Perspectivas de la empresa privada. Carlos Ávila Villamar


Hace poco abrió el mercado mayorista para las cooperativas no agropecuarias. Como sabemos, las cooperativas constituyen una alternativa a la división entre empresa estatal y empresa privada: en ellas se estaría tratando de conservar la competitividad y la eficiencia que tradicionalmente se le atribuyen a la empresa privada, a la vez que se eliminaría la figura parásita del capitalista. Las grandes empresas jamás podrán ser cooperativas, es cierto, pero en apariencia no existe una razón para que no puedan serlo muchas de las pequeñas empresas, y entonces en apariencia no existiría una razón por la que no vender a precios preferenciales a las cooperativas, dándole ventajas sobre las empresas privadas. Sin embargo, las ineficiencias de la economía cubana han creado un fenómeno inverosímil: no pocas cooperativas han aprovechado esta ventaja y se han convertido en meras intermediarias de la empresa privada. Pueden vender los productos en el mercado negro a precios más bajos que las tiendas comunes, pero aun así sacar algún beneficio. De esa forma, muchas cooperativas vinculadas a la gastronomía son simples fachadas de un negocio fácil de reventa, que por supuesto queda fuera de los libros. No es de su interés conseguir una mejora en los servicios, basta que las cuentas le permitan sostener la farsa ante la institución. Ergo, el mecanismo sirve a dos parásitos en vez de a uno: al intermediario y al capitalista. Sigue leyendo