Dos tercios más, dos tercios menos. Por Carlos Ávila Villamar


La memoria tiende a la generación de paraísos perdidos. Fran Lebowitz opina que todos esos viejos que dicen que sus tiempos eran mejores no se dan cuenta que eran mejores porque entonces ellos eran jóvenes, y entre más joven es uno mejor le parece el mundo. Siempre pienso en eso cada vez que me toca hablar de la Lenin, que por una razón u otra es bastante a menudo. Pienso en las siestas clandestinas en el cubículo, en la cena por el catorce de febrero a la que entré con una muchacha fea para no entrar solo (una buena muchacha, a la que nunca saludé después, confieso hoy con vergüenza), en la vez que anunciaron que iban a llenar la piscina y todos los varones nos pusimos a hacer ejercicio como idiotas, con un par de días de antelación. Esos recuerdos de imborrable felicidad, lo entiendo bien, están anclados en la juventud y no en una época o un lugar determinado. Sigue leyendo