita formula del “yo acuso” y unas horas antes de la reunión de la OEA en la que se discutiría nuevamente la intervención en Venezuela, más de una centena de intelectuales y académicos latinoamericanos, europeos y norteamericanos, firmaron recientemente una solicitada titulada “Llamado internacional urgente a detener la escalada de violencia en Venezuela”. Dicha solicitada constituye toda una declaración de principios de su posición respecto a la coyuntura bolivariana, elaborando diagnósticos, atribuyendo responsabilidades, y prescribiendo una salida a la crisis que tiene lugar en el país caribeño.

    No ofenderemos la inteligencia ni la moral de los suscribientes (algunos verdaderas “vacas sagradas” del mundo académico crítico) poniendo en tela de juicio su compromiso político o sus competencias interpretativas. Asumiremos cada afirmación de la solicitada como lo que es, como una tesis errónea sobre el acontecer del proceso bolivariano de Venezuela. Y como tal, la someteremos a análisis, dando cuenta de que también los acusadores pueden y deben ser acusados. También los intelectuales, además de pontificar desde las encumbradas alturas de las academias, deberán dar cuenta de sus aciertos y sus errores en este dramático impasse continental, que bien podrá significar la clausura conservadora de un ciclo político ascendente, o bien el remanso previo a una eventual segunda oleada progresista y de izquierda en la región. Una derrota de las clases populares latinoamericanas no dejará de salpicar a los intelectuales en su prescindencia orgánica, en su incapacidad pedagógica, o en sus desinteligencias a la hora de calibrar juicios certeros.

    El concepto de “guerra de cuarta generación” o de “guerra de baja intensidad”, es mucho más que una hipérbole para señalar la intensidad de una coyuntura específica. Es, más bien, la descripción de toda una estrategia insurreccional del imperialismo norteamericano para roer la joya más dura de la corona: la porfía de una revolución venezolana que, como ha hecho la cubana, viene a ofender nuevamente las aspiraciones virreinales de Estados Unidos respecto de su patio trasero. Más aún si consideramos la vital importancia económica y geopolítica de Venezuela para la reciente administración republicana de Donald Trump. Demostrada está la capacidad venezolana de religar a las experiencias progresistas y de izquierda y de tensionarlas hacia los límites de lo posible con una audaz política de integración latinoamericana, así como su control soberano sobre importantes recursos estratégicos tan caros a los proyectos de desarrollo de los países centrales como el petróleo o la biodiversidad. Sólo Venezuela, partera de este nuevo ciclo histórico, puede, con su caída, sellar su clausura irremediable. Así lo ha entendido Estados Unidos, más no así, pareciera, algunos de nuestros más prestigiados académicos.

    Venezuela parece encontrarse en el preciso y doloroso tránsito entre dos de las etapas analizadas por Antonio Gramsci en sus análisis de situación y correlaciones de fuerza (es decir, en el análisis del grado de organización, autoconciencia y homogeneidad alcanzados por grupos sociales antagónicos). Hace tiempo que Venezuela se desplazó eficazmente de un momento meramente económico-corporativo hacia un momento político, con la formación de una identidad popular común al conjunto de las clases populares (el chavismo) y con su confrontación global con las clases dominantes. El fallido golpe de estado de 2002, el desbaratado paro petrolero, y la asunción de un socialismo para el siglo XXI señalan este derrotero. Ahora bien, este momento político sostenido hasta el 2013, y su consiguiente empate hegemónico entre bloques sociales, comenzó a desmoronarse con la muerte de Hugo Chávez Frías y se consumó con el cierre del cerco internacional tras la derrota electoral del kirchnerismo en Argentina y con el golpe institucional a Dilma Rousseff en Brasil. El tercer momento analizado por Antonio Gramsci, el inevitable momento político-militar al que nos estamos precipitando, fue, paradójicamente, alcanzado no sólo por la radicalización endógena del chavismo, como por la reacción envalentonada de una derecha local y trasnacional dispuesta al más descarnado de los revanchismos.

    Ahora bien, analizar este momento político-militar en ciernes, implica considerar que las guarimbas de la oposición, el asesinato de referentes chavistas en el campo y en la ciudad, la infiltración incesante de paramilitares colombianos, la formación de milicias bolivarianas, el fortalecimiento de la unión cívico-militar y el patrullaje militar de las costas venezolanas por las potencias emergentes, son mucho más que testimonio de la desbordada pasión caribeña. Son, en cambio, síntomas de toda una etapa que amerita categorías de análisis específicas, para entender la radicalización militarista del imperialismo norteamericano en su largo pero irrefrenable declive global. En nuestra opinión, ignorar la dimensión de este proceso lleva a análisis superficiales que intuyen derivas autoritarias, presuntos autogolpes, o militarizaciones ociosas de la clase política de los gobiernos latinoamericanos. Siempre bajo la óptica de intelectuales propensos a describir “déficit” de democracia por estas latitudes, siempre con la vara de concepciones eurocéntricas y pretendidamente universales sobre lo que ha de ser lo democrático.

