Lucha de clases y una clase de lucha. Por Rafael Cruz


Sofía está a punto de cumplir 65 años, cada mañana se va a su trabajo en la primera guagua de la ruta 69, muy tempranito para conseguir el asiento que le gusta y que le permite dormir casi todo el viaje hasta la terminal de Playa. Sofía trabaja como cocinera en una casa de “gente rica” muy cerca de 5ta avenida. Mientras espera a veces cuenta las excentricidades de la familia, sus hábitos y caprichos, sus conversaciones sobre los viajes y compras. Esa familia -dice Sofía- recibió mucho dinero de sus parientes en España y montaron un restaurant en el Vedado, ahora, entre los hermanos tienen tres, dos en la Habana, uno en Matanzas, compran sus insumos en las tiendas más caras, y evitan el “juntamento” con personas que no sean como ellos, solo los tres empleados, de la casa tienen acceso al recinto, los visitantes son mayormente extranjeros o dueños de otros negocios. Sigue leyendo

Mangosta no come cocodrilo (Parte V). Por Fabián Escalante Font


Los meses que antecedieron al desencadenamiento de la Crisis de los Misiles, en octubre de 1962, mucho antes de la propuesta soviética para la dislocación de los cohetes nucleares en la Isla, fueron tensos y de agresiones cotidianas,  como ha quedado demostrado. Los tambores de  la guerra habían comenzado  a sonar  desde los mismos albores de aquel año.

No se trataba de conjeturas propagandísticas cubanas, sino de hechos. Las acciones públicas de los Estados Unidos así lo evidenciaron. Como tantas veces antes, se preparaba el teatro de operaciones, en la búsqueda de una excusa “plausible”, que posibilitara la actuación directa de las fuerzas norteamericanas. La confrontación fue escalando en una notoria, pública y peligrosa vertical.

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