Los aranceles de Trump. Por Pedro Pablo Gómez.


Aparte de los complejos problemas existentes en el mundo actual, existen seres humanos capaces de enredarlos cada vez más, uno de ellos es el actual mandatario de Estados Unidos, Donald Trump, el cual aparte de haber perdido en el camino la mayor parte de los acompañantes en el inicio de su gobierno, genera día a día nuevas situaciones de conflicto.

Después de atravesar la llamada crisis con Corea del Norte, los conflictos comerciales con China, sus enredos en el Medio Oriente y sus compromisos con Israel, vuelve a la carga en la actualidad con la subida a los aranceles del acero y el aluminio a sus aliados históricos. Así México, Canadá y la Unión Europea ya han anunciado que de ponerse en vigor las decisiones expresadas por la Casa Blanca, ya tienen preparados los listados de productos estadounidenses para ser gravados arancelariamente. También vuelve a destapar la Caja de Pandora al hacer declaraciones no acordes a lo pactado con China.

Mientras tanto, los mas importantes mandatarios de Europa, inician acercamientos interesados con China y Rusia para viabilizar intereses comerciales factibles al intercambio en esta nueva fase, que tajo como consecuencia la declaración pública del presidente de la Comisión europea, Jean Claude Juncker, cuando expresó, ‘’tenemos que reconciliarnos con Rusia’’ y agregó posteriormente, ’’los ataques con Rusia deben cesar’’.

Dentro del territorio de EEUU al parecer no pasa nada ante los conflictos internacionales generados por las políticas de Trump y se dice ha disminuido el desempleo y la economía ha crecido, así como el por ciento de aprobación al gobernante, según las encuestas.

En Nuestra América su política esta dirigida a la práctica de la Doctrina Monroe -América para los americanos, desde luego los de EEUU. De esta forma desarrolla con fuerza el plan de liquidar el proceso desarrollado por la Revolución Bolivariana de Venezuela, se aprovecha de la situación en Nicaragua para imponer sus deseos y dominio y recrudece las acciones de hostilidad con la Cuba revolucionaria, aparte de querer imponer a México el pago de la construcción del muro en sus fronteras y sus consideraciones de la necesidad de impulsar sus ideas de desarrollo social y político.

¿Hasta donde podrá llegar el poderoso magnate norteamericano, en su deseo de dominar el mundo, en este planeta donde las cosas están cambiando? Ojalá sus prácticas no lleven el planeta a su final.

4 pensamientos en “Los aranceles de Trump. Por Pedro Pablo Gómez.

  1. Evidentemente el método es el resultado del éxito y la impunidad conseguidos utilizando las sanciones comerciales como base de una “nueva diplomacia y libre comercio mundial”. Desde luego se amenaza a todos para que luzca bonito y mas retador, pero al final del aparente caos se reconsidera aquellos que pueden dar alguna respuesta y los pobres diablos que fuera necesario contentar por razones políticas para utilizarlos luego como testaferros para perjudicar a algún supuesto enemigo politico.
    Ademas esa seria la única forma que tienen de ejercer algun destacado papel de protagonismo mundial, perjudicando al mundo pero haciendolo parecer como algo justificado gracias al control de los medios de informacion, al final el gran apoyo popular nacional lo consiguen maltratando otras naciones para manipular los sentimientos de los blancos supranacionalistas.

  2. Me parece que incurrimos en un grave error si volvemos a relatar los acontecimientos políticos en base a datos o hechos biográficos, por grande que parezca el personaje en cuestión. Trump podrá tener mucho dinero y estar chiflado, pero tanto su dinero como él son calderilla, irrelevantes totalmente a la hora de decidir el curso de los acontecimientos en la superpotencia y en el mundo. Recuerdo haber leído en una obra del brillante economista norteamericano J. K. Galbrait (creo que era “el nuevo estado industrial”) que en el moderno capitalismo (se refería a hace unas décadas, ahora es peor), se manejan tan elevados capitales en la planificación industrial y comercial, en temas como la investigación y el desarrollo tecnológico, que los gobernantes tienen que garantizar el éxito comercial de un producto antes incluso de que se coloque la primera piedra en el proyecto, lo que no deja margen a la improvisación, haciendo del capitalismo un sistema todavía más planificado que el comunismo, en el que no son concebibles las payasadas de un excéntrico.

    Tantas veces algún cubano me decía en mi reciente viaje a Cuba que Trump estaba loco, yo le respondía que era el sistema (económico, político, social y cultural) que el representa lo que se ha vuelto loco en realidad, hasta el punto de que necesitaba un hombre como él para malograr las aspiraciones de cambio del pueblo (que lo ha confundido con un antisistema) y para expiar todos los abusos y crímenes (más allá de lo conocido hasta hoy a la superpotencia, que es mucho) que durante su gestión se van a perpetrar. Acabado su mandato o mandatos, todos los medios de comunicación, corporaciones e intereses que han encontrado en Trump la respuesta a sus plegarias se preguntarán cómo fue posible que un hombre como él lograra ganar unas “elecciones democráticas”, acumular tanto poder y alterar tanto el orden de las cosas, de forma parecida a como ocurrió con Hitler. En el caso del gobernante alemán, lo que se hizo fue restaurar el sistema político que lo parió, que es lo mismo que ocurrirá con Trump. El problema no es Trump sino el sistema (político, económico, cultural, social) que hay detrás y que ha visto en él la solución cuando el barco hace agua y cada vez más gente lo quiere abandonar, que es también cuando hay que tomar las decisiones más antidemocráticas y perversas, por lo que hay que procurar a toda costa que el millonario excéntrico cargue con todas las culpas.