    Por supuesto que hay un proceso de militarización y una escalada de violencia, pero lejos de ser el resultado de factores internos, esta militarización es permanentemente inducida por la agresión imperialista en todos sus niveles (diplomático, político, económico, militar, mediático, financiero). ¿O debemos enumerar acaso los golpes de estado en Honduras, Paraguay y Brasil que anteceden la presente arremetida? De nada valen las groseras teorías de los dos demonios para analizar las causas de la violencia venezolana: ¿o qué significa entonces el “origen complejo y compartido de la violencia” señalado por la solicitada? ¿O la identificación, aparentemente simétrica, de “extremistas” de derecha y totalitarios de izquierda, que redunda al finalizar el texto en el señalamiento de un único e inaudito responsable de la violencia: ¡el estado y el gobierno bolivariano! ¡Justo quienes insisten en una estrategia de paz!¿Qué deberían haber hecho, según estos intelectuales, Fidel Castro y los revolucionarios cubanos ante la invasión de Playa Girón? ¿Sentarse a parlamentar con diplomáticos inexistentes mientras las bombas atronaban en Bahía de Cochinos? ¿Enfrentar con papeletas electorales los fusiles de los mercenarios? ¿Peticionar cautamente ante la OEA?

    El más elemental de los análisis críticos ha de ser capaz de separar la paja del trigo, de distinguir la violencia fundante y la mera violencia reactiva de las clases y los gobiernos populares, y de entender, como Antonio Gramsci, que no hay resolución pacífica o democrática (en el sentido estrictamente liberal del término) a la lucha de clases. Tarde o temprano las clases dominantes, en su impotencia electoral, acudirán a golpes blandos comandados por las corporaciones judiciales o mediáticas, y cuando también estos se muestren inútiles, harán sonar nuevamente la hora de la espada.

    Por eso, la pretendida mirada “más allá de la polarización”, ese vano intento de otear una realidad límpida tras las nieblas de una lucha política sin cuartel, se demuestra imposible. Se trata, nuevamente con Gramsci, de “tomar partido”, lo que no significa apoyar enceguecidamente a un proceso político o a su conducción eventual, sino de elegir el campo desde el que se enuncian las críticas y desde el que se cumplen las tareas específicas de la praxis intelectual. El intelectual “orgánico” no es un modelo de intelectual de izquierda, sino el único en sentido estricto: es decir, aquel que reflexiona en conjunto, codo a codo, sin la mediación de pedestales odiosos, con los sujetos populares organizados. No deja de resultar sugestivo que una solicitada firmada por académicos de tan alto nivel prescinda de las más elementales categorías de análisis del arsenal político crítico, dando por tierra con el intento de fundar una caracterización certera sobre el proceso bolivariano. Ni clases sociales, ni dependencia estructural, ni tampoco el imperialismo, aparecen siquiera mencionados en la solicitada, mientras éstas son herramientas que cualquier comunero o comunera venezolana hace tiempo que ha incorporado a su vocabulario político, en lo que constituye otra faceta de un proceso de democratización (y de socialización del poder) bien radical.

    Creemos encontrar en la solicitada, en cambio, una fetichización notable de la democracia en sus formatos liberales. Porque, ¿desde qué otra concepción de la democracia es posible juzgar como antidemocrático a un proceso que combate a una Asamblea Legislativa en desacato por juramentar a diputados elegidos de manera fraudulenta, y que ha intentado, sin tener atribuciones constitucionales para ello, destituir cuatro veces al Presidente Maduro, lo que sin duda constituyen intentos de golpe de Estado, pero que, sin embargo, la sostiene plenamente en funciones?¿Desde dónde se intuye una deriva antidemocrática en un proceso que aún moviliza activamente a cientos de miles de personas y que sostiene y amplía elementos democráticos cualitativos como las Comunas y los Consejos Comunales? ¿Dónde están los elementos autoritarios de un gobierno que responde a la agresión institucional y a la violencia callejera con la más protagónica de las respuestas, es decir, con una convocatoria re-constituyente que relance hacia adelante la radicalidad de un proceso largamente estancado por el asedio externo y los errores internos?

    Volver a historizar a la democracia, escindir el ideal de sus imperfectas realizaciones institucionales, desfetichizar sus elementos formales y comprender sus nuevas modalidades emergentes, resulta imprescindible para no caer presa de una valoración liberal-republicana y en suma, colonial, sobre qué es lo democrático. Es más, creemos que ni siquiera desde una visión liberal consecuente es posible criticar al proceso bolivariano que, como ningún otro proyecto, supo tomar, profundizar y radicalizar la democracia liberal formal con mecanismos consultivos, plebiscitarios y revocatorios absolutamente inéditos. No hay democracia a secas, democracia pura, democracia al margen de la historia y de las determinaciones clasistas, nacionales, étnicas y sexo-genéricas de la lucha política. Hay, o habrá democracia de los trabajadores, los campesinos, los pobres, los indígenas, los afrodescendientes, los estudiantes, los migrantes, los jubilados, las mujeres. Y ésta solo se conquistará cuando los intereses de las clases populares se impongan: si será por las buenas o por las malas, por métodos consuetudinarios o violentos, por vía electoral o a través de una dolorosa guerra civil, lo decidirán como siempre, los que tienen todo que perder, pero también todo que ganar en Venezuela y en el conjunto de Nuestra América.

    Basado en el texto homónimo de Lautaro Rivara (Sociólogo y poeta argentino ), publicado en La Tecl@ Eñe

    Enviar adhesiones a: endefensadelpuebloenlucha@gmail.com / oficinaredh@gmail.com

  5. A la noche oscura le llega su madrugada y a los vende-patrias su derrota. Todos somos Chavéz, todos somos Fidel!!!.

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