Cuando la historia se hizo arte*. Por Iroel Sánchez


La Revolución Cubana triunfa en un país subdesarrollado y dependiente pero que estuvo entre los primeros de Latinoamérica en tener televisión. Un pueblo minado por el desempleo y el analfabetismo, con un medio rural repleto de hambrientos y parasitados, cuya cercanía con Estados Unidos permitía a sus élites disfrutar de los últimos avances del consumo en el vecino poderoso.

La Habana, ciudad de contrastes entre los lujosos hoteles y casinos al servicio de los mafiosos estadounidenses, y nutridos barrios de indigentes, contaba con agencias publicitarias y también números periódicos y revistas, varios de los cuales dejaron memoria de las inequidades, abusos y corruptelas que caracterizaron esa época.
A diferencia de los dueños de los medios de comunicación, la inmensa mayoría de los profesionales cubanos de la fotografía simpatizaron desde los inicios con la Revolución, varios de ellos se integraron al Movimiento 26 de julio y pusieron su talento y profesionalidad al servicio del gobierno revolucionario.
Desde la insurrección contra la dictadura de Fulgencio Batista hay fotógrafos cubanos que, además de los reporteros estadounidenses y de otros países que visitan la guerrilla, toman testimonio gráfico de los combatientes rebeldes y de sus principales líderes: Fidel, Camilo, el Che, Raúl, Ramiro, Almeida.
Con el triunfo de enero de 1959 la fotografía se convierte, día tras día, en intensa testimoniante de la hazaña con la que la que el pueblo cubano transforma a velocidad inusitada su país y la coloca ante los ojos del mundo, combinando con una eficacia pocas veces vista, antes y después, lenguaje artístico y sentido de la historia.
Ahí están, con sus melenas y barbas, como santos laicos salidos de los pinceles de un artista que pareciera omnipresente, los jefes de la Revolución en diálogo permanente con el pueblo, y también los combatientes anónimos que pasan de pequeños grupos a multitudes para derrotar una y otra vez, ya no sólo a un dictador local sino al poder más grande la historia: el imperialismo estadounidense.
Ahí siguen, en los corazones de quienes en Cuba, Latinoamérica y el mundo, continúan, inspirados en su ejemplo, la lucha por la justicia social que en estas fotos se sigue demostrando no es un imposible.
*Palabras para la exposición fotográfica Miradas de la Revolución Cubana en la Asociación Cultural La Ciudadana de la ciudad de Oviedo, Asturias.

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