El huracán Irma y una normalidad que no debiera regresar. Por Iroel Sánchez


Han transcurrido tres semanas del impacto del huracán Irma sobre Cuba y la vida va volviendo a la normalidad pero hay una parte de esa normalidad que no debiera regresar. 

Entre tantos y variados efectos del huracán, que han abarcado la mayoría de las provincias, uno solo suele referirse como positivo: la acumulación de agua embalsada después de un prolongado proceso de sequía. Pero además de las lecciones y experiencias acumuladas para actuar en ocasiones similares, algunas de las cosas vistas en estas difíciles jornadas son necesarias más allá de una contingencia. 

Más y mejor información: El modo transparente en que ha fluido la información, tanto durante las etapas de preparación como en la recuperación, la presencia y argumentación constante de los principales responsables a todos los niveles de las actividades que afectan al pueblo no debería regresar a la situación anterior al paso del meteoro sino convertirse en algo normal en los contenidos que difunde nuestra prensa. Igualmente el modo en que se han difundido la ocurrencia de delitos y la respuesta que han recibido por los órganos responsables de su enfrentamiento. 

Implicación de las entidades con su entorno: La exigencia de que cada unidad empresarial o de servicios es responsable de la limpieza y el orden en su entorno que se aplicó en los días más críticos no tiene por qué relajarse en un paisaje donde los  comercios y servicios -estatales o privados-, ya sea un gran complejo comercial, un  CUPET o un kiosco, no tienen ni un cesto cercano donde sus clientes puedan depositar los desechos que generan, son indiferentes a buscar la atención establecida a personas en desventaja social o con problemas de salud mental que a veces se establecen en sus alrededores y miran hacia otra parte cuando a sus puertas concurren revendedores y especuladores.

Mejor higiene comunal: Se ha hecho un esfuerzo colosal movilizando recursos para limpiar las ciudades, especialmente en la capital, que en estos días se  aprecia más limpia. Pero si no se diferencia el tratamiento a quienes generan desechos por una actividad económica o por una construcción, de la basura doméstica, y se castiga con severidad y difusión el daño a la higiene colectiva, es muy posible pronto estaremos como antes del paso de Irma, además del impacto que esto genera sobre los sistemas de drenaje y los riesgos para la salud que implica. El papel disuasivo de la mayor presencia de agentes del orden público e inspectores en la calle que se aprecia en La Habana puede ayudar pero la comunicación es clave, todavía hoy pocos habaneros conocen de cuánto es el valor de una multa por arrojar desechos en la calle o dañar un contenedor de basura. Por otra parte, mucho puede resolver la actividad comunitaria de los CDR, que vivió un impulso en estos días, en aquellos lugares donde la hierba sigue inundando solares yermos y parterres. 

Priorizar la comodidad de quien recibe un servicio sobre la de quien lo brinda: Se han acercado y concentrado en las oficinas de trámites representantes de las Direcciones de Vivienda, Trabajo, Comercio, Planificación Física, el Banco… para facilitar a los damnificados la obtención de recursos para recuperar sus viviendas, minimizando los desplazamientos y el tiempo de las gestiones a realizar. Desde los comercios y ómnibus con puertas clausuradas para comodidad de porteros y cobradores hasta colas al sol en las entradas de los bancos con asientos disponibles en su interior, la norma de las entidades que brindan servicios al pueblo es muchas veces lo contrario y deberían hacer de este un principio cardinal. 

Combate a la especulación: Los gobiernos locales han regulado  la venta de algunos productos de alta demanda cuya producción disminuyó por los daños del huracán para evitar el acaparamiento y facilitar el acceso de la mayoría a lo que de no hacerse así sería privilegio de quienes pueden pagar más. Se ha divulgado el papel de la fiscalía en la violaciones a la legalidad y estimulado la denuncia de delitos oportunistas, una actuación excepcional que debe convertirse en regla. 

Más cubanos comunes en la pantalla: La imagen de los cubanos de la Cuba profunda ha estado mucho más en nuestra televisión, sobre todo esos que han sido golpeados por el huracán y se les ve la sencillez a flor de piel, también los trabajadores, combatientes y vecinos protagonistas de la recuperación. Son imágenes inolvidables de estos días el niño que salvó de las aguas un busto de Martí, o el habitante cercano al Malecón habanero al que el mar le inundó la vivienda justo hasta el borde de una foto de Fidel, en un detente que tiene más de leyenda que de misterio. No fueron las únicas  donde apareció ese santoral laico de Fideles y Ches en casas humildísimas golpeadas por el huracán que luego no veremos sino en algunos productos de quienes lucran con nuestras carencias, pero claro, extirpando a Martí, Fidel y el Che.

