El autoritarismo que duele a las oligarquías. (I). Por Carlos Luque Zayas Bazán


Escribo, y esto lo puede captar muy bien cualquiera que me lea, desde la posición y el posible saber, siempre limitado y en muchas materias, limitadísimo, del hombre común. Declararlo no es un ejercicio de falsa humildad. Cierto es que nacer, crecer, estudiar, gozar, sufrir, odiar y amar y, en fin, vivir en Cuba, nos ha posibilitado a todos, (otra cosa es que algunos no lo aprovechen) cierto acceso, relativamente privilegiado al conocimiento, o, al menos, al cultivo de la curiosidad. Que no por gusto en la época dorada de la juventud, la mía, un buen libro, un buen libro!, de cualquier rama del saber humano!, sólo costaba céntimos de un peso y, por fuerza, alguna diferencia eso habría de provocar. Sólo basta viajar un poco por nuestras dolorosas tierras de América, y tener con cierta frecuencia un aula llena de jóvenes, pero no tan jóvenes, y a veces algunos nada jóvenes, frente ti, para constatarlo sin mucha dificultad. ¿Por qué subrayo lo anterior, violando aquello de que hablar de sí mismo es necio, algo que leí en Martí en aquellos tiempos en que las hojas algo amarillentas de las ediciones Huracán se iban quedando en tus manos a medida que pasabas la página? Son muchas las razones. Pero me limito a una en estas notas.

Tiene que ver con que algunos de mis compatriotas, y empujados por otros no tan com-, ni patriotas, empujan, o se dejan empujar, para que escojamos a quienes nos gobiernen a partir de una competencia de promesas políticas en medio de un carnaval electoral. Que algunos desean, o más bien, repiten lo que OTROS desean, que implantemos la división de poderes, la tripartición famosa que acaba de encarcelar a un preferido por el pueblo en un proceso amañado, y que, en fin, nuestra democracia, o lo que eso es y puede ser, siendo al fin y al cabo nuestra, deje de serlo, para vestir a la dama de la libertad con otro ropaje “made in cualquier otra cosa”, menos cubano. Y junto con todo ello, – y claro que el paquete viene bien convoyado -, tiene que ver ese peligroso entusiasmo con el Mercado.

Invitado a pensar con la propia cabeza desde los primeros vagidos – (“no le decimos al pueblo CREE, sino le decimos LEE”, nos había aconsejado el autor de La historia me absolverá), es necio pensar que nuestra capacidad de cogitar y discernir pueda prescindir del conocimiento acumulado. A veces, o mejor siempre, conviene la humildad sobre todo la del conocimiento, y conocer bien los propios límites. Saber que nada nuevo todo el mundo puede crear  o descubrir, pero al menos sí está al alcance de cualquiera conocer a los gigantes del pensamiento y tratar de avizorar encaramados en sus hombros. Y esos hombros habitan en los lomos de los libros. Por eso mi pequeña vanidad de hombre común se engaña un poco, y cree que merece más de lo que merece, cuando lee, dicho por alguien que sabe lo que dice, y que es verdaderamente inteligente, algo como esto, y que alguna vez había confusamente imaginado, pero había sufrido la incapacidad de decirlo claramente y con verdadero conocimiento de causa. No pido disculpas a los que no se aburren, sino cuando terminan el día sin aprender algo, por estas citas:

Del Mercado:

  • “la mano invisible que, según se afirma e incluso teoriza, rige las leyes del mercado era demasiado visible “a la hora de producir enormes beneficios para unos pocos, en detrimento de los más, y sólo se hace invisible de verdad a la hora de admitir responsabilidades por el expolio del medio ambiente”.
  • “La conocida mano invisible de Adam Smith (…), “se creía que llevaba inconscientemente al interés privado a servir al bien común. En nuestro mundo moderno se siente la tentación de sugerir que hay un pie invisible que lleva al interés privado a emprenderla a patadas con el bien común”. (Esto que está subrayado ha sido dicho por una ex primera ministra de Noruega, Gro Harlen Brundtland!!, vean bien que no por un pobre diablo dogmático del marxismo…)
  • “Así, el dios-mercado, tal como se conocía realmente, en su praxis real, permitía establecer algunas reglas en el juego económico consistente en ordenar recursos escasos, al que tan aficionado era el hermano lobo, “pero no acaba con los monopolios, ni con la explotación de unos hombres por otros, ni reduce la desigualdad social, ni es capaz de fundar una sana relación entre el hombre y la naturaleza”. Lo contrario, lo estamos viendo aceleradamente…”

