Subvención y competencia. Por Carlos Ávila Villamar


Partiré de un ejemplo simple que habrá sido objeto de debate en no pocos centros educativos durante las reuniones previas al oportuno, afortunado Congreso de la FEU, próximo a celebrarse: las habituales quejas acerca de la comida en las residencias estudiantiles. Al asunto suelen buscársele soluciones, no hay duda. Se hacen chequeos, se aumenta la exigencia, se habla con los trabajadores, se expulsan los incorregibles, se contratan nuevos, hasta se pintan las paredes y se da uno que otro postre inesperado en una fecha significativa. Pero a los dos meses el comedor suele regresar a su estado original, y la lucha de los estudiantes debe comenzar de nuevo. Los fallos no son producto de incidentes azarosos, hay condiciones permanentes que los engendran. Las sugerencias son importantes para un centro de trabajo, pero no puede recaer todo el peso en ellas, es como si un cuartel de bomberos necesitara que una familia se quemara cada tantos días para volver a tomarse en serio el trabajo.

Las condiciones permanentes que engendran la ineficiencia suelen analizarse con cierta superficialidad. La falta de liquidez de nuestras arcas, los bajos salarios, el bloqueo, las tormentas tropicales, son fenómenos que sin dejar de ser reales, y sin dejar de ser sustantivos, no me parece que tengan toda la culpa. Creo que la culpa matriz existió desde mucho antes de los años noventa, y seguirá frenando nuestro desarrollo incluso si se acaba el bloqueo, si ponemos en verde la balanza comercial o si inventamos una barrera contra huracanes, creo que la culpa yace en la anulación involuntaria de la responsabilidad o la competitividad, al pensar lo económico separado de lo social. En la práctica eso es lo que produce que los llamados sectores sociales sean devoradores implacables de recursos, y consuman por su cuenta una parte tan significativa de la fuerza de trabajo cubana. Me explicaré.

El estado cubano tiene el deber de garantizar una educación universitaria gratuita en todo el país. Tiene el deber, por consiguiente, de ofrecer albergue y comida a los estudiantes de los municipios más remotos, inversiones indirectas en el progreso colectivo. Si no lo hiciera, la igualdad de oportunidades se vería radicalmente afectada, y se perderían numerosos talentos. En la práctica, hay una minoría de estudiantes con recursos que no duda en alquilar un apartamento y comprar y cocinar su propia comida. Otra sección nada despreciable, quizás más de la mitad de los albergados, se resigna a permanecer en los edificios estatales, pero compra y cocina su propia comida, y va a los comedores solo cuando no tiene otro remedio. Sin embargo, cada año el presupuesto universitario debe contemplar la comida de todos los estudiantes: si dividimos ese presupuesto por el número total de estudiantes becados, y por el número de meses, tendremos una hipotética dieta que no se paga en efectivo.

Aunque a nivel general se piense poco en ello, la generosa tasa de cambio del sector educativo encubre los verdaderos gastos del estado, gastos millonarios en importación de alimentos. Imaginemos lo que cuesta importar la comida diaria de cada estudiante becado cubano, su refrigeración, el salario de los almaceneros, los choferes, los auxiliares de limpieza y el personal de la cocina. Imaginemos todo lo que se pierde en el camino, por un instante, y adicionémosle lo que en la práctica no se consume, puesto que tantos estudiantes no van a los comedores. Ese gasto millonario para que al final, con mucho sacrificio, los padres de los estudiantes tengan que costear su alimentación, como si la infraestructura estatal fuera inútil. La solución más torpe, que por cierto, se aplicó en algunas secundarias del país hace años, sería obligar a los estudiantes a recibir, aunque una parte de ellos no la comieran,  la no apetecible merienda pagada por el estado. Más razonable sería presionar a los cocineros, pero está comprobado que, al sentir que están haciendo un favor, incluso si no roban, tarde o temprano descuidan su trabajo. No ganan más ni ganan menos dependiendo de cómo cocinen, no compiten con nadie, están condenados al estancamiento.

No tengo la menor duda de que una amplia mayoría de los estudiantes becados preferiría que el estado les pagara una dieta equivalente al dinero que gasta de manera individual en su alimentación, contando las importaciones que debe hacer en divisas. El comedor podría pasar a ser un restaurante estatal, bien regulado, que se centrara en el mercado de los estudiantes pero que se viera obligado a ser rentable, sin las truculencias de las distintas tasas de cambio. La competencia haría mejorar su calidad de manera inmediata.

Existió la visión de que es preferible mantener un sistema colosal de cafeterías y comedores subvencionados, círculos sociales, villas recreativas, transporte institucional, un cúmulo inmenso de gastos que además roban mano de obra y generan una economía incompetente, es decir, que no se ve obligada a competir. De cuántas cosas que deberían estar fuera de su responsabilidad se ve aun obligado a ocuparse cada ministerio. Todos los centros laborales creían estar siendo benévolos con sus trabajadores, pero en realidad estas supuestas gratuidades sí se pagan, las pagamos todos de algún modo.

