Sinfonía Urbana. Por Rubén Martínez Villena


En su Poesía de la Ciudad de La Habana, Ángel Augier llama a este poema de Rubén Martínez Villena, escrito en 1921, “cuatro sonetos antológicos”.

Para Augier, el autor de  La pupila insomne “con gracia y vigor insuperables refleja momentos de la vida citadina de entonces”.

La Habana en rojo René Portocarrero

La Habana en rojo de René Portocarrero

Sinfonía urbana

1. Crescendo matinal
Una incipiente lumbre se expande en el oriente;
unos tras otros, mueren los públicos fanales…
Ya la ciudad despierta, con un rumor creciente
que estalla en un estruendo de ritmos desiguales.
Los ruidos cotidianos fatigan el ambiente;
pregones vocingleros de diarios matinales,
bocinas de carruajes que pasan velozmente,
crujidos de madera y golpes de metales.
Y elévase en ofrenda magnífica de abajo
el humo de las fábricas incienso del trabajo;
rezongan los motores en toda la ciudad,
en tanto que ella misma, para la brega diaria,
se pone en movimiento como una maquinaria,
¡movida por la fuerza de la necesidad!

2. Andante meridiano
Se extingue lentamente la gran polifonía
que urdió la multiforme canción de la mañana,
y escúchase en la vasta quietud del mediodía
como el jadear enorme de la fatiga humana.
Solemnidad profunda, rara melancolía.
La capital se baña de lumbre meridiana,
y un rumor de colmena colosal se diría
que flota en la fecunda serenidad urbana.
Flamear de ropa blanca sobre las azoteas;
los largos pararrayos, las altas chimeneas,
adquieren en la sombra risibles proporciones:
el sol filtra en los árboles fantásticos apuntes
y traza en las aceras siluetas de balcones
que duermen su modorra sobre los transeúntes.

3. Alegro vespertino
¡Ocasos ciudadanos, tardes maravillosas!
Pintoresco desfile de la ciudad contenta,
profusión callejera de mujeres hermosas:
unas que van de compra y otras que van de venta…
Tonos crepusculares de nácares y rosas
sobre el mar intranquilo que se dora y se argenta,
y la noche avanzando y envolviendo las cosas
en un asalto ciego de oscuridad hambrienta.
(Timbretear de tranvías y de cinematógrafos,
música de pianolas y gaguear de fonógrafos.)
¡La noche victoriosa despliega su capuz,
y un último reflejo del astro derrotado
defiende en las cornisas, rebelde y obstinado,
la fuga de la tarde, que muere con la luz!

4. Morendo nocturno
Un cintilar de estrellas en el azul del cielo
y una potente calma de humanidad rendida,
mientras el mundo duerme bajo el nocturno velo,
como cobrando fuerzas para seguir la vida.
Alguna vaga y sorda trepidación del suelo
rompe la paz augusta que en el silencio anida,
y la lujuria humana, perennemente en celo,
transita por las calles de la ciudad dormida.
Ecos, roces, rumores… Nada apenas que turbe
el tranquilo y sonámbulo reposar de la urbe;
y todo este silencio de noche sosegada,
en donde se adivinan angustias y querellas,
es el dolor oculto de la ciudad callada
¡bajo la indiferencia total de las estrellas!

(Tomado de Poesía de la Ciudad de La Habana, compilación de Ángel Augier)

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