Contrastes. Por Teresa Melo


La muchacha le decía al joven que le preguntaba si conocía Cuba: “No, es que yo me he acostumbrado a la democracia”. Minutos antes le había contado que no tenía trabajo, que estudiar una carrera era muy caro… Su democracia era poder decir la palabra. Ella era ecuatoriana; él, cubano. Y yo escuchaba sin querer la conversación en el aeropuerto de Quito, regresando de la Feria del Libro, con abrazos todavía cálidos en el cuerpo, porque yo era cubana. Deseo de corazón que ella no sea una de las agredidas, golpeadas, heridas, lastimadas, apresadas o muertas, como se ve en los infinitos videos que nos duelen en estos días. Sigue leyendo