La división triunfante. Por Pedro Pablo Gómez


Un panorama de conflictos se avizora de acuerdo con los resultados recogidos en la pasada contienda electoral denominada de medio término en los Estados Unidos, por una parte el Partido Demócrata logró sus deseos de obtener la mayoría de representantes en la Cámara con 219 plazas, mientras los republicanos mantenían el mando en el Senado, con una votación que superaba sus deseos y contra  de las aspiraciones de los llamados ‘’liberales’’. El proceso terminado deja clara una cuestión fundamental: la población norteamericana muestra un alto nivel de división interna en sus apetencias políticas.

Por una parte, la existencia de un gobernante autoritario y falaz, el cual es capaz de embestir hasta contra sus propios seguidores y que se ha mostrado incapaz de mantener una estabilidad en su propio gabinete y con sus compañeros de partido. Él se atribuye las victorias obtenidas en los estados donde apoyó candidatos, mientras culpa de la derrota a los que no quisieron su ‘’ayuda’’. De hecho, es innegable que su personalidad juega un papel indiscutible en los sectores más reaccionarios y en los que no poseen un nivel político alto que les permita ver el bosque en que se encuentran. Así Donald Trump enfrenta el segundo ciclo de su mandato y es optimista con la idea de ganar las próximas presidenciales en el 2020.

En el campo de los Demócratas, aunque obtuvieron la mayoría de los curules en la Cámara de Representantes, tampoco pueden congratularse de tener una unidad sólida en el orden interno, pues quien aparece como su posible líder, Nancy Pelosy, es cuestionada por varios de sus compañeros en esa instancia acerca de si es la adecuada para encabezarlos y pretenden que sea relevada. Mientras esto ocurre, ella propone a Trump una tregua política, demócrata-republicana, para ‘’ayudar ‘’ a salvar las diferencias existentes y buscar un mejoramiento en la división existente en el país, lo cual muchos creen utópico dadas las acciones a que acostumbra el actual mandatario.

La complejidad en el entorno internacional, dado el manejo llevado a cabo por Trump, donde ha fomentando el incordio en distintas partes del planeta con una política caprichosa e impositiva, requeriría una real toma de conciencia del Presidente, que al parecer, por su comportamiento hasta ahora, no la tiene y por ende la propuesta de Pelosy caerá por su propio peso.

No será tarea fácil a los analistas del mundo político hacer vaticinios exactos del futuro que nos espera con el actual gobierno estadounidense, donde las fuerzas más negativas asumen posiciones claves en la proyección de la política internacional del país que es el máximo representante de la sociedad capitalista. La espera necesaria aconsejará el camino a seguir en las distintas zonas del planeta, mientras los que poseemos una claridad de la sociedad que queremos , vamos a seguir adelante son independencia de lo que pase por allá.

10 pensamientos en “La división triunfante. Por Pedro Pablo Gómez

  1. Ya van viendo que este viaje es mas largo, de lo que creian, incluyendo 2020 y algo mas alla.
    Es interesante como algunos consideran que los votantes pro trump, no tienen mucha cultura politica.
    A veces resultan pateticos ciertos analisis.

  2. De momento todo esta detenido porque se ha denunciado existen irregularidades en los conteos de votos en varios estados incluido la Florida, si eso es asi en esos lugares pondria en duda todo el proceso por aquello de que una eleccion la puede decide quienes cuentan los votos.
    Ahora ambos bandos se acusan de robar los resultados.

  3. Con relación a Cuba, EU solo tiene dos manera de relacionarse, la tendencia retrograda y obstinada, hoy representada por Trump, y la segunda y la mas´´ novedosa´´ y ´´decente´´ representada por el ´´hermano´´ Obama ,pero las dos persiguen lo mismo, la reconquista de nuestra patria,y la eliminación de un símbolo muy molesto en las propias narices del imperio, por lo que pasa hoy en EU no se vislumbra ninguna posibilidad de cambio en la política norte americana hacia la Isla.

  4. Habra un recuento de los votos en la Florida para el senado federal, el gobernador y el secretario de agricultura estatal, parece ser una medida de consolación por el escandalo con la evidencia del intento de un “puchererazo”, en realidad se debía contar todo de nuevo o realizar unas nuevas elecciones mejor supervisadas.

  5. La división triunfante es la que sigue definiendo los límites de lo políticamente correcto dentro del estrecho margen de actuación de los partidos que tradicionalmente han servido a la oligarquía, resultando irrelevante para los intereses de las mayorías sociales la existencia de sufragio universal, no en cambio para los intereses de aquella, que nos sigue vendiendo un modelo de sufragio pasivo claramente restringido a sus partidos compromisarios (aunque se tolere la presencia de otros partidos mientras no representen una amenaza) como un modelo de democracia.

    Contrariamente, la división existente en naciones como Venezuela, Nicaragua y Bolivia, que refleja a todo un universo social también en el sufragio pasivo y que es por tanto la que no deja fuera de juego a las mayorías sociales, siendo por tanto los únicos modelos realmente democráticos, ya no pueden merecer el calificativo de división triunfante y democrática sino de dictadura, por el simple hecho de que en este escenario (sobre todo cuando la oligarquía no puede hacer valer sus instrumentos de sabotaje) el 5% del censo electoral no tiene posibilidad alguna de conquistar el poder.

