El rechazo al dinero. Por Carlos Ávila Villamar


La estructura económica constituye una tecnología tal como el vapor, el carbón o el petróleo. Trata de aprovechar al máximo el trabajo de los seres humanos a fin de generar riquezas (algunos especificarían que materiales y espirituales, yo preferiré no ahondar en el asunto por el momento). Antes del dinero existía el trueque, como sabemos. El origen del trueque es la convencionalización de la gratitud. A medida que pasaba el tiempo se hacía más convencional que un aldeano, si quería que le dieran pescado, llevara como muestra de gratitud al menos unos cuantos troncos de leña. Por un pescado se debían llevar veinte troncos, digamos. Después apareció el dinero, que hizo más fácil la vida de las personas, porque puso un centro de gravedad a las distintas tasas de gratitud. Un pescado equivalía a veinte troncos y a su vez equivalía a una bolsa de trigo (el dinero era el trigo, supongamos). La sociedad podía planificar su trabajo con mayor eficiencia gracias al dinero. Las personas no trabajaban más necesariamente: las riquezas del mundo aumentaron porque se experimentaban nuevas tecnologías económicas. Algunas de ellas nefastas, tales como la esclavitud. Pero la esclavitud se sostuvo porque en su lógica era más eficiente que el estado tribal. La gratitud en su concepción originaria, la electiva, sobrevive en nuestro tiempo en el ambiente familiar o social, pero si queremos un par de zapatos nos encontramos obligados a dar dinero por ellos. Esto no es negativo, ni resulta propio del capitalismo. Sigue leyendo