Una verdadera república democrática en un orden constitucional bajo condiciones capitalistas es imposible. Por Carlos Fernández Liria


No se trata de inventar algo mejor que el Estado de derecho, se trata de conseguir un Estado de derecho que de verdad acabe siéndolo, ¿no?, que de verdad lo sea. De conseguir una verdadera república democrática, un orden constitucional, que yo creo que bajo condiciones capitalistas es imposible y que por tanto habrá que saber cuánto legislar el dinero para poder generar una verdadera libertad de ciudadanos. Pero no hay otra, no hay otra opción, eso ya lo dijo Eduardo Galeano en alguna ocasión, lo que no puede ser es que para liberar el dinero haya que encarcelar a las personas. Yo lo plantearía también al revés, o sea, ¿cuánto hay que encarcelar el dinero para que las personas tengan libertad? y para que realmente podamos decir que vivimos en un orden constitucional de derecho ¿no?

En Europa, en España, vivimos en algo así, parece que sí, pero yo diría que hay que comenzar por decir que es una apariencia. Hay ciertas zonas del mundo que podríamos decir que son lo suficientemente privilegiadas, que están lo suficientemente privilegiadas, tienen, podría decir, un estado de privilegio, que no coincide enteramente con un Estado de derecho. Lo que pasa es que, claro, si a toda una población lo suficientemente privilegiada le das la libertad de reunión, la libertad de asociación, la libertad de prensa, la libertad de voto, el sufragio universal y tal y cual, pues, naturalmente, votan por quedarse como estaban. Eso no es una situación en la que el derecho impere, eso no es el imperio de la ley, eso es una situación en la que el derecho es relativamente superfluo, porque los privilegios ya te han dado lo que el derecho te tendría que dar, y eso es lo que realmente hemos tenido siempre en Europa. O sea, es muy fácil decir que Bélgica es un Estado de derecho modélico, pero claro, hay que repasar la historia de Bélgica y ver que eso se levanta también sobre un genocidio de diez billones de africanos a principios del siglo XX. Entonces, el derecho es interesante en las zonas no privilegiadas.

Fragmento de diálogo de Atilio Borón con Carlos Fernández Liria, tomado de La Jiribilla.

4 pensamientos en “Una verdadera república democrática en un orden constitucional bajo condiciones capitalistas es imposible. Por Carlos Fernández Liria

  1. Me parecen correctas las reflexiones del profesor español Carlos Fernández.
    Con frecuencia se citan como ejemplares las democracias europeas, sean las de Francia, Reino Unido o Bélgica, países que desarrollaron el Capitalismo a costa de sus vastas y numerosas colonias, donde en un pasado relativamente reciente, cometieron todo tipo de barbaridades, incluyendo el genocidio.
    O se citan a los países nórdicos y a Suiza, quienes ciertamente, no se desarrollaron a partir de la explotación colonial como Inglaterra, Francia, España, Holanda o los USA, sino que por peculiares circunstancias de su secular Historia como naciones, pudieron (y supieron) y pueden (y saben) sacar partido de las contradicciones inter-imperialistas y de la implantación del Capitalismo como Orden Mundial, beneficiando a sus corporaciones, compañías y bancos de este orden profundamente injusto a costa del Tercer Mundo.
    Donde el “trabajo sucio” ha estado a cuenta de los USA, la OTAN y demás organiaciones criminales imperiales y no por soldados u organizaciones nórdicas o suizas.
    Desde luego, como quiera que sea, es mil veces preferible, para los países tercermundistas, tener buenas relaciones con estos países nórdicos, Suiza o Canada e incluso el otrora imperial Japón , excepto este último, países de escasa población, pacíficos desde hace al menos siete décadas, respetuosos de la soberanía de nuestros estados, que las siempre difíciles (pero posibles) relaciones con el agresivo imperio Yanqui
    Como quiera que sea, Alemania, el Reino Unido, Francia y los mencionados arriba, son lo que llama aquí el profesor “naciones privilegiadas”, por su Historia y hay que reconocerlo también, por su trabajo y su sabiduría.
    Pero nada de eso nos permite a los países pobres y pequeños del Terecr Mundo tomarlos como paradigmas, pues somos justamente la otra cara de la misma moneda, aquellos quienes gracias al intercambio desigual, la reglas del Capitalismo y el poder impuesto por el imperialismo, contribuimos a financiar y mantener su muy linda democracia y Estado de Bienestar.
    La democracia burguesa es buena para los burgueses y en países como los mencionados, puede resultar bastante buena para los trabajadores, al menos , hasta ahora, con diferencias de grado en cada lugar, los problemas de natalidad, inmigración, escasez de recursos, xenofobia y sus propias contradicciones internas.
    Para los cubanos, es sano y juicioso aprender de ellos todo lo que podamos, como ser eficientes, como educarnos mejor, como desarrollar el Conocimiento, la Ciencia y la Cultura, incluso aprender de su sistema penitenciario, de sus iniciativas sociales en las comunidades (verdaderamente cuasi-comunistas !!!) de la importancia que le dan a la cultura del trabajo, el esfuerzo y la honestidad.
    También es jucioso llevar con ellos y con todo aquel que respete nuestra soberanía, relaciones económicas mutuamente ventajosas, permitirles que inviertan en nuestra economía, nos visiten y poder ir allá y visitarlos, a todos ellos, conocer mucho más de su Historia, sus errores, su aprendizaje.
    En definitiva, la Humanidad es una sola, somos todos hermanos.
    Lo que no podemos hacer, porque dejaríamos de ser nación, es adoptar la democracia burguesa, su parlamentarismo, su multi-partidismo, su economía de mercado y otras particularidades que funcionan para ellos, países desarrollados.
    Porque somos esa otra cara de la moneda: un pequeño, pobre y agredido país del Tercer Mundo en las barbas del Imperio yanqui, nuestro enemigo histórico.
    Y en el capitalismo, todo se vende y se compra. Y en el mejor de los casos, sin tirar un tiro, terminarían ellos, los ameicanos, comprando TODA nuestra economía rentable y con ella, nuestra soberanía.
    No nos queda pues otra opción que CREAR el Socialismo, que no se construye, porque no hay planos, ni es posible crear engendros mixtos, ni “socialismos de Mercado”, ni ninguna falsedad de nombre bonito.
    Socialismo, democracia socialista , que NO se parece a la otra, ni se hace con funcionarios, es la única opción o nos quedamos sin Patria.