Esa Cuba, la de los más, es la que ha logrado que aun cuando queda un largo trabajo por hacer, fundamentalmente en la recuperación de las 158 mil 554 viviendas afectadas total o parcialmente, así como en instalaciones fabriles y agropecuarias que perdieron buena parte de sus techos, los servicios eléctricos, de agua y la vialidad hayan sido restablecidos en toda la Isla y todos los estudiantes hayan regresado a sus escuelas, no se hayan desatado epidemias ni situaciones críticas de salud, mientras la amplia red de instalaciones sanitarias que abarca todo el país ha mantenido su vitalidad. 

Que pasen lo más rápido posible los efectos materiales de Irma va a depender de recursos y situaciones económicas sobre las que no tenemos todo el control pero tal vez el hecho de que perdure y se generalice lo bueno que ha brotado para combatir el mal que nos ha hecho, nos deje soluciones para problemas y situaciones de nuestra cotidianidad a veces golpeada por huracanes no atmosféricos pero también muy dañinos y que nunca deberían ser normales.  

(CubAhora)

13 pensamientos en “El huracán Irma y una normalidad que no debiera regresar. Por Iroel Sánchez

  1. Muy bien, Iroel. Añado: por acá fuera de la capital, en el Camagüey,en algunas barriadas desaparecieron o se dañaron los contenedores y pululan vertederos.

  2. Pingback: El huracán Irma y una normalidad que no debiera regresar. | La Covacha Roja

  3. Hola. Muy bueno el enfoque, aunque es lamentable que tenga que pasar un huracán como Irma para que estas cosas se ajusten a como tienen que ser. En cualquier caso lo que necesitamos es que la escobita, cuando deje de estar nueva, siga barriendo bien!!!.

    Me gustaría también ver más a los ministros y otros dirigentes en la TV, conozco el trabajo de muy pocos la verdad, pues casi ni se sabe de ellos, de ahí que no se pueda medir si trabajan bien o mal y cuando los sacan, tenemos que entender que metieron la pata en algo que no sabemos que es…Los que más salen son los de educación y salud, del resto ni idea, ni transporte, comunicaciones, etc…

    Igual necesitamos más leyes y regulaciones que le den más poder al ciudadano de a pie ante lo mal hecho…cómo manejo una situación negativa como las planteadas en este artículo..o cuando veo algo mal hecho en la calle, o cuando alguien está en un establecimiento público fumando, u orinando en una esquina a plena luz del día amparado en unos contenedores de basura mientras niños pequeños están pasando y al policia de la esquina no le importa, o cuando hay calles donde las violaciones del transito son constantes y no pasa nada, o cuando se cae un pedazo de un edificio para la acera y lástima a alguien, o cuando por culpa de un bache en la calle un carro tiene un accidente y/o lástima a alguien…

  4. Plenamente de acuerdo con usted en todo lo que dice, hay cosas en la cotidianedad pre-Irma que ofenden e indignan, en especial esa ausencia del verdadero pueblo cubano en los medios masivos, como ha sido caracteristico de algunas telenovelas y otros programas de la TV en los ultimos tiempos.
    En relacion con la basura y los microvertederos en La Habana, creo que nuestra querida Capital no debe esperar su 500 aniversario con una escombrera en cada esquina, y no se trata solo de recogerlo, sino de evitarlo. Si se venden materiales de construccion por la libre, si se dan creditos y subsidios para reparar y construir. Hay que exigir antes que todo que se haga un convenio-compromiso por el beneficiario para eliminar los escombros. Ahora con tantas viviendas dañadas eso crecerá y hay que prever. Tambien hay que sancionar al constructor, estatal o particular, cuya obra genere escombros y no los elimine adecuadamente.
    En el municipio Playa donde vivo el vandalismo le ha declarado la guerra a los bancos de los parques y de las paradas de omnibus, asi como a los telefonos publicos, y no se ve una accion de las autoridades para reprimirlo.
    No se puede pretender que los cuatro viejos del barrio, que son los unicos que se preocupan y ocupan de estos problemas, porque el resto del vecindario esta ausente en eso en la actualidad, resuelvan el problema de la indisciplina social. Hay funcionarios electos y gente que cobra un salario para resolver esos problemas.
    Y las guaguas, !Oh las guaguas!, no solo son las puertas cerradas, la indisciplina es la norma pues paran a 100 metros de la parada, sin arrimar a la acera, circulan de noche con las banderolas apagadas, etc., etc.

