¿Las tiene todas Joe Biden para ser candidato demócrata a la Presidencia de EE.UU.?Por Fernando M. García Bielsa


El ex vicepresidente Joseph Biden acaba de anunciar oficialmente que es aspirante a obtener la nominación del Partido Demócrata para las elecciones presidenciales de noviembre de 2020 en Estados Unidos. 
Cubierto con un manto de falsas posiciones moderadas o de centro, Biden está dispuesto a venir al rescate del establishment político corporativo en un momento en que entre el electorado y las bases de ese partido devienen predominantes los reclamos y posiciones de respaldo a una agenda de corte popular.
Joe Biden es por supuesto la figura más conocida a nivel nacional – de entre más de una quincena de otros políticos que están en la lid por la nominación demócrata -, quizás con la excepción del socialdemócrata Bernie Sanders, muy admirado luego de su exitosa campaña de base popular en 2016. 
Hace unos días el NY Times informaba que los demócratas que son parte del esfuerzo “Parar a Sanders” están angustiados por el impulso con que este cuenta. Un titular del Washington Post decía “Los demócratas de centro temen que las posiciones de la extrema izquierda conducirán a la derrota en 2020. De modo que ellos están impulsando alternativas”.
Además de contar con un nombre que parte del público identifica, Biden suma otras ventajas como son el favor de la elite política y financiera del país, y con ello acceso a las arcas que se necesita para librar una exitosa y costosa campaña electoral, así como el favor de la maquinaria nacional del Partido Demócrata y, se supone, que tendría también asegurada una cobertura favorable por parte de los grandes medios y cadenas televisivas.
No obstante, ese político tiene a su vez sus desventajas ante un electorado bastante escéptico y con claras tendencias de rechazo a esa misma elite de Washington y de Wall Street y, en general, a quienes conducen  la política en la capital estadounidense, tendencia que se ha hecho más marcada en los últimos años.
Joe Biden tiene 76 años; ha sido miembro del Congreso nada menos que durante 36 años y vicepresidente del país durante otros ocho durante la Administración de Obama. Es sin dudas el más veterano y diestro de los servidores de la elite del país de entre los que han anunciado sus aspiraciones presidenciales.
Aunque con una imagen de posiciones de centro, su alineamiento con los intereses corporativos y financieros es bien amplio. Ha sido parte del rejuego correspondiente con políticas en favor de las grandes empresas, la banca, las compañías de seguros y al unánimemente favorecido aumento de los gastos militares, la desregulación financiera, etc.
Como casi todos los políticos y aspirantes presidenciales demócratas de las corrientes vinculadas a los Clinton y a Obama, que son las que tienen hegemonía en el partido, Biden cuenta con buena llegada y relaciones con elites establecidas en los sectores afroamericanos y el mundo sindical, lo cual no es igual a decir que tiene real aceptación o ascendencia sobre los trabajadores o las llamadas comunidades negras o latinas.
No se debe subestimar la fuerte y ya asentada actitud de rechazo, antes mencionada, que desde hace décadas muestra una gran parte del electorado estadounidense hacia los políticos y las elites en general.
Esos son factores que conspiran contra las potencialidades de Biden, aunque este tenga la ventaja de su cercanía con el establishment, los detentores del dinero y el favor de los grandes medios de difusión.
Otro asunto a considerar es la apatía de los votantes, tendencia también de larga data y que a la hora de contar los votos afecta particularmente a los demócratas. Parte de los factores que llevaron a la derrota de Hillary Clinton en 20l6 fue que al forzar su nominación, al favorecerla con todo tipo de manipulaciones, las estructuras y la dirección del Partido frustraron la posibilidad de motivar y energizar a sus bases, como lo estaba haciendo el Senador independiente Bernie Sanders.
Se considera que para este ciclo electoral y para poder derrotar al candidato republicano, que muy probablemente sea el actual presidente Donald Trump, se requerirá movilizar e imprimir nuevos bríos al electorado demócrata y rescatar parte de los sectores populares que aquel les arrebató.
Aunque ese en definitiva es un partido del sistema, deberá morigerar su propensión neoliberal para reconectarse en alguna medida con sus bases, con las llamadas clases medias, buena parte de ellas trabajadores, y con mucha gente decepcionada con la política, con la desatención y el deterioro de sus condiciones de vida.
Eso fue parte de lo que dio oportunidad a Trump en 2016 de manipular la rabia y profunda insatisfacción entre los estadounidenses con el disfuncional sistema político del país, en particular los rejuegos simbolizados en Wall Street y en la capital federal, y por la desconexión de las esferas políticas con el común de la gente.
Aunque con una figura menos desagradable que Hillary Clinton, los demócratas, con Joe Biden (quien se asemeja a ella en muchos aspectos sustantivos), podrían correr el riego de repetir su desalentadora y fallida campaña en el pasado ciclo electoral.
Biden cuenta con antecedentes de abierta defensa del capitalismo y una solapada evasión acerca de las desigualdades de clase. Un largo record y secuela de sus posiciones que podrían hacerlo vulnerable ante sus contrincantes durante los próximos meses de campaña, y en la recta final si resultara nominado, record que incluye expresiones de corte racista, de marcado apoyo a la guerra, de favorecer la desregulación de la banca, etc.
O el haberse mostrado duro ante el delito, hasta planos de insensibilidad, como cuando en un discurso ante el pleno del Senado en 1993 dijo:
“No importa si se trata o no de personas que hayan estado en condición de menesterosos o marginados en su juventud. No importa si ellos tuvieron o no un pasado que les permitiera formar parte del tejido social. No importa si fueron o no víctimas de la sociedad. El resultado final es que ellos están a punto de golpear a mi madre…, dispararle a mi hermana…”, etc.
Se le señala como un firme acólito del Complejo Militar Industrial. Desde  su poderosa posición como presidente del Comité de Relaciones Exteriores del Senado en 2003, Biden proporcionó cobertura política para el masivo ataque militar contra Iraq autorizado por el presidente republicano George Bush. Algunos han expresado que hizo más que cualquier otro senador demócrata para que se diera luz verde a la invasión.
Es posible que la olvidadiza ciudadanía solo tenga una imagen nebulosa de esta personalidad cuyo nombre les resulta familiar, pero mucha es la carga y complejidad de su prontuario político. Para que Biden pueda hacerse con la nominación presidencial demócrata el próximo año, ello dependerá considerablemente de cuantos votantes en las primarias habrían llegado a conocer o no sobre los antecedentes de este consumado político; cuanto de su real historial saldrá a la palestra en los próximos meses.
Aunque es temprano para afirmarlo, e incluso considerando que el dinero y los grandes medios halarán las brasas hacia su sartén, estimo que a la larga las estructuras del Partido Demócrata, en cierta medida empujados por las bases, favorecerán una “cara nueva” de entre la docena o más de aspirantes presidenciales que ya se han lanzado al ruedo para que sea quien obtenga la nominación demócrata en la convención nacional a efectuarse en julio del próximo año en la ciudad de Milwaukee, estado de Wisconsin.