  2. El problema del estado de derecho es que no todas las normas tienen carácter imperativo y no es por casualidad que las que regulan los derechos humanos no pertenezcan a esta categoría. Frente a un derecho imperativo o necesario, existe un derecho programático o teleólogico, que hace de florero en todas las constituciones capitalistas, pero que no termina de aterrizar, y no es por su carácter superfluo o por el hecho de que se pueda aplazar su exigencia a siglos venideros, ya que afecta a los derechos humanos más relevantes.

    El artículo 47 de la constitución española de 1978 declara lo siguiente: “Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho, regulando la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación”. Por su parte, el artículo 33 dice: “Se reconoce el derecho a la propiedad privada y a la herencia. La función social de estos derechos delimitará su contenido, de acuerdo con las leyes. Nadie podrá ser privado de sus bienes y derechos sino por causa justificada de utilidad pública o interés social, mediante la correspondiente indemnización y de conformidad con lo dispuesto por las leyes.”

    ¿Cuál de los dos pertenecería a la categoría del derecho imperativo y cuál al derecho programático? Las constituciones capitalistas no suelen aclarar este extremo, sino que corresponde a los mandarines (políticos, juristas, enseñantes) desvelarnos lo que se aplicará a rajatabla y lo que se mantendrá en el limbo hasta que las ranas críen pelo, convertido así en dogma de fe. Cualquier profano en la materia sin duda se inclinará antes por él 47 si tuviera que elegir uno de ellos como derecho necesario ya que, además de reconocer el carácter universal de este derecho, el legislador ordena a los poderes públicos promover las condiciones necesarias para hacerlo efectivo.

    Sin embargo, no solo no se está cumpliendo en España, donde millones de ciudadanos carecen de una vivienda digna, sino que se consiente la más sangrante especulación inmobiliaria, y hasta se organizó una macroestafa en forma de burbuja para dejar a miles de personas sin vivienda y sin sus ahorros, para regalar las semipúblicas y con fines sociales cajas de ahorros (el 50% del sistema financiero) a la banca, para asegurar una magra rentabilidad al dinero ocioso de la oligarquía y para acabar con la “sociedad del bienestar” al endosar la deuda al sector público (a todos los españoles, también a quienes no habíamos participado en la macroestafa) y justificar así toda clase de recortes. Así es como hemos llegado a la más espantosa de las situaciones imaginables, sólo concebible bajo el capitalismo, con millones de españoles sin casa y millones de casas vacías.

    En cambio, la función social de la propiedad privada, que el legislador reitera en el artículo 33 y que debería tener más carácter imperativo incluso y preferencia respecto del derecho de acumular bienes hasta el infinito, tan sólo se aplica en casos extremos y con la correspondiente indemnización. Sorprende extraordinariamente la miopía del legislador y sus mandarines a la hora de percibir la posible utilidad pública de la propiedad privada en una nación donde millones de seres humanos viven por debajo del umbral de la pobreza y con las mayores tasas de paro de Europa.

