Plusvalor. Carlos Ávila Villamar


No es difícil entender que un bar no solo vende bebida, sino la sensación de estar en un bar: el asiento cómodo que acata a tu cuerpo, el vaso ancho y pesado que recibe los brillos de la bebida, la pantalla que está a punto de poner el video que tú quieres, las personas de la mesa próxima, que supones son como tú, la dependienta hermosa que desconoce tu nombre, pero que tal vez te haya mirado esta noche. Y cada vez que pago mi cuenta me quedo pensando en cómo los bares habaneros (no las humildes cafeterías familiares, sino esos bares ostentosos de dueños rara vez cubanos, con nombres antiestéticos) tratan de imitar los precios de un bar de cualquier ciudad europea. Pero es un secreto a voces que los dueños de los bares habaneros (esos bares ostentosos en particular) no pagan a sus empleados lo que un bar de Madrid o de León, y que no pagan sino un impuesto insignificante con respecto a lo que de verdad ingresan, y que aunque sin duda (a diferencia de los dueños de un bar de Madrid o de León) no pueden comprar a precios mayoristas, en la práctica (todo el mundo lo sabe) muchos adquieren las cosas más baratas en el mercado negro. Sigue leyendo