El fenómeno es independiente del bloqueo y de los huracanes, aunque no lo dudemos, está en estrecho vínculo con nuestro complejo sistema monetario. Las transacciones de dinero de nuestro país están regidas por mecanismos diabólicos que tarde o temprano serán cambiados. Me parece oportuno repasar desde ahora potencialidades que podrían ser utilizadas haciendo simples cambios burocráticos. No hace falta la unificación de la moneda para hacer un cálculo, basado en la tasa de cambio, de la cantidad real de pesos cubanos que se gasta en la alimentación de los estudiantes, y hacer entonces un plan de redistribución interna de presupuesto.

Sospecho que, incluso, sería preferible que cambios semejantes se hicieran antes de la eventual unificación monetaria. Se podrían así estabilizar mínimamente los precios y las gestiones en sectores clave, antes de la posibilidad de un golpe abrupto. Algún día, quizás, la subvención deje de ser vista como sinónimo de socialismo. La causa primera de nuestras ineficiencias económicas, sospecho, no está en la primacía de la propiedad estatal sobre la privada, como argumentan algunos, sino en la primacía de la economía incompetente sobre la que se ve obligada a competir.

9 pensamientos en “Subvención y competencia. Por Carlos Ávila Villamar

  1. Me parece interesante la idea. Creo que habría que seguir pensándola. El problema es que la economía no tiene apellidos, es una sola. No existe economía capitalista y economía socialista. Lo que sí tiene apellido son los mecanismos de distribución de la riqueza. Y en nuestro país llevamos décadas confundiendo economía con mecanismos de distribución de la riqueza. Mientras eso no cambie, seguiremos hundiéndonos, quizás sin prisa, pero también sin pausa.

  2. El autor dice: “No hace falta la unificación de la moneda para hacer un cálculo, basado en la tasa de cambio, de la cantidad real de pesos cubanos que se gasta en la alimentación de los estudiantes, y hacer entonces un plan de redistribución interna de presupuesto”.
    Esta afirmación presenta dos problemas funamentales

    -el primero es que al decir que no hace falta la unificación para calcular la cantidad pasa por alto el hecho de que una cantidad dada de un billete, no es nada mas que la representacion de un valor material, dicho de otra manera el dinero es representante del valor de las mercancias carece de valor en si, por lo consiguiente la multiplicidad de tasas de cambio en la economía fracturan la capasidad del dinero cubano de medir efectivamente ese valor (de representarlo) pues un mismo 1CUP para diferentes actores de la economia actua como medida diferente de valor. Como se puede entonces medir eficientemente el valor de los alimentos de nuestros estudiantes, pues simplemente no se puede, nadie puede. El sistema de finanzas cubanos macroagrega en moneda total una suma bastante compleja de CUP+ CUC que no repreesnta el valor real de nuestra economía y hace casi imposible medir el valor real de la misma.

    – Lo otro es el tema del presupuestos, parecería que el autor desconose que en cuba exiten no uno sino 3 presupuestos atatados a las diferentes monedas que tenemos (El CUP, el CUC y el certificado de liquidez que es esa porción de CUC que es intercambiable por divisas extrangeras) cada presupuesto se gestiona y asigna por separado uno lo tiene el MEP (el de CUC), otro lo controla el MINFP (el deCUP ) y el ultimo esta en manos del banco central, los tres tributan al problema que el autor plantea, pues para cada cosa que en cuba se importe se tira contra la capsidad real de divisas del pais, certificado de liquidez, otra parte sale del MEP y otra del las finanzas internas del presupuesto central.

    En otras palabras es complejo lo que el autor plantea sin
    1- Unificar la moneda
    2- Al mismo tiempo unificar los presupuestos centrales
    3- Devolver a nuestra moneda la capsidad de medir valor de forma efectiva en la economía.
    Mas sobre las funciones del dinero y porque las tasa de cambio fracturan su capasidad de medir valor, pueden llegarse al Tomo 1 Seccion 1 Capitulo 3 del Capital, hay esta muy bien explicado

  3. El estado si tiene que seguir subvencionando productos, servicios y hasta cafeteterías… Por supuesto, no es lo mismo subvencionar una cafetería en un pueblito de campo en Las Tunas que una en el centro del Vedado… Hay que tener mucho cuidado con esas propuestas, porque el mercado y la “competencia” deja a mucha gente excluída… de ahí su “eficiencia”…

  4. ¡Hola! Reciban todos un saludo solidario desde México.
    El artículo me parece excelente. Felicito al autor por la calidad de su escrito, Y POR SU SENTIDO DE RESPONSABILIDAD AL OCUPARSE DEL PROBLEMA Y PUBLICARLO. Aunque tengo nociones de economía, no soy especialista, por lo que no me atrevo a dar una opinión técnica. Pero me siento obligado a expresar mi preocupación porque percibo SERIOS PROBLEMAS económicos, políticos y sociales en Cuba. Lo digo de buena fe, como simpatizante del Pueblo Cubano, de su Revolución, de su Partido, de sus dirigentes históricos y actuales. Por este cariño, y porque considero a Cuba en la vanguardia de la lucha por el socialismo y sus valores, me preocupa que existan estos problemas, y que no se de a conocer qué medidas concretas están tomando las instituciones para resolverlos. ¿Hay retrasos o fallas en la construcción de la nueva conciencia social necesaria para ello? Lo deseo de todo corazón. Sigo atento. Me despido con un abrazo fraterno desde tierra azteca. Atentamente. Federico

  5. Al leer mi comentario advierto un error garrafal en la redacción. Lo que deseo es que haya percepción institucional de la seriedad de estos problemas.

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