 

 

8 pensamientos en “¿Las tiene todas Joe Biden para ser candidato demócrata a la Presidencia de EE.UU.?Por Fernando M. García Bielsa

  1. Si algo han dejado claro las dos últimas campañas electorales, es que las presidenciales norteamericanas sólo las puede ganar un candidato que se presente como antisistema. Otra cosa muy distinta es que lo fueran realmente. Ni Obama, por el color de su piel, ni Trump, por sus críticas al establishment lo fueron realmente. Tal es el nivel de hartazgo del pueblo norteamericano con su clase política. Está por ver que van a sacar en esta ocasión de la chistera del tío Sam.

    Bernie Sanders podría ser en esta ocasión la elección ideal si han descartado organizar alguna forma de fraude para garantizar a Trump un segundo mandato. La manipulación de los resultados en un sistema de votación tan opaco y de gestión privada como es el modelo electrónico allí utilizado, sobre el que ya se han escrito artículos muy interesantes denunciando su alta vulnerabilidad, es una fórmula más sutil que el deplorable espectáculo del fraude cometido en Florida con motivo de las presidenciales que ganó Bush hijo y que se podía haber solucionado satisfactoriamente para los intereses del Partido Demócrata con que tan sólo un senador demócrata hubiera avalado con su firma cualquiera de las denuncias planteadas. Cabe deducir que las corporaciones que allí mandan ya tenían cerrado el plan cuatrienal, con las inversiones y los acontecimientos que debían ocurrir (como el 11S), así como el candidato y el partido que mejor podía gestionarlo.

    En el supuesto de que, para engañar nuevamente al pueblo yanqui invitándolo a emitir otro voto antisistema, se optara por Bernie Sanders, bastaría con que este realizara tímidas reformas compatibles con las expectativas de crecimiento de las corporaciones que realmente gobiernan en USA y que colocan en la Casa Blanca al títere de turno, de forma parecida a como han colocado a Guaidó en Venezuela. Gore Vidal lo denunció en repetidas ocasiones. De este modo, el telonero Sanders daría un paso al frente y otro atrás o al lado tan veces hiciera falta, como cuando reconoció en la convención del Partido Demócrata a Hillary Clinton como candidata oficial del partido tras cometer fraude en los resultados de varios estados. La obediencia debida quedó más que patente tanto en el caso de Al Gore como de Bernie Sanders.

