“El coco” en cuatro patas. Por Paula Hass


Sí, ese mismo, “el coco” de asustar a los niños, que ciertos adultos convierten alegremente en “la bruja de la escoba”, o “la garra siniestra”, o “el hombre del saco”, o “la mano peluda”, o cualquier otra
aberración que garantice la obediencia de los díscolos chiquillos.

En el caso que nos ocupa, el monstruo trasciende la Puericultura y se destina a reducir por miedo a todo un pueblo: el cubano. En segunda instancia persigue recaudar fondos de aquellos países o entidades que se atrevan a mantener relaciones económicas (financieras, comerciales) con
Cuba.
En efecto, este “coco” está parado en cuatro patas, bajo la pomposa denominación de Ley para la Libertad y la Solidaridad democrática cubanas, más conocida por los nombres de los senadores que le dieron pie: Jesse Helms y Dan Burton.
Es una ley de nombre rimbombante, que el Gobierno de los Estados Unidos de América se propone imponerle a Cuba, esgrimiendo los términos de Libertad y Solidaridad y Democracia. Y nosotros podemos preguntarnos con todo derecho:
¿Qué Libertad? Pues la única que ellos conocen, la de explotar y saquear a los demás.
¿Qué Solidaridad? Está claro: ninguna. No saben lo que significa ese concepto. Es de suponer que lo emplearon porque a alguien le sonó a cubano y lo creyó convincente.
¿Qué Democracia? Bueno, hasta ellos reconocen que en EE.UU. impera el dinero, así que viven en una Plutocracia, es decir, el gobierno del  dinero. Allá mandan los ricos, dígase los grandes millonarios, sus
corporaciones y transnacionales, el famoso “complejo militar industrial”. Y ahora tienen a la cabeza, un mandatario muy, pero muy representativo de esa mentalidad. Por eso aprobó que entraran en vigor
partes de esa Ley que otros presidentes –inclusive él–aplazaron de un semestre en otro.
En conclusión, en el estado cuyo gobierno presume de libre, solidario y democrático, es sabido que no manda el pueblo. Por demás, si el nombre de ese engendro con antifaz de ley tuviera algo de cierto, entonces sería un instrumento para ayudar a Cuba, que SÍ es libre, solidaria y democrática.
Aunque la firmó Bill Clinton en 1996, esa ley fue concebida más de un siglo antes, cuando decidieron apoderarse de la “manzana madura”. Por eso ahora esgrimen de nuevo, con nombre y apellido, la Doctrina Monroe, que asevera: América para los americanos. Ojalá fuera para los a mericanos, los de todo el continente, no para los gringos, por más que ellos se auto titulen América.

Un pensamiento en ““El coco” en cuatro patas. Por Paula Hass

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