De la Democracia:

  • “Tras el mercado, algo parecido se podía formular de la democracia realmente existente. La democracia era una buena cosa, no cabía duda alguna, “en la medida en que reduce y controla tensiones políticas y contribuye a poner un bozal al histórico Leviatán”. Pero la democracia, esta democracia, nuestra democracia, la democracia realmente existente, no igualaba las fortunas de todos en este mundo nuestro de hoy, “que es, de hecho, una plétora miserable, el mejor de los mundos posibles, como dice sir Karl Popper, sólo que para unos cuantos y -aunque no  lo diga el ilustre filósofo- el peor de los infiernos para dos tercios de la humanidad.”. Dos tercios: no era malo el cálculo; empieza a serlo para un porcentaje mayor.”
  • “La democracia que conocemos (afirma) en teoría “la igualdad de derechos de las mujeres y los varones”, pero ignoraba a un tiempo que en el mundo aún morían diariamente muchas más niñas y mujeres que niños y varones adultos porque, de hecho, existía discriminación en el trato de unas y de otros.” (Por esto, viendo nuestros índices de mortalidad infantil, me digo a veces, que si en Cuba no hay democracia, esa democracia, qué bueno, caramba!, entonces qué es lo que tenemos?)

Ahora voy a tratar de resumir otra idea del texto que estoy, no comentando, sino facilitando que conozcan los posibles lectores de estas notas, notas que no tienen otra pretensión que compartir el tiempo que dedico, con otros. Al final les dejo un enlace, porque quizás la atención que le presto motiva a que otros también lo hagan.

El autor se refiere a “la teoría política neomaquiaveliana”. Dejemos a un lado, de momento, o para otro día, que existe todo un debate sobre la mala interpretación, y la mala fama, atribuida a Maquivelo, que no es aquí el caso, pero del que ha nacido el término “maquiavelismo”, algo así, entre nuestro lenguaje callejero de la esquina de nuestra juventud, como maldad, o cinismo. Vamos a qué es la teoría esa, y tiene mucha importancia para Cuba, para “comprender” mejor a los que nos quieren cambiar de casaca…

Esa teoría pone “de manifiesto (y vean que lo aceptan, subrayo yo) que los regímenes democrático constitucionales, a pesar de las instituciones parlamentarias y de la representación indirecta de la voluntad popular que las caracterizaba, eran en el fondo oligarquías.”

 Y:

“Con independencia de que en ella quede formalmente garantizada la soberanía popular a través de la electividad de los representantes del pueblo, la tendencia hacia formas oligárquicas viene determinada aquí -a diferencia de lo que ocurre en otros regímenes- por el dominio del dinero”.

Es decir:

“…oligarquías plutocráticas en las que se reproduce la desigualdad social por otras vías diferentes de la limitación del sufragio”.

Observe bien el lector: “reproducción de la desigualdad por otras vías diferentes de la limitación del sufragio”. Es decir, te permito que votes, que seas libre, pero te jodo igual, por otras vías

Ahora: ¿qué pasó cuando el pensamiento político liberal (en pocas palabras, el liberalismo es ese que da las patadas a que se refería la noruega, y dice que hay que dejar que la “mano invisible del mercado” lo arregle todo y cure los huesos rotos por las patadas, que al mercado no hay que atarle las manos (ni las patas), que el Estado debe dejarlo hacer, lo que ahora es el neoliberalismo), pues bien, ese liberalismo aceptó “esta caracterización neomaquiveliana de la oligarquización de las democracias como una apreciación realista, adecuada a los hechos principales observables en la mayoría de países con régimen democrático constitucional”. No tenían más remedio, un reconocimiento algo cínico, ¿no? ¿Y después? Pues que se dieron cuenta que había una peligrosa y “parcial coincidencia de esta crítica neomaquiaveliana de la democracia con la crítica marxista y libertaria”. Mala cosa, pues ¿Darle la razón a Marx? Ni muertos. ¿Entonces qué hicieron?

