Los quince o el dilema entre realidad y representación. Por Carlos Ávila Villamar


Uno de los fenómenos más lamentables y visibles del subdesarrollo radica en el divorcio ridículo entre objeto y símbolo, es decir, entre realidad cotidiana y representación. Ya ni siquiera nos extrañamos cuando en una cafetería las enormes y atrayentes imágenes de comida que se usan como decoración contrastan con la oferta, a veces pobre, a veces muy poco atractiva. Es de lo más común, pues, tener que aceptar una realidad incapaz de competir con la representación, o, visto desde otro punto, aceptar una representación que traicione de una manera tan hipócrita la realidad. Sigue leyendo