Empresa Estatal ¿Socialista? Por Javier Gómez Sánchez


javiergosanchez09@gmail.com

La estrategia desarrollada desde la Casa Blanca hacia Cuba entre el 2014 y el 2017 por el entonces presidente de los Estados Unidos Barack Obama, incluía estimular vínculos con el incipiente sector privado cubano surgido a partir de la ampliación de las actividades por cuenta propia, con la actualización del modelo económico y social impulsado por el gobierno cubano desde varios años antes.

La ampliación del trabajo por cuenta propia, bajo la consigna de ¨liberar fuerzas productivas¨, como parte de los Lineamientos diseñados por el PCC, posibilitó lo que es un sueño para cualquier Presidente: La creación de medio millón de empleos nuevos, cifra que no ha dejado de crecer. Los nuevos espacios de trabajo incluían la posibilidad de una remuneración mayor como empleados, al mismo tiempo que permitía que miles de personas iniciaran negocios propios, convirtiéndose en empleadores. En países con economías consideradas ¨prósperas¨ por algunos teóricos, la creación de ese volumen de empleo en solo unos pocos años, sería la mayor ilusión de sus atribulados gobiernos.

La estrategia obamiana para Cuba incluía una apropiación subjetiva del mérito de la expansión del trabajo por cuenta propia, generando en una parte manipulable del público cubano la idea de que la existencia y desarrollo del sector privado era realmente gracias al cambio de política del gobierno de Estados Unidos hacia Cuba, y no gracias al trabajo del gobierno cubano bajo la dirección de Raúl Castro. La fabricación de ese vínculo bastante ¨cogido por los pelos¨ y sin apenas asidero en la práctica más allá de la facilitación de los envíos de remesas privadas (A la par que se perseguía a los bancos internacionales que prestaban servicio al Estado Cubano), era necesaria para implementar la estrategia diplomática de ¨obtención de resultados por otros métodos¨.

Diversos medios digitales de comunicación creados con financiamiento estadounidense o reclutados a su servicio, se encargarían de bombardear – y lo siguen haciendo hasta hoy- a una parte ingenua y manipulable del público de la isla en aras de crear en su mente una separación entre el Estado Cubano y los cuentapropistas, acercándolos al falso mecenas estadounidense. 

La agenda de Barack Obama durante su visita a Cuba en el 2016, incluyó un encuentro con diversos actores de la economía cubana, pero estando realmente orientado a la consolidación de ese imaginario de vínculo con el sector privado. Aunque las cooperativas estuvieron representadas por el sector agrícola y el sector estatal por la industria de la biotecnología, estos solo fueron invitados para relleno del escenario construido en los Almacenes de la Madera y el Tabaco de la Avenida del Puerto. El énfasis y entusiasmo del mandatario estadounidense estaba puesto en los representantes privados.

Paralelamente el empresario cubanoamericano Carlos Saladrigas, -promotor del cambio de métodos que fue adoptado por Obama-, aprovechando sus vínculos y las buenas intenciones de la Iglesia Católica, organizaba el proyecto Cuba Emprende, orientado a la capacitación y creación de lazos con el nuevo sector privado. El proyecto buscaba a la larga capitalizar políticamente esos lazos fabricándose el pedestal de apoyo a ese sector, intentando disminuir la importancia de las opciones de capacitación creadas desde instituciones estatales, y otras no gubernamentales pero integradas al Estado cubano, como la Asociación de Economistas de Cuba, que ha impartido numerosos cursos para cuentapropistas. Se inició -y sigue habiendo- una competencia contra las autoridades cubanas por el control de la mente del sector privado. 

 Al mismo tiempo, se introducía un discurso de disfuncionalidad hacia el sector estatal, creando en una población dolida por el mal funcionamiento y el maltrato la ingenua ilusión de que los servicios privados significarían automáticamente una mayor calidad.