    Incluso en el supuesto de que reconvirtiera el modelo sanitario privado en un sistema público universal, no significaría necesariamente que provocara una mejora en los indicadores de salud ni una reducción en el gasto sanitario que lo equiparara al de otras naciones en porcentaje del PIB (como el español) sino el pago de una cantidad superior al 18% del PIB que actualmente se embolsa el sector, si tenemos en cuenta que son más de 50 millones los que carecen de seguro médico. Estas corporaciones, al igual que las del complejo industrial-militar, son las que verdaderamente ignoran lo que es dar un paso atrás en sus ingresos y en sus aspiraciones de que los ciudadanos sean cada vez más fieles clientes (a costa del deterioro de su salud).

    Yo creo que pierden el tiempo los ciudadanos norteamericanos buscando soluciones antisistema dentro de las estructuras de los partidos que convirtieron a USA en una dictadura del capital, en que las campañas no son otra cosa que circo. Aquí en España, había mucho circo cuando PP y PSOE se turnaban en el poder y el pueblo desojaba margaritas para ver cuál de los dos partidos al servicio del capital le tenía que resolver los problemas. Hace un rato hemos vivido el escrutinio de las elecciones generales y ha resultado ganador el PSOE con 123 escaños y una amplia diferencia respecto del segundo (el PP, con 66). A las empresas del Ibex-35 les gustaría que hiciera coalición con Ciudadanos (que ha obtenido 57 y que sumaría mayoría absoluta con los escaños socialistas) y, a pesar de que uno hizo toda la campaña en clave progresista y manifestó que deseaba pactar con UP y el otro practicó el juego sucio con Sánchez y le dijo que con el PSOE ni a la vuelta de la esquina, prefiriendo pactar con la derecha del PP y la extrema derecha de Vox, parece que sus medios de manipulación no han captado el mensaje de la campaña y la voluntad de los electores, reclamando con el mayor descaro un pacto entre PSOE y C’s.

    Ahora es cuando vamos a tener oportunidad de comprobar quién manda en España realmente, si el pueblo soberano, que se ha expresado en las urnas a través de las ofertas programáticas y de pactos de los partidos, o la oligarquía económica representada en el Ibex-35 y otras organizaciones patronales nacionales e internacionales. Aunque UE sólo ha obtenido 42 diputados, en parte por problemas internos y en parte por el hecho de que muchos de sus votantes y simpatizantes han recogido el guante de Sánchez con su oferta de voto útil, el PSOE tendrá que jugar muy bien sus cartas como partido de la oligarquía, ya que el día 26 de Mayo hay elecciones de nuevo locales, autonómicas y europeas, teniendo que constituirse días antes las nuevas cortes generales. UE no está para el sorpasso pero tampoco está muerto y está gobernando en las principales ciudades del país, aunque ya se ha producido alguna que otra escisión (como la de Iñigo Errejón y varios concejales que han formado un nuevo partido con la alcaldesa Manuela Carmena).

    Incluso en el supuesto de que finalmente se forme un gobierno de coalición entre PSOE y UP, soy plenamente consciente de que no se van a cumplir las expectativas, ni siquiera del programa del PSOE, que acostumbra a dar una de cal en campaña y otra de arena en el gobierno, pero, al menos, el protagonismo de un partido que escapa al control de la oligarquía, les va a obligar a hacer concesiones que, en otras circunstancias, jamás habrían hecho y que en USA nunca harán los que allí gobiernan sin presentarse a las elecciones mientras no surja un partido nuevo que represente a los de abajo, a los humildes, a las rentas de trabajo y autónomos, a los negros y latinos, comunidades LGBT, ecologistas, feministas, ateos y otros colectivos que tienen muy mal encaje en el imaginario que representan los dos partidos del capital: demócrata y republicano.

  2. ahi los tenemos, como siempre preguntandose una y otra vez porque los pueblos no eligen joyitas como sanders y el impresentable iglesias. los pueblos van comprendiendo, pero este sitio no, no quiere hacerlo, prefiere la oscuridad.