Compararon:

 “ese proceso de oligarquización de las  democracias con lo que ocurría o había ocurrido en los regímenes autoritarios de diverso signo. Pues -se aducía en este contexto- “también éstos son oligárquicos, también éstos están dominados por minorías, y en mayor medida, pero con la diferencia, desfavorable a ellos, de que no hay ni puede haber control ni renovación de las oligarquías mismas, de los que mandan, del privilegio del mandar.”

Aquí hay que detenerse en el cinismo, bien evidente: el autoritarismo que duele a las oligarquías, eso que ellos llaman dictaduras, o las democracias que no aceptan como tales, es la que no permita que hayan recambios cada cierto tiempo, en el privilegio de mandar, pero de las oligarquías.

Este humilde lector cree que allí está el secreto de lo funcional que son los esquemas de las democracias “realmente existentes” para que ocurra, para posibilitar, lo que en estos años ha estado sucediendo desde la Honduras de Zelaya, la Argentina de Cristina, el Brasil de Lula y ahora en el Ecuador de Correa. ¿No? A pesar de las voluntades  de sus demos, en las urnas y en las calles,  las oligarquías no pueden aceptar que le serruchen el entablado de las fantasías y representaciones democráticas, donde ellos pueden turnarse en el privilegio de mandar…para los privilegiados. Pero no hay personalismos, no es que se turnen personas: es que se eternice el poder del Capital.

Viendo lo que ha sucedido y sucede en el mundo con ese método, me he dicho muchas veces, que si soy uno de esos oyentes de un político desgañitándose, y sobre la base de lo que diga ese “político” debo decidir mi voto, ¿qué me debe conducir a una elección? ¿La promesa, aunque sea honesta, de que resolverá esto y aquello por esta y otra vía? ¿La competencia bullanguera del que empieza a mentir para arribar al poder? ¿Cómo valoro la factibilidad de las ideas y soluciones? ¿Cómo, sin conocer algo de economía, algo de política, algo de historia y hasta de filosofía?¿Cómo sin conocer algo, o algo más que algo, de mi historia y de la historia del mundo, la pasada y la presente? ¿Cómo, sin conocer que existen muchas formas no sólo de equivocarse, sino de embaucar? Es decir, me he planteado el problema del hombre común, ese que dicen que es el soberano, ante el grave problema de decidir. Y entonces me digo que antes de abrirle las puertas a las Cambridge Analytica de este mundo, para que se me envíe mensajes fragmentados y personalizados, según lo que saben de mi ignorancias y preferencias por el manejo de mis datos, que además a la vez engrosan las fortunas de otros que precisamente no pueden querer que eso cambie, prefiero votar en mi barrio por mi gente llana y difícil cada día, saber de los méritos de mi gente, y que ellos pasen por filtros y consultas de miles de personas, con la certeza de allí va el demos va revuelto y variopinto, plebeyo y salsero, algo infinitamente mejor y preferible que las oligarquías cínicas que sólo quieren tener la oportunidad de rotarse el mango de la sartén. Que no basta CREER, que hay que LEER.

El enlace que anuncié al principio: http://www.rebelion.org/docs/175058.pdf

4 pensamientos en “El autoritarismo que duele a las oligarquías. (I). Por Carlos Luque Zayas Bazán

  1. Bienvenido Carlos al Club, he llegado a tus mismas conclusiones, tal vez por caminos diferentes en las lecturas, y en la praxis concreta en Cuba y actualmente en la Argentina, por supuesto con menos bagaje teórico que lo que vos posees. Sobre nuestro sistema electoral se ha escrito bastante, pero no lo suficiente, aun con todo lo que sabemos para mejorar, lo prefiero una y mil veces a lo que de este lado me venden, ya lo he dicho en otras ocasiones, la oligarquía burguesa ha creado “la clase política” que cubre sus intereses, y lo que se ha visto en estos últimos dos años, es que cuando esta ultima “falla” en su contra, están dispuesto a ponerse el “mameluco” e ir por el poder directamente. Hoy en la Argentina no hay una clase política facilitadora del poder oligárquico burgués, están ellos mismos ejerciéndolo.
    Saludos

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