  5. ´´Pero además de las lecciones y experiencias acumuladas para actuar en ocasiones similares, algunas de las cosas vistas en estas difíciles jornadas son necesarias más allá de una contingencia.´´Iroel por mi parte lo que dices aprobado cien por ciento. Muchas veces en el bregar de la cotidianidad, olvidamos que Cuba ha sufrido durante más de cincuenta años un bloqueo más poderoso , más destructivo y más genocida que varios huracanes como Irma juntos, durante todo este tiempo prácticamente hemos vivido en estado de guerra, amenazados y agredidos por la potencia imperial más asesina que haya existido, las eficaces medidas de regulación, organización , control , atención y protección a la población, que se han tomado antes , durante y después del paso del ciclón, debiera ser lo cotidiano, mientras el bloqueo , las agresiones, y los embates imperiales persistan sobre nuestras vidas, hemos demostrado que tenemos grandes reservas para organizar una vida más plena , más segura, más equitativa , y sobre todo más solidaria, vivámosla durante todo el año y no solo en épocas de catástrofes naturales , el bloqueo y el imperialismo son más catastróficos que la propia naturaleza.

  6. Iroel, no se si a los demás les pasa, pero noto que se hace mucho más lento el acceso a esta página que a cualquier otra.
    Saludos

  7. Completamente de acuerdo contra esa normalidad que no debería regresar y por Más y mejor información, por una Implicación de las entidades con su entorno, por una Mejor higiene comunal, por Priorizar la comodidad de quien recibe un servicio sobre la de quien lo brinda, por un Combate a la especulación, por Más cubanos comunes en la pantalla, por todos aquellos que con su esfuerzo han conseguido recuperar los servicios que ese brutal y despiadado evento arrasó y por todo el esfuerzo y trabajo que queda pendiente.

    Quiéreme mejor!!!, esa frase deberíamos impulsar todos y cada uno de los cubanos y cubanas, Cuba necesita que se le quiera mejor y todo comienza por los pequeños detalles individuales, detalles como no arrojar la lata de refresco o de cerveza por la ventanilla del carro que conducimos o acompañamos sin pensar si quiera que puede poner en peligro a cualquier otro que circula, además de ensuciar y romper el equilibrio y estética allí donde cae, en fin, muchos detalles diarios que harían una Cuba mejor

  8. En mi penúltima visita a La Habana, hace cerca de dos años, pude contemplar un cartel a la salida del túnel de línea con mi refrán favorito: “haz el bien y no mires a quién”. La escasez de recursos y oportunidades de las últimas décadas, producto fundamentalmente del asedio y aislamiento de Cuba, ha provocado que el oportunismo y el interés egoísta cobraran elevado protagonismo. A ello ha contribuido la falta de capacidad del sector público para dar respuesta a las necesidades de la gente y la escasa vocación y compromiso por parte de algunos empleados públicos. Es entonces cuando perseguir la reciprocidad simétrica o asimétrica (a favor) se convierte en un imperativo categórico, y no son pocos los que en estas circunstancias no rechazan la oportunidad de apropiarse de algo sin aportar ninguna contraprestación. Esto era lo que perseguía el enemigo al generar escasez mediante el bloqueo.

    Actuando de un modo egoísta, a la larga pierden todos los miembros de una sociedad inspirada en principios igualitarios, incluso los que se aprovechan de ello. Sólo en las sociedades estructuradas en clases profundamente desiguales, a la minoría privilegiada le conviene que el egoísmo, la competitividad y el individualismo sean los valores supremos. No hay más que reparar en las ventajas que conlleva el respeto anónimo a las normas de tráfico, para darse cuenta de las ventajas de vivir en una sociedad inspirada en el refrán señalado, en la cooperación en lugar de la competitividad y el caos.

    Yo comprendo que resulta complicado hacer el bien sin mirar a quién cuando uno vive en una situación de escasez y rodeado de personas oportunistas e interesadas, para quienes la competitividad y el individualismo se convierten en valores supremos en la lucha por la adaptación al medio. Pero es precisamente en estos ambientes donde uno no encuentra motivación para mostrarse cooperante y altruista, donde el refrán se convierte en la mejor de las recetas, a condición únicamente de que uno sea capaz de adquirir un compromiso consigo mismo y de percibir con claridad que la cooperación y el altruismo fue lo que posibilitó el proceso de hominización (probablemente por la existencia de vínculos de consanguinidad en las hordas humanas primigenicas, del mismo modo que viene ocurriendo entre abejas, hormigas, lobos y suricatos) y lo único que puede salvarnos de la autodestrucción.

  9. Estoy de acuerdo cien por cien con todo lo reflejado en este escrito, pienso que las multas por todas las cosas que la ciudadanía hace mal y que atenta contra el buen desenvolvimiento del país y causan daños que son prevenibles, se pueden aumentar en su valor e imponerlas a todos los que violen lo que está establecido, y por supuesto velar por su abono, para eso hay que contar con un buen cuerpo de inspectores comprometidos con su tarea y que hagan cumplir la ley, con la ayuda que debe aportar la PNR en la lucha contra estas malas actitudes que se están volviendo, desgraciadamente, comunes en nuestra sociedad.

    Contra el infractor, mano dura.

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