  3. El hombre esta un poco viejo, aunque pudiera tirar bien un periodo presidencial, tiene mucha experiencia o por lo menos ha vivido bastante tiempo de la política y esta probado por el sistema por un larguísimo tiempo de servicio de 44 años. Toda una vida dentro del negocio de la democracia.
    Lo malo, ser un aspirante fracasado dos veces, en el pais del éxito un perdedor.
    Queda por ver como se pueden aparentar que su candidatura entusiasma a los votantes tanto como para justificar una victoria, algo difícil cuando el discurso de apoyo a los ciudadanos esta en las manos del demócrata Sanders y el de los disparates y extremismos politicos lo majena Trump. Y no se puede hacer toda una campaña hablando solo del aborto.
    Ya tiene una advertencia de Trump de que la lucha “será muy desagradable” y en los Estados Unidos las campañas políticas son como la lucha “ Vale Todo “ y pueden llegar a ser algo requetefeo y desagradable con un tipo como Trump que de inicio lo ha bautizado como “Joe el dormilón”.
    Y para rematar está la onda milenial que desea un nuevo panorama.
    Ahora bien, mirando el asunto al estilo de San Nicolas del Peladero, si Trump fue designado con el propósito de desarrollar una determinada política para la cual era el hombre ideal quitando del medio a muchos pesos pesados de la politica tradicional, no lo van a quitar a mitad de camino y menos con la Bolsa con un 15% de alza solo en el ano 2019 indicando que todo va muy bien para los negocios.

  4. Cómo yo veo las cosas hoy , tendremos al agente naranja por 4 abriles más, muchos factores están a su favor comenzando desde la crisis en la frontera sur, una economía estable con los más bajos índices de desempleo y un nacionalismo que fortalecen sus bases.
    Los demócratas hoy por hoy no tienen candidato que le pueda ganar, Sander tiene a los jóvenes, negros y mujeres a su favor pero no es suficiente, Biden igual sería derrotado cómo la Hillary, tendrían que encontrar a un candidato joven que enamore al electorado y más al centro llevándose a Sander como Vice y con el a sus seguidores no veo otra por el momento aunque pueden llegar sorpresas y el colorado verse enredado en otras investigaciones que tiene en su contra
    Saludos

  5. Señor Betancourt:

    En todo caso, lo que nos preguntamos es por el éxito de “joyitas” como Trump, Bolsonaro, Duque, Macri, Hillary Clinton, Biden, Casado, Rivera o el “novio de la muerte” Abascal, que usted comprende y acepta a cabalidad. Los que queremos vivir en democracia tenemos un problema serio con el sistema que produce esta clase de monstruos. Algo huele a podrido en las “democracias burguesas”, que, como cualquier oximorón (inteligencia militar o banca ética), no pueden ser tan equilibradas, armoniosas y justas como nos quieren hacer creer. Para empezar, el poder lo detentan quienes no se presentan a las elecciones, que lo delegan en quienes son de su confianza y nunca les fallarían, del mismo modo que en el Brasil de Bolsonaro, la soberanía reside en el ejército, que la delega a fascistas, machistas, vendepatrias y homófobos como él.

    La única diferencia con una dictadura como la de Pinochet es que la entrega del poder no se hace mediante un golpe de estado sino de un modo más sutil: creando las condiciones para que el pueblo se pegue un tiro en el pie. Por tal debemos entender, votar a los personajes citados y aceptar como democrático un sistema cuyo imaginario colectivo no ofrece alternativas del poder al 95% humilde del censo electoral sino la alternancia entre partidos que jamás fallarán al 5% privilegiado. Votar en este imaginario a una opción como UP y su líder Pablo Iglesias significa elegir el camino equivocado cuando de lo que se trata es de que te pegues un tiro en el pie, por lo que no suele ocurrir y, cuando ocurre, ya sabemos cuales son las consecuencias por la experiencia de procesos emancipatorios como el venezolano, el boliviano, el brasileño, el nicaragüense o el ecuatoriano.

    Los medios de persuasión de la oligarquía ya están pidiendo al PSOE que traicione a los electores prefiriendo a un partido liberal que estaba dispuesto a pactar con la derecha extrema del PP y la extrema derecha de los novios de la muerte (Vox). Y lo más indignante es que esto se considera absolutamente compatible con la democracia. Si sólo hay un partido político en el sistema y los medios de comunicación son públicos en una sociedad de clase única (como Cuba), dirán que el poder es ilegítimo, aunque la elección de los representantes se haga mediante sufragio universal, secreto, igual y directo y estos estén dispuestos a sacrificar su vida con tal de preservar la soberania e indepedencia de todo el pueblo. Pero, donde la oligarquía es capaz de implantar un sistema en el que sus partidos se turnan en el poder y sus medios de persuasión controlan la opinió pública como un experimentador conductista controla la de una rata en la caja de Skinner, los políticos están legitimados para traicionar la voluntad de los electores, incumplir la constitución y poner la riqueza en todas sus formas al servicio del 5% privilegiado. No podemos pretender que un Romulo Betancourt cualquiera llegue a entender todo esto si hace ya mucho tiempo que se pegó un tiro en ambos pies y otro en la cabeza.

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