    La aprobación de los aranceles sobre el acero y el aluminio supone una clara violación de los acuerdos de la OMC, que han perfilado el modelo de economía global existente, en beneficio de las rentas de capital, que han emigrado al Tercer Mundo para abaratar costes, sin la penalización de los clásicos aranceles, obteniendo así un valor añadido. En realidad, este modelo lo que hace es empobrecernos a todos cada día más y hacer del capitalismo un sistema menguante. Si al trabajador chino, indio o pakistaní se le abona un salario de dos dólares al día, como resultado de que los productos pueden entrar sin el pago de aranceles en el primer mundo, habrá un periodo transitorio que los empresarios que deslocalizan tengan mayores plusvalías, pero, al final, cuando los trabajadores del primer mundo tengan que ganar mucho menos para ser competitivos, todos estaremos peor e incluso las plusvalías de las rentas de capital menguarán, haciendo del capitalismo una réplica del hombre menguante.

    Pero lo que Trump pretende no es cumplir fielmente las reglas del capitalismo global sino salirse por la tangente, lograr la cuadratura del círculo: que los demás cumplan con las reglas y que a su país se le permita establecer aranceles sobre los artículos de importación (los de exportación que sigan igual). Como el resto de naciones no lo van a permitir por su cara bonita ni su flequillo, esto va a provocar una escalada de tensión que nos va a llevar a un escenario parecido al de los años 30 del siglo pasado, cuando todas las grandes potencias (incluida Gran Bretaña) se hicieron proteccionistas y, Alemania, Japón e Italia, tres poderosas economías emergentes, se quedaron sin mercados exteriores y unos mercados internos claramente insuficientes (por sus escasas dimensiones y por carecer de un imperio colonial como el de Gran Bretaña o Francia). Las políticas arancelarias eran la explicación de que por ejemplo Hitler viera en la Unión Soviética la respuesta a la necesidad de ampliar el espacio vital de Alemania.

    Parece razonable ahora que nuevamente Alemania, Europa en su conjunto, Japón, China y otras naciones emergentes pongan el grito en el cielo por las excentricidades de Trump, que, obviamente, no son decisiones suyas (por muchos millones que tenga, unas simples gotas de agua en la inmensidad del océano). Del mismo modo que USA necesitaba un antisistema para engañar a un pueblo harto de los abusos de las grandes corporaciones, también necesitaba un antisistema para violar las reglas de juego dentro y fuera de la superpotencia, como está haciendo ahora con el establecimiento de aranceles. Algo aparentemente tan simple podría suponer un giro de 180 grados en la política internacional, de ahí que los gobernantes europeos, que hasta hace unos días habían colaborado en estrechar el cerco a Rusia, ahora, carentes de una política militar propia que pudiera servir de contrapoder de la que representa USA, la consideren tabla de salvación respecto de lo que se les podría venir encima.

    Para mí hay un problema de fondo: se le ha permitido a los nenúfares crecer en exceso, de forma que el estanque ya se les ha quedado pequeño, de ahí que ya no sirvan las políticas globales. Ya no queda planeta para seres y corporaciones tan descomunales y con tanta ambición, por lo que, como tantas veces en la historia, tendrá que iniciarse un proceso de descaste. Si ahora USA además se sale de los acuerdos de paz sobre Irán, amenazando los intereses allí establecidos de Alemania, Francia, China, no cabe duda de que la tensión irá en aumento y llegará el día en que habrá que desenfundar el sable. Otra consecuencia especialmente grave es que se recrudecerá el neocolonialismo, como si estuviéramos en la etapa anterior a la II Guerra Mundial. Estados Unidos está claro que intentará poner orden en su patio trasero de América Latina, dejando más claro que nunca quién manda allí y quién podría convertirse en enemigo por el hecho de seguir defendiendo un orden mundial basado en una aparente independencia de los estados y libre comercio, ya caduco.

    Nuevamente, las conductas adictivas del cerebro humano le van a poner la tapa al pomo, que ya es decir. Qué pena que la adicción de la burguesía sea sólo virtual! Si fuera como la adicción a los alimentos o a las drogas, hace tiempo que habrían reventado pero, desgraciadamente, la acumulación de dinero, bienes raíces y poder no tiene límites en el cerebro. El patrimonio y la renta anual de los hombres más acaudalados del momento representa cifras mareantes para los acaudalados de hace tan sólo un siglo pero, desgraciadamente, son claramente insuficientes para el cerebro de aquellos, que aspiran a seguir acumulando de forma exponencial, aunque para ello nos tengan que arrastrar a un nuevo escenario bélico. Las adicciones son así, acaban con el autocontrol y la cordura, pero parece que seguimos defendiendo la política del avestruz, ocultando la cabeza debajo del ala.

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