    Siempre que en un sistema político la participación popular en el sufragio activo no supera habitualmente el 40% en las elecciones legislativas y el 50% en las presidenciales (a pesar del circo mediático), parece evidente que la percepción de la opinión pública concede un estrecho margen de actuación al juego de la alternancia de partidos turnistas, que es precisamente lo que viene ocurriendo en Estados Unidos. No sólo no hay grandes diferencias en el estrecho margen de los intereses oligárquicos e imperiales, sino que, además, no han dudado en alterar los resultados del irrelevante sufragio activo cuando el relato electoral no coincidía con el relato planificado para el siguiente mandato, como pudimos presenciar en las primeras elecciones presidenciales de George W. Bush con el fraude en el recuento de votos de Florida, en que el apoyo de un sólo senador demócrata a las iniciativas de impugnación hubiera bastado para cambiar los resultados.

    Yo creo que hacemos un flaco favor a la izquierda transformadora cuando incurrimos en relatos de lo ocurrido en las recientes elecciones de Estados Unidos como el que plantea el presente artículo, en que se empieza hablando de “panorama de conflictos” para terminar reconociendo que ya ha habido contactos entre los líderes de ambos partidos para salvar las diferencias y poder llegar a acuerdos en los asuntos de especial relevancia, entre los que no pueden faltar los relacionados con la política exterior. Incluso líderes como Bernie Sander es muy probable que no duden en hacer causa común con los republicanos cuando se trata de adoptar nuevas medidas sancionadoras contra Venezuela, Nicaragua y puede que incluso contra Cuba, aunque una mayoría de electores demócratas no lo compartan. Es lo que cabe esperar en cualquier sistema político donde la condición de candidato con opciones o sufragio pasivo cualitativo se restringe a lo que fueron en el siglo XIX los modelos de sufragio restringido, aunque ahora el pueblo goce de la irrelevante facultad de poder elegir entre los candidatos de la oligarquía (salvo cuando su inmadurez y torpeza le induzcan a errar el tiro, como ocurrió en el las elecciones de 2001)

    Quienes hayan seguido las recientes elecciones legislativas norteamericanas a través de los grandes medios de comunicación (en España se brindó una amplia cobertura el martes por la noche), creyendo que iban a ser testigos del más limpio y pedagógico de los procesos en el mundo de la democracia representativa, dificilmente van a reparar en la técnica de lavado de cerebro de que fueron objeto, gracias al cual Estados Unidos se permite el lujo de seguir custodiando y exportando el frasco de las esencias de una falsa democracia, siendo como es el principal responsable de un orden internacional imperial donde se vulneran todos los derechos humanos y sólo se permite el juego de la alternancia de partidos compromisarios de la oligarquía nativa e imperial.

    Ni una sola vez pudimos escuchar la posibilidad de que se produjera fraude electoral, por numerosos que sean los precedentes y grandes las restricciones al ejercicio del sufragio universal activo. En Venezuela, se audita un 50% de los resultados contabilizados por las máquinas de forma aleatoria mediante el recuento de los votos emitidos en las urnas. Por lo que se refiere a las elecciones en España, los diferentes partidos (incluidos los alternativos, como Podemos e IU y mientras estos no representen una grave amenaza) disponen de interventores y apoderados que vigilan todo el proceso electoral con urnas transparentes y listados con el censo de cada mesa, además del derecho a que presidente y secretario les entreguen un acta con los resultados y las incidencias. Aunque en Estados Unidos sea muy poco lo que hay en juego en los temas relevantes, se debería aclarar de qué modo se garantiza que los resultados del escrutinio hecho por máquinas refleja fielmente la voluntad expresada por los electores.

    No sólo no se dice practicamente nada sobre las injustas restricciones en el ámbito del sufragio activo, que penaliza a los negros e hispanos sino de forma especial sobre el sufragio pasivo, que deja fuera de juego a cualquier candidato que no cuente con el respaldo de las dos grandes maquinarias electorales e inclusive, dentro de estas, existe una profunda desigualdad en función del apoyo económico (que ahora es ilimitado) y mediático (en que los grandes medios de la tiranía marcan la diferencia), como pudimos comprobar en las pasadas elecciones primarias en el caso de las aspiraciones de Bernie Sanders. Como diría el comandante de puesto en la película surrealista “Amanece que no es poco”, las elecciones en Estados Unidos las ha perdido la guardia civil, con la recuperación de la mayoría en la Cámara de Representantes por parte del Partido Demócrata, y las ha ganado la secreta, que, en lo esencial, son los mismos, por lo que no podemos dejar de reconocer que esto de contar con varias plataformas electorales (en que participan las familias clásicas de la oligarquía: conservadores, liberales y socialdemócratas) atrapa y seduce a muchos ingenuos, incapaces de apreciar las graves restricciones que se siguen produciendo en el ámbito del sufragio pasivo en las democracias liberales, del mismo modo que son incapaces de ver los sustanciales avances logrados (a los que la oligarquía les ha declarado una guerra sin cuartel) en las sociedades inmersas en profundos procesos de transformación y emancipación (como Venezuela, Bolivia y Nicaragua).

  6. Pingback: La división triunfante. | argencuba

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