    ¿Qué fue de la función social y utilidad pública del derecho de propiedad establecido en la constitución de 1978, cuyo carácter imperativo nunca debió desmerecer respecto del derecho de acumular bienes y derechos como lo haría cualquier coleccionista? Se podrá decir que la expropiación por utilidad pública se aplicó alguna vez (como último recurso y con su correspondiente indemnización) pero constituye una verdadera obscenidad el modo en que se viene regulando y ejercitando el derecho de propiedad bajo el capitalismo y una clara demostración de que aquí el estado de derecho es un cajón de sastre de donde se va extrayendo lo que conviene en cada momento a la clase dominante, a través de sus peones en las instituciones y sus mandarines.

    No sólo debería tener una mayor función social la propiedad privada a través de un sistema fiscal inspirado en la capacidad económica y de carácter progresivo, la expropiación por razones de utilidad pública tantas veces fuera necesario y la tutela pública de los derechos fundamentales sino que habría que limitar el derecho de propiedad para que nadie pueda apropiarse en exceso de bienes y derechos, privando así a otros del acceso a los mismos en un mundo de recursos finitos y muchos de ellos (algunos críticos) claramente sobreexplotados. Sería tan sencillo como reconocer que la economía no puede convertirse en un juego o una forma de coleccionismo, que, lo más que se debería permitir es algo parecido a la pesca sin muerte, que, del mismo modo que los pescadores devuelven sus capturas vivas al agua, los apasionados en el ámbito empresarial, deberían entregar a la sociedad las plusvalían que no necesitaran o ajustar estas a sus necesidades. Nadie debería tener un derecho de propiedad mayor que el que le debe corresponder con arreglo a su experiencia vital, ya que el coleccionismo es responsable de las privaciones que sufren una amplia mayoría de seres humanos y de las pésimas expectativas para las generaciones futuras.

    Ningún derecho de propiedad ejercitado en exceso debería privar a otros de los derechos más elementales. Sin embargo, las constituciones capitalistas no ponen límites al mismo ni arbitran medidas para que nadie pueda incurrir en la acumulación obscena y obsesiva sino todo lo contrario: el modo como se aplican las normas fiscales y el resto de las normas ha contribuido a la típica redistribución de la riqueza neoliberal, que arrebata renta y bienes a los menos pudientes para alimentar a la megafauna antrópica, incompatible con un pequeño planeta habitado por más de 7.300 millones de seres humanos, muchos de ellos con graves privaciones.

  3. El peor problema del capitalismo es que persiguiendo la riqueza la delincuencia es una parte normal de la vida economica y robarse unos a otros es algo muy comun destruyendo las relaciones sociales.
    Incluso en los Estados Unidos una inmensa mayoria de la poblacion cree que el estado que fue elegido por ellos les roba y por tanto robarle a “su estado” es una virtud.
    Incluso la impunidad como premio a los grandes ladrones agrava la situaciopn.

  4. Otra arista para acercarse al tema es definiendo los conceptos involucrados: Estado y Derecho. Esto no es tan simple.
    Por ejemplo (a memoria): la enciclopedia UTEA define al Derecho como las normas para mantener las buenas costumbres y cosas por el estilo.
    El Estado viene siendo algo así como la institucionalidad para mantener estas buenas costumbres… (simplificando bastante)
    Algunos mortales apreciamos que ambos conceptos poseen una esencia clasista e históricamente determinada, por ejemplo:
    El Estado lo constituyen las instituciones encargadas de mantener o alcanzar un estado de cosas en correspondencia con los intereses de la clase social que ostenta el poder político. (Esta forma de ver al Estado presupone la existencia de clases sociales con intereses antagónicos). Los burguesitos despojan de este elemento a su concepción del mundo. CLARO!!! Nadie crea que son bobos.
    La justicia social, estrechamente relacionada con ambos conceptos (Estado y Derecho) es algo así como verde para los multimillonarios y roja para los pobres de este mundo. Al menos para los pobres no colonizados. Sabemos que los pobres colonizados también ven a la justicia social en coherencia con los dictados de los poderosos. De ello se encarga una super mega maquinaria de socialización de valores, de la que por ejemplo la TV y el cine son solo piececitas (pero qué piececitas!!).
    Tengo convicción formada (como dicen los jueces antes de dictar sentencia) de que mi forma de ver al mundo (cubana, tercermundista, Martiana, FIDELISTA, y revolucionaria) se acerca mucho más a la verdad que la forma en que ven al mundo los burguesitos, mucho más avanzada esta última que la que tuvieron los poderosos anteriores (reyes, monarcas de diversa índole, faraones…) pero que hoy huele a doble k.
    Imponerse no es fácil, tampoco lo fue para los burguesitos que fueron revolucionarios en su momento.
    Pero imponerse hoy ante los burguesitos actuales es imprescindible para la supervivencia humana.

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