Para contrarrestar la estrategia estadounidense fue necesario insistir en el concepto de Empresa Estatal Socialista. Recuperar así el terreno perdido a nivel subjetivo y fortalecer el que todavía se tenía en las mentes de los cubanos, de que solo así la economía estaría en función de las necesidades reales de toda la sociedad. Llevó a una visión científica más elevada del papel de las empresas en la economía y su función en el desarrollo del país. Recientemente el Presidente de la República Miguel Díaz-Canel dijo en una reunión con las Juntas de Gobierno: ¨Necesitamos demostrar el éxito de la empresa estatal como ente fundamental de la economía¨

De las palabras del Presidente se entiende que esa necesidad no es solamente económica, sino que es también política e ideológica.

La Reforma Constitucional aprobada por el voto del 86% de la población dejó establecido en su Artículo 26:  La empresa estatal socialista es el sujeto principal de la economía nacional. Dispone de autonomía en la administración y gestión, así como desempeña el papel principal en la producción de bienes y servicios. (…) La ley regula los principios de organización y funcionamiento de la empresa estatal socialista.

Amén.

Pero en la carrera por defenderse de las intenciones de Obama y compañía, se unió de manera automática el término ¨estatal¨ con ¨socialista¨.

Sin embargo, la propiedad estatal sobre una empresa no determina su carácter socialista.  En el capitalismo también hay empresas estatales. En algunos países estas llegan a ser muy eficientes. Eso no significa que, por eso, ese país tenga un sistema socialista, o que esa empresa pueda ser considerada socialista.

El carácter socialista de una empresa no se reduce a que su desarrollo sea determinado por la planificación centralizada del Estado. Tampoco que sus medios de producción sean propiedad de este. Ni que sus ingresos sean puestos a su disposición, o que sus actividades sean orientadas a las necesidades de políticas estatales. Todo eso es necesario para considerar– en el escenario cubano-  una empresa como socialista.

Pero es imprescindible también algo que no puede quedar en el camino al pegar automáticamente los apellidos de ¨estatal¨ y ¨socialista¨ sobre todo entre aquellas que prestan servicios: ¿Es socialista una empresa que no practica la protección al consumidor? ¿Es socialista una empresa que no se organiza en función de facilitar la vida de sus consumidores, los cuales en la mayoría de los casos acuden a ella porque no tienen otra opción? ¿Es socialista una empresa que despilfarra los dólares que no produce y que el Estado le asigna gastándolos en lo que no es necesario, cuando lo necesario no lo hay? ¿Qué no invierte en el bienestar del público que recibe? ¿Empresas que hacen que su público, en una población envejecida, espere fuera de sus instalaciones de servicio, al sol y de pie en la acera? ¿Qué afectan la tranquilidad y la imagen del entorno social en el que funcionan?

¿Empresas que dispersan geográficamente la búsqueda y compra de lo poco disponible, hundiendo de paso al Estado con una logística que ni el más ineficiente capitalista permitiría? ¿Qué derrochan papeleo y tiempo sin importarles los costos? ¿Que no cambian las condiciones de distribución, sabiendo que favorecen la corrupción y la complicidad con el acaparamiento, ni la falta de condiciones de servicio que generan disgusto y el deterioro de la imagen social de sus empleados? ¿Qué no practican la consideración, no ya hacia los clientes que hacen la cola, sino hacia sus propios trabajadores cuando su mala organización de venta sobrecarga a unos, mientras otros conversan relajadamente, con sindicatos que parecen inexistentes? ¿Con condiciones que maltratan tanto al cliente como al trabajador?  

¿Puede pretenderse socialista una empresa que se enajena irresponsablemente -porque se le permite enajenarse- del malestar social y el criterio político adverso al socialismo que esparce con su mal funcionamiento?

Tenemos empresas estatales, pero el carácter de socialista es algo que se debe adquirir y que se le debería otorgar como antaño se otorgaban banderas, o se entregaba el reconocimiento de entrar al Perfeccionamiento Empresarial.

