¿Hechizados y sin alternativa? Por Salam Mousa Reyes*


HOLA AMIGUITOS, SOY YO…. Es la frase que hace que mi pequeño muestre sus encías, expuestas por su sonrisa. No se trata de un payaso, ni un animador de variedades que lo hace divertirse. Todo lo contrario, mi hijo muestra su sonrisa a un símbolo internacional del poder hegemónico de una industria cultural que llega a todos y en todos los formatos.

Sello de correos de la República de Togo

Claro está, su inocencia no le permite comprender qué es lo que está pasando. Las pintorescas figuras y las recurrentes canciones lo alegran y es todo lo que a él le concierne. Da igual que sea un ratón o un gato, hoy él no reconoce la diferencia. Solo sabe que esa frase indica que comienza un momento de entretenimiento que a él le gusta.

¿Y es tan malo que lo divierta un ratón? ¿No es igual que otro animado cualquiera?- son preguntas que alguien puede hacerse. Para responderlas demos un pequeño recorrido por la carrera de tan pintoresco entretenedor.

Su primera representación fue como un ¿granuja?, que intentaba aprovecharse de Minnie en un viaje en su avión. En el segundo corto, interpretaba a un “gaucho espadachín”, en un intento de parodia de la película “El Gaucho” estrenada en noviembre de 1927. En el corto Mickey sale a lo macho a pelearse con Pedro por Minnie, que asume un rol de camarera sin carácter. Este capítulo no vio la luz hasta que apareció “El barco de vapor de Willie”, donde asume un papel más pacífico y menos sexista.

Las críticas de los especialistas y la readecuación de los argumentos y caracteres de los personajes originales, no se hicieron esperar. En “El baile del granero” se muestra a un Mickey excepcionalmente sensible y vulnerable. Más adelante se supo que Disney sólo buscaba la empatía del público hacia el personaje.

Así, probando diferentes fórmulas, Disney logra estrenar hasta el año 1929 quince cortometrajes. Con el inicio de la “Gran Depresión” su producción disminuye el ritmo. Aunque en el año 30 aparecen las primeras tiras cómicas de Mickey.

Luego de varios procesos de rediseño y consolidación podemos medir el impacto del fenómeno cultural que representa Mickey Mouse así: en el año 1935 su éxito era tan grande, que la Sociedad de Naciones premió a Disney con una medalla de oro, declarando a Mickey “símbolo internacional de buena voluntad”.

Para finales de la década del 30, ya el ratón perdía públicos ante un personaje salido de su propia caricatura: el Pato Donald. Disney, hábil comerciante y consciente de la importancia de salvar su estrella, ideó un plan de rescate mediante un cortometraje a color que tituló “El Aprendiz de Brujo”. Los detalles de colores, ritmo, animación del personaje y de los efectos fueron los ejes de este proyecto.

El costo cercano a los 125 mil dólares, era demasiado para Disney, que sabía que no podría siquiera recuperar la inversión con las ganancias de taquilla. Leopold Stokowski, renombrado maestro y compositor contratado para la empresa sugirió ampliar el cortometraje y darle otro título: Fantasía.

La película en su momento fue considerada un fracaso de Walt Disney, pero con los años se convirtió en un clásico que consagró a Mickey Mouse como uno de los iconos definitivos del estudio y la cultura norteamericana. La imagen de Mickey con el traje de brujo ha sido durante décadas el emblema de la Compañía Disney.

Como industria lúdica, la animación se fue readaptando a los requerimientos cíclicos de esa sociedad. Así pues Mickey no fue a la guerra ni se mezcla en problemas políticos, sino que representa el paradigma de entretenimiento en su cultura. Una curiosidad de sus producciones es que los largometrajes de Mickey son en su mayoría basados en cuentos clásicos o se relacionan directamente con obras musicales de renombre internacional con formatos que abarcan espacios para niños de diferentes etapas.

En las historietas, tuvo incluso más éxito, a partir de que se le incorporaron más personajes y las historias que se narraban eran más interesantes. Estas publicaciones se mantuvieron durante décadas en casi todos los idiomas. Todo un ejemplo de su legitimación es que en 1978, a raíz del 50 aniversario de su primera aparición, Mickey Mouse se convirtió en el primer personaje de dibujos animados en obtener una estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood.

Siendo un clásico del mundo del animado, sus creadores explotaron su versatilidad en roles secundarios, siempre que estos contribuyeran con el mito. Ejemplo de ello es la película ¿Quién engañó a Roger Rabbit?, donde comparte unas líneas con su competencia, el conejo Bugs. A principio de los años 90, vuelve a la pequeña pantalla con la serie animada Mickey Manía (1999-2000), sustituida por House of Mouse (2001-2003) y finalmente La casa de Mickey Mouse (2006-2016).

El símbolo y el misterio.

Mickey es un símbolo de la hegemonía de la cultura estadounidense y su imagen en sí lleva implícito el reconocimiento de un sistema de valores que imponen el consumismo, el mercado y la excepcionalidad.

Más aún, tan temprano como en la década del 30, este animado contaba con adeptos entre las personalidades y políticos del mundo. Algunos de ellos como la actriz Mary Pickford, el presidente de Estados Unidos Franklin Delano Roosevelt, el “Duce” Benito Mussolini e incluso el Rey de Inglaterra, Jorge V, llegaron a expresar su admiración por el animado. Con semejante club de fans, no es difícil imaginar lo que pueden haber visto en el ratón, más allá de la animación.

Tal vez, estas figuras de acérrimas posiciones derechistas advirtieron en Mickey el símbolo capaz de personificar lo que Gramsci llamó posteriormente el “momento de la hegemonía”, el cual definió como el punto “…donde se logra la conciencia de que los propios intereses corporativos (…) superan los límites de la corporación, de un grupo puramente económico y pueden y deben convertirse en los intereses de otros grupos subordinados (…) determinando además los fines económicos y políticos, la unidad intelectual y moral, (…) no sobre un plano corporativo sino sobre un plano “universal”…”1

Mickey tenía esa potencialidad. Reproducir lo que para sus creadores representaba la cotidianidad, hacer ver sus actitudes y conductas intencionadas como lo común, siendo esta una manera muy efectiva de construir modelos de comportamiento e identidad, justo en el grupo y con los códigos exactos. Sería una de las banderas ideológicas que representaría los intereses y la ideología de una clase “superior” no solo en los Estados Unidos, sino a escala mundial.

Sus creadores dieron el paso final para transformarlo en lo que es hoy, al auxiliarse del mercado y crear una “industria Mickey” donde todo es mercancía que adquiere un valor agregado por contar con la iconografía del ratón.

Así pasó de ser un entretenimiento, en los inicios de los 90, a una utilidad. Pullovers, gorras, espejuelos, mochilas, pomos, jarras, teteras, sábanas, toallas, incluso electrodomésticos como la tostadora, o la laptop infantil vienen con el diseño del animado.

Todo esto sin contar con que es una de las estrellas principales de los parques de atracciones de Disney. El primero de ellos, Disney Land, inaugurado en 1955 y ubicado en Anaheim, California, recreaba el mundo de la estrella principal del emporio Disney, la cual poco a poco va apareciendo más a menudo en nuestros cumpleaños.

Tomado de la página cultural del periódico Trabajadores

Y es que justamente uno de los fines de la industria cultural es hegemonizar la cultura que “vende”, que en el proceso de convertir la experiencia en mercancía despliega los mecanismos del mercado y promueve el consumo, no del arte en sí, sino del producto. La hegemonía cultural, volviendo a Gramsci, no posee un carácter explícito, sino que se da de manera sutil. El grupo empoderado impone su ideología convirtiéndola en el “sentido común” de los grupos subordinados. Más allá de esta idea, el mundo contemporáneo nos muestra que la hegemonía cultural conduce a verdaderos procesos de transculturación y sustitución cultural.

Visto como un “amigo de la infancia”, nunca como una amenaza cultural, este animado ha llegado a todos los rincones del mundo. Con sus mensajes explícitos e implícitos, trabaja por conquistar y crear ese “sentido común” y moldear seres a su imagen y semejanza.

El último largometraje de Mickey, “Los Tres Mosqueteros”, se estrenó hace 13 años. Sin embargo un grupo de cortos como Fantasía 2000, Mickey Celebra la Navidad, La Navidad Mágica de Mickey y un importante número de comerciales, así como la serie de capítulos para niños pequeños mantienen viva la imagen del ratón.

Es significativo señalar que de todos los “productos Mickey” el más estable en la última década fue el dirigido a niños pequeños en fase de aprendizaje ¿Casualidad?

La Casa de Mickey Mouse” transmite a los niños “el deber ser” de la sociedad que representa. Valores como la amistad, la honestidad, el compañerismo, el respeto a lo ajeno, el civismo, la solidaridad así como otras conductas asociadas a trasladar visiones positivas de la vida son recurrentes en sus animaciones. A pesar de ello, no deja de transmitir la excepcionalidad y el mercantilismo que como ideología propugna, ya que ese es el modelo cultural que se intenta arraigar y construir en las nuevas generaciones.

Valdría la pena preguntarse quién es la competencia de este animado. El conejo Bugs, de los estudios Warner Bros que llegó a las pantallas 10 años después. Por sus “peripecias” belicistas llegó a ser nombrado “Marine Honorario” del Cuerpo de Marines de Estados Unidos. Cuatro escuadrones de bombarderos estadounidenses en la II Guerra Mundial lo adoptaron como mascota.

El cortometraje “What’s Opera, Doc?”, parodia del clásico “El anillo del nibelungo”, fue el primer animado considerado por La Biblioteca del Congreso de Estados Unidos “culturalmente significativo” que lo seleccionó para ser preservado en el registro nacional de películas.

A pesar de este palmarés, no cuenta con el impulso de la industria cultural y en este sentido está muy lejos de Mickey, que sin dudas se puede proclamar el animado hegemónico de la cultura estadounidense. Aunque en realidad, hace mucho dejó de ser animado, para convertirse en símbolo.

Buen gusto estético, solvente, todo un modelo de éxito. Ese es el rol social de Mickey, capaz de interpretar cualquier papel, pero ojo, interpretar. Porque en el fondo, simboliza un estatus social. Tener a Mickey en un cumpleaños, ya sea en los adornos, utensilios o con un actor disfrazado, se ha convertido en símbolo de poder, de capacidad de pago.

Porque esa es su esencia: representar las grandes industrias, el capitalismo, el llamado mito de la excepcionalidad. Eres más especial si Mickey está contigo en tu cumpleaños. No es culpa de los padres, menos aún de los niños, es la competencia entre modelos culturales y la determinante influencia de la industria cultural que apuesta siempre por su estrella principal.

Una lucha completamente asimétrica, donde todas las apuestas favorecen a la gran industria. La globalización, el mercado, los modelos de consumo que se van abriendo paso en nuestra sociedad, el desconocimiento, la falta de una contrafigura legitima, autóctona, popular y por qué no, comercial, son los elementos que convierten la posible pelea en una espera formal.

Mientras, Samu sigue riendo al oír las tonadas que anuncian que el show del ratón va a empezar. Yo, sentado a su lado, al verlo me pregunto cuántos como él fijaran esa imagen por el resto de sus vidas, cuantos intentarán alcanzar el “sueño Mickey” una vez que sean grandes, cuánto trabajo nos queda por hacer en tanto que dejamos que sea justamente Mickey quien enseñe sobre formas, colores y conductas a nuestros hijos. No abogo por prohibiciones pero finalmente me pregunto ¿Cuánto más hay que esperar por alternativas?

*Abogado y Maestrante en Relaciones Internacionales.

1 Notas sobre Maquiavelo, sobre la política y sobre el Estado moderno (1949) p. 72

10 pensamientos en “¿Hechizados y sin alternativa? Por Salam Mousa Reyes*

  1. además de todo lo que dice el artículo, con lo que concuerdo, yo quiero agregar otro punto de vista. Referir la capacidad que tienen los capitalistas de tergiversar completamente la realidad del mundo que nos rodea: un ratón es bueno y un gato es el malo de la película; cuando en la realidad el ratón es transmisor de graves y peligrosas enfermedades al ser humano, mientras que el gato puede contribuir a eliminar ese vector. Así también en una película representan como héroes o gente importante a los mafiosos, a los que asaltan bancos y otros delincuentes. Esos detalles también confunden a niños y jóvenes, y les manipula su concepción del mundo.