Ser empresa socialista no es llevar un nombre, es que el pueblo para el que debe trabajar le tenga esa consideración.  

Porque después del estatal, hay apellidos que hay que ganárselos.

 

 

 

7 pensamientos en “Empresa Estatal ¿Socialista? Por Javier Gómez Sánchez

  1. Iroel, qué útil y pertinente esta reflexión/alarido. Comparto esa misma inquietud, que considero es la misma q nos alarma a todos los cubanos q dijimos SÍ a la constitución.
    otra vez GRACIAS, por lo que contribuyen ustedes al debate revolucionario.
    Hay que luchar “a lo 15 mil manzanas”, y artículos como este nos renuevan el ímpetu de hacerlo.
    abracito marino
    susana

  2. Coincido con la crítica a aquellas relaciones de producción de nuestra transición socialista que no revelan con fuerza el brote de lo nuevo, socialista, que las debe caracterizar y peor aún cuando se manifiestan en su contrario. Pienso que aquí es donde está el reto de avanzar en una teoría del socialismo coherente que nos permita entender las causas profundas de esas deformaciones y proponga los modos adecuados de rectificación y proyección a futuro. El material histórico acumulado no es para nada despreciable como tampoco lo son las ideas del legado revolucionario y marxista-leninista que nos inspira, con Fidel al frente.

  3. Hubo momentos en decadas pasadas donde existian empresas estatales que ofrecian servicios de excelencia a los consumidores (o usuarios, como se nos conocia en aquel entonces). Desde que entrabas por la puerta del establecimiento hasta que salias. Desafortunadamente, hoy en dia ese nivel de servicio escasea. Y me pregunto, por que? Puede que hubiese una rigurosa seleccion del personal que alli trabajaba, un nivel de disciplina y exigencia de los jefes, un sentido de pertenencia, un orgullo al decir que uno trabajaba en ese lugar y un fuerte compromiso de todos, tanto de los jefes como de todos los trabajadores. Puede ser tambien que existiesen los recursos para que el lugar se mantuviese ofreciendo un servicio con altos estandares. Tambien hay que decir que habia lugares donde no era asi y siempre existieron lugares con pesima reputacion. Tal y como existen ahora. Pero vivimos en un pais y una sociedad diferente, con nuevos entornos y retos que impactan en lo que el autor menciona.

  4. A contrução de empresas socialistas eficientes é a única alternativa que pode levar à vitória total da revolução.

  5. Hola 🙂

    Creo que es por aquí la cosa, por tanto, coincido con Rafael Emilio.

    Nosotros estamos desnutridos por insuficiencia de cultura económica o de economía política, entre otros sistemas de conocimientos que nos hagan capaces, de llenar este saco que nos está quedando grande: La construcción del Socialismo.

    Desde hace unos días critico o les llamo la atención a los médicos que conozco, a los médicos de mi policlínico que deben obrar como sistema de salud para que las personas no enfermen; porque de ser así, la falta de medicamentos no sería uno de los tantos problemas que tenemos, sino, el exceso de demanda de fármacos, por el exceso de personas enfermas. No somos lo suficientemente resolutivos —entiéndase también: lo suficientemente socialistas— y no entendemos o fácilmente olvidamos que el encargo estatal, está en evitar y no en medicar. Efecto global resulta ser que: Los médicos en la Atención Primaria se desentienden de la profilaxis y…
    Para elevar nuestras instituciones socialistas a las categorías que plantea Javier, primero tenemos que aprender a pensar holísticamente y no solo, esperar a las indicaciones de arriba para obrar.

    Saludos #DesdeGuantánamo 😉

  6. Me parece muy bien que constituya un mérito y no un apellido puesto o heredado y por consiguiente que se puediera perder también.
    Buen artículo, aunque luego sólo valga para recordarnos los atributos de una Empresa Socialista (con apellidos puestos), los buenos y los malos, los deseados y los reales, los logrados y los ignorados.

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