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  3. Estoy de acuerdo con lo planteado en el articulo 90% sobre todo como papá responsable. cito “La Casa de Mickey Mouse” transmite a los niños “el deber ser” de la sociedad que representa. Valores como la amistad, la honestidad, el compañerismo, el respeto a lo ajeno, el civismo, la solidaridad así como otras conductas asociadas a trasladar visiones positivas de la vida son recurrentes en sus animaciones. A pesar de ello, no deja de transmitir la excepcionalidad y el mercantilismo que como ideología propugna, ya que ese es el modelo cultural que se intenta arraigar y construir en las nuevas generaciones. “” Si Iroel u otro comentarista nos pudiera ejemplificar lo que afirma el ultimo párrafo, porque yo le pongo precisamente mucho es programa a mi nena de 3 y me parecen correctos los valores universales que trasmite, como se afirma en el primer párrafo del fragmento. Ojo la próxima sesión en casa le tiro un vistaso más critico al programa. Por otro lado “Así pasó de ser un entretenimiento, en los inicios de los 90, a una utilidad. Pullovers, gorras, espejuelos, mochilas, pomos, jarras, teteras, sábanas, toallas, incluso electrodomésticos como la tostadora, o la laptop infantil vienen con el diseño del animado.” , jorge oliver el caricaturista que conduce Cuadro a Cuadro, en dicho programa nos ha trasmitido a los espectadores en el programa que ha planteado hacer algo similar con de mercadotecnia con nuestros simbolos, nuestro elpidio valdes o el capitan plin, para sustituir los símbolos hegemonicos por los nuestros y es según el como gritar en el desierto. A mi modo de ver la mercadotecnia no es ni buena ni mala es una herramienta, como no son buenos o malos martillos y destornilladores, bueno malo es el uso que se les de. Lo más cercano que he visto es algunas cositas que han hecho con Fernanda la detective ultimamente. 100 puntos por las estatuas a tamaño natural de Elpidio Valdes y su tropa en su campamento mambí y los españoles tambien, en papel mache o similar del parque homonimo en Guantanamo!! que pude visitar recientemente con la familia, a mi hija le encantó ve a Elpidio Valdez en persona frente a ella. Ojala tuviéramos algo similar acá para los niños de La Habana

  4. Pero seguimos repitiendo ingenuamente que el tema es el ENTRETENIMIENTO, por encima de la educaciòn. ¿Acaso alguien puede pensar que todas esas formas de entretenimiento, no parten de un esquema de enseñanza de SUS valores, perfectamente concebido y despues lo traducen en “entretenimiento”? Ojala que tengamos tiempo de rectificar.

  5. Hace poco Oliver insinuaba en Cuadro a Cuadro que hasta ahora habia resultado imposible lograr que nuestros personajes naturales pudieran ser transplantados a diversos medios. Crei advertir que se referia, aunque el formato y objetivo del espacio hizo que Oliver solo hiciera una referencia de ramalazo, a la imposibilidad de lograr que en nuestro pais circulen munhecos de, por ejemplo, Elpidio Valdez o el Capitan Plin, o globos con sus figuras, o camisetas y pullovers, o …
    Los espacios que dejmaos vacios, los llenan otros.

  6. Así mismo es, Ernesto y Daniel, desde que trabajé junto a él en la Editora Abril estoy viendo a Oliver luchar por eso. Pero según vi en los Estudio de Animación del ICAIC, donde se hacen Cuadro a Cuadro y La pupila asombrada, parece ya hay algunas cosas listas para comercializar. JR publicó hace poco algo al respecto.

    Saludos

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  8. Hola:-)

    Los revolucionarios debemos estar convencido de que necesitamos símbolos, luego crearlos y mantenerlos; sino, tendremos que aguantar los símbolos de otro(s), hasta que tengamos la suficiente conciencia social para imponernos.

    Mira que en nuestra televisión se transmiten muñequitos que dejan atrás a Mickey Mouse y los de estética similar. Muñequitos modernos —junto a los video juegos— inculcan a los niños una forma de pensar o de actuar como si fueran adultos, para así garantizar que de mayores sean fieles seguidores de las extravagancias al vestir, al comer, al equipar los hogares, que se acostumbren que siempre habrán buenos y malos que hacen daño, a los que hay que vencer. A las niñas negras las representan con facciones “finas”; tienen que garantizar desde la niñez que se alisen el pelo, se afinen la nariz, se maquillen sexy para ser tan hermosas como las demás: las blancas.

    Creo acorde con el tema, hablar sobre lo que ocurre con las películas futuristas. Por muy adelantadas que se desarrollen en el tiempo, hacen prevalecer los mismos males de las sociedades actuales: las guerras imperiales, las ciudades súper pobladas, las mafias, la prostitución, la contaminación; ni por error se plantea un mundo superior al actual. Una amiga me decía que en un mundo donde se hayan resuelto los dilemas actuales, no existirían conflictos que muevan las tramas de las películas de entretenimiento, que son la mayoría que consume el gran público. Le pregunté: ¿Entonces el socialismo desarrollado o el comunismo serán aburridos, no existirán conflictos?

    Saludos;-)

  9. Pingback: ¿HECHIZADOS Y SIN ALTERNATIVA? por Salam Mousa Reyes – Cultura y resistencia

  10. Creo que es muy buen articulo, es una realidad, hechizados y diria que con pocas alternativas, creo debemos acelerar un poco más nuestra creatividad, no somos iguales a otras culturas hegemónicas que se nos trata de imponer, como cubanos tenemos nuestro sello propio, ese que debemos defender, que nos identifica, por lo que tenemos que acercarlo a nuestros niños